Una de las ventajas de desplazarse en los autobuses de la EMT por Madrid es que, si se presta atención a los vídeos que transmiten noticias e informaciones en bucle durante el trayecto, se aprende mucho. Ayer se distribuía este pensamiento de Simone de Beauvoir: “¿Qué es un adulto? Un niño inflado por la edad”. Justo iban en ese viaje tres adolescentes en proceso de hinchazón y uno decía esta absurdez: “Yo no puedo imaginar algo si no lo tengo delante”. Para acto seguido dejar de hablar y enfrascarse en la pantalla del móvil sin fijarse en que pasábamos junto a un gran rótulo luminoso en que aparecía, con destellos intermitentes, la palabra CASINO. Un vocablo este, como tantos otros, con la boca festoneada de peligrosos pinchos de cristal a fin de estorbar el acceso a la cueva de secretos que alberga; habría que sortear con habilidad esos dientes afilados para evitar clavarnos en ellos y quedarnos a las puertas del misterio. Por otro lado, si una palabra se da, ya no hay marcha atrás, lo que no debe confundirse con la frase hecha: “Tiene usted la palabra”, que es más bien una locución protocolaria, una especie de trampantojo verbal.
Las palabras son auténticos mecanos de recovecos y significados, a veces indescifrables. El meccano fue un juguete de construcción con piezas que encajaban a la perfección creado por Frank Hornby, un oficinista de Liverpool, en 1898, y Mecano fue, también, el nombre artístico que adoptó una famosa banda de música pop española de los años 80 cuyos componentes encajaban de maravilla. El término suena igual en ambos casos, y será la intención de quien lo pronuncie la que indique a qué se refiere.
Cada palabra es un organismo vivo en el que late con frecuencia más de un corazón. Véase la antes citada CASINO. Si la descoyuntáramos, como si de las piezas de un mecano se tratase, obtendríamos tres sílabas que, por sí mismas, implicarían dos negaciones, CA y NO y una afirmación, SI, tres voces distintas con vida propia. Pero otra posibilidad sería juntar las dos primeras y formar la palabra CASI, que no es ni sí ni no, quedando aparte y solitaria la sílaba, ya palabra, NO, una negación en toda regla. Si se separara, por el contrario, la CA del resto, resultaría un no total de entrada y a continuación un SINO, con la terrible fuerza que esto representa.
De modo que la palabra CASINO encierra en su interior nuestro destino, nuestro hado, del que dicen que es imposible escapar, y si lo dudan, hagan juego señores. Pero prueben con otra que tengan en la punta de la lengua, pongamos CORRUPCIÓN, y verán lo difícil que es encontrar dentro de ella el tesoro que esconde. Ni aun teniéndolo delante se lo podrían imaginar, como les pasaba a los chicos del bus urbano, que por mirar todo el tiempo el teléfono no se enteraban de nada.