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  <title><![CDATA[El Diario de Madrid :: RSS de «Manuel Ruiz de Bucesta»]]></title>

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    <description><![CDATA[Noticias de Madrid y la Comunidad de Madrid. Actualidad, economía, política, cultura, sociedad, empresas, tecnología, entrevistas y análisis en el periódico digital de los madrileños.]]></description>
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  <title><![CDATA[Donde comen dos, no comen cuarenta]]></title>
      <category><![CDATA[Opinión]]></category>
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  <pubDate>Mon, 27 Jul 2026 09:27:15 +0200</pubDate>
      <dc:creator><![CDATA[Manuel Ruiz de Bucesta]]></dc:creator>
        <description><![CDATA[ El socialismo se pavonea por España cuando ha dejado de ser aquel movimiento que decía defender al obrero frente al cacique. Ahora son una simple caricatura, una suerte de aristocracia de nuevo cuño que busca vivir —y vive— del erario público. Al...]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[<p>El socialismo se pavonea por España cuando ha dejado de ser aquel movimiento que decía defender al obrero frente al cacique. Ahora son una simple caricatura, una suerte de aristocracia de nuevo cuño que busca vivir —y vive— del erario público. Al trabajador le arrancan más de medio sueldo en impuestos que jamás verá revertidos. Y si replica, lo motejan de fascista.</p>

<p>Hablan de educación y sanidad como quien habla del aire, pero solo para ocultar un enjambre de ministerios inútiles que sólo sirven para engordar nóminas y alimentar clientelas y amigos. Mientras, nuestro pueblo malvive sin poder acceder a una vivienda. Vivir se ha vuelto un tormento, pero ellos siguen inventando tributos para sostener su maquinaria.</p>

<p>Han transformado España en un gigantesco hospicio donde todo es gratis para quien no aporta nada. Pagas, ayuda, manutenciones, cumpleaños, vivienda, ropa, cuidados, todo un catálogo interminable de dádivas financiadas por el sufrido trabajador que ve cómo su esfuerzo se disuelve en un océano de subvenciones. El dinero público fluye sin control y de manera tan desmesurada que nadie sabe su destino, nadie, salvo esos que viven de administrarlo o, por supuesto, de desviarlo.</p>

<p>Y todavía abren más puertas. Entran sin control quienes garantizan votos, con exilios pretéritos o rastreo de pasajeros que marcharon a Indias hace dos siglos. Su objetivo es perpetuarse en el poder, aunque los hospitales colapsen, las aulas se degraden —para no zaherir a nadie— y el país se desangre para sostener a quienes jamás en la vida, han contribuido con nada. Este socialismo innovador —mejor diría, devastador— insulta a quien les cuestiona y dicen que donde comen dos pueden comer tres, incluso cuatro. Pero nunca cuarenta. Si cualquiera alojase en su casa a gente sin medida ni control, acabaría expulsado de su propio hogar, aunque seguirá pagando. Y así, casa tras casa, hasta no quedar ni morada ni sustento.&nbsp;</p>

<p>La seguridad también se resiente y el propio Pedro Sánchez lo admitió al señalar que Extremadura, con apenas un 4% de población extranjera, es la región más segura y con la vivienda más barata. Sin embargo, después de admitir esa realidad, acusó a algunos partidos de convertir la “migración” y la delincuencia en el principal problema. Pedro Saunez dijo bien, y dijo así porque la realidad ha demostrado que «dato mata relato».</p>

<p>&nbsp;</p>
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  <title><![CDATA[La cesta de la compra, la multiplicación de los precios y los seres de luz]]></title>
      <category><![CDATA[Opinión]]></category>
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  <pubDate>Thu, 23 Jul 2026 08:05:00 +0200</pubDate>
      <dc:creator><![CDATA[Manuel Ruiz de Bucesta]]></dc:creator>
        <description><![CDATA[ Es posible que nuestra Iglesia, siempre tan diligente en milagros, se haya olvidado de uno que sucede cada día ante nuestros ojos: ¡la cesta de la compra! Antaño necesitábamos un buen carro, del tamaño del camión de los Reyes Magos, sin embargo...]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[<p>Es posible que nuestra Iglesia, siempre tan diligente en milagros, se haya olvidado de uno que sucede cada día ante nuestros ojos: ¡la cesta de la compra! Antaño necesitábamos un buen carro, del tamaño del camión de los Reyes Magos, sin embargo hoy, por el contrario, cabe todo en una mano. No exagero. Viví aquellos gloriosos sábados en que empujábamos carros que desbordaban prosperidad. Cargados de carnes, pescados, legumbres, verduras, leche, fiambres, huevos, detergentes y hasta algún capricho que nos hacía sentir ciudadanos de primera. Era tanta la compra que parecía un vagón del ferrocarril.</p>

<p>Hoy nuestra compra no necesita más ayuda que una sola mano. La inflación ha convertido cada producto en un truco de prestidigitación. El precio sube y la cantidad baja. Hasta los huevos vienen en cajitas de media docena y, para los más aguerridos, en decenas. El supermercado es el perfecto termómetro social y hoy, lo que nos dice, es que la fiebre es alta.&nbsp;</p>

<p>Pero contaré que en el supermercado desfilan dos especies distintas. De un lado los privilegiados, que son los «seres de luz» que empujan uno e incluso dos carros. Van tan repletos que parecen de otro planeta. Al llegar a la caja abonan todo con una tarjeta mágica, sin presencia de logos o entidad bancaria. Hace unos días observé cómo se agotaba la magia de la tarjeta de uno de estos seres de luz y, de la nada, surgió un adjunto que sacó otra tarjeta que debía de ser todavía más mágica. Salvó una situación que he llamado “operación tonelada”, y digo así porque la “operación kilo” sólo queda para nosotros. Los seres de luz son los nuevos aristócratas del pasillo de congelados, los duques del detergente, los marqueses del jamón…, aunque ese día, por lo que sea, no llevaban jamón.</p>

<p>En el otro extremo estamos los currantes. No usamos carro con la intención de que nuestra compra no se pierda en el abismo de la nada. Preferimos la cesta infantil, la más pequeña, la que antes servía para “un par de cosas”. Ahora sirve la diminuta para la compra semanal: un yogur, dos manzanas de las baratas, un paquete de arroz y una bandeja de pollo del más pálido —el colorado es “de Luxe”—. Duramos poco en el supermercado y cuando llegamos al aparcamiento no necesitamos abrir el maletero porque todo cabe a los pies del acompañante, en una esquinita o, si acaso, en la guantera. Mientras arrancamos, vemos a los privilegiados como hacen malabares para encajar todo su botín en el maletero de su cochazo —un vehículo probablemente pagado con otra tarjeta mágica—.</p>

<p>Al llegar a casa es cuando surgen los dilemas éticos. ¿Debemos indignarnos porque el paquete de galletas trae menos que el mes pasado? ¿Es moral que la bolsa del detergente sea micro? ¿Tenemos que aceptar con alegría que nuestra austeridad financie la opulencia de los que viven en un «Black Friday» permanente? Pues sí, tenemos que aguantarnos porque los ilustres votantes deciden año tras año que tenemos que seguir sacrificándonos y alimentando políticos que disfrutan de un Falcón, o de cajas fuertes con joyas o, también, a los amables y felices seres de luz.&nbsp;</p>

<p>Mientras tanto, los privilegiados siguen cargados de bolsas y están radiantes, satisfechos, como si hubieran descubierto el maná. Y nosotros, al otro lado, trabajando, pagándolo todo, disfrutando de nuestra micro compra, mirando el móvil o soñando en la multiplicación de los panes, cuando en realidad, lo único que se multiplica y sin necesidad de milagros, son los precios.</p>

<p>&nbsp;</p>
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                        <item>
  <title><![CDATA[Relojes digitales controladores de vidas]]></title>
      <category><![CDATA[Opinión]]></category>
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  <pubDate>Mon, 20 Jul 2026 08:04:49 +0200</pubDate>
      <dc:creator><![CDATA[Manuel Ruiz de Bucesta]]></dc:creator>
        <description><![CDATA[ El mundo ha sufrido a lo largo de la historia todo tipo de guerras, pestes y hasta tertulias en televisión, pero el más cierto y verdadero enemigo es el sueño, cerrar los ojos. Se quiere combatir la épica del descanso —que así llaman— y para esta...]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[<p>El mundo ha sufrido a lo largo de la historia todo tipo de guerras, pestes y hasta tertulias en televisión, pero el más cierto y verdadero enemigo es el sueño, cerrar los ojos. Se quiere combatir la épica del descanso —que así llaman— y para esta gestión del sueño el ciudadano actual, orgulloso de su libertad, ha encontrado el «reloj digital». Es el que todo lo ve y todo lo mide. A él se acude para respirar, para caminar y, si es posible, hasta para pensar.</p>

<p>Me senté en una terraza de una cafetería y observé a esos devotos hijos del bienestar digital. Los quise analizar como haría Darwin, sorprendido ante la semejanza de homínidos, cetáceos e incluso ornitorrincos. Esta nueva especie del presente habla de «Apps» y llevan en su muñeca el dictamen de su vida. Es singular que después de dormir como troncos toda una noche, consultan a su máquina para ver qué opinión le da. —¡Sueño ineficiente! ¡has dormido fatal! ¡te mueres!, eso sentencia el reloj. Entonces la persona se siente fatal y casi se desploma víctima de su propia estadística. Sin duda, vivimos ante una sugestión digital que ha penetrado en las personas como el nuevo opio del pueblo.&nbsp;</p>

<p>Después de ese susto matinal llega la procesión de ponerse a caminar, ¡el cuentapasos! Giro la mirada y los veo ágiles, paseando como gacelas, pendientes de lo que diga su pulsera. —¡Llevo doce mil!, proclaman, mientras continúan avanzando con menos gracia que un saco de patatas. Sus caras son de satisfacción. Parece que han logrado la hazaña de optimizar su agotamiento, y lo hacen sin notar que cuanto más se controlan, más cansados están. Quieren batir el récord mundial de los reventados.&nbsp;</p>

<p>Pero no olvidemos la respiración. Hasta hace unos años todos respirábamos cuando nos venía en gana y no pedíamos permiso a nadie. Hoy, en cambio, el reloj vibra para recordarle al usuario que inhale. Más obedientes que un legionario, inhalan fuerte. Ahora quiero imaginar que si el reloj le dijese que dejara de hacerlo, seguramente más de uno lo intentaría por no decepcionarle. Pero de todo, lo más fascinante es que da la impresión de que esos apóstoles del autocontrol han pasado la noche en la estación del tren. Lucen unas ojeras monumentales y tienen el gesto de absoluta derrota. Son almas en pena, pero, pese a todo, saben cuántos minutos de sueño profundo han tenido y también cuantas pulsaciones contaron a las ocho de la mañana.</p>

