El Salón del Almirante del Real Alcázar de Sevilla acoge esta tarde la presentación de El anticlericalismo en España. Cómo el odio a la Iglesia ha marcado la agenda del poder en nuestra historia, el nuevo ensayo del profesor Macario Valpuesta Bermúdez (1959), doctor en Derecho y en Filología Clásica, especialista en Derecho Romano y actualmente docente de Teoría del Derecho en la Universidad CEU Fernando III.
Tras décadas dedicadas a la investigación y la enseñanza —primero en Secundaria como profesor de Latín y posteriormente en la Universidad Pablo de Olavide—, Valpuesta aborda ahora uno de los ejes más controvertidos de la historia contemporánea española: la relación entre Iglesia y Estado, la evolución del anticlericalismo y su influencia en la agenda política desde la Ilustración hasta la actualidad.
En esta conversación con El Diario de Madrid, el autor expone las claves de un libro que combina análisis legislativo, estudio de fuentes hemerográficas, revisión historiográfica y reflexión cultural.
“No es un episodio aislado: es una tradición ideológica con continuidad histórica”
—¿Qué le llevó a escribir un ensayo sobre El anticlericalismo en España?
Mi impresión es que el anticlericalismo no ha sido un fenómeno circunstancial vinculado únicamente a la Segunda República o a la Guerra Civil. Es una corriente que aparece ya en el siglo XVIII, se consolida en el XIX y alcanza momentos de radicalidad extrema en el XX. El libro intenta demostrar que existe una continuidad ideológica.
No me limito a describir episodios de violencia. Analizo leyes, discursos parlamentarios, prensa satírica, literatura política. Hay una dimensión jurídica y otra cultural. Y ambas son fundamentales para entender lo que ocurrió.
Valpuesta subraya que su aproximación parte de una posición personal creyente, pero insiste en que el método es histórico y documental.
—No oculto que soy católico. Pero eso no invalida un análisis si los datos están trabajados y las fuentes son verificables. Lo que propongo es un debate fundamentado.
1812 y la paradoja de la confesionalidad liberal
Uno de los puntos centrales del libro es la Constitución de 1812, habitualmente presentada como el gran hito liberal de la historia española.
—Se insiste en que fue una Constitución católica y liberal al mismo tiempo. Pero esa combinación generó tensiones profundas. Al declarar la confesionalidad del Estado, el poder político asumía una posición de tutela sobre la Iglesia. Se pretendía configurar una Iglesia subordinada al proyecto político dominante.
Para Valpuesta, esa tensión marca un patrón que reaparece en distintos momentos de la historia contemporánea: el intento de armonizar modernización política y control institucional del hecho religioso.
El siglo XIX, con las desamortizaciones y la conflictividad en torno a órdenes religiosas y patrimonio eclesiástico, consolidaría esa dinámica.
—Hay un nivel legislativo y otro social. En las leyes se reorganiza el poder; en la cultura se construye un relato. Y en ese relato el clero pasa a simbolizar el atraso o el privilegio.
Anticlericalismo cultural y construcción del enemigo
El ensayo dedica atención especial a la literatura satírica y a la representación del sacerdote en la prensa del XIX y principios del XX.
—Más allá de la crítica institucional, se produce una deshumanización. El cura es presentado como figura grotesca o moralmente degenerada. Esa construcción cultural precede a la violencia física.
Valpuesta matiza que la Iglesia española del XIX no estaba exenta de deficiencias.
—Había problemas de formación y mediocridad en muchos cuadros. Era una Iglesia débil en comparación con la francesa o la alemana, que resistieron con más cohesión procesos como el Kulturkampf de Bismarck. Pero una cosa es la crítica institucional y otra la legitimación de la violencia.
Segunda República: grados de democracia y conflicto institucional
El periodo de la Segunda República ocupa un lugar central en el análisis.
—La democracia no es una luz encendida o apagada. Tiene grados. Y la República, con sus avances indudables, tuvo también déficits institucionales graves, episodios de violencia y restricciones que deben estudiarse con rigor.
Valpuesta sostiene que la narrativa que presenta los años treinta como una edad democrática plenamente consolidada simplifica una realidad compleja.
—Hubo más intentonas militares, más violencia política y más polarización que en etapas anteriores. Mi tesis —que comparten otros historiadores— es que en algunos aspectos se produjo un retroceso respecto a ciertas libertades formales de la Restauración, aunque esta tuviera problemas evidentes de corrupción y caciquismo.
En lo relativo a la persecución religiosa durante la Guerra Civil, el autor defiende que existió un componente ideológico explícito.
—No fue un fenómeno espontáneo ni exclusivamente reactivo. En la prensa anticlerical previa ya se anunciaban formas de violencia que después se materializaron. Eso forma parte de la historia y no puede omitirse.
Memoria democrática y selección del pasado
Preguntado por el debate contemporáneo sobre memoria histórica y memoria democrática, Valpuesta insiste en la necesidad de análisis integral.
—Toda sociedad selecciona los episodios que enfatiza. Lo importante es que el relato histórico no excluya partes incómodas. La historia debe estudiarse completa, no fragmentada.
Iglesia, cultura e identidad
Uno de los aspectos más relevantes del libro es la dimensión cultural del catolicismo en España.
—El catolicismo no ha sido solo una jerarquía eclesiástica. Ha sido cultura popular: procesiones, hermandades, calendarios festivos, tradiciones locales. El anticlericalismo no se dirigió únicamente contra la institución, sino también contra ese entramado cultural.
Valpuesta defiende que la tradición cristiana forma parte de la identidad histórica española, independientemente de la práctica religiosa actual.
—Eso no obliga a nadie a creer. Pero es un hecho histórico. Nuestra cultura política, jurídica y moral se ha configurado en ese contexto.
Laicismo contemporáneo y separación Iglesia-Estado
El libro concluye con una reflexión sobre el laicismo en España y la evolución de la Iglesia tras el Concilio Vaticano II.
—Estado e Iglesia deben convivir en ámbitos diferenciados. “A Dios lo que es de Dios y al César lo que es del César”. Pero la neutralidad del Estado no equivale a la eliminación de la tradición cultural.
Valpuesta analiza también lo que considera una paradoja contemporánea: la reivindicación de neutralidad institucional combinada con debates públicos intensos sobre símbolos religiosos, espacio público y libertad de expresión.
—El laicismo, como ideología política, puede extenderse indefinidamente si no se definen sus límites. Es un debate que debe abordarse con serenidad y profundidad jurídica.
Valpuesta añade una reflexión polémica en el tramo final del libro: la que considera una “extraña convergencia histórica” entre determinados sectores del laicismo militante europeo y movimientos islamistas.
—No es un fenómeno nuevo. Ya en el siglo XVIII y XIX algunos pensadores anticatólicos mostraron simpatía por el Islam como contrapeso al catolicismo. El principio implícito era que “el enemigo de mi enemigo es mi amigo”. Esa fascinación reaparece cíclicamente.
El autor sostiene que esta aproximación resulta contradictoria desde el punto de vista de los valores que el laicismo afirma defender.
—Si el laicismo se presenta como defensa de la libertad individual, de la igualdad o de la emancipación, la indulgencia hacia sistemas teocráticos o confesionales estrictos plantea una paradoja difícil de explicar.
Para Valpuesta, esa tensión histórica solo se entiende dentro de una tradición intelectual en la que la crítica al catolicismo ha ocupado un lugar central.
Un ensayo histórico para abrir debate
Publicado por Sekotia, El anticlericalismo en España combina fuentes históricas, análisis normativo y reflexión cultural de largo recorrido. Su autor no oculta su posición personal, pero insiste en que el libro está concebido como una invitación al debate académico y público.
—Cuando uno escribe, espera que le discutan. Incluso que le critiquen. Lo que importa es que la discusión se produzca sobre datos, documentos y argumentos, no sobre consignas.
Tras la presentación en Sevilla, el autor prevé nuevas intervenciones en otras ciudades, entre ellas Madrid.
En un momento en que el debate sobre Iglesia y Estado, memoria histórica, laicismo e identidad cultural vuelve a ocupar espacio en la conversación pública, el ensayo de Macario Valpuesta propone una revisión histórica amplia sobre uno de los ejes más persistentes —y complejos— de la historia contemporánea española: la relación entre poder político y hecho religioso.