El modelo de estructura de los autónomos: ¿Por qué no tratarlos como empresas?

Ser autónomo en España es levantarse cada mañana sin red, sabiendo que, si no facturas, no comes. Es pagar cuotas llueva o truene, aunque el trabajo falte y los ingresos se evaporen. Es ser empresario, empleado y contable al mismo tiempo, sosteniendo el país mientras el sistema apenas te sostiene a ti. Es vivir en el filo de la incertidumbre… y aun así seguir abriendo la persiana cada día y nos preguntamos ¿PORQUE NO SE HACE UNA LEGISLACIÓN PARA CONSIDERARLOS EMPRESA?

Hoy el autónomo tributa por IRPF, un impuesto progresivo pensado para rentas personales, no para actividad empresarial, sin embargo: Asume riesgo empresarial, Invierte capital propio, Tiene gastos estructurales, Sufre ingresos irregulares, Responde con su patrimonio

Una empresa (sociedad limitada) tributa por Impuesto de Sociedades, tipo fijo (generalmente 25%, con reducciones iniciales). No obstante, un autónomo puede llegar a pagar tipos efectivos mucho más altos en IRPF si un año le va bien, por lo tanto, si el autónomo actúa como empresa, debería poder tributar como empresa, ya que el IRPF penaliza los años buenos sin compensar adecuadamente los malos.

PROTECCIÓN SOCIAL INSUFICIENTE: COTIZA COMO EMPRESARIO, COBRA COMO PRECARIO

Los autónomos: pagan una cuota íntegra. no tiene paro real equiparable al régimen general. Las bajas médicas son más limitadas, la jubilación suele ser inferior por bases históricamente bajas, en cambio, una empresa: Separa patrimonio personal y empresarial, puede planificar sus cotizaciones. Y si es considerado “empresario” cuando Hacienda quiere cobrar, debería ser considerado trabajador protegido cuando necesita cobertura.

La burocracia, simplemente es excesiva: se les exige como gran empresa, pero sin medios, porque: deben presentar IVA trimestral, han de hacer pagos fraccionados y tienen retenciones, han de gestionar libros contables, les exigen declaraciones informativas y se han de adaptar constantemente a los cambios normativos. 

Si a los integrantes del colectivo se les reconociera como microempresa formalmente: Se podría crear un régimen simplificado societario real. Se simplificarían las obligaciones formales,  se reducirían las sanciones automáticas desproporcionadas. Y eso que se practica no es eficiencia fiscal, es rigidez administrativa.

El autónomo sufre inseguridad ante los impagos: es un empresario sin herramientas empresariales y por lo tanto sufre una importante morosidad empresarial, pagos a 60-90 días (o más)., costes judiciales desproporcionados para reclamar. Y todo ello sin tener poder de negociación, ni cobertura financiera, ni tampoco protección efectiva de cobro.

Si se les integrara en un régimen empresarial: Podrían tener mecanismos automáticos de reclamación. Acceso a instrumentos de garantía. Mayor reconocimiento en contratación pública.

EL AUTÓNOMO EN ESPAÑA ES UNA FIGURA HÍBRIDA MAL DISEÑADA: SE LE EXIGE COMO EMPRESA SIN SERLO Y SE LE GRAVA COMO PERSONA, SE LE PROTEGE MENOS QUE A UN TRABAJADOR. Y SE LE SANCIONA COMO GRAN CONTRIBUYENTE.

Por lo tanto, abogamos para que bajo el nombre que el estado les quiera dar, los autónomos han de ser considerados como empresas a todos los efectos y que tributen en función de los beneficios como el resto de las empresas españolas, quedando sus trabajadores (incluido el titular) insertos en el régimen general de la Seguridad Social definitivamente

Más en Opinión