<p>Haciendo un breve análisis de la vida, miro hacia atrás y pienso en nuestros antepasados que dormían sobre un camastro con libertad, respirando sin control y avanzando sin contadores. Hoy estarían muertos del espanto viendo estos personajes. No me cabe duda de que vivían más tranquilos y sin la estupidez de esta tropa de penitentes digitales que necesitan, continuamente, que alguien les diga que siguen vivos.</p>

<p>Por mi parte, sigo sentado con un café en la mano mirando el espectáculo y la sospecha —sólo la sospecha— de que han convertido el descanso y las buenas costumbres en una actividad extenuante y que quizá, vivir sin tanta supervisión no sería mala idea. Pero vamos, que cada cual haga lo que quiera, faltaría más. La vida es lo suficientemente entretenida para vivir con reloj o sin él.&nbsp;</p>
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                        <item>
  <title><![CDATA[España, arcón y ONG del mundo]]></title>
      <category><![CDATA[Opinión]]></category>
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  <pubDate>Thu, 16 Jul 2026 08:05:46 +0200</pubDate>
      <dc:creator><![CDATA[Manuel Ruiz de Bucesta]]></dc:creator>
        <description><![CDATA[ Ese socialismo que hoy se pavonea como benefactor universal —socialistas y auténticos jeques de la miseria— aprieta el cuello de España con la dócil ayuda de miles de funcionarios temerosos que están más atentos a conservar su silla que a servir...]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[<p>Ese socialismo que hoy se pavonea como benefactor universal —socialistas y auténticos jeques de la miseria— aprieta el cuello de España con la dócil ayuda de miles de funcionarios temerosos que están más atentos a conservar su silla que a servir a su pueblo. Y, al frente de todo esto vive Pedro Sánchez, el gafe del mundo, un tipo que nos riega con todas las catástrofes, ¡ni las doce plagas! El volcán, la Dana, una pandemia, España envuelta en llamas, la “eutanasia” a una niña sana, cuchilladas, apuñalamientos, odio, disparos, islamización, el brazo político del terrorismo en el Gobierno, el Hantavirus, pero también medio gobierno y su familia encarcelados o imputados. Y todo esto lo hace frente a un pueblo que es náufrago de sí mismo. La chusma apenas asoma la cabeza para respirar no vaya a ser que el deber les despeine la escasa dignidad que les queda.</p>

<p>Aseguran desde Moncloa que aquí cabe otro medio millón, o un millón y medio, o cinco millones, ¡qué más da! España parece un arcón sin fondo, cuando en realidad es un país exhausto. Todo lo justifican con discursos almibarados sobre bienestar y progreso, mientras la población vive desmemoriada hasta de sus mejores días. Es el pueblo animado a convertirse en súbditos dóciles y que además aplaude satisfecho viendo que no alcanzan a hacer la compra. Con todo, los socialistas quieren moldearnos a imagen de sus serviles afiliados. Buscan hacernos desinformados, temerosos y agradecidos por las migajas del poder. ¡Y lo lograrán! Lo harán porque estamos frente a una plebe tan maleable que ni siquiera la clarividencia de Ortega y Gasset pudo imaginarlo.&nbsp;</p>

<p>Así hemos llegado a esta España convertida en el hospital del mundo. Somos una ONG descomunal en donde la filantropía se practica con dinero y sonrisa ajena. Sin embargo, nadie quiere conocer que esta generosidad, tan celebrada en discursos y églogas de diario liberal, alguien la paga. Siempre es el mismo, el ciudadano que trabaja, la viuda que reclama su pensión y que la rechazan hasta el agotamiento, el joven que quería una vivienda o trabajar o simplemente un futuro que no se desmorone. Entretanto, los recién llegados son regularizados con la velocidad de un prestidigitador. Reciben antes que nadie ayudas, viviendas y cuidados, cuando todos sabemos que esto no es por necesidad, es una simple conveniencia política —o también el rendimiento económico de algunos—. Mientras tanto, los funcionarios y el pueblo agachan la cabeza por el eterno miedo al qué dirán.</p>

<p>Cada día leo las mismas noticias que son producto de ese ideal buenista, en todas las calles y barrios disfrutamos de diversidades, de actividades pedagógicas y didácticas. En un breve vistazo a la prensa, la radio y la televisión, asuntos como: Tres magrebíes golpean a una anciana en Palma de Mallorca; dos magrebíes abusan sexualmente de una joven en Jerez; un magrebí asesina de una puñalada a un joven en Madrid; dos colombianos discuten y termina con la muerte de uno de ellos en Valencia; en Navarra un marroquí engaña con juguetes a un niño, se lo lleva a su casa y abusa sexualmente de él; o también, en Barcelona, cuatro apuñalamientos en veinticuatro horas, con dos muertos. Y ahora, la última moda, es ir golpeando a la gente y grabándose con el teléfono.&nbsp;</p>

<p>España se arrastra hacia un retroceso terriblemente difícil de digerir. Somos un pueblo sin alma que se ha resignado a la rendición silenciosa que le lleva al olvido. Los españoles hemos capitulado ante la insensatez y nos dejamos seducir por el pan y el circo, mucho Bad Bunny, mucha fiesta y todo género de estupideces, pero conviene recordarles que cuando el circo consuma todo el presupuesto, entonces llegará el día en que ya no quede pan…, y para entonces no cabrán quejas, lloros ni lamentos.&nbsp;</p>

<p>&nbsp;</p>
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  <title><![CDATA[El Solar de Valdeosera y la quiebra de una tradición nobiliaria única]]></title>
      <category><![CDATA[Opinión]]></category>
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  <pubDate>Mon, 13 Jul 2026 08:48:01 +0200</pubDate>
      <dc:creator><![CDATA[Manuel Ruiz de Bucesta]]></dc:creator>
        <description><![CDATA[ Una civilización —o institución— no es conquistada desde fuera hasta que se ha destruido a sí misma desde dentro. —Will Durant 

 Pocas instituciones históricas han logrado atravesar los siglos con la coherencia, la solidez jurídica y la...]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[<p>Una civilización —o institución— no es conquistada desde fuera hasta que se ha destruido a sí misma desde dentro. —Will Durant</p>

<p>Pocas instituciones históricas han logrado atravesar los siglos con la coherencia, la solidez jurídica y la continuidad antropológica del Solar de Valdeosera. Su existencia, documentada desde la Edad Media, constituye un vestigio de la organización nobiliaria castellana y un ejemplo excepcional y único de cómo un linaje puede preservar, generación tras generación, un principio de identidad colectiva basado en la legitimidad, la sucesión y la inequívoca responsabilidad hereditaria. Durante siglos, Valdeosera mantuvo un criterio claro, transmitiendo esa justicia por línea agnada —de varón a varón, y justificando ser hijo legítimo de legítimo matrimonio siguiendo las viejas Leyes de Castilla— y respetando la tradición jurídica que rigió la hidalguía. No en vano, afirmaba Alfonso X en sus Partidas que «la nobleza es cosa antigua, que viene de linaje e de tiempo», sentencia que entendieron perfectamente nuestros mayores, pero que parece que ha sido olvidada por quienes, con impropia ligereza, han osado quebrantar lo que generaciones enteras guardaron con escrupuloso celo.</p>

<p>Ese principio no era un capricho ni tampoco una excentricidad, era la piedra angular que permitía sostener la singularidad del que probablemente sea —o fue— el último señorío nobiliario europeo que conservaba intacto su sistema de sucesión. Valdeosera se mantuvo firme al suceder por varonía. Era mantener al noble, al hidalgo, porque Valdeosera nombraba a los suyos como “Señores Diviseros Caballeros Hijosdalgo”, recordando la sabiduría popular de que «el rey puede hacer caballero, mas no hidalgo», pues la hidalguía —como también se repetía— «la da Dios y el tiempo».</p>

<p>Empero, en fechas recientes, una maniobra que sólo puede calificarse de impropia, cuando no directamente indebida, ha quebrado este orden secular. La decisión de permitir el ingreso de cualquier persona que pueda alegar un vínculo remoto con algún Señor Divisero y sin exigir la acreditación de la línea paterna legítima, supone una ruptura profunda con la esencia misma del Solar y de su creación. No hablamos de un simple ajuste administrativo, ni de una modernización inocua, en realidad tratamos de una alteración estructural que desnaturaliza la institución privándola de aquello que la hacía única. Hoy estamos ante un grupo de personas —que no Caballeros, ni señores, ni solariegos, ni tampoco hijosdalgo—, tenedores apenas de un huerto y de un puñado de casas.&nbsp;</p>

<p>El resultado es evidente. Lo que durante siglos fue una prueba plena de nobleza se ha tornado en la ruina del último señorío europeo que conservaba incólume su orden sucesorio tradicional. La consecuencia es devastadora porque Valdeosera ha dejado de ser aquel «Solar, Señorío y Villa», para convertirse en una asociación voluntarista, en una confraternidad de ocasión, un cenáculo de gentes que sin derecho alguno pretenden arrogarse una calidad que ya no puede otorgarse porque ha sido despojada de su fundamento.&nbsp;</p>

<p>La pérdida no es sólo jurídica, es también histórica, simbólica y moral. Valdeosera era singular por su rareza, por su resistencia a diluirse y por aferrarse a la fidelidad de un principio que ninguna otra institución había logrado conservar. Al renunciar a esa norma han vaciado la institución, desfigurándola e interrumpiendo su continuidad natural. Llama la atención que lo que no pudieron destruir guerras, monarquías caídas, dictaduras, repúblicas o revoluciones, ha sido quebrado por el capricho de unos pocos que están más atentos a su vanagloria que al deber y la obligación de custodiar un legado único. Hoy, Valdeosera, vive en manos de unos pocos que no han comprendido todavía la magnitud del daño causado. Esto no es un debate menor ni tampoco una cuestión de preferencias personales, es la opinión de algunos que todavía sostenemos que estamos ante la destrucción de un patrimonio jurídico y cultural. Aquello que no pudieron borrar los siglos, lo ha consumado la imprudencia de una minoría.&nbsp;</p>

<p>Convendría que algún día, quienes han causado este daño, mediten sobre la gravedad de su yerro. Advertía el Rey Sabio que «las cosas que los antiguos establecieron por razón, non deben mudarse sin gran acuerdo». Aquí no hubo acuerdo, fue la acción de un capricho, una precipitación, pero también la ausencia de coraje y la ofuscación de no saber siquiera lo que se heredaba.</p>

