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Ruta del Vino y Cava Ribera del Guadiana un viaje que abre el corazón y despierta la memoria

Miga y Cava Ruta vino y Cava Ribera del Guadiana
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Queridos lectores, hoy en Recomendados: Extremadura, territorio donde el vino, el patrimonio y la humanidad se entrelazan con una naturalidad que desarma. Viajar a esta región de España es entrar en un tiempo suspendido: un pasado que sigue respirando en el presente. En sus entrañas se esconden tesoros arqueológicos —un antiguo anfiteatro, sepulcros prehistóricos, minas que brillan como un árbol de Navidad cuando cae la noche— y una cultura que se ofrece generosa al visitante.

Una zona donde el turismo cultural, religioso y arqueológico encuentra su propio espacio; un lugar donde incluso el turismo de ocio se transforma en algo más: ese ocio que busca paz, serenidad y, al mismo tiempo, el placer de enriquecer conocimientos.  

Recorrer Mérida es caminar junto al eco del emperador Augusto, quien ordenó fundar Emerita Augusta en el 25 a. C. Basta cruzar bajo el Arco de Trajano —quince metros que se alzan hacia el cielo, otros dos que duermen bajo tierra; granito antiguo nombrado por tradición y no por emperador alguno; obra romana del siglo I, cuando Mérida era capital de la Lusitania— para sentir cómo la historia sigue respirando en sus piedras. Ese pulso antiguo reaparece en los restos del viejo recinto monumental y se transforma en sabor en la mesa: unas migas extremeñas, humildes y profundas, que guardan en cada bocado la memoria viva de un legado romano que aquí, como en pocos lugares, sigue latiendo.

Y sí, Ribera del Guadiana reúne seis paisajes: Tierra de Barros, con suelos arcillosos y vinos estructurados; Matanegra, de altitud y tintos finos; Ribera Alta, equilibrada y continental; Ribera Baja, cálida y de madurez alta; Cañamero, mineral y pizarroso; y Montánchez, fresca y tradicional.

Qué maravilla recorrer parte de Tierra de Barros, ese conjunto de municipios del corazón vitivinícola de Badajoz —Almendralejo, Aceuchal, Villafranca de los Barros, Santa Marta, Ribera del Fresno, Torremejía, Corte de Peleas, Solana de los Barros, Villalba de los Barros, Entrín Bajo, Hinojosa del Valle, Palomas, Puebla de la Reina, Nogales y La Albuera— que comparten las arcillas rojizas profundas que dan nombre al territorio y definen su identidad enológica.

En Extremadura, y especialmente en Tierra de Barros, esta expresión se ha convertido casi en identidad: un paisaje de arcillas rojizas que moldea el carácter de sus vinos.

Ruta del Vino y Cava Ribera del Guadiana: un viaje que abre el corazón y despierta la memoria.

Siempre Extremadura guarda sorpresas que descolocan incluso al viajero experimentado. Una de ellas es el Sepulcro Prehistórico de Huerta Montero, contemporáneo de la Pirámide Escalonada de Egipto, de Stonehenge en Reino Unido y también pariente cercano del célebre Newgrange en Irlanda. Un viaje arqueológico que convive, sin contradicción, con la alegría de sus vinos D.O. Ribera del Guadiana y con la presencia de bodegas que elaboran burbujas amparadas por la D.O. Cava.

La experiencia en este viaje comenzó con una comida exquisita en el Parador de Mérida, donde nos alojábamos. Platos de la tierra armonizados con vinos locales, un preludio perfecto para el descanso posterior en el Balneario de Alange, uno de los santuarios termales más antiguos de España. Sus termas romanas del siglo III d. C., aún vivas bajo sus cúpulas originales, forman parte del Conjunto Arqueológico de Mérida reconocido por la UNESCO.

Un descanso que dio paso a la cena en el Restaurante Vaova Gastro, distinguido por su extraordinario bocadillo “Paquito” y, por supuesto, por una cena armonizada con vinos de Tierra de Barros. Fue premiado como el Mejor Paquito de Extremadura en 2025, dentro del concurso organizado por INTEROVIC y Corderex en el marco del Salón Ovino de Castuera. Elaborado con carne de cordero, fue elegido por su sabor, técnica y formato innovador.

Al día siguiente, desayuno de migas y cava en el Abuelo Bar, en Almendralejo —porque en Extremadura la tradición también se celebra— antes de dirigirnos a Bodegas Romero / Proyecto Prelvm, en El Raposo. Allí, Juan Leandro nos regaló uno de esos momentos que se quedan tatuados: pisar viñas, escuchar al bodeguero hablar desde el alma, catar joyas de variedades autóctonas, conocer su liderazgo en el proyecto Secanos Vivos, descubrir vinos en tinaja y un sorprendente orange wine de macabeo. “Un viticultor visionario.”

La ruta continuó hacia Los Santos de Maimona, donde Antonio, Claudia y su equipo nos prepararon un almuerzo inolvidable. El plato estrella: solomillo al horno en barro, creación de Manuel Gil (receta romana), propietario del Restaurante Las Barandas, armonizado con la variedad autóctona EVA, un blanco de la Cooperativa Virgen de la Estrella. Una armonía que selló la velada con emoción.

