Hacer el capullo: la táctica del gusano de seda frente al Imperio

Alea iacta est. La suerte está echada y, como en el cruce del Rubicón, ya no hay vuelta atrás. El movimiento de piezas en el tablero global ha comenzado y solo resta esperar a que el polvo se asiente para ver quién queda en pie. Sin embargo, en España, nuestros líderes parecen haber optado por una estrategia tan curiosa como suicida: la táctica del gusano de seda.

Muchos analistas y ciudadanos caen en el error de personalizar el conflicto en la figura de Donald Trump. Es un diagnóstico provinciano. El comportamiento de una superpotencia no depende de la personalidad del líder de turno, sino de sus intereses estructurales, geopolíticos y económicos. El "aparato" del Estado —el Pentágono, la inteligencia, los grandes capitales— tiene una hoja de ruta que trasciende mandatos. Eliminar a un presidente no cambia la dirección del tanque; a lo sumo, lo radicaliza. El presidente de EE. UU. no es un autor independiente, es el gestor de una hegemonía que responde a sus propias leyes de gravedad.
En este escenario de "Gran Historia", España está gobernada por lo que solo puede definirse como "paletos maquiavélicos". Sánchez y Zapatero han demostrado una astucia innegable para la supervivencia política de corto plazo —un maquiavelismo doméstico de vuelo gallináceo—, pero basada en una lectura profundamente limitada del poder real. Han jugado a la pequeña política de despacho y eslogan mientras el Imperio redefinía el mundo.

¿Conviene pelearse a gritos con el dueño del club cuando todavía tienes la llave de tu casa colgada de su cinturón? España ha decidido escenificar desavenencias histriónicas y desplantes de salón en el momento más inoportuno. Si el Imperio sale con éxito de su envite en Irán, ese capital político se utilizará para "disciplinar" a las colonias que, como España, "flojearon" en la crisis. La "escena" española será la prueba perfecta para justificar un castigo ejemplarizante que sirva de aviso a navegantes.

Aquí es donde entra la táctica del gusano de seda: ese empeño en "hacer el capullo". Nuestros líderes se han encerrado en un hilo de seda tejido con discursos de superioridad moral y consumo interno, creyendo que esa burbuja es lo suficientemente fuerte como para detener a un tanque Abrams. Pero el capullo no es una fortaleza; es una trampa que asfixia las opciones de futuro del país. Se encierran tanto en su táctica de supervivencia personal que olvidan que, si el Imperio decide que el capullo estorba, simplemente lo aplasta.

 Al final, el gusano de seda trabaja para que otros luzcan la prenda. El esfuerzo de este aislamiento provinciano acabará beneficiando a terceros —quizás a un Marruecos más astuto y alineado— mientras España queda atrapada en su propia construcción. En este juego de imperios, a los que gritan mucho sin tener una legión detrás se les suele obligar a guardar un silencio muy largo después.
La pregunta ya no es si habrá metamorfosis. La pregunta es si, tras tanto "hacer el capullo", quedará alguna mariposa que vuele o si Sánchez y Zapatero habrán terminado de tejer, simplemente, la mortaja política de España frente al Imperio.