Ese es el gran dilema que tiene la tauromaquia y que, con más o menos fuerza, lleva siempre a sus costillas. En este momento en el que la inmediatez es uno de los valores más preciados del ser humano, la Fiesta está virando de modo vertiginoso hacia la diversión. El público no quiere, ni necesita compromisos; busca un espectáculo fácil y exitoso, con música, algarabía y orejas, muchas orejas y no pocos rabos. Con importantes enfados y estruendosas polémicas, suscitadas por los profesionales, cuando esto no sucede.
La tauromaquia es grandeza porque entraña un tajante riesgo; que la casi totalidad de los mortales no podemos asumir. También es grandeza porque el brillo deseado, no es tan abundante como nos gustaría. Una grandeza que sólo se aporta al entorno, desde la integridad, que asegura emociones profundas, en las que el humano toca sectores profundos de sí mismo, como consecuencia de una experiencia íntima y a la vez compartida.
Ahí surge el disfrutar, con palabras mayúsculas; cuando la experiencia remueve y asienta lo profundo. Ahí está el insustituible aporte, que la tauromaquia puede hacer a la cultura y las culturas, de una manera absolutamente específica. Una tragedia donde se muere de verdad, y el que la muerte aparece latente, y no escondida. El encubrimiento de la muerte, tan de moda en esta sociedad, es un posible camino tomado por la tauromaquia, con tanto indulto injustificado; esto es sin duda una mutilación que la Fiesta vivirá, en su más genuina esencia. Pues la tauromaquia todavía tiene la potestad, todavía nos está diciendo a los humanos, que, si no hay muerte, no hay vida.
Si es cierto, que la tauromaquia es tan amplia, que ofrece ámbitos de diversión, donde las personas salimos de nosotras mismas, haciendo lo que casi nunca hacemos, y dejando de lado lo que realmente somos. Pero, por lo dicho, y muchas cosas más, el festejo mayor es para disfrutar; valorando y admirando lo que casi nadie puede hacer. Y lo que pocas veces sucede. Eso hace grande a la Fiesta, porque regala a la sociedad, algo que ninguna otra expresión artística puede dar. Que el superficial y necesario divertirse, no nos haga perder, el profundo e imprescindible disfrutar.