Andalucía no ha votado una mayoría absoluta del Partido Popular. Ha votado una mayoría de derechas condicionada por Vox. Y esa diferencia no es menor, es la clave política de la noche electoral.
Durante toda la campaña, Juanma Moreno intentó presentar a Vox como un problema, como un lío, incompatible con gobernar. Llegó a instalar la idea de que gobernar con Vox sería inviable. Pero las urnas han respondido con una claridad que ningún relato mediático puede ocultar, un gobierno con Vox será posible o no será, señor Moreno Bonilla.
El PP ha ganado, sí. Pero ha perdido cinco escaños respecto a 2022 y se queda en 53, dos por debajo de la mayoría absoluta. El PSOE, con María Jesús Montero, también retrocede y cae a 28 escaños, su peor suelo histórico en Andalucía. Y Vox, pese al desprecio, la invisibilización y el cordón mediático permanente, sube hasta 15 diputados y vuelve a ser llave.
Este es el dato político que casi nadie quiere subrayar: de cuatro elecciones, cuatro veces Vox ha sido decisivo. La derecha institucional puede fingir que no lo ve, pero los ciudadanos lo han vuelto a decir en las urnas. Quieren políticas de derechas, no una socialdemocracia templada con siglas populares. Quieren orden, seguridad, control migratorio, defensa del campo, protección de los servicios públicos para quienes sostienen el sistema y una idea elemental: Prioridad Nacional.
Por eso el resultado andaluz no puede leerse solo como una victoria del PP, es también un castigo al PP. Moreno Bonilla ha perdido la mayoría absoluta porque una parte de su electorado no acepta que se gobierne con discurso de derechas y políticas socialdemócratas. No acepta que se desprecie a Vox mientras se asumen marcos de la izquierda. No acepta que se pretenda gobernar contra Sánchez, pero copiando parte de su lenguaje, sus límites y sus complejos.
La cuestión de fondo es evidente, Andalucía no ha dado un cheque en blanco al PP. Ha dado un mandato de gobierno a la derecha. Y ese mandato exige entenderse con Vox, no humillarlo. Vox no pide “sillones”, sino que la Prioridad Nacional sea una realidad, según ha declarado tras las elecciones.
Si el Partido Popular vuelve a equivocarse, si vuelve a atacar a Vox en lugar de pactar con él un programa serio, útil y reconocible desde la derecha, repetirá el error que permitió a Sánchez renovar un gobierno Frankenstein. Porque cuando el PP desprecia a Vox, no debilita a Vox, debilita a la alternativa nacional.
Andalucía ha hablado. Moreno Bonilla puede escuchar a los andaluces o escuchar al aparato de Génova. Puede asumir que necesita a Vox o puede repetir el viejo error de la derecha acomplejada. Pero el mensaje de las urnas es claro: sin Prioridad Nacional no hay mayoría suficiente. Y sin Vox, no hay gobierno.
El PP debería asumirlo si quiere que España se libre de Sánchez y de los partidos que aborrecen a España.