Protección animal de Estado

Han pasado ya unos años. El Congreso de los Diputados aprobó la ley de bienestar animal española que entró en vigor el 23 de septiembre de 2023. Gracias a este texto legislativo los animales han dejado de ser oficialmente "cosas" para convertirse en "seres sintientes". Hoy poseen una protección mayor ante episodios de abandono, maltrato o muerte. Asimismo, han aumentado las penas y castigos contra los individuos que cometan tales tropelías garantizando el correcto y responsable cuidado, en especial de las mascotas, aunque también de la fauna salvaje. 

El cambio de nomenclatura parece lógico, pues es evidente que nuestros congéneres también respiran, sufren y tienen respuestas interpretables por los humanos, no son objetos inertes e inanimados como se pensaba en el pasado. Asimismo, la mayor protección es deseable, pues la agresión gratuita, y sin razones alimenticias, contra los animales, sobre todo domésticos, es execrable y no debería tener jamás lugar. Es más, cada vez se persigue con más intensidad que incluso los animales que comemos vivan el proceso sin sufrimientos excesivos.  

La polémica eso sí, he invito aquí a la reflexión y conversación sosegadas, pues las posturas son diversas y a veces enconadas por un extra de emocionalidad, viene por el término "derechos". A mi parecer, compartido por expertos en materia legal, ecologistas, que no animalistas, y pensadores diversos, sólo los humanos los poseemos, así como los deberes directamente unidos a ellos. Un animal carece de raciocinio asimilable al humano, así como de capacidades de discernimiento básicas equiparables a las de nuestra especie, lo cual invalida teóricamente esa posibilidad tan compleja añorada por algunos. Ello no quita para que su cuidado deba ser una prioridad si somos y queremos ser una sociedad civilizada. Aquí me adscribo a lo sostenido por la catedrática de Ética y Filosofía, Adela Cortina, que habla más de "valor" que de "derecho". La pensadora alega además que “descuidar los derechos humanos por el animalismo es una contradicción” y que “las personas deben ser siempre el centro y la prioridad de la comunidad moral y política”.

Sé que es una cuestión controvertida por el cambio cultural que estamos viviendo las sociedades occidentales. Parece que las reflexiones de Peter Singer, que pone al mismo lugar a animales y personas, invalidando el más clásico humanismo y apostando por términos frentistas como el de especismo, han triunfado mediáticamente, pero en este caso quien escribe se identifica más con las posiciones de pensadores críticos como Roger Scruton, Martha Nussbaum o Bernard Williams, que denuncian la simpleza filosófica del intelectual australiano. 

El utilitarismo ha conseguido que veamos en los animales una proyección de nosotros mismos, invalidando su condición natural dentro del planeta. Aquí reside a mi parecer el error. Y es que éstos no cumplen el mismo papel que los humanos. Nuestro desarrollo cognitivo avanzado, consecuencia de la evolución biológica, nos ha colocado en la cima de la cadena trófica. Es por ello que tenemos una superioridad sobre éstos, en especial moral dado nuestro desarrollo mental, lo que no indica en ningún caso que debamos desatender su protección. De hecho, que la naturaleza nos haya incluido en esta posición elevada nos obliga, como absolutos responsables, a mantener el equilibrio entre especies. 

Los animales no son humanos, pertenecemos a realidades diferentes, pero los humanos tenemos la responsabilidad de garantizar que gocen de condiciones adecuadas, teniendo en cuenta la función biológica de cada animal, así como de preservar el medio que les/nos rodea. De primero de ecología y de supervivencia. Cada espacio para cada especie. Pero todos conviviendo en armonía asegurando la conservación de los ecosistemas, la satisfacción de los deseos progresistas humanos y asegurando un futuro beneficioso para todos.