Y la aventura siguió hacia Almendralejo, concretamente a la Plaza de Toros —única en el mundo por albergar una bodega histórica bajo su graderío—, que nos recibió con una actividad de pintura con vino, un paréntesis creativo antes de visitar la Cámara Funeraria de Huerta Montero (sepulcro colectivo del III milenio a. C., con más de 4.600 años de antigüedad, utilizado durante aproximadamente 1.000 años como lugar de enterramiento y culto a los antepasados). Como dije antes, pariente cercano del célebre Newgrange en Irlanda, un lugar que pone la piel de gallina. Allí, Carlos Vivas, después de la visita al sepulcro, nos sorprendió con su arte de descorchar cava extremeño con sable y copa. Un instante de pura magia.

La jornada terminó con una cena en la Brasería Museo del Vino, donde me enamoré del bacalao en tempura y de la calidez del equipo, especialmente de Miguel.

El día final nos llevó a las entrañas de la tierra, a un importante centro minero de finales del siglo XIX y principios del XX. Es la primera mina de vanadio musealizada del mundo: un descenso de 100 metros de recorrido y 35 metros de profundidad que permite comprender, desde dentro, cómo eran las condiciones de vida y el esfuerzo cotidiano de aquellos mineros.

La Mina La Gamonita/Garandina nos recibió con un recorrido subterráneo por galerías formadas hace 300 millones de años, conservadas tal como quedaron cuando la mina cerró. Una mina de vanadio repleta de minerales fluorescentes que iluminan la oscuridad como un firmamento subterráneo. Un tesoro minero al sur de Extremadura. También adoré conocer el poblado minero de Santa Marta.

Gracias, Patricia Barroso, por todo el recorrido y por el trabajo tan importante que realizas, pues luchar por conservar y cuidar el patrimonio histórico de un lugar es, en el fondo, cuidarnos a nosotros mismos.

Después, visita a la Cooperativa Santa Marta Virgen y al Museo del Turra, otro viaje en el tiempo guiado por Lola y una cata especial con Fran.

El cierre perfecto llegó en el Museo de Marcelino, padre del cava extremeño. Catar sus joyas enológicas, escuchar su historia y compartir los embutidos artesanos de Carmina armonizados con aquellos cavas y vinos fue un privilegio difícil de describir.

Un territorio que abraza

Extremadura me dejó complacida en todos los sentidos: como amante del vino, de la cultura y, sobre todo, de las gentes que sostienen la identidad de sus pueblos. Un viaje que confirma que España es un mosaico de tesoros, muchos aún por descubrir.

Queridos lectores, la Ruta del Vino y Cava Ribera del Guadiana es mucho más que enoturismo: es abrir la mente y el corazón a experiencias que nos conectan con la emoción, el conocimiento y, sobre todo, con las personas que hacen posible que un vino cuente una historia.

Porque en cada copa olfateamos aromas que son tierra, memoria y humanidad. Porque al probar un cava no solo vemos burbujas: sentimos la esencia del lugar donde nace. Porque al saborear la gastronomía extremeña descubrimos que es auténtica, honesta, hija directa de su historia. Porque al recorrer su patrimonio entendemos que la cultura no es un museo: es un hilo vivo que une pasado y presente. Y porque al descender a sus entrañas —a esas minas que brillan como un “cielo” invertido— uno se reconcilia con el mundo. Un mundo que a veces parece perder identidad, pero que aquí, en Extremadura, demuestra que aún existen territorios donde esa identidad se protege, se vive y se comparte.

En clave molecular

Extremadura se revela como un territorio donde vino, patrimonio y humanidad se entrelazan a través de un lenguaje invisible: el de las moléculas que construyen aromas, emociones y memoria; desde los terpenos y la geosmina que perfuman Mérida y sus vestigios romanos, hasta los norisoprenoides, ésteres y compuestos minerales que hablan en cada copa de la Ruta del Vino y Cava Ribera del Guadiana; pasando por las moléculas de Maillard del solomillo en barro y las fluorescencias minerales de la mina La Gamonita. Un viaje sensorial y humano que confirma que Extremadura es un lugar donde la historia se toca, la identidad se protege y la emoción encuentra hogar.

GRACIAS

Gracias a todo el equipo de la Ruta: Nuria, Isabel e Isabel García, del Área de Turismo del Ayuntamiento de Almendralejo; a cada persona que nos recibió, que nos atendió, que nos acompañó. Gracias a Ricardo e Ismael, conductores y guardianes silenciosos de cada trayecto seguro.

Y a ustedes, lectores, solo pedirles que en su próxima escapada piensen en vivir Extremadura: vino, cava y patrimonio. Un triángulo perfecto donde la emoción encuentra su hogar.

Hasta la próxima emoción. El Perfume del Vino – Plataforma de investigación – Hosanna Peña – Dr. Ricardo de Arrúe