El bosque no tiene ideología

El mayor incendio de la historia de la Comunidad de Madrid solo habrá servido de algo si, cuando termine el verano, llega el consenso antes que el olvido.

Cada verano España vuelve a arder. Cambian los mapas, cambian las hectáreas calcinadas y cambian los nombres de los municipios afectados, pero el debate es siempre el mismo. Este año, sin embargo, hay una diferencia sustancial. El mayor incendio de la historia de la Comunidad de Madrid ha situado los incendios forestales en el centro del debate político y mediático como nunca antes. La pregunta es inevitable ¿será diferente esta vez o volveremos a asistir al mismo ciclo de indignación pasajera?

Quienes llevamos años defendiendo una gestión forestal integral empezamos a sentir que vivimos atrapados en un eterno Día de la Marmota. Cada verano, los incendios ocupan portadas, tertulias y redes sociales. Desde los más altos responsables políticos hasta el último influencer parecen descubrir de repente la importancia de nuestros bosques. Todos opinan. Todos prometen. Todos aseguran que hay que actuar.

Pero en otoño e invierno los incendios desaparecen del debate público. Justo cuando debería comenzar el verdadero trabajo: la prevención. Porque los grandes incendios no se combaten únicamente cuando las llamas ya son imparables. Se previenen durante todo el año mediante una gestión forestal activa, con tratamientos selvícolas, aprovechamientos económicos responsables, recuperación del monte y equipos profesionales contratados durante todo el año.

En 2025, los grandes incendios de Castilla y León y Extremadura monopolizaron titulares durante semanas. Sin embargo, apenas unos meses después, el asunto había desaparecido de la agenda pública. Ni siquiera tuvo un peso relevante en las elecciones autonómicas celebradas en ambas comunidades. Fue un ejemplo de cómo al olvido político termina sumándose también el olvido ciudadano.

Pero este verano el fuego ha roto una barrera psicológica. Ya no afecta únicamente a esa España Vaciada o a esas provincias de la España Olvidada de la que apenas se habla. Ha alcanzado también la España Abarrotada. Ha llegado al entorno natural donde miles de madrileños buscan descanso los fines de semana y sus cenizas han terminado sobre los balcones de la capital. Cuando las cenizas llegan al balcón, el incendio deja de ser una noticia para convertirse en una preocupación propia. 

Ojalá esa cercanía sirva para algo. Ojalá entendamos, de una vez por todas, que los incendios forestales no pueden seguir siendo un arma arrojadiza entre partidos ni una discusión estacional condenada a desaparecer con las primeras lluvias. El bosque no entiende de ideologías. Tampoco distingue entre territorios, votantes o administraciones. Solo responde al abandono o al cuidado.

Necesitamos un gran consenso nacional que sitúe la gestión forestal sostenible como una auténtica política de Estado. Porque proteger nuestros bosques no es solo una cuestión ambiental; es también una apuesta por el equilibrio territorial, por mantener vivo el medio rural y por demostrar que conservación y desarrollo no son conceptos enfrentados, sino aliados. Invertir en prevención, selvicultura y bioeconomía forestal es una inversión que nos beneficia a todos, vivamos donde vivamos.

Los bosques no nos pertenecen. Somos únicamente sus custodios y tenemos la obligación de legarlos en mejores condiciones a las generaciones futuras. Si no aprendemos esta vez, volveremos a lo de siempre, veranos de ceniza e inviernos de absoluto olvido.