Disquisiciones

Viaje cósmico

En las proximidades de Cerro Escondido, entre la bóveda de la floresta virgen, miembros de una comunidad ancestral hacen un ritual nocturno donde imploran los dioses de su mundo, aprovechando los mensajeros de la luna.

Se inicia la jornada con oraciones, cantos y gestos ceremoniales. Beben una poción salvadora de vida con las voces de las plantas solo por ellos conocidas. Absorben el espíritu de sus dioses en la misma forma que los cristianos toman el espíritu divino por medio del sacramento del vino y del pan.  

En esas celebraciones lucen unas máscaras hermosas, el chamán en sus danzas rinde culto y entona himnos a las almas del pasado, con el significado de la intemporalidad de la humanidad.

Aquel líquido permite que el tiempo se les convierta en colores, los pensamientos en sonidos, y los ademanes se transformen en un arcoíris. Bajo el efecto de esas plantas alucinógenas, hablan pronto con las plantas y los árboles, mientras la mente ahoga las palabras. Su mundo es un vuelo maravilloso y colorido, con una luz en medio del trance que los invita a continuar la ruta. De esta manera, exploran ríos y encuentran esa selva sagrada llena de resonancia visual, como razones de la existencia.

Algunos, extraen un polvo mágico de la corteza de un árbol, que colocan en una concha de caracol, al que atan dos tubos de huesos de pájaro en forma de <<V>>. Llevan el extremo de uno de los tubos a la nariz y el otro sobre los labios, y soplan fuerte.  

Presentan sensación de hinchazón y dolor de cabeza, sudor, dilatación de las pupilas, adormecimiento del cuerpo, insensibilidad, náuseas, embotamiento sensorial, movimientos torpes, somnolencia y una excitación muscular salvo en los extremos de los dedos de manos y pies.

En la expresión sensorial se hallan frente a un viaje a lo desconocido con  visión singular de tonalidades de un mundo que se transforma ante sus ojos, mientras en el delirio profieren alaridos que bien interpreta el viejo hechicero.     

El chamán que dirige las visiones con canciones y tonadas, conjura serpientes envueltas en llamas entre miles de garras que arañan el cielo. El iniciado enfrenta miedos sin vacilaciones y con fuerza, de tal forma que en el trance chupa los pechos de la mujer jaguar, y ella lo lanza fuerte a un nido de víboras. Una de las serpientes lo lleva al cielo, donde las gentes del yagé le presentan los espíritus de los muertos. Después de muchos viajes, encuentra a su dios ante un árbol solitario delante de una puerta que se abre a la nada. Entonces, el iniciado se interna en el vacío, y cuando se da cuenta de lo que hay más allá de ese lugar, recibe su bastón y el encargo divino de proteger a su pueblo.   

La sabiduría de la jungla les permite una elevación por lugares mágicos donde dimensionan su futuro y encuentran las explicaciones que solo se viven y comprenden en la oculta maraña verde…

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