Dentro de las numerosas suertes del toreo que se practicaban en épocas remotas y hoy se encuentran casi todas en desuso, merece la pena recordar algunas de ellas, aunque solo sea por curiosidad o por lo que se ha venido a llamar cultura taurina, que suelen ir ligadas a la afición, aunque no fueran imprescindibles, ni tampoco sobran.
En este modesto artículo, nos centraremos con más detenimiento en una de las habidas, dado a su originalidad y especial inventiva, llamada: La Suerte de Don Tancredo.
Pues bien, esta suerte empezó a conocerse a finales del siglo XIX en México, se trataba en cierto modo de estremecer y conmover al espectador, añadiendo una dosis de dramatismo.
Consistía en esperar al toro bravo una persona inmóvil subida encima de una peana en mitad de la plaza, vestida completamente de blanco, dicen que imitando la estatua de mármol blanco que le habían erigido al célebre Pepe-Hillo, la inmovilidad del ejecutor, evitaba la embestida del toro que bufaba en sus pies, pero si se movía, entonces el animal hacía intentos de atacarle, corriendo el peligro de llevársela por delante.
A esta suerte se le denominó la “Don Tancredo”, precisamente por su continuador, llamado; Don Tancredo López, natural de Valencia, ciudad donde la hizo por primera vez en España con un toro de la ganadería de Flores, ya que anteriormente la había ejercido en algunos lugares de Cuba. Al parecer sus deseos de querer ser torero le llevaron a La Habana (Cuba), que por entonces existía buena afición taurina, donde observó practicar dicha suerte a un mexicano apodado “Orizabeño” que, a pesar de las graves cornadas que le vio padecer al azteca, nunca se amedrentó Don Tancredo.
Aquí en nuestro país, ya residiendo de nuevo en la ciudad del Turia, la realizó por muchas plazas de la región levantina, después sería Madrid y otras provincias. Fue empitonado solamente una vez en la espinilla de su pierna izquierda por un toro de Miura, aunque su retirada de los ruedos fue otro motivo, concretamente por sufrir una gravísima cornada toreando a pie como novillero en Madrid, 13-6-1900. Don Tancredo López, murió años después en el hospital de Valencia el 12-10-1923, olvidado totalmente por los públicos y empresarios.
El ministro de la Gobernación, don Eduardo Dato, prohibió realizar la referida suerte en todo el país, aunque posteriormente volvió a retomarse en algunos lugares por nuevos practicadores. Hasta hace pocas décadas en los espectáculos cómicos-taurinos lo hacían con novillos en sus parodias, entre ellos, “El Diamante Rubio”.
También diremos que, a lo largo de la historia taurina, siempre han existido suertes que se practicaban en festejos que, por rechazo del público y otros motivos, han ido desapareciendo casi todas, dado a lo atroz para el animal. Suertes que comenzaron a llevarse a cabo entre los siglos XV al XVIII. A continuación, detallaremos varias de ellas.
El lanceo a pie; La corrida medieval; Suerte del despeño de toros; Fiesta de toros al mar; El toro embolado; Fiestas de toros juegos polos y cañas (con desjarrete y perros mordedores); Corridas de varilargueros y matadores; El enlazamiento del toro a caballo; La suiza; La probadilla; El toro ensogado; El toro en la rampa; El toro de la vega; Los sanjuanes; Suerte del puñal; La suerte al testuz; El alanceo; Suerte a la zinzilica; Salto al trascuerno; Salto del Martincho; Las barcas cañoneras; El juego de las canastas; Salto de pitón a rabo del Cacheta; Salto de la garrocha de Apiñani; Suerte a topacarnero; Suerte del tostar; La vaca en el banco; El toro en el tablao; La vaca en la pirámide; Las carrerillas de toros; Concurso de los roscaderos; etc.
Todas las suertes descritas, tuvieron en sus épocas bastante aceptación, sin dejar de tener peligro practicándolas.