¿En qué momento surge la idea de convertir Casa Botines en un museo?
El proyecto nace con la creación de la Fundación Fundos, actual propietaria del edificio, tras la transformación de la antigua Caja España-Duero en fundación. En aquel momento nos encontramos con un inmueble excepcional, una joya patrimonial de primer nivel, pero vacío y sin uso.
Parecía evidente que la salida más honesta y beneficiosa para la sociedad era darle una función cultural. No solo permitía conservar un edificio único, sino también convertirlo en un motor para la vida cultural y turística de León.
¿Cuál era el principal temor cuando se puso en marcha el proyecto?
Había incertidumbre en todos los ámbitos. Durante más de un siglo el edificio había tenido un uso estrictamente privado, primero comercial y residencial y después bancario.
Existía una enorme expectación por tratarse de una obra de Gaudí y sabíamos que no había margen para conformarse con un resultado discreto. Trabajamos desde el primer momento con la idea de construir un proyecto exitoso, aunque éramos plenamente conscientes de los riesgos que implicaba.
Muchas personas asocian a Gaudí únicamente con Barcelona. ¿Ayuda Casa Botines a ampliar esa visión?
Sin duda. Hablar de un Gaudí catalán y otro fuera de Cataluña no es correcto desde el punto de vista científico. Gaudí es un creador universal.
Lo que ocurre es que las obras del noroeste peninsular tienen una relevancia extraordinaria porque le obligan a salir de su zona de confort. En Comillas, Astorga y León se enfrenta a nuevos materiales, climas y desafíos constructivos.
La etapa leonesa resulta especialmente importante porque transforma profundamente al arquitecto. Tras finalizar sus trabajos aquí regresa a Barcelona con una espiritualidad mucho más intensa que influirá decisivamente en toda su producción posterior.
¿Qué importancia tiene Casa Botines dentro de la obra de Gaudí?
Es fundamental. Casa Botines funciona como un auténtico banco de pruebas para muchas soluciones que después desarrollará en edificios tan importantes como la Casa Batlló o la Casa Milà.
Por eso hoy existe un amplio consenso entre los especialistas: en Gaudí no hay obras menores. Cada edificio aporta elementos únicos desde el punto de vista espacial, estructural y simbólico.
Además de las visitas, ¿qué ofrece el museo?
Somos un museo muy dinámico. Además de la exposición permanente, que renovaremos coincidiendo con el aniversario del nacimiento de Gaudí, organizamos exposiciones temporales, conciertos, conferencias, actividades educativas y eventos como la Feria Modernista.
En total desarrollamos más de 400 actividades al año. Nuestro objetivo es que el museo contribuya a dinamizar la ciudad y a fortalecer los vínculos con vecinos, asociaciones, centros educativos y tejido comercial.
¿Qué pesa más: la conservación del patrimonio o la experiencia del visitante?
Las dos son igual de importantes. Desde una perspectiva académica, la conservación es la misión principal de un museo, pero también es necesario divulgar para poder conservar.
Somos un museo privado y necesitamos generar interés y recursos. La clave está en mantener un equilibrio entre investigación, conservación y mediación cultural.
El patrimonio no puede ser únicamente un vestigio del pasado. Tiene que ser útil para la sociedad contemporánea.
¿El éxito de un museo debe medirse solo por la afluencia de público?
No. Debemos superar esa visión exclusivamente cuantitativa.
Es cierto que somos el museo privado más visitado de Castilla y León y uno de los más relevantes de la comunidad, pero el éxito también se mide por la calidad de las programaciones, la investigación científica, la colaboración con otras instituciones y el impacto social y educativo que generamos.
Estamos en el centenario de la muerte de Gaudí. ¿Por qué sigue fascinando tanto?
Porque su arquitectura continúa siendo revolucionaria.
Hay estudios recientes que muestran que muchos de sus edificios cumplirían hoy con estándares muy elevados de sostenibilidad. Estamos hablando de construcciones levantadas hace más de un siglo.
Gaudí fue capaz de combinar perfección técnica, belleza estética y profundidad intelectual. Su obra sigue planteando preguntas y descubriendo nuevos matices. Es, probablemente, el gran genio español de la arquitectura y el diseño.
¿Qué relación mantiene Casa Botines con otras instituciones vinculadas a Gaudí?
Muy buena. Tenemos un convenio de colaboración con la Fundación Junta Constructora de la Sagrada Familia y mantenemos excelentes relaciones con el resto de entidades que gestionan patrimonio gaudiniano.
La Sagrada Familia es la gran obra de Gaudí y un símbolo universal, pero existe una enorme cordialidad y cooperación entre todas las instituciones que trabajamos en la conservación y divulgación de su legado.
¿Qué puede aportar un museo como Casa Botines frente a las grandes instituciones de Madrid o Barcelona?
La posibilidad de disfrutar del arte y la cultura en un entorno más tranquilo y cercano.
León ofrece una experiencia cultural diferente, más pausada y menos condicionada por las dinámicas de las grandes capitales. Casa Botines combina patrimonio, historia, arte y programación cultural en una ciudad de escala humana.
¿Hacia dónde se dirige Casa Botines?
Queremos consolidarnos como un gran centro de investigación sobre Gaudí.
La actividad científica es una prioridad estratégica. Aspiramos a convertirnos en una institución de referencia internacional para todos aquellos que quieran profundizar en el estudio de su obra y de los temas relacionados con ella.
Si tuviera que definir a Gaudí con tres palabras...
Virtuosismo, genialidad y espiritualidad.
¿Y al Museo Casa Botines en una sola palabra?
Ambición.