Un primer ministro europeo dimite y pide perdón por la noticia del procesamiento de su mujer, por los delitos de tráfico de influencias, corrupción en los negocios, malversación de caudales públicos, y apropiación indebida.
Estando en China o como si estuviera en el Polo Norte, inmediatamente suspende el viaje y toma el avión de todos los españoles- para eso si - , y regresa a España para formalizar su dimisión, previo anuncio en China de que así va a hacer tras las horas exactas de duración del vuelo.
En el avión de regreso redacta el mismo el texto exacto a pronunciar tras el aterrizaje y por supuesto lo encabeza con un profundo sentimiento de haber engañado y traicionado la confianza de todos los españoles, una petición de perdón en modo de súplica por el daño infligido y el traspaso de todos los límites imaginables ante la responsabilidad de su cargo.
En el texto subraya que ante ese descaro sin limite al pueblo español, ha debido de no ser consciente ante tantos delitos acumulados, consentidos y apoyados por el, y desde luego ante hechos probados absolutamente, siendo públicos y notorios, que no tienen calificación posible e independientemente de lo que en el juicio se considere. Es más, incorpora en el escrito que debería haber reaccionado como haría cualquier colega democrático ejerciendo de primer ministro europeo, solo ante la primera noticia publicada de esos hechos públicos y notorios, y evidentemente tras la cascada inmediata de dichas noticias y como no, ya con carácter definitivo con esa misma noticia destacada por los medios internacionales. Tarde no haberlo hecho solo ante la primera información, y como única opción para no hacerlo, haber demandado a ese medio por calumnia y falsedad de la noticia sobre los hechos vergonzosos descritos sobre su mujer, y que al no denunciarlo ni exigir su rectificación, hubiera obligado a la inmediata dimisión.
Un primer ministro europeo pide cien veces perdón por ello y también una vez más al no haber dimitido tampoco, pasado el tiempo, por la imputación judicial de su mujer y hubiera pedido perdón y dimitido de inmediato por tener que declarar el mismo ante el juez en la sede del primer ministro siendo esto una vez más una auténtica vergüenza mundial.
Pero dado que toda esta secuencia de hechos ha llevado al procesamiento de su mujer en esta semana, un primer ministro europeo sigue redactando su carta desde el avión de regreso a España pidiendo ahora ya mil veces perdón por haber dejado transcurrir tal desvergüenza y haber tenido que forzar a todos los españoles y resto de europeos a soportar tal indignidad y tal comportamiento antidemocrático e inadmisible para cualquier primer ministro europeo que lo primero que ha de entender son las mínimas normas de comportamiento para ostentar su cargo.
Un primer ministro europeo cesa ipso facto a su ministro de Justicia y a otros ministros que atacan frontalmente al poder judicial y al juez que ha procesado a su mujer insinuando que prevarica y los cesa por sus declaraciones delictivas, por atacar frontalmente la independencia judicial y acusar corruptamente y dolosamente al juez.
Un primer ministro europeo no lo consiente salvo que él mismo esté al frente de esa acusación.
Imposible esta situación de golpe absoluto a la independencia judicial, a la separación de poderes, al Estado de Derecho, a la libertad y a la democracia ya autenticado y dado a conocer al mundo por la prensa internacional. Europa jamás ha de permitir este auténtico ataque frontal a la más mínima dignidad de sus instituciones, a su imperio de la ley, a sus ciudadanos y a su democracia.