<p>El Solar de Valdeosera merecía custodios y no interventores, como también merecía continuidad y respeto. Esperamos que algún día, aquellos que han contribuido a su destrozo reconozcan la gravedad de su error. Porque cuando una institución única desaparece, no solamente pierde quien la habitaba, sino que también pierde la historia, la memoria y la cultura jurídica de un país. Es triste, pero real, que han sido los propios hijos de Valdeosera quienes han quebrantado una tradición que fue honra de Castilla y maravilla de España.</p>
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                        <item>
  <title><![CDATA[El Doctor Víctor Manuel: Elogio a un converso]]></title>
      <category><![CDATA[Opinión]]></category>
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  <pubDate>Thu, 9 Jul 2026 08:41:38 +0200</pubDate>
      <dc:creator><![CDATA[Manuel Ruiz de Bucesta]]></dc:creator>
        <description><![CDATA[ Cantantes, actores y aristócratas son especímenes dignos de una tesis. Diría de ellos que son los conversos permanentes. Dogmáticos testarudos e impermeables a la evidencia, criaturas mudas de credo político, aunque siempre hay alguno que cambia...]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[<p>Cantantes, actores y aristócratas son especímenes dignos de una tesis. Diría de ellos que son los conversos permanentes. Dogmáticos testarudos e impermeables a la evidencia, criaturas mudas de credo político, aunque siempre hay alguno que cambia de chaqueta. Ejemplo notable es el nuevo Doctor Honoris Causa, Víctor Manuel, un personaje que ayer cantaba loas al orden establecido con voz de ruiseñor agradecido, pero hoy se proclama hijo predilecto de la eterna resistencia. Sorprende, sin duda, que además lo hace con esa soberbia de quien cree que ha sido tocado por el dedo divino.&nbsp;</p>

<p>No es raro encontrar personajes como nuestro aplaudido Víctor Manuel, quien dedicó su juventud a entonar himnos de gratitud al «gran hombre» —a ese benefactor que, según vocalizaba, había labrado caminos, sembrado paz y hasta les había evitado invasiones— Décadas más tarde, sin ningún esfuerzo, descubre que ha sido un paladín clandestino de la libertad. Y ahora, cuando uno escucha sus nuevas proclamas, duda si admirar su capacidad de «reinvención» o si es mejor solicitar a la RAE que añada el verbo «desdecirse» a su acostumbrado y habitual atropello lingüístico.</p>

<p>Pero el fenómeno viene acompañado de una compleja metamorfosis porque ahora son la pareja. Tan diligentes, que aparentan ser la viva imagen de unos humildes catequistas de barrio. Víctor Manuel, que antaño fue guía agradecido y cantor, dócil cordero que vio la luz resulta que ahora abraza con fervor la causa recién descubierta. Aquel que en tiempos veía paz, ahora solamente ve opresión. Víctor Manuel que agradecía caminos labrados, resulta que hoy denuncia tiranías. El mismo que alababa la continuidad, ahora cargado de millones, pide rupturas. Sin duda, la coherencia de algunos próceres es un perfecto lujo burgués.</p>

<p>Lo más admirable —y permítaseme la ironía— es esa naturalidad con la que se presentan ahora él y ella, ella y él, ambos a dos, porque en este instante son los perfectos «antifranquistas de cuna». Diría también, a mi entender, que me recuerdan a aquellos que iban con los de la feria y volvían con los del mercado.&nbsp;</p>

<p>No querría juzgarles, y por mí que cada cual baile con la música que más le guste, pero sí quiero reivindicar mí derecho a reírme. Hay algo en nuestra forma de ser que es profundamente español, casi entrañable, y es ver cómo los «conversos famosos» cuentan mentiras. Dicen que estuvieron donde nunca estuvieron y también dijeron cuando jamás dijeron, aunque debo de reconocer que en el caso del Doctor Víctor Manuel es verdad que no dijo, porque en realidad él cantó.</p>

<p>Insisto en que cantantes, actores y aristócratas son especímenes dignos de estudio, quizá sean un talento nacional o tal vez una simple pantomima. Yo continúo escuchando sus críticas, las de «Víctor Manuel y sus colegas», también sigo leyendo sus ocurrencias y, por supuesto que le criticaré, pero pese a todo afirmaré que pocas cosas me alegran tanto como oír sus mil mentiras con voz apasionada y acompañado de una guitarra española.&nbsp;</p>
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        <media:title><![CDATA[El Doctor Víctor Manuel: Elogio a un converso]]></media:title>
        <media:text><![CDATA[Manuel Ruiz de Bucesta]]></media:text>
        <media:description><![CDATA[Manuel Ruiz de Bucesta]]></media:description>
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                        <item>
  <title><![CDATA[Urgencias sostiene lo que otros abandonan: centros de salud vacíos]]></title>
      <category><![CDATA[Opinión]]></category>
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  <pubDate>Mon, 6 Jul 2026 13:22:39 +0200</pubDate>
      <dc:creator><![CDATA[Manuel Ruiz de Bucesta]]></dc:creator>
        <description><![CDATA[ Recuerdo que hubo un tiempo —no tan remoto— en que al llegar al centro de salud se preguntaba: ¿Quién es el último? Esta sencilla fórmula ordenaba la esperanza de los enfermos, haciéndonos recordar que la medicina era un ministerio de presencia....]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[<p>Recuerdo que hubo un tiempo —no tan remoto— en que al llegar al centro de salud se preguntaba: ¿Quién es el último? Esta sencilla fórmula ordenaba la esperanza de los enfermos, haciéndonos recordar que la medicina era un ministerio de presencia. Eran las ocho de la mañana y ya esperaban su turno veinte almas; otras tantas se sumaban después en un goteo constante. Aquel médico, el mío, siempre con el fonendoscopio al cuello, un pitillo y su palabra, nos atendía uno detrás de otro, sin más excusa que su vocación y sin una sola queja. Mi médico lo hacía en silencio, mientras consumía el humo de su cigarro entre consulta y consulta.&nbsp;</p>

<p>Mi generación no éramos héroes ni mártires, simplemente ciudadanos que íbamos a la consulta para ser curados. Aquellos buenos médicos aceptaban el oficio y el peso de su juramento, porque la medicina, desde Hipócrates, no es un simple empleo, es una obligación moral, es el pacto tácito con la fragilidad humana. Por ende, aquel que lo asume pasa a convertirse en el guardián de un bien tan sagrado como es la vida ajena. Traiciona este pacto quien, pudiendo aliviar, rehúye el contacto directo con el doliente y se refugia en la comodidad de un teléfono convirtiendo la consulta en una sombra de sí misma.&nbsp;</p>

<p>Hoy los centros de salud parecen solares completamente deshabitados. Una vecina, después de una semana de dolores que le impedían caminar, acudió a que la mirasen, pero la respuesta que recibió —¡aquí sólo damos recetas!— bastaría para avergonzar a cualquier galeno con un mínimo de dignidad. No, no es natural que un sistema pensado para asistir al enfermo se haya convertido en un laberinto de citas previas, pantallas y trámites que sólo sirven para aligerar pasillos y engordar esa sensación de agravio entre quienes deberían atendernos.</p>

<p>Y, sin embargo, cuando uno tiene que acudir a urgencias ya no va al centro de salud porque no le atienden, ¡corre al Hospital! Aquí uno descubre que la verdadera vocación no ha muerto. Aquí los trabajadores cumplen el pacto hipocrático. Ellos solos, desbordados y exhaustos, sostienen el edificio entero de una sanidad abandonada a Directores que son incapaces de dirigir. Los sufridos médicos y enfermeras, con la ayuda de los administrativos, atienden sin descanso y sin lamentos. No necesitan que les llamen y pidan citas previas, lo hacen porque saben cuál es su oficio. Y estos sanitarios de urgencia de los hospitales son, en realidad, quienes pagan la dejadez de los centros de salud, teniendo que resolver lo que debería haberse atendido en primera instancia: una sencilla caída, un par de puntos o una fiebre que no requiere más que un criterio clínico.</p>

<p>Decía Plutarco que la omisión del deber es la más ruin de las traiciones, y algo de eso hay en permitir que la medicina se vuelva un trámite telefónico o un despacho de recetas. Un enfermo tiene bastante con sus dolencias y no puede permitirse que tenga que mendigar atenciones o encadenar llamadas para ser atendido. La salud pública no puede sostenerse con encargados que justifican su puesto firmando papeles. Necesitamos médicos. Si buscan un orden, nombren generales, pero si quieren perpetuar el desastre, bastará con seguir nombrando administradores.</p>

<p>La medicina es presencia, juicio y compasión. No es ético ni natural que tengamos que recordar que un enfermo no es un número, que es un ser humano que deposita su miedo y esperanza en su médico, por eso debemos exigir de aquellos que abrazaron este oficio recuerden que la grandeza del deber cumplido reside en la atención y no en lamentarse. Son muchos los pacientes que claman ayuda.&nbsp;&nbsp;</p>

<p>&nbsp;</p>
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        <media:description><![CDATA[Manuel Ruiz de Bucesta]]></media:description>
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                        <item>
  <title><![CDATA[El honor de la Guardia Civil frente a la infamia]]></title>
      <category><![CDATA[Opinión]]></category>
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  <pubDate>Thu, 2 Jul 2026 13:49:22 +0200</pubDate>
      <dc:creator><![CDATA[Manuel Ruiz de Bucesta]]></dc:creator>
        <description><![CDATA[ Amanece el mes de julio con un nefasto día para nuestra Guardia Civil. Volvemos a vivir otro instante en que España despierta con un temblor en el alma. La imputación del DAO, un general de la Guardia Civil, y de su Directora General —al parecer,...]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[<p>Amanece el mes de julio con un nefasto día para nuestra Guardia Civil. Volvemos a vivir otro instante en que España despierta con un temblor en el alma. La imputación del DAO, un general de la Guardia Civil, y de su Directora General —al parecer, metidos en el lodazal de las conocidas cloacas del PSOE, bajo las acusaciones de prevaricación y obstrucción a la justicia— es una vergüenza tan grande que no tiene nombre.</p>

<p>Quien escribe estas líneas sirvió con orgullo en la Guardia Civil. A la Academia de Baeza llegué con la enseñanza a mis espaldas, sabiendo que la decencia es una obligación moral. Allí nos enseñaron que el respeto es ley y todos asumimos, con orgullo, el artículo primero de la cartilla del Guardia Civil: “El honor será la principal divisa del Guardia Civil.” Este es un lema que debíamos dejar labrado en nuestras conciencias. Mis queridos compañeros —muchos de ellos amigos—, entendieron perfectamente que cuando esa divisa se mancilla, aunque sea por unos pocos, el daño se extiende como una marea negra sobre los miles de servidores públicos.</p>

