La escuela de diseño arquitectónico de la Bauhaus, fundada por Walter Gropius en Weimar en 1919, refleja hasta el día de hoy una tendencia en la arquitectura modernista replicada a lo largo de Occidente. Weimar, otrora conocida como “la República de Weimar”, fue el lugar donde se proclamó aquella nueva constitución alemana, en lugar de Berlín.
Asimismo, fue allí donde se consolidó toda la escuela de la Bauhaus. Entre 1919 y 1933. Además, el Imperio alemán, el “Reich”, continuaba vigente en 1919, pero ya no como Imperio. Luego vendría lo que se denominó el III Reich, junto con la destrucción y decadencia de Alemania.
En 1933 durante el pleno auge del nazismo, se cancela y se prohíbe el Bauhaus por considerarla corrompida, y seguramente, con influencias judías.
La Staatliche Bauhaus ('Casa de la Construcción Estatal') significó un renacer del quehacer artesano, bajo el llamado de Gropius: ‘Arquitectos, escultores, pintores, debemos regresar al trabajo manual. Establezcamos, por lo tanto, una nueva cofradía de artesanos, libres de esa arrogancia que divide a las clases sociales y que busca erigir una barrera infranqueable entre los artesanos y los artistas’.
El brutalismo, a su vez, influenciado por la Bauhaus, representó la arquitectura del comunismo. Este estilo se caracteriza por construcciones erigidas en torno al concreto y al hormigón, con colores monocromáticos. También incluye edificios con formas geométricas básicas, aunque en estructuras imponentes y gigantescas.
La película "El Brutalista" de Brady Corbet ganó el Oscar a mejor actor principal, por el papel interpretado por Adrien Brody. Es una obra maestra moderna sobre las vicisitudes que tuvo que vivir un sobreviviente judío húngaro de un campo de concentración, quien, al ser liberado, llega a Estados Unidos para probar suerte e intentar dejar atrás el terrible pasado que dejó en Europa. En medio de esto, se convierte en un “maestro” arquitecto consagrado del Bauhaus y del brutalismo.
Brody, ya ganador del Oscar en 2002 por "El Pianista" de Roman Polanski, recreó la turbulenta vida del pianista judío polaco Władysław Szpilman, sobreviviente del Holocausto. En esta ocasión, durante su discurso en los Oscar, Brody rechazó el racismo y el antisemitismo, convirtiéndose en el discurso más largo en la historia de los Oscar.
Un gran film que evoca los largometrajes clásicos, el “cine de autor”, con una extensión de más de tres horas y medias y con un intermedio de 15 minutos. Por su trama se ha comparado con “Érase una vez en América”, un gran clásico de Sergio Leone. También comparada con el “Padrino II” de Coppola. Corbet de forma magistral lleva al espectador a aquel espacio y tiempo que rodea la historia.
Además de mejor actor, ganó el Oscar a mejor banda sonora, compuesta por Daniel Blumberg, que fusiona el Jazz, el metal y la percusión. El Oscar a mejor fotografía también se lo llevó la película, por su estética visual y por la tecnología de VistaVision que ambienta de forma precisa los años 60. Además de la aurora de nostalgia en la que se sumerge uno de los más importantes trabajos cinematográficos de los últimos tiempos.