La Receta

Elecciones reñidas al Colegio de Farmacéuticos de Madrid

Las elecciones al Colegio Oficial de Farmacéuticos de Madrid (COFM), previstas para el próximo 19 de abril, se presentan como una de las citas más competidas y observadas de los últimos años en el ámbito sanitario madrileño. Tres candidaturas —encabezadas por Manuel Martínez del Peral, María Magdalena del Campo y Noelia Tejedor— aspiran a dirigir una institución clave que agrupa a cerca de 15.000 profesionales. 

El contexto no invita precisamente a la calma. El precedente de 2022, con una diferencia de apenas 24 votos y más de 200 sufragios anulados, sigue proyectando una sombra evidente sobre el proceso actual. A ello se suma una sensación de fragmentación del electorado farmacéutico, que convierte cada voto en potencialmente decisivo.

Como suele ocurrir en este tipo de corporaciones profesionales, el nivel de participación acostumbra a ser reducido, lo que amplifica el peso relativo de los votantes movilizados. En otras palabras, no gana necesariamente quien más apoyos tiene en abstracto, sino quien consigue llevarlos efectivamente a las urnas. 

A juicio de ChatGPT, y a la vista de los programas electorales y del contexto descrito, las claves de la contienda parecen claras para cada candidatura.

El actual presidente, Manuel Martínez del Peral, afronta el reto clásico de todo el que ocupa ya un cargo: convertir la gestión en argumento electoral sin que se perciba como continuismo agotado. Su baza pasa por reivindicar estabilidad institucional y experiencia, pero necesitará también ofrecer señales creíbles de renovación si quiere evitar que el desgaste acumulado en un mandato en el que se ha desincentivado la política colegial incline la balanza en su contra.

Por su parte, la candidatura de Noelia Tejedor se articula en torno a la idea de cambio, con un énfasis notable en la transparencia, la participación y la rendición de cuentas. Su principal fortaleza reside en la capacidad de aglutinar sensibilidades diversas del electorado que en 2022 ya mostraron su descontento con el resultado. Sin embargo, esa misma amplitud exige coherencia interna y un mensaje claro que no se diluya en la suma de intereses.

En cuanto a María Magdalena del Campo, su posición puede resultar poco determinante en un escenario fragmentado. Su estrategia pasa por consolidarse como una alternativa equilibrada, capaz de captar voto desencantado con la polarización entre las dos candidaturas principales. 

Más allá de nombres y programas, el verdadero factor diferencial probablemente vuelva a ser la movilización. El precedente demuestra que unas pocas decenas de votos pueden inclinar el resultado final, y que la abstención —tradicionalmente elevada en este tipo de procesos— actúa como el gran árbitro silencioso.

En definitiva, el COFM afronta unas elecciones que, más que resolver un liderazgo, parecen destinadas a reabrir un debate de fondo sobre el modelo colegial, la representatividad y el papel del farmacéutico en el sistema sanitario. Lo que está en juego no es solo quién gana, sino con qué legitimidad lo hace. Y eso, en una institución de este tipo, suele pesar más de lo que algunos quieren admitir.