<p>Sin embargo, no es la primera vez que la Guardia Civil sufre una afrenta semejante. No hace mucho padecimos la vergüenza y la ignominia de Roldán, quien dejó una cicatriz tan grande que todavía duele en la memoria institucional. Pero que décadas después se repita una sombra de tal naturaleza es, sencillamente, inaceptable. La Guardia Civil no puede permitirse otro eclipse moral. Tanto su historia, su sacrificio y su honor exigen una vigilancia ética y sin tregua.</p>

<p>Hoy escribo a los Guardias Civiles, a mis compañeros, a todos los que en este instante sienten el rubor, la náusea y una cólera silenciosa. Sin duda, nada resulta más deshonroso que ver a quien viste nuestro centenario uniforme español —símbolo de sacrificio, disciplina y decoro— descender a la mayor de las bajezas y traicionar todo aquello que juró guardar. No hay mayor afrenta que la de quien, investido con la potestad del Estado, se entrega a la intriga y al partidismo.</p>

<p>En este escenario, la figura del Juez Pedraz emerge con una sobriedad absoluta. Su actuación nos recuerda que aún existen magistrados capaces de sostener la probidad frente al estrépito de aquellos que sólo saben gritar para defender lo indefendible. Sin duda, esta decisión suya es un acto de completa higiene institucional.</p>

<p>La Guardia Civil, nuestro Benemérito Cuerpo, bien merece distinguirse entre la infamia de algunos y la rectitud de tantos, porque no es justo que la sombra de la corrupción eclipse la luz de quienes cada día madrugan para sostener el orden, la justicia y la paz pública.</p>

<p>Quizá este episodio sirva para recordar que la ética es una disciplina del espíritu y que el honor, nuestro honor, es una exigencia viva que debemos guardar. Por todo, por nuestros caídos y por nuestra decencia, vestir el uniforme de la Guardia Civil es una responsabilidad que tenemos que conquistar diariamente con una conducta irreprochable y una honradez que no admite atajos ni claudicaciones.</p>
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                        <item>
  <title><![CDATA[¡Yo, con Gertrudis!]]></title>
      <category><![CDATA[Opinión]]></category>
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  <pubDate>Wed, 1 Jul 2026 09:13:05 +0200</pubDate>
      <dc:creator><![CDATA[Manuel Ruiz de Bucesta]]></dc:creator>
        <description><![CDATA[ Gertrudis es un nombre que en nuestros días apenas suscita curiosidad cuando fue durante siglos un símbolo involuntario de cómo Europa se levanta sobre las columnas de su mitología. Reflejo de apariencia, virtud y poder. En tiempos, donde la...]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[<p>Gertrudis es un nombre que en nuestros días apenas suscita curiosidad cuando fue durante siglos un símbolo involuntario de cómo Europa se levanta sobre las columnas de su mitología. Reflejo de apariencia, virtud y poder. En tiempos, donde la imagen también determinaba oportunidades, conviene recordar a esta figura improbable —la lanza fiel germánica— que las crónicas describen como bajita, regordeta, rizosa y feúcha, pero también como la mujer más eficiente que jamás sirvió a un mandatario.</p>

<p>Su historia, que algunos comparan con el «patito feo», revela una lógica que todavía vive, la fealdad como garantía moral. La esposa del Virrey del Entrecejo no vio en Gertrudis talento ni experiencia, solamente apreció una ausencia de atractivo, la antítesis de la concupiscencia que, según ella, blindaría la fidelidad de su marido. Así, la mujer que había sobrevivido a la peste de 1347 y a las hambrunas de la década siguiente, terminó convertida en consejera por simple descarte. Nadie valoró su probable mérito.</p>

<p>Sin embargo, el suceso que ocurrió después desmonta cualquier prejuicio. Gertrudis, silenciosa y disciplinada, transformó la casa del Virrey en un centro de poder económico y político. Mientras la tradición atribuye a Santa Gertrudis de Nivelles la capacidad de espantar ratas, nuestra Gertru las atraía, las organizaba y las convertía en símbolo de su influencia. En un tiempo donde el estraperlo era moneda corriente, ella convirtió ese caos en negocio y su invisibilidad en estrategia.</p>

<p>Su eficiencia era temida por el resto de cargos públicos. Anotaba todo, controlaba cuentas, bienes, joyas y pactos con mucha precisión. Archivaba, redactaba y corregía sin descanso, pero nunca se le reconoció liderazgo. La crónica la celebra más por su sumisión que por su talento y la recuerda más por su fealdad que por su inteligencia. Este es el retrato clásico de tantas mujeres que sostuvieron estructuras enteras sin recibir crédito alguno.</p>

<p>La figura de Gertrudis sirve para que reflexionemos sobre cómo seguimos valorando a las personas por criterios meramente superficiales. Y en esta época donde la gente está obsesionada con la imagen, la historia de Gertru nos recuerda que el poder real suele estar en manos de quienes no aparecen en los retratos oficiales. La consejera que nadie quiso mirar fue, en realidad, la pieza que mantuvo en pie todo el entramado del Virrey.</p>

<p>Quizá por eso su mito perdura, porque nos obliga a preguntarnos cuántas Gertrudis han pasado por la historia sin que nadie las vea. Y ahora me pregunto, cuántas siguen hoy sosteniendo instituciones, empresas y hogares desde esa misma invisibilidad.</p>

<p>&nbsp;</p>
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                        <item>
  <title><![CDATA[¡Yo, con Begoña!]]></title>
      <category><![CDATA[Opinión]]></category>
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  <pubDate>Mon, 29 Jun 2026 11:00:17 +0200</pubDate>
      <dc:creator><![CDATA[Manuel Ruiz de Bucesta]]></dc:creator>
        <description><![CDATA[ Apenas había pisado la calle cuando me sorprendieron los gritos de un joven que vendía periódicos, ¡era cosa de otros tiempos! Este joven vestía distinto, es más, aparentaba ser nacido en tiempos de la revolución industrial y se le distinguía esa...]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[<p>Apenas había pisado la calle cuando me sorprendieron los gritos de un joven que vendía periódicos, ¡era cosa de otros tiempos! Este joven vestía distinto, es más, aparentaba ser nacido en tiempos de la revolución industrial y se le distinguía esa vocación de pregonero. Caminaba por la acera e irrumpió frente a mi portal con un puñado de periódicos en la mano, destacaba “El Sol de Pravia”, y entonces siguió: ¡Atención, atención! ¡Yo, con Begoña! ¡Atención! ¡Yo, con Begoña!&nbsp;</p>

<p>Parecía que venía del pasado, a la España de los eslóganes. Recuerdo ahora que, cuando era niño pasaban sobre las playas repletas de gente y surcando el cielo unas avionetas que llevaban amarradas unas pancartas que contenían mensajes de todo calado. Hoy me doy cuenta de que los eslóganes tienen la extraña capacidad de convertirse en giros. Ayer fue aquel “Sí, se puede”, antes de ayer “Por el cambio” y mañana será cualquier otra cosa. Pero hoy, hoy es evidente que toca Begoña.&nbsp;</p>

<p>El quiosquero, el camarero, el portero, el repartidor… todos me resultaban extraños, pero más si cabe porque repetían la misma frase en lugar de saludar: ¡Yo, con Begoña! Bien parece que le han hecho una trepanación al mundo: ¡Repita la frase. No piense. No pregunte. Repita la frase! Y todos, obedientes, lo repiten.</p>

<p>¿Pero, por qué ocurre? Sencillamente porque si algo domina la política es el arte de convertir cualquier asunto particular en una cruzada. Y con Begoña, Zapatero, Ábalos, Santos Cerdán, Tito Berni, Leire, el ayuntamiento de Soria y toda la curia socialista, lo que tenía que haber sido un simple episodio judicial se ha transformado en ruido mediático, pero repleto de «hooligans», fanáticos y gente fiel. Buscando siempre la demonización del infiel que no sigue todos sus parámetros.&nbsp;</p>

<p>A media mañana empecé a sospechar que toda España había sido víctima de un extraño fenómeno. Una niebla densa, ideológica, anulaba la voluntad de las personas y obligaba a todos a proclamar su adhesión a Begoña. Fue entonces cuando me vi reflejado en un escaparate. Allí estaba yo, pero no era yo ¡Era Patxi López! ¡Patxi el socialista! ¡Patxi el lacayo de P.S.! Yo tenía su misma expresión y aparentemente estaba atrapado en su propio argumentario. Mis ojos decían: no sé qué haces, pero tienes que apoyar a Begoña con entusiasmo.</p>

<p>Me di cuenta de que no era solamente una obsesión mía, era toda España. El gobierno había convertido esa ridícula expresión de Patxi en una consigna de identidad, en un eslogan que probaba la pureza ideológica socialista. Porque si no estás con Begoña, estás contra Begoña y eso es contra todos. Estás contra alguien, contra el espíritu, contra la corriente, contra la narrativa oficial y contra la democracia. Si no estás con Begoña eres un ultraderechista y un fascista.</p>

<p>Entretanto, el resto del mundo continúa su marcha pro-Begoña. El País anunciando titulares con grandes eslóganes y los ciudadanos sin saber por qué, los siguen gritando: ¡Yo, con Begoña! ¡Yo, con Begoña!</p>

<p>Y de repente desperté, todo era un sueño. Quise recapacitar, echar la mirada atrás y me sobresalto la duda de que si todo será una sencilla cuestión de modas. Es posible que mañana tengamos otra primera dama, más guapa, más alta, más dulce, más honrada y más mujer, y que entonces todo cambie. Resulta que todo había sido un mal sueño, grotesco, espantoso y escalofriante, tal vez fruto de una sauna mal higienizada. Me incorporé, respiré hondo y, antes siquiera de salir de la habitación, corrí hacia el espejo para comprobarlo por mí mismo. Seguía teniendo cara de imbécil, pero —gracias a Dios— ya no era Patxi.</p>

<p>&nbsp;</p>
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                        <item>
  <title><![CDATA[Zapatero en su Palacio canario]]></title>
      <category><![CDATA[Opinión]]></category>
    <link>https://www.eldiariodemadrid.es/articulo/opinion/zapatero-palacio-canario/20260626084701135372.html</link>
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  <pubDate>Sat, 27 Jun 2026 08:05:09 +0200</pubDate>
      <dc:creator><![CDATA[Manuel Ruiz de Bucesta]]></dc:creator>
        <description><![CDATA[ Hay retiradas políticas que parecen un premio del destino y, luego está, la de José Luis Rodríguez Zapatero, cuya vida posterior a la Moncloa parece que ha sido diseñada por un novelista romántico. Después de sus aventuras «diplomáticas» en...]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[<p>Hay retiradas políticas que parecen un premio del destino y, luego está, la de José Luis Rodríguez Zapatero, cuya vida posterior a la Moncloa parece que ha sido diseñada por un novelista romántico. Después de sus aventuras «diplomáticas» en Venezuela, el destino lo situó en un hermoso enclave, en Lanzarote. Se marchó a esa isla donde el viento sopla con agrado y en que el océano, en ocasiones, cuenta historias que hay que saber escuchar.</p>

