La afición al toro, es como el dinero y el amor: no se pueden ocultar, y desata en los inviernos los sentimientos más profundos; como sucedió en el último sábado del pasado año en la localidad de Villavieja de Yeltes, cuna de la Charrería.
La asociación taurina de ese singular pueblo, hizo entrega de los premios de su feria de agosto, recayendo el galardón al mejor novillo y mejor novillada, en el local y legendario Paco Galache; para ser triunfador de la feria, el novillero Iñigo Norte. Tras una cuidada puesta en escena de tal evento, por parte de la organización; se dio el paso a admirar, más que homenajear, pues no lo necesitan, a la familia Rodríguez García. Gente recia y prudente que con sus toros de origen Santa Coloma, llevaron el nombre de su pueblo y de su tierra, por todo el orbe taurino. El acto, magistralmente dirigido por Iván del Arco, profesor universitario, natural de la localidad, y charro ligrimo, como no puede ser de otra manera; dio paso a serias intervenciones del Ganadero Manuel Santiago Corvo “El Canario”, el matador José Ignacio Sánchez, y el veterinario y persona muy próxima familiarmente a Dinosio Rodríguez y su entorno, Agustín García Sánchez.
Fueron palabras y gestos sin sitio para la alabanza fácil, ni la frase hecha. Apareció la verdadera admiración de quien reconoce el ejemplo de unos buenos aficionados, que, en una plaza de toros, captaban todos los detalles. O los ganaderos que optan por el campo, dejando colgados sus títulos universitarios, fechados en los años 50 y 60, que tanto escaseaban. O admirar como el mayor de los hijos de don Dionisio cuando volvió al pueblo tras formarse académicamente, andaba más tiempo a caballo que a pie. O valorar su gran compañerismo con el resto de ganaderos cercanos, prestando sus instalaciones ganaderas, o echando una mano en las faenas.
Así mismo, afloraron los nombres de tantos toros que sacaron su bravura sin contemplaciones en cada una de las plazas importantes, brindando el incuestionable triunfo, a quien se ponía delante. O como se acabaron las ambulancias en las capeas de la raya portuguesa. Tampoco se escondió la pena de llegar a Villavieja y ver como faltan Paco o Dioni, con su afabilidad llana y cabal.
Todo ello, fueron pinceladas para rematar el cuadro de una familia entregada al campo y al toro mientras les duraron las fuerzas. Expresiones que a veces tenían que sortear el nudo en la garganta de quien las manifestaba.
También salió a la palestra, la calidad humana de unos señores que habían sabido estar con su pueblo su pueblo, en lo bueno y siempre en los malo, sin dejar de acompañar a quien había perdido a un ser querido; y siempre han estado ahí, cuando había hecho falta una parcelita de terreno para algún fin social, como la residencia de ancianos, y tantas cosas más. También se hicieron llegar comunicaciones de agradecimiento por lo que esta familia había hecho por Ciudad Rodrigo, dando la posibilidad, de que fuera en su finca de Hermandinos donde se fraguó Interpeñas, en 1979; asociación que salvó el Carnaval del Toro, cuando el ayuntamiento no tenía medios para sostenerlo. O años antes en el matadero cooperativo mirobrigense, donde Paco fue vicepresidente.
Un sincero homenaje que emocionó a Andrés Rodríguez y a su hermana María Rita, que cargados de años y vivencias acogieron con no poca emoción y mucha cordialidad ese sencillo y profundo gesto de gratitud, que tuvo la asociación taurina de su pueblo, con ellos. Gratitudes del toro; al fin y al cabo, gratitudes invernales.