La suerte de matar a los toros bravos, o la suerte suprema, es aquella que ofrece mayor riesgo para el matador, es la culminación del éxito o fracaso, en la cual encierra un compendio de conjunciones, como; terrenos, toro, pitones, muleta, espada y torero.
Antiguamente la suerte de matar se ejecutaba prácticamente recibiendo al toro, dado que las reses de antes tenían una casta más pronta embistiendo, impulsiva, fieras de pocos pases, no se les podían realizar largas faenas.
Por sus dificultades o condiciones, la lidia tenía que ser corta, solamente era prepararlo para meterle la espada lo antes posible y darle muerte. De los primeros toreros en realizar la suerte de recibir, fue el rondeño José Romero, allá a mediados del siglo XVII, siguiéndole su hijo Juan, y posteriormente sus nietos José, Antonio, Gaspar y Pedro, este último el más valeroso de todos, entre otros de la época, como: José Candido, Pepe-Hillo, El Panchón o El Chiclanero.
Existe un dicho del referido Pedro Romero, que dice: “el toro ha de venir y le he de recibir, no agotarlo, para de esta manera ya arrancado, sin apenas defensa, meterte la espada a traición o por sorpresa”. Este valiente torero, liquidó cerca de 8000 toros sin ser prácticamente cogido.
Con el transcurrir del tiempo, el ganado bravo se ha ido transformando su fiereza a más dulzona y de mayor recorrido, menos violento, con clara embestida y más toreable. Clave para que los diestros de ahora estoquen mayormente con la suerte llamada del volapié.
Nombre derivado por su ejecución, dado a la forma de matar que, a toro parado, sin desparramar la vista y bien cuadrado con las manos juntas, hacen que se abra el hoyo de las agujas. Una vez así, el diestro adelanta el pico de la muleta con la mano izquierda hacia las pezuñas del animal, haciéndole humillar que, a la voz de “venga toro” se arranque, instante que el matador aprovecha entrando recto con el estoque en mano diestra para hundirlo en dicho hoyo, salvándose del pitón con un giro de cintura hacia la derecha que esquiva la embestida para no ser cogido, momento que el pie del mismo lado vuele girando hacia atrás (vuela pie), hasta encontrar firmeza junto al otro. De ahí su nombre de volapié.
Es una suerte que, el ejecutor solo cuenta con un mínimo espacio para salir airoso del trance, haciendo la fuerza solamente el torero, requiriendo para ello especial destreza y reflejos. Un encuentro, con el toro parado y cansado de tantos pases, el animal prácticamente pide su muerte, acción en la que juegan dos términos importantes que son; la ofensiva y la defensiva, una unión a la que se suman otros influyentes, como; la muleta que manda, el estoque que hiere, y el movimiento de cintura que evita la cogida.
Allá por el siglo XVIII, el matador de toros Joaquín Rodríguez “Costillares”, cuando algún toro, bien por manso o agotado, no le acudía al cite para estoquearlo, él iba hacia el animal, atribuyéndole ser el inventor de la suerte del volapié. Esta suerte es la más certera para matar, hay que arriesgar porque el toro espera.
De los mejores estoqueadores de antes y de ahora ejecutando tal suerte, fueron y son: El mencionado Costillares, Lagartijo, Frascuelo (el que más la popularizó), Mazzantini, Joselito, Belmonte, Martín Agüero, Manolete, Rovira, Rafael Ortega (sin duda el mejor de todos), Ostos, El Viti, Camino, José Tomás o Uceda Leal. Como caso especial, a veces, Antonio Ferrera, receta buenos volapiés andando desde lejos hasta llegar a la cara del toro para la culminación.
Por último, diremos, son muchos los diestros que matan al volapié, he relacionado los más asiduos que lo hicieron o lo hacen. También algunos, en ocasiones, mataron o matan de diferentes formas, como; al encuentro, de recurso, sin muleta, e incluso con la mano zurda, en este caso se invierte los términos del volapié, porque el pie que vuela es el izquierdo.