<p>Según diversas fuentes periodísticas, Zapatero disfruta allí de una hermosa residencia. Es amplia, luminosa, de las que algunos llaman «palacete». Se trata de un magnífico solar con vistas al inhóspito horizonte y rodeado de todo tipo de lujos, de esos que dicen que solamente están permitidos para grandes cuentas bancarias. Pero en esta ocasión no entraré en el inventario de habitaciones, ni tampoco hablaré de sus ricos muebles o de tapices, pero sí contaré de su simbolismo, porque no es lo mismo retirarse a un piso en Vallecas que a un refugio junto al mar en las Islas Canarias. No olvidemos que el paisaje no define al hombre, pero en ocasiones lo delata.</p>

<p>Insisto en que lo interesante no es la casa, es el contraste entre ese retiro oceánico y su prolongada implicación en las andanzas políticas venezolanas. Así que, mientras en Caracas se debatían las elecciones con numerosas tensiones institucionales y fraudes de ley, Zapatero aparecía como el gran mediador, defendiendo el diálogo, garantizando aquellos procesos que él mismo describió como «democráticos y limpios» y, a la vez, escogiendo el mármol de su nueva vivienda o las magníficas decoraciones, doradas y engastadas en piedras preciosas, todo herencia de mamá.</p>

<p>La política internacional exige mucho más que buena voluntad, pero quizás sea cosa difícil para quien se preocupa solamente en seguir viviendo en los lujos de un hermoso palacete en Lanzarote, ¡tal vez gótico, como gusta a sus vástagos! Me imagino al susodicho paseando por sus jardines, degustando ricos manjares, chapoteando con su familia y amigos en la piscina. Pero también lo vislumbro, entre horas, reflexionando sobre los vericuetos de la diplomacia o disfrutando de las vistas y los brillos que puede ofrecer una generosa caja fuerte.</p>

<p>Sea como fuere, he creído que este episodio bien merecía ser contado en este Especial Zapatero, porque si algo nos puede enseñar esta saga es que, en política, como en todo, no basta con tener un refugio, hay que saber de qué se huye y quien conoce todas nuestras miserias y secretos.&nbsp;</p>

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	<div class="article-data"><a href="/articulo/opinion/zapatero-dia-empezo-leyenda/20260619135458134645.html">Zapatero: el día que empezó la leyenda</a></div>
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	<div class="article-data"><a href="/articulo/opinion/zapatero-reino-orinoco/20260618143305134467.html">Zapatero en el Reino del Orinoco</a></div>
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	<div class="article-data"><a href="/articulo/opinion/zapatero-p-s-joyas-corona/20260616144757134161.html">Zapatero, P.S., y las Joyas de la Corona</a></div>
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</ul>
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<p>&nbsp;</p>
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        <media:title><![CDATA[Zapatero en su Palacio canario]]></media:title>
        <media:text><![CDATA[Manuel Ruiz de Bucesta]]></media:text>
        <media:description><![CDATA[Manuel Ruiz de Bucesta]]></media:description>
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                        <item>
  <title><![CDATA[The One y los cuarenta lacayos]]></title>
      <category><![CDATA[Opinión]]></category>
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  <pubDate>Thu, 25 Jun 2026 08:11:10 +0200</pubDate>
      <dc:creator><![CDATA[Manuel Ruiz de Bucesta]]></dc:creator>
        <description><![CDATA[ Confieso que pocas criaturas me han despertado tanto fervor y delirio como el enigmático “P. S.”, a quien algunos llaman “The One”. Figura misteriosa escrita en cuadernos, informes y murmullos, parece un personaje escapado de una novela por...]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[<p>Confieso que pocas criaturas me han despertado tanto fervor y delirio como el enigmático “P. S.”, a quien algunos llaman “The One”. Figura misteriosa escrita en cuadernos, informes y murmullos, parece un personaje escapado de una novela por entregas, un don Juan, un adonis, un guapo efebo, en fin «el puto amo» Y cuando parece que llegamos a un desenlace, todo se apaga y surge una noticia más explosiva que nos hace girar la mirada. Y allí, en ese esquivo, aparece Pedro Sánchez, como si fuese la permanente sombra del héroe. A veces pienso que estas entradas y salidas recuerdan demasiado a Supermán y su modesto alter ego, Clark Kent.</p>

<p>Nuestro mancebo presidente, antaño atractivo y sonriente, no luce últimamente su mejor cara. Dicen las malas lenguas que más pronto que tarde compartirá con su esposa una estrecha estancia, cada cual en su cuarto, donde disfrutarán del poder sereno de la individualidad, y también de la vista, siempre inspiradora, de unos barrotes. Las pistas se acumulan y negar lo evidente es absurdo. Ahí tenemos ahora al Ayuntamiento de Soria para recordarlo, ¡vaya PSOE están dejando para sus risueños votantes! La lista de episodios es interminable: el caso Zapatero, el caso Leire, la trama de las mascarillas, el caso de Begoña Gómez, el hermano de Pedro, Ábalos, Koldo, Santos Cerdán, Tito Berni, el Fiscal General del Estado o las hijas de Zapatero. ¡Es el PSOE! Sin embargo, la respuesta de estos indigentes morales es siempre la misma, acusar y señalar que “Ayuso es peor”, o sea, todo un argumento circular sin sentido ni razón.&nbsp;</p>

<p>Del superhéroe P.S. pasamos inevitablemente a su corte de limpiabotas. No tienen superpoderes, pero sí gozan de un talento admirable para la chulería. Mirada altiva, dedo acusador y una facilidad pasmosa para impartir lecciones de ética. Pero uno sospecha que, si la justicia es justa —y a veces lo es, aunque tarde—, más de uno recorrerá los mismos pasillos que su maestro, dando explicaciones a los Tribunales. También les tocará a esos que, ocupando cargos públicos, se venden sin titubeos. La historia de España es clara, los vendedores de principios suelen terminar rindiendo cuentas incluso cuando ya nadie quiere escucharles.</p>

<p>Al final, lo justo y lo ético exigen valor. Y no me refiero a ese valor grandilocuente de los discursos, sino al otro, al silencioso, al que obliga a mirarse al espejo sin esperar aplausos.</p>

<p>Entretanto, aquí seguimos, aguardando el próximo movimiento de los lacayos y también del “The One”, quien se cree eterno. A él y a todos los cargos que hoy os sentís inmunes, conviene recordaros que en el fondo sabéis que la justicia, como el buen café, siempre termina sirviéndose caliente.</p>

<p>&nbsp;</p>
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        <media:title><![CDATA[The One y los cuarenta lacayos]]></media:title>
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                        <item>
  <title><![CDATA[Policía, CGPJ y el Juez Peinado. Tres caminos y una sola crisis moral]]></title>
      <category><![CDATA[Opinión]]></category>
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  <pubDate>Tue, 23 Jun 2026 10:21:02 +0200</pubDate>
      <dc:creator><![CDATA[Manuel Ruiz de Bucesta]]></dc:creator>
        <description><![CDATA[ He vivido en cuarteles y he conocido de todo, incluso agentes infamantes, indignos, serviles, esclavos de cualquier mandato. Por eso me sorprende que, cuando el juez Peinado escribe que un escolta puede obedecer órdenes impropias, se desate un...]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[<p>He vivido en cuarteles y he conocido de todo, incluso agentes infamantes, indignos, serviles, esclavos de cualquier mandato. Por eso me sorprende que, cuando el juez Peinado escribe que un escolta puede obedecer órdenes impropias, se desate un vendaval de indignaciones. Los que hemos estado dentro sabemos bien que esos enojados solamente están rabiados, no defienden la verdad, solamente resisten en su pequeño feudo ideológico No debería escandalizar a nadie que los agentes obedezcan órdenes. Durante la pandemia vimos a algunos asaltar viviendas sin orden judicial, amparados en aquel “me lo ordenaron” ¡Quién lo hubiera imaginado!</p>

<p>Pero vayamos a los hechos, que son obstinados. Ahí está el Caso Faisán, donde mandos policiales —siempre tan obedientes— dieron un chivatazo a los terroristas de ETA, avisando al recaudador Joseba Elosua para que huyera. Todavía estoy esperando ver a esos sindicatos policiales rasgarse las vestiduras. Quizá estén discurriendo cómo repetir aquel “me lo mandaron”. Tampoco se escuchó nada cuando el comisario Villarejo, paradigma de la obediencia, comerciaba con secretos. Ni tampoco cuando ciertos mandos de la Guardia Civil pactaban con cárteles del narcotráfico, facilitando desembarcos o vendiendo información. ¿Dónde estaban los sindicatos cuando los agentes avisaban a investigados en tramas, o cuando no supieron detener a Puigdemont, quien huyó con la colaboración de algunos escoltas?&nbsp;</p>

<p>Recordemos también los destinos diplomáticos conseguidos por la gracia de Koldo. Este señor colocaba guardias civiles en embajadas, ¡simples pagos! En Cuba, Colombia o Estados Unidos, siempre había un puesto para el amigo adecuado. Entretanto, algunos mandos —según las investigaciones— le filtraban información sensible. ¡Es admirable la obediencia ciega! Y no olvidemos tampoco aquel episodio de la embajada de México en Bolivia, donde diplomáticos españoles y agentes GEO fueron acusados de intentar auxiliar la salida de un investigado en un vehículo diplomático. Es cierto que no hubo condenas, pero sí un escándalo internacional que dejó en evidencia esa elasticidad moral de algunos servidores del Estado. De nuevo aquel, ¡me lo ordenaron!&nbsp;</p>

<p>Y ahora, más recientemente, el caso Leire, donde la Directora General de la Guardia Civil aparece y desaparece entre sospechas de favores y silencios. La historia siempre se repite. Pero curiosamente, ninguno de estos episodios provocó la furia de los sindicatos policiales. Aquellos que callaron y miraron a otro lado, hoy se rasgan las vestiduras. Son los hooligans de la obediencia, los que siempre saben quién manda pero nunca recuerdan quién ordenó. ¿Dónde están quienes recibieron a Delcy en Barajas? ¿Ignoran que quien tiene conocimiento de la comisión de un delito tiene obligación de denunciarlo?</p>

<p>Más inquietante es ver cómo algunas instituciones se inclinan al acatamiento. El CGPJ se ha reunido de urgencia un domingo —cosa nunca vista— para valorar reprender a un magistrado por el contenido de una resolución. Algunos medios lo atribuyen a presiones de Marlaska y Bolaños, aunque no faltan quienes señalan la sombra del enigmático «The one», también conocido por las iniciales «P.S.». Una sospecha verosímil que bastaría para medir la hondura del deterioro.</p>

<p>Frente a todo este panorama, la figura del juez Peinado se alza seria y digna. Ha obrado con plena autonomía y criterio propio, con la serenidad de quien sabe que la justicia no puede rendirse al lloriqueo de quienes sólo defienden sus tesis cuando les conviene. Podrán discutir su resolución, pero es suya y legítima, lo que en estos tiempos de servidumbres es un gesto de entereza. La obediencia sin conciencia es el germen de todas las decadencias. Aquella dignidad de un servicio nacido para vocación y ética ha sido ennegrecida en muchas ocasiones por policías, guardias civiles y altos mandos —desde el caso Faisán hasta los narcos, desde Comisarios millonarios hasta filtradores de investigaciones, desde las Embajadas hasta los enchufes diplomáticos—.</p>

<p>Siempre supe, con o sin uniforme, que lo correcto no se sostiene en la sumisión, sino en la rectitud y la moral, por eso me honra ver a un juez que actúa con independencia. El resto, lo menos que deberíamos hacer, es guardar un respetuoso silencio en lugar de lanzar improperios dictados por unos sucios intereses que todos conocemos, pero que pocos se atreven a nombrar.</p>
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                        <item>
  <title><![CDATA[La persecución de los cristianos y la conciencia de los hombres]]></title>
      <category><![CDATA[Opinión]]></category>
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  <pubDate>Mon, 22 Jun 2026 09:01:07 +0200</pubDate>
      <dc:creator><![CDATA[Manuel Ruiz de Bucesta]]></dc:creator>
        <description><![CDATA[ Hay ocasiones en que parece que la conciencia humana duerme, aunque no sé si por simple sopor o por cobardía. También da la impresión de que ese sueño se extiende sobre las naciones. Sucede que en este mismo instante, ahora, en algún rincón...]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[<p>Hay ocasiones en que parece que la conciencia humana duerme, aunque no sé si por simple sopor o por cobardía. También da la impresión de que ese sueño se extiende sobre las naciones. Sucede que en este mismo instante, ahora, en algún rincón olvidado del mundo hay hombres, mujeres y niños, de carne y espíritu, que están siendo sacrificados por la osadía de creer y tener fe. Uno de estos rincones se llama Nigeria. Miles de cristianos —pobres, humildes e indefensos— están siendo perseguidos, acorralados y asesinados por grupos extremistas islamistas. Son responsables de tantas y tan graves atrocidades que hacen estremecer la dignidad humana. Cientos de iglesias están siendo reducidas a cenizas, aldeas enteras deshabitadas por miedo y terror, familias que huyen sin nada mientras rezan y los templos arden como antorchas.</p>

<p>Los cristianos nigerianos han lanzado un clamor tan desgarrador que atraviesa el mismísimo aire. Piden auxilio y amparo, ruegan al mundo que despierte antes de que el exterminio se consume. Pero Europa, como es costumbre, sigue ensimismada en sus naderías. En Bruselas continúan mirando al cielo, esperando el eclipse solar. Los políticos siguen entretenidos en discusiones pueriles y en administrar sus propias vanidades. Parece que hemos olvidado que la vida humana es un voto que exige defensa y que actuar con indiferencia es complicidad.</p>

<p>Entretanto, cada día llegan jóvenes en barcazas frágiles, mezclas de mil procedencias. Nadie sabe quiénes son, ni de qué lado de la tragedia vienen. No se conoce si huyen del fanatismo o si lo traen consigo. Europa, que siempre se preció de discernir y proteger, ahora se limita a recibir sin preguntar. Y en ese desconcierto es donde se pierde la obligación moral de distinguir el bien del mal y a la víctima del verdugo.</p>

<p>Sin embargo, Nigeria no es la única tierra donde la sangre cristiana se derrama en silencio. En Irak y Siria el extremismo ha devastado comunidades enteras, en Pakistán la blasfemia se ha convertido en sentencia, en la India el sectarismo incendia aldeas y en Eritrea los templos son clausurados y los fieles encarcelados. Todos estos lugares comparten un mismo hilo, la persecución sistemática de quienes, desde hace dos mil años, sostienen su esperanza en la cruz.</p>

<p>Y mientras nosotros aquí seguimos, en la vieja Europa, dilapidando millones en subvenciones destinadas a frivolidades y alimentando proyectos vacíos que sirven para financiar caprichos ideológicos. Nadie habla de esta desgracia, ni siquiera se menciona en los parlamentos. Todos callan refugiándose en su cobardía.</p>

<p>Desde Leónidas hasta los mártires de Roma, desde los defensores de Viena hasta los misioneros que murieron en África, todos entendieron que la fortaleza reside en defender al más débil, porque sabían bien que tanto la ética como la moral, son un deber. Así que hoy, en este instante, cuando miles de inocentes claman por un auxilio, algunos nos preguntamos donde están aquellos hombres.&nbsp;</p>

<p>Europa corre el riesgo de desaparecer como civilización para convertirse en una simple sombra, porque la decadencia no comienza cuando los bárbaros asaltan los pueblos sino cuando los guardianes abandonan sus obligaciones. La vida humana no es negociable y la indiferencia es la más vil de las cobardías, por eso es hora de reaccionar, y no olvidemos que si no somos capaces de levantar la voz por los perseguidos y más débiles, ¿qué facultad tendremos mañana para pedir que otros nos ayuden?&nbsp;</p>

<p>&nbsp;</p>
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                        <item>
  <title><![CDATA[Zapatero: el día que empezó la leyenda]]></title>
      <category><![CDATA[Opinión]]></category>
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  <pubDate>Sat, 20 Jun 2026 08:05:00 +0200</pubDate>
      <dc:creator><![CDATA[Manuel Ruiz de Bucesta]]></dc:creator>
        <description><![CDATA[ Una gran mayoría de los jóvenes apenas saben quién es Zapatero. También los mayores, en su memoria selectiva, lo han relegado al olvido. Parece que olvidamos pronto a los políticos cuando, en realidad, algunos, por su singular fulgor, merecen un...]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[<p>Una gran mayoría de los jóvenes apenas saben quién es Zapatero. También los mayores, en su memoria selectiva, lo han relegado al olvido. Parece que olvidamos pronto a los políticos cuando, en realidad, algunos, por su singular fulgor, merecen un tratado aparte. Zapatero fue quien impulsó en su día el conocido «Proyecto Gran Simio», una iniciativa que, aunque no llegó a convertirse en ley, pretendió extender los «derechos humanos» a los grandes primates. Lo que parecía una simple ocurrencia extraída de algún manuscrito utópico del siglo XVIII, en realidad derivaba de un chiflado de tierras australes que declaraba abiertamente la necesidad de exterminar a los minusválidos</p>

<p>Aquel impulso legislativo coincidió con un conflicto diplomático provocado por el propio Zapatero, que desembocó después de años de frialdad protocolaria, en una célebre visita a la Casa Blanca —a las fotos me remito—. Todo comenzó por el feo gesto de permanecer sentado durante el desfile del Día de las Fuerzas Armadas, justo al paso de la bandera estadounidense. Esa imagen dio la vuelta al mundo y tensó las relaciones bilaterales hasta que después de mucho esfuerzo la diplomacia española, con la prudencia habitual de la Corona, logró reconducir la situación y facilitar un encuentro con el presidente Obama.</p>

<p>La fotografía de aquella reunión —convertida de inmediato en lo que hoy llaman “memes”— se instaló en el imaginario popular como símbolo de una época en la que la política española parecía rozar la comedia involuntaria. De aquella entrevista no surgió nada sustancial, dicho en términos de acuerdos estratégicos, pero quedó como testimonio elocuente de un momento histórico en el que una imagen, casi fúnebre, pesaba más que la sustancia.</p>

<p>A su regreso, Zapatero y su gobierno reavivaron con renovado entusiasmo la propuesta sobre los derechos de los grandes simios. Echando la mirada atrás, en este instante, uno no puede evitar preguntarse qué reflexión, impresión o súbita iluminación pudo experimentar Zapatero para que aquella idea nacida en el Despacho Oval adquiriera tal vigor. Un moralista del XIX, quizá diría, que hay decisiones que no nacen de la razón, sino del clima espiritual que ofrece el instante —¡qué pudo ver o intuir!—</p>

<p>Lo cierto es que el debate sobre los primates abrió una discusión filosófica de notable calado, aunque nadie pudo responder con claridad hasta qué punto puede extenderse el concepto de dignidad o, también, qué separa lo humano de lo animal cuando la ciencia recuerda, con compleja insistencia darwiniana, nuestra cercanía biológica —aunque olvidando, como suele ocurrir, que estamos ante simples teorías—. La política, que tantas veces titubea entre la prudencia y la precipitación, encontró aquí un terreno fértil para la controversia. Pan y circo, como suele decirse.</p>

<p>Sea como fuere, aquel episodio quedó grabado en la memoria de muchos como una de las extravagancias más singulares de la etapa zapaterista. Quizá convenga recordarlo porque, en política, lo extraordinario no siempre es lo más importante, pero sí es bien cierto que revela con nitidez el espíritu de una época.</p>
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                        <item>
  <title><![CDATA[Zapatero en el Reino del Orinoco]]></title>
      <category><![CDATA[Opinión]]></category>
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  <pubDate>Thu, 18 Jun 2026 14:33:05 +0200</pubDate>
      <dc:creator><![CDATA[Manuel Ruiz de Bucesta]]></dc:creator>
        <description><![CDATA[ Hay aventuras que, por su naturaleza casi novelesca, merecerían un mapa dibujado por Juan de la Cosa. Pero en España, hoy, necesitamos de un buen guía que nos advierta sobre las andanzas de José Luis Rodríguez Zapatero por tierras de Venezuela....]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[<p>Hay aventuras que, por su naturaleza casi novelesca, merecerían un mapa dibujado por Juan de la Cosa. Pero en España, hoy, necesitamos de un buen guía que nos advierta sobre las andanzas de José Luis Rodríguez Zapatero por tierras de Venezuela. Durante los últimos años ha sido, en este viejo territorio, donde la política se ha mezclado con la épica, bajo un incesante olor a petróleo, oro, joyas y maletas.</p>

<p>Hace unos años que Zapatero se presentó en Caracas como una suerte de mediador ilustrado. Surgió como el buen emisario de la concordia, asegurando que el sistema político venezolano era «profundamente democrático» y jurando que en esta tierra los procesos electorales gozaban de una completa limpieza. Sus docenas de declaraciones, repetidas en radio y televisión, apoyadas por el PSOE, son una generosa hemeroteca. Testimonio y convicción que tan solo unos pocos observadores internacionales no compartían, pero que aclamaban Pablo Iglesias, Echenique, Monedero y toda esa partida de rancios socialistas de pandereta.</p>

<p>Pero los aficionados a la historia sabemos bien que esa —la historia— tiene la fea costumbre de ajustar cuentas. Hace pocas semanas detuvieron a Nicolás Maduro y Zapatero no tardó en rectificar públicamente parte de sus afirmaciones. Quiso matizar lo que durante años defendió con ardor guerrero. Zapatero, ese ilustrado:&nbsp;</p>

<p>—Excelencia, ¿sigue usted sosteniendo que aquello era un ejemplo de democracia?&nbsp;<br />
—Bueno… digamos que la realidad es más compleja de lo que parecía.&nbsp;<br />
—¿Compleja?&nbsp;<br />
—Profundamente compleja.</p>

<p>No cabe duda de que la política internacional está llena de giros inesperados. Nuestro Zapatero, quien en su día paseaba por los pasillos del Palacio de Miraflores con total serenidad, ha terminado reconociendo que quizá los ríos no desembocaban donde él pensaba. Tanto es el miedo a Trump, que seguramente no será ni el primero ni el último en descubrir que la geopolítica hispanoamericana exige mucho más que buena voluntad. Requiere prudencia, crítica y una compleja desconfianza hacia los relatos oficiales.</p>

<p>Fueron muchos y durante muchos años, en que organismos internacionales, observadores independientes y analistas de derechos humanos determinaron la existencia de docenas de irregularidades. Declararon tensiones institucionales, cientos de episodios de represión y acoso a jueces, fiscales, militares y periodistas. Entretanto, Zapatero seguía insistiendo en la necesidad de diálogo. Aparentaba ser el mediador sincero, pero lo hacía cargado de collares, anillos, pendientes y joyas engastadas con piedras preciosas.&nbsp;</p>

<p>Algunos buscan justificar a Zapatero diciendo que fue un pobre ingenuo y que pecó de optimismo. Seguramente algún lector sabrá sacar buenas conclusiones, pero lo cierto es que el resto continuaremos viviendo en la inopia con vagos recuerdos y simples sospechas. Y en este momento, mientras Venezuela atraviesa uno de los momentos más delicados de su historia reciente, las palabras de Zapatero resuenan con un eco distinto. Porque ya no estamos ante el viajero entusiasta que regresa del Orinoco con historias de armonía institucional y paz mundial, ahora quiere enmendarse y explicar que tal vez el paisaje era más áspero de lo que parecía.</p>

<p>Sea como fuere, sus andanzas bien merecen un Especial Zapatero. Un relato que nos enseñe que, en política, como en las grandes expediciones no sirve con tener una brújula y un mapa, también es menester mirar con serenidad y saber leer las estrellas.&nbsp;</p>
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        <media:title><![CDATA[Zapatero en el Reino del Orinoco]]></media:title>
        <media:text><![CDATA[Manuel Ruiz de Bucesta]]></media:text>
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                        <item>
  <title><![CDATA[Zapatero, P.S., y las Joyas de la Corona]]></title>
      <category><![CDATA[Opinión]]></category>
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  <pubDate>Tue, 16 Jun 2026 14:47:57 +0200</pubDate>
      <dc:creator><![CDATA[Manuel Ruiz de Bucesta]]></dc:creator>
        <description><![CDATA[ Las viejas crónicas no cuentan nada sobre tesoros familiares del linaje de los Zapatero. Tampoco nadie sospechaba, ni siquiera el juez que decidió levantar el polvo del misterio, que hubiese algo. Con una intrépida narrativa ordenó la búsqueda de...]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[<p>Las viejas crónicas no cuentan nada sobre tesoros familiares del linaje de los Zapatero. Tampoco nadie sospechaba, ni siquiera el juez que decidió levantar el polvo del misterio, que hubiese algo. Con una intrépida narrativa ordenó la búsqueda de pruebas y riquezas, y las encontró. Un caudal de más de 1,3 millones de euros escondidos en el interior de una caja fuerte. Joyas a las que no se conoce explicación. Esto recuerda la advertencia de un viejo moralista que decía que cuando la verdad se esconde, la fábula se multiplica, ¡y vaya si se ha multiplicado!</p>

<p>El Conde Rodríguez Zapatero ha querido explicar que semejante tesoro procede de una herencia familiar, aunque después declara que perdió los papeles. En el PSOE no dudan de la honradez del Virrey de Venezuela, y no les sorprende saber sobre sus castillos, palacios o de las minas de oro. Sus lujos relucen más que su escudo de armas. Zapatero es señor de todo y de nada. Y el mismísimo P.S. —el «one»— sabe bien que el linaje de los Zapatero es antiguo y que pasó a la historia alternando entre rosarios y joyerías de Corte —tal vez Begoña venga de la misma casa grande, ¡hasta tenían saunas!—. Los Zapatero fueron amigos de Herodes, Mauregato y hasta de Carlos II, ¡gran linaje! Agraciado con la Capitanía General de Venezuela, han vivido entre faustos y opulencias. Acostumbraba la mamá del Conde Zapatero a cocinar en la chimenea con tiara, pendientes de piedras preciosas y principescas gargantillas.</p>

<p>Sin embargo, algunos resentidos insinúan que no tenían tanta enjundia. Por eso el juez Calama ordenó una tasación profesional y rigurosa. Y ahí, ay, es en donde se desvanecen los cuentos porque el inventario brilla más que los ojitos del Virrey Zapatero con el sol de agosto en la piscina de su palacete de Lanzarote. El valor de las baratijas ha alcanzado cifras que no suelen darse en las cómodas de la abuela ni en los cajones de la mesita. Quiero imaginar esa situación:</p>

<p>—Disculpe, ¿ha dicho un millón trescientos mil euros… en joyas?&nbsp;<br />
—Eso es. Nada, una bagatela doméstica.&nbsp;<br />
—¿Y cree que son herencias de la madre y la suegra?<br />
—Eso parece, eso cuentan.&nbsp;<br />
—¿De qué familia dice que eran? ¿De los Zapatero? Pues qué mamás más espléndidas tiene, porque a mí solamente me dejaron cuatro tenedores y siete platos desparejados.&nbsp;<br />
—Cada cual hereda lo que merece.&nbsp;<br />
—¿No le parece extraño todo esto?<br />
—Dice P.S. que ha preguntado a Leire y que ella cuenta que lo extraño sería dudar de Zapatero. También Marlaska cuenta que no sabe nada, que ni de eso ni tampoco de escoltas.&nbsp;</p>

<p>Pero en este momento la historia de Zapatero recuerda mucho a la figura de Cayo Verres, un político y gobernador romano que entró en los anales de la infamia histórica por su abusivo gobierno en Sicilia. Tal fue así que Cicerón, en sus célebres Verrinas, lo describió como un hombre capaz de saquear hasta los templos y dejar sin estatuas a los dioses. Verres convirtió la administración pública en el arte del expolio. Requisó joyas, vasijas, esmeraldas y hasta las lámparas de los magistrados locales, todo ello con el convencimiento de que la ley es un simple cuento. Su caída, cuando por fin llegó, fue tan estrepitosa como ejemplar, lo que nos recuerda que quien confunde el cargo con un botín termina siendo víctima de su propio inventario.</p>

<p>Fue juzgado y la primera sesión de la acusación fue tan demoledora que el público quedó sin aliento. El mismo Verres optó por hacer lo único sensato que podía y que fue retirarse al exilio. Marchó a Marsella donde disfrutaba la vida rodeado de todas las riquezas que había expoliado y robado en Sicilia, hasta que dos años más tarde, Marco Antonio ordenó ejecutarle y confiscarle las joyas y arte que aún conservaba. Todo finó en una ironía que más parece una tragedia latina, porque el ladrón de tesoros murió porque otro más poderoso los codició todos.</p>

<p>&nbsp;</p>
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        <media:title><![CDATA[Zapatero, P.S., y las Joyas de la Corona]]></media:title>
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  <title><![CDATA[Celtas, gaitas y otras criaturas mitológicas]]></title>
      <category><![CDATA[Opinión]]></category>
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  <pubDate>Mon, 15 Jun 2026 08:40:21 +0200</pubDate>
      <dc:creator><![CDATA[Manuel Ruiz de Bucesta]]></dc:creator>
        <description><![CDATA[ Vivo en Asturias, una tierra antigua y escrita, pero lo hago rodeado de cierto fervor identitario en donde cada municipio parece empeñado en inventarse un pasado. Conviene recordar, aunque sea incómodo, que la historia no está para alimentar...]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[<p>Vivo en Asturias, una tierra antigua y escrita, pero lo hago rodeado de cierto fervor identitario en donde cada municipio parece empeñado en inventarse un pasado. Conviene recordar, aunque sea incómodo, que la historia no está para alimentar mitologías caseras. Hoy día pocas fábulas gozan de tanta salud como la de los supuestos «celtas» que vivieron en Galicia y Asturias. Unos visitantes fantasmagóricos que, a decir de algunos, dejaron aquí el sonido de las gaitas, su espíritu y casi diría que hasta la fabada y el pulpo. Empero, de todo esto, no hay ni una sola prueba concluyente. Ya es mala suerte.</p>

<p>El lector avisado sabrá bien que la arqueología moderna es poco dada a entusiasmos románticos. Repite de manera incansable que no hay evidencia alguna de migraciones celtas hacía el noroeste peninsular. Nadie ha encontrado cráneos centroeuropeos, ni ajuares, ni inscripciones, ni nada que permita afirmar, sin rubor, que los pobladores de estas tierras eran «celtas», a sensu estricto. Lo que sí existen son semejanzas. Pero ya se sabe que los parecidos, como los espejismos, hacen ver lo que no es.</p>

<p>Metidos en comparaciones diré que también hay semejanzas entre las pinturas rupestres de Altamira y las de Indonesia, y no por ello vamos a sostener que cántabros y papúes comparten los mismos abuelos. Es evidente que la humanidad, cuando se enfrenta a problemas semejantes tiende a inventar soluciones parecidas. Que un motivo geométrico aparezca en Lugo y en Bretaña no convierte a sus autores en primos hermanos. Lo que se acredita es que ambos sabían usar un compás rudimentario, es decir, la coincidencia no es parentesco aunque muchos se empeñen en confundirlo.</p>

<p>Sin embargo, donde la imaginación popular alcanza cotas épicas es en la «música celta». Uno cuando escucha ciertas melodías —esas gaitas reverberadas o el juego de coros— no puede evitar reírse por dentro e imaginar a un druida con un amplificador. En realidad no, por supuesto que no. Esa «música celta» es un invento actual, legítimo como cualquier otro, pero tan fantástico como los dragones. Es como si mañana alguien quiere bautizar el reguetón como «música visigoda», de seguro que no faltará quien lo defienda.</p>

<p>Los celtas y las criaturas mitológicas en el Cantábrico no son verdad histórica y la historia no puede dejarse seducir por simple nostalgia. En ella se exigen pruebas y esas, por desgracia para los amantes del mito, son intransigentes. El noroeste peninsular fue un mosaico de pueblos locales con influencias atlánticas, pero sin ningún rastro de una identidad celta análoga. Ni etnia, ni lengua, ni cultura, todo es literatura y fantasía.</p>

<p>Quizá esto resulte decepcionante para quienes soñaban con un espejo romántico en el que mirarse, pero la historia de verdad no está para consolarnos, sino para explicarnos. Y si algo debiera enseñarnos es que las identidades inventadas acaban pesando más que las reales porque, como decía un viejo profesor: La Historia no es un cuento para dormir a los niños, sino para despertar a los adultos.</p>

<p>Así pues, dejemos a los celtas en paz y recuperemos nuestra verdadera identidad. Ellos que queden donde realmente estuvieron y nosotros a lo nuestro, a sociedades complejas, creativas y perfectamente capaces de construir castros, tallar piedras y tocar la gaita sin necesidad de invocar la magia, todo lo cual ya es mérito suficiente y además tiene la ventaja de ser verdad.</p>

<p>&nbsp;</p>
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        <media:title><![CDATA[Celtas, gaitas y otras criaturas mitológicas]]></media:title>
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  <title><![CDATA[Gonzalo Edmundo Celorio Blasco: De un valle asturiano al Premio Cervantes]]></title>
      <category><![CDATA[Opinión]]></category>
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  <pubDate>Wed, 10 Jun 2026 08:26:01 +0200</pubDate>
      <dc:creator><![CDATA[Manuel Ruiz de Bucesta]]></dc:creator>
        <description><![CDATA[ Con la colaboración de Juan de Allonca y Fernández de Bustelo, Secretario de la Academia Asturiana de Heráldica y Genealogía 

 En estos tiempos de enérgico fervor popular, cuando tantos buscan en la tierra y en la costumbre la raíz de su...]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[<p>Con la colaboración de Juan de Allonca y Fernández de Bustelo, Secretario de la Academia Asturiana de Heráldica y Genealogía</p>

<p>En estos tiempos de enérgico fervor popular, cuando tantos buscan en la tierra y en la costumbre la raíz de su profunda identidad, conviene detenerse en aquellos que, lejos del ruido, cultivan con atención la memoria de su pueblo. Viven entre nosotros algunos hombres, eruditos, custodios de una palabra que se labra con paciencia, de quienes gustan examinar los prolegómenos de su propia naturaleza. Entre ellos destaca el reciente Premio Cervantes, Gonzalo Edmundo Celorio Blasco, catedrático, ensayista y director de la Academia Mexicana de la Lengua, cuya figura honra tanto a México como a la tradición hispánica que lo vio formarse.</p>

<p>En la pesquisa que sustenta estas líneas —realizada junto a Juan Allonca y Fernández de Bustelo— hemos seguido el hilo de un linaje que, como tantos otros, hunde sus raíces en la toponimia asturiana. No sabemos si el lugar dio nombre a la familia o si la familia designó al lugar, pero sí consta documentalmente que en 1665 fue bautizado en la parroquia de San Pedro de Vibaño, en el concejo de Llanes, Benito Celorio, antepasado directo del escritor. Aquel rincón, que hoy apenas supera los trescientos habitantes, fue solar primero de una estirpe que, generación tras generación, mantuvo su arraigo en el oriente asturiano.</p>

<p>En el barrio de Las Riegas vivió su hijo Pedro Celorio, casado con Francisca de Vega Martínez. De esa rama surgieron José Celorio, casado con María Francisca Sánchez, padres de José Antonio, quien contrajo matrimonio con Ana María de Santoveña y de Ynguanzo. Su hijo, Vicente Antonio, aparece en los documentos como «Soldado Granadero Miliciano», figura modesta pero significativa de una España convulsa. De él nació Emeterio Juan Celorio, en diciembre de 1808, cuando la nación combatía la invasión napoleónica. Emeterio casó con Santa Díaz San Pedro, y de esa unión vino Benito, casado con María de Loreto Carmona y Vilchis, padres del astur-mexicano Miguel Celorio, nacido en Ciudad de México en 1891.&nbsp;</p>

<p>De Miguel y su esposa Virginia Blasco Millán nació, un 25 de marzo de 1948, el hoy celebrado Gonzalo Celorio. Su biografía familiar resume, como pocas, la historia de tantos asturianos que cruzaron el océano en busca de una vida más próspera. Aquellos emigrantes sabían que la fortuna no se improvisaba y que había que conquistarla con mucho tesón y disciplina. Así llegó a México un hombre de voluntad férrea cuya descendencia ha alcanzado la cima de las letras hispánicas.&nbsp;</p>

<p>No es casual que un hijo de esta tierra nuestra —de silencios y hondas fidelidades— se haya convertido en uno de los más finos custodios del idioma de Cervantes en el continente americano. Tampoco deja de ser significativo que el apellido Millán, de su madre, nos remita a la comarca riojana y al monasterio de San Millán de la Cogolla, cuna histórica del castellano. La lengua, como la sangre, traza caminos misteriosos, pero siempre deja señales para quien sabe leerlas.</p>

<p>Hoy celebramos la obra y figura de Gonzalo Celorio, pero conviene recordar que su historia no es únicamente la de un escritor ilustre, es la de un linaje humilde que, desde un valle asturiano, supo proyectarse hacia el mundo sin renunciar jamás a sus orígenes. En él se encarna, con rara armonía, la continuidad de una tradición que une a España y a América por la palabra, ese patrimonio común que debemos salvaguardar con la misma devoción con que sus antepasados guardaron, en aquel Vibaño, su memoria familiar.</p>

<p>&nbsp;</p>
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  <title><![CDATA[De Jesucristo a León XIV y del pollino al jet privado]]></title>
      <category><![CDATA[Opinión]]></category>
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  <pubDate>Mon, 8 Jun 2026 09:24:55 +0200</pubDate>
      <dc:creator><![CDATA[Manuel Ruiz de Bucesta]]></dc:creator>
        <description><![CDATA[ Cuentan los más doctos que el Espíritu Santo, en su infinita clarividencia, sopla donde quiere. Sin embargo, a fuer de sinceros, en estos cónclaves modernos uno sospecha que la revelación ya no desciende en forma de paloma, sino que sube,...]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[<p>Cuentan los más doctos que el Espíritu Santo, en su infinita clarividencia, sopla donde quiere. Sin embargo, a fuer de sinceros, en estos cónclaves modernos uno sospecha que la revelación ya no desciende en forma de paloma, sino que sube, jadeante por las escaleras. Así ocurrió con Francisco, cuya elección dejó perplejos a no pocos fieles y, ahora, con León XIV, que bien parece que la divina mensajería ha delegado sus funciones en un escribidor algo distraído.</p>

<p>No deja de ser pintoresco que el nuevo pontífice, lejos de nacer entre paja, frío y bestias, viera la luz en Chicago, la otrora Babilonia de los rascacielos donde el humilde pesebre es un simple elemento exótico. No me consta que su cuna fuese de oro, pero tampoco de esparto. Sin embargo, el Vaticano nos invita a contemplar su figura como un émulo del Nazareno, como si olvidara que uno vino al mundo en la pobreza y el silencio, y el otro entre plumas y calefacción central.&nbsp;</p>

<p>La visita de León XIV a España, que muchos celebran como un jubileo inesperado, ofrece ciertas estampas singulares. Mientras Jesucristo entraba en Jerusalén montado en un pollino, Su Santidad aterriza en un jet privado, descendiendo entre escoltas y ascendiendo a continuación en un coche blindado que es digno del mismísimo Tamerlán, soberano del Imperio timúrida. Y allá donde el Maestro exhortaba a sus discípulos a compartir: «El que tenga dos túnicas, dé una al que no tiene» (Lc 3,11); tenemos al Papa que llega a España con más baúles que un embajador otomano, atiborrados de ricas y finas vestiduras, ornamentos y alguna sotana cuyo precio haría ruborizar a los mercaderes expulsados del templo.</p>

<p>Imagino ahora a Jesucristo compartiendo pan con pescadores y no puedo evitar contrastarlo con León XIV, degustando manjares servidos en vajillas de Sèvres, vinos en cristalería Baccarat y cuberterías que harían llorar de emoción a cualquier anticuario. ¡Sin duda, Cristo comía con Dios!</p>

<p>Hace dos mil años, el Hijo del Hombre hablaba a viva voz a los pobres, sin guardias ni barreras. Hoy, Su Santidad llega rodeado de un ejército de policías, ambulancias, helicópteros, escoltas y dispositivos de vigilancia que harían palidecer al mismísimo Herodes. Cristo predicaba en las laderas, mientras el Papa lo hará desde un escenario que rivaliza con los conciertos de Bad Bunny. Entretanto ignora el Valle de los Caídos, que alumbra nuestra España, y cuya cruz —la mayor del mundo— sigue siendo para muchos signo de reconciliación, humildad y perdón.</p>

<p>Entretanto el Vaticano nos obsequia con un cabasario donde se presenta a Pedro Sánchez —ateo confeso y gobernante de veleidades laicistas— como un estadista de virtudes teologales. Ensalzan su «relanzamiento económico», su «fortalecimiento del bienestar», su «transición ecológica» y hasta su «valentía» frente al presidente Trump. Pero omiten, claro está, las campañas contra el derecho a la vida, las diatribas contra la Iglesia o las “profanaciones de tumbas”, y ni que decir tiene, su afán por convertir el aborto en un derecho constitucional. El documento elaborado por el Dicasterio para la Comunicación, se excusa diciendo que no es oficial, como si la falta de oficialidad mitigase la evidente intención panegírica.&nbsp;</p>

<p>Resulta, cuanto menos, chocante que la Santa Sede dedique tan generosa prosa a un gobernante que no oculta su desdén por lo sagrado. Parece un sarcasmo que quienes deberían custodiar la verdad eterna presenten como adalid de virtudes sociales a un ateo contumaz y también, que el Papa se reúna con Sánchez de un modo que constituye una ironía demasiado gruesa para pasar inadvertida.&nbsp;</p>

<p>A León XIV le deseo una larga vida y también la posibilidad de abandonar la condición de mercader disfrazado de cristiano, para que abrace el cristianismo genuino, ese que no necesita fastos ni lujos para ser verdadero. En justicia también reconozco que al menos ha tenido la cortesía de visitar esta España que tanto ha dado a la Iglesia, un gesto que su predecesor no tuvo a bien realizar. Algo es algo, aunque no sea suficiente para disipar la sensación de que en estos tiempos la paloma divina vuela demasiado alto y los hombres, demasiado bajo.</p>

<p>&nbsp;</p>
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