Al inicio de la novela “Conversación en la catedral”, una de las obras que le ganó gran éxito a Mario Vargas Llosa, Zavalita, uno de los protagonistas, lanza su famosa frase en el bar La Catedral de Lima: “¿En qué momento se jodió el Perú?”
Hacía alusión desde luego a la dictadura de Manuel Arturo Odría Amoretti, el dictador peruano que gobernó entre 1948 y 1956.
Casi desde entonces la nación latinoamericana ha vivido de un sobresalto a otro, tocada muchas veces por la plaga de la corrupción.
El propio Vargas Llosa quiso gobernar el país, en una de las más grandes equivocaciones que puede cometer un literato: pensar que el éxito en las letras puede llevarlo a ser un buen mandatario. Dio papaya y “el chino”, como llamaban a Alberto Fujimori, lo derrotó con un tractor. Fujimori recorría el país enviando el mensaje de ser quien, a través del campo y la agricultura, sacaría al Perú del subdesarrollo.
Su mano derecha, un tal Montesinos, se encargó de llevarlo a la cárcel, pues los tentáculos de la corrupción eran muchos.
Hoy ocupa la presidencia el izquierdista José María Balcázar, de 83 años, y la oposición le tiene ya un pliego de cargos que salpicaron el nombramiento de su primer ministro Hernando de Soto Polar con la lista Epstein.
Los dolores de la democracia en Perú empezaron mucho antes de Pedro Pablo Kuczinski en 2016. Venció a Keiko y ella, desde el poder absoluto en el Congreso, lo sacó de la presidencia. Un año después el presidente anterior, Ollanta Humala, fue recluido en el penal de Barbadillo acusado de lavado de activos. Diez años antes, el presidente Alejandro Toledo había recibido 35 millones de dólares en sobornos, por parte de la constructora Odebrecht. Está condenado a 20 años de prisión. En 1995, Alan García también fue acusado de recibir sobornos. Vivió un tiempo en Colombia y cometió suicidio.
Le siguió Martín Vizcarra, quien solo gobernó 2 años y 231 días.
El Congreso destituyó a Vizcarra en plena pandemia de la covid-19, tras salir a la luz indicios de corrupción durante su gestión como gobernador de la región sureña de Moquegua. Vendrían después Manuel Merino, el presidente de los cinco días, Francisco Sagasti, Pedro Castillo, Dina Boluarte, José Jerí y ahora Balcázar, quien gobernará hasta abril cuando el Perú se abra a elecciones.
Me pregunto hoy qué pensaría el mismo Vargas Llosa de este despelote gubernamental en su país, y es importante conocer también la opinión de Alfredo Bryce Echenique.
Perú es también la patria del poeta César Vallejo (Santiago del Chuco, 1892), de José María Arguedas, el de los ríos profundos y de Julio Ramón Ribeyro.
A esperar abril porque estos gobiernos de opereta no pueden continuar en una nación a la que admiramos y queremos en libertad y democracia.