El cortejo del ingenuo: cómo Junts desarboló la estrategia de Génova

El grave error de cálculo de una dirección del PP que autorizó tantear a Waterloo para acabar regalando a la Moncloa su mejor argumento de defensa
 

Hay errores políticos que cruzan la línea de la simple torpeza para adentrarse en el terreno de la vulnerabilidad estratégica. El intento de la dirección nacional del PP de explorar un entendimiento con Junts no ha sido una jugada audaz; ha sido un tremendo tropiezo en directo. Génova abrió canales de negociación discretos con el entorno de Carles Puigdemont, y lo único que se trajo de vuelta fue el desprecio público de un independentismo que no ha dudado en rentabilizar el acercamiento a costa de Alberto Núñez Feijóo.

El error de cálculo de la calle Génova evidencia una preocupante falta de lectura del tablero. Pensaron que el pasado de derechas de los convergentes serviría para romper el bloque de investidura. Olvidaron que para las huestes de Junts, el PP es el enemigo útil, el espantapájaros perfecto que necesitan para cohesionar a su electorado. Ir a buscar su abstención fue una concesión táctica que el adversario olió a kilómetros.

El resultado ha sido un severo castigo para la credibilidad de la oposición. Junts no se limitó a rechazar los tanteos; utilizó los contactos informales para dinamitar la autoridad moral del PP. Airearon las reuniones, expusieron las contradicciones de Génova y retrataron a un partido que censura el pacto con el separatismo en las plazas mientras autoriza llamadas discretas para explorar esos mismos votos.

Esta colosal metedura de pata le ha regalado a Pedro Sánchez el mayor balón de oxígeno de toda la legislatura. Génova le ha desarmado el discurso a su propia bancada. A partir de ahora, cada vez que el PP acuse a Moncloa de debilidad por ceder ante el independentismo, el Gobierno solo tendrá que recordar los emisarios que la oposición envió a Bruselas. El PP intentó explorar la misma vía, pero con una diferencia demoledora: a ellos les cerraron la puerta en las narices y lo contaron a los cuatro vientos.

Mientras los socios de investidura ya preparan el terreno para blindar los presupuestos en primavera, la dirección nacional del PP sigue atrapada en una parálisis estratégica evidente. Fueron a buscar una grieta en el bloque de Gobierno y volvieron convertidos en el argumento de defensa de sus rivales. En política se puede perder o fracasar, pero quedar desarmado por el mismo adversario al que pretendías seducir es una derrota política que Génova se va a tener que tragar entera.