Área 52

La estética del jeta

En enero del año 1937, el gobierno de la España republicana (por llamarlo de alguna manera habida cuenta de episodios como los de 1934 y otra larga lista de motivos para no llamarla así), encargó a Picasso un cuadro para la Exposición Internacional de París de aquel año. En aquel encargo había, naturalmente, una voluntad propagandística que pretendía aprovechar la fama internacional del pintor en un escaparate internacional en plena Guerra Civil.

Descarto, por el inconveniente casi insalvable de que el bombardeo de Guernica se llevó a finales de abril, que tanto comisionado como comitente estuvieran pensando en aquel hecho. Igualmente desecho la preocupación de Picasso con el estado de la guerra y su voluntad de ayudar al bando pro soviético (de nuevo por decir algo, porque lo era a secas. Sin el pro), toda vez que cobró 200.000 francos por el encargo. Nueve veces el valor máximo que había cobrado por cualquier obra hasta el momento, y el equivalente a unos 13,6 millones de euros de hoy en día ajustado a la evolución de los precios y partiendo de la hiperinflación en zona republicana, que es desde donde se pagó. Por idéntico motivo, sospecho que a aquel gobierno le importaba más bien poco el estado de la población en la zona por él controlada, porque no sólo desembolsó esa cantidad en el encargo, sino que el mismo supuso únicamente el 10% del gasto en el pabellón español de dicha Feria. Es decir, pagó 2.000.000 de francos para el sarao publicitario.

Las legiones estaban famélicas, sí. Pero por el gobierno que defendían.

Es decir, que un jeta utilizaba una excusa para cobrar y otros jetas pagaban el jeta anterior para seguir en un poder que decían ejercer para algo que sencillamente no hacían. Estéticamente, la obra, impecable. Éticamente mugriento todo.

Hoy, gente que tergiversa la historia para estar en el poder, reclama el Guernica de Picasso para exhibirlo en su feudo. Esto sería consecuente con la historia original del cuadro, ya saben, la del jeta pintando, y cobrando, lo que los jetas le pagaban por seguir en el poder. Por decirlo de alguna manera, serían sus más que legítimos herederos.

El problema es que esta gente es la misma de “Dios y ley vieja”. Una ley que contempla un Señor de Vizcaya al que resulta que no reconocen toda vez que hoy en día dicho título recae en el rey de España. Y aquí es donde viene el empeoramiento: cada vez que veo al jeta de turno que no reconoce su propia y cacareada lege zaharra en la forma del señor de Vizcaya cuando se reúne con aquel como rey de España que es, hay algo que estéticamente me chirría. Paco Martínez Soria en Cateto a babor, pero poniendo cara de autosuficiente supremacista, visto desde arriba, desde las alturas de lo físico y de la historia. Desde la verdadera lege zaharra. Estéticamente chocante.

Y todo ello me recuerda que todo puede empeorar. Siguen siendo falsarios por los mismos motivos pero, ahora, irremediablemente horteras y bastante acatetados. Ni la estética del cuadro puede salvar el drama general. Como decía Marx: "Hegel dice en una de sus obras que todos los grandes hechos y personajes de la historia universal aparecen, como si dijéramos, dos veces. Pero se olvidó de agregar: una vez como tragedia y la otra como farsa".

En este caso, rigurosamente cierto.

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