La fuente de creatividad y la genialidad del toreo, es como un manantial artístico de expresión que enriquece las diferentes suertes de la tauromaquia. La cual, procede rítmicamente de un arte solemne que nace de la inspiración del torero, sobre todo, cuando conecta los engaños con el toro de forma especial, instante que ofrece con gallardía un movimiento de cintura, juego de brazos y asentados pies para terminar ciñéndoselo a su garboso cuerpo sin que derrote.
Maestría y armonía, son los dos factores más importantes que se conjugan y entretejen en el verdadero arte de un torero en el que, sin separarse de la técnica, predomine más la esencia y la estética como dones de la belleza.
La percepción sensible y el dominio de la lidia, en la que logra que la res siga a compás el camino que le va trazando el diestro con los vuelos de los engaños, que tanto le incita al animal, pueda imprimir su sello personal de sentimiento artístico con un perfecto estilo lleno de emoción, a la vez que describe en el ruedo airosas ondas con el capote o muleta de incentivos pictóricos, lógicamente calan y conmueven los tendidos.
Juan Belmonte decía: “El arte en el toreo, es como un sentimiento que late muy adentro del torero”. Como otra frase de Marcial Lalanda: “A veces me pregunto, si el arte de torear nada tiene que ver con el torear con arte, o hacer arte toreando”.
Pero es a principios del siglo XX, época dorada del toreo, tiempo aquel cuándo ya se podía hablar del mundo taurino como un espectáculo de puro arte, propulsores de ello, nada más ni nada menos, la pareja formada por el sabio de Joselito “El Gallo” y el fenómeno de Juan Belmonte, ambos sevillanos, pero muy distintos uno de otro en interpretar el toreo, dado a la expresión artística de Joselito y a la quietud y temple de Belmonte.
A medida que pasan los años, la lidia del toro bravo se ha ido perfeccionando cada vez más, a tenor de la personalidad de nuevos valores y de las condiciones progresivas de selección del toro actual, dentro de esta evolución como las buenas disposiciones de los diestros, van contribuyendo en su hacer una viva expresión para desarrollar un toreo innovador que lo han hecho florecer y darle a la tauromaquia un nuevo concepto, cada cual con sus dotes y estilo personal.
Así pues, el arte en el toreo presente, no es simplemente aprovechar la movilidad del toro para que este pase, sino hacerle pasar atemperando o suavizando la embestida por su instinto de fiereza combativa, haciendo que el aficionado disfrute de una maravillosa obra, creada por el ser humano y un toro bravo, con un público de testigo que tanto le cautiva.
Y es que, para torear artísticamente, depende en gran parte, no solo de las cualidades que posea el torero o de las condiciones que tenga el toro, sino que el diestro sea capaz y tener habilidad de afrontar una actitud que le haga desprenderse de ese peligro que impone el toro, para entrar en un estado de relajamiento que le permita controlar sus nervios, expresándose ensimismado para dominar al animal salvaje, con capacidad consciente de interpretación, virtud y sentimiento de unos contados privilegiados.