LA MIRADA DE ULISAS siempre hambrienta de recoger noticias para su análisis, aún no sale del estupor al constatar que el mundo va mal. Lo peor es que no parece tener una cura inmediata. A menudo, la descomposición del tejido social no halla límites. La justicia no toma las riendas suficientes para impedir hechos como el recientemente reportado en Francia; de extrema calamidad y dolor para las personas de buen criterio y en búsqueda de una sociedad sin tanto traumatismo y más vivible. La mirada de Ulisas se refiere al reciente caso de la pequeña Lyhana, la niña de 11 años que fue vista por última vez en el carro del padre de su mejor amiga, antes de haber sido hallado su cadáver en un lugar recóndito, donde había trabajado el principal sospechoso: el conductor del auto.
La historia conmocionó al mundo, porque este asunto atañe a la juventud de varias latitudes. No siempre, se halla bajo la protección que una nación precisa y que debe estar en la obligación de velar por los niños: los verdaderos hijos del futuro. Seres casi siempre desvalidos, que se encuentran en estado de olvido o peor aún de decidía cuando se trata de los pedófilos en acción. Cómo si la problemática infantil fuera ajena a la sociedad que los representa. ¿Cuántas señales debe emitir un malhechor para que se le impida llegar a actos atroces como en el del caso de Lyhana? La justicia, según fuentes oficiales, estaba al tanto de las numerosas denuncias que se habían registrado sobre el sospechoso del crimen de la chiquilla, quien seguramente no le vio el menor reparo a compartir un espacio con este individuo, que a todas luces le brindaba confianza.
¿Cuánto más se debe evidenciar para que la justicia obre antes de qué ocurra lo peor? Este hecho ha movilizado a las organizaciones defensoras de los derechos de los niños y a todos los seres sensibles, que se rehúsan a entender por qué no se detiene un crimen a tiempo. ¿Por qué cuando se disparen las alarmas, la justicia no toma conciencia que un pedófilo sin castigo es como si se le autorizará a seguir cometiendo sus fechorías? La firmeza en las leyes debe ser consecuente. Asuntos de violaciones o abusos sexuales resultan una transgresión transnacional que afecta a la niñez en cualquier lugar del planeta. Temas que ya se ventilan abiertamente en sociedades donde el niño merece un buen desarrollo para llegar a ser adulto. El peso del reclamo tiene nombre propio: La JUSTICIA.
Quizá, se hizo la desentendida ante tantas denuncias que mostraban las intenciones de un hombre denunciado en varias oportunidades. Además, padre de dos niños a quienes también les arruinó la vida con un estigma que deberán llevar para siempre. La cuestión, que este asunto suscita, es por qué se dejan pasar las denuncias sin que sean consideradas como un motivo de defensa para los niños. No es el primer caso y tampoco será el último si no se toman cartas en una problemática como la de Lyhana, que en paz descanse, y que sea el mejor ejemplo para que mermen estas circunstancias tan atroces. ¡Que la justicia y la sociedad despierten antes de que sea demasiado tarde!