La financiación pública del emprendimiento en España ha dado un paso decisivo en 2026. La Empresa Nacional de Innovación, dirigida por Carolina Rodríguez Arias, ha logrado eliminar uno de los principales cuellos de botella históricos del sistema: la estacionalidad en el acceso a sus fondos. El resultado es inmediato: aumento de la demanda, mayor agilidad operativa y un impacto más alineado con las necesidades reales de startups y pymes.
Tras cerrar 2025 con 514 empresas financiadas y 86,2 millones de euros concedidos, los datos del primer trimestre de 2026 consolidan el cambio de tendencia. A ello se suma la superación de las 2.000 startups certificadas como empresas emergentes y el respaldo internacional de la OCDE, que sitúa a España como un ecosistema dinámico y en rápida convergencia con las economías más avanzadas.
¿Qué balance hace Enisa del primer trimestre de 2026 tras los cambios introducidos en su operativa?
El balance es muy positivo. Cuando diseñamos el nuevo mecanismo, que entró en funcionamiento a partir de septiembre, lo hicimos con un objetivo claro: eliminar la estacionalidad que, en la práctica, marcaba nuestra actividad.
Aunque nunca hemos trabajado con convocatorias, sí existía un calendario administrativo que hacía que hubiera meses con disponibilidad de fondos y otros en los que no. Tradicionalmente, el inicio del año era un momento valle. Las empresas sabían que no podían contar con Enisa en ese periodo.
Ahora eso ha cambiado. Hemos puesto el foco en trasladar al mercado que somos una herramienta estable, que ofrece financiación de manera continua. Y los datos del primer trimestre demuestran que ese mensaje ha calado: hemos registrado una demanda muy alta y sostenida, lo que además nos permite trabajar con mayor eficiencia interna.
¿Cómo impacta esta eliminación de la estacionalidad en las empresas?
El cambio es profundo. Antes, las empresas tenían que adaptarse a nuestro calendario; ahora es Enisa quien se adapta a sus necesidades reales.
Una empresa solicita financiación cuando la necesita, no cuando puede. Esto es especialmente relevante en procesos de inversión. Por ejemplo, una startup que está cerrando una ronda puede acudir a Enisa en el momento en que le encaja estratégicamente.
Antes, si esa operación se producía en el primer trimestre, no podíamos acompañarla. Eso obligaba a retrasar decisiones o, directamente, a perder oportunidades. Hoy esa limitación ha desaparecido.
Además, mantenemos un tiempo medio de respuesta de entre 30 y 40 días, lo que nos permite tener un impacto mucho más directo en el desarrollo de las compañías.
ENISA ha superado las 2.000 empresas certificadas como emergentes. ¿Qué significa este hito?
Es un indicador muy claro de consolidación. La certificación como empresa emergente se está convirtiendo en una referencia de calidad.
Los sellos no tienen valor por sí mismos, lo adquieren con el tiempo. Y lo que estamos viendo es que cada vez más empresas solicitan esta certificación porque entienden que aporta credibilidad frente a quienes invierten, administraciones y otros agentes del ecosistema.
Además, muchas administraciones públicas ya lo están incorporando en sus convocatorias, otorgando ventajas a las empresas certificadas. Eso contribuye a reforzar su utilidad práctica dentro del marco de la Ley de Startups.
La OCDE ha reconocido recientemente el papel de Enisa. ¿Qué lectura hacen desde la entidad?
Es un reconocimiento muy relevante. El informe señala que el ecosistema emprendedor español es dinámico y está en rápido desarrollo, y que ha logrado reducir distancias con los países más avanzados.
En ese contexto, se destaca el papel de Enisa como entidad que financia riesgo y apoya a las empresas en sus fases iniciales. Para todo el equipo es un motivo de orgullo, pero también una responsabilidad.
Al final, lo importante es que se reconoce un modelo de país en el que la financiación pública juega un papel estratégico en la construcción del ecosistema.
Más allá de los datos, ¿qué diferencia a Enisa de otros instrumentos financieros?
Hay un elemento que quizá no hemos puesto suficientemente en valor y que es fundamental: el acompañamiento.
Cuando una empresa acude a Enisa, no se encuentra solo con un proceso de análisis. Nuestro equipo trabaja con ella para