Relator

Cabos sueltos

<<Dejar cabos sueltos>>, implicaría descuido o falta de conclusión en una tarea programada. Por el contrario, <<atar cabos>> significaría conectar elementos de información para comprehender un hecho, una situación, un personaje, una obra, una aventura, una época…

En el ámbito náutico, como sabemos, las cuerdas o cabos sueltos son peligrosas. En un velero, a 4 o 14 nudos de velocidad, un cabo suelto puede llevar a un naufragio.

En el mundo de los negocios –políticos o financieros— un cabo suelto, vgr. un personaje descontrolado o narciso o autónomo –sin mirar a quien— conduciría al caos social o bien a la quiebra.

Un líder político que no sepa <<atar cabos>>  informativos y conceptuales, es quien debería abandonar las toldas de su movimiento o partido –o mejor, cargo— y dejar el puesto o lugar para quien sepa atarlos con nudos firmes

<<Saber atar cabos>>, podría ser en el mundo literario, el trabajo del narrador de una historia. Flaubert era maestro en estructurar o configurar un relato (novela o cuento); ello, durante años de lectura, y luego del diseño de secuencias / acciones / personajes, de tal manera que ningún enunciado quedara suelto (al garete). Criticaba Flaubert  a los escritores rusos de su época por carencias en las estructuras narrativas: <<les hace falta estructurar, anudar, los relatos>>, afirmaba.

Pero es en el hacer político de todos los días cuando nos topamos, amigo Sancho, con un sin número de <<cabos sueltos>>. Ello por desinterés, en muchos casos ignorancia; en otros por exceso de intereses personales…

En este país nuestro, por ejemplo, se denominan <<elefantes blancos>> a obras interminadas (en ocasiones durante años) o inconclusas: colegios, hospitales, carreteras, acueductos…

Aparecen estos <<elefantes blancos>> como frases incompletas, construcciones en obra negra pese a denominarse blancos, como telas pictóricas a las que faltan pinceladas y formas definitivas; como a otros niveles, ineptitud que camina o navega de la mano de la corrupción de los responsables.

<<Atando cabos>>

A pocas semanas de las elecciones presidenciales (31 de mayo), se requerirían saberes, talentos, voluntades, capacidades, ética pública y privada, imaginaciones, entrega y generosidad (la política cuyo objetivo siga siendo el bien público), en fin políticas de Estado inteligentes e inteligibles, proyectadas a veinte o treinta años hacia el futuro para <<amarrar cabos>>.

Estos <<cabos amarrados>> serían los  de una democracia en la justicia, la equidad, la comunicación y la paz. Una medida común traería y amarraría lo suelto e injusto y aún violento.

<<Dime como atas cabos y te diré quién eres política, económica, filosófica, culturalmente>>.

Una medida común –para todos-- en civilidad e inteligencia, en desarrollo humano y económico, en paz versus barbarie, es lo que se espera a partir del 31 de mayo.

¿Quién sabe anudar para construir y producir riqueza y bienestar social? ¿Y quién sabrá navegar, atados los cabos sueltos, para, en cuatro años de tempestades (deuda fiscal, narcotráfico internacional y nacional, minería ilegal, corrupción, ineptitud, egoísmo, estolidez y estupidez), alcanzar puertos de victoria frente a la pobreza y las pulsiones de muerte y sinsentido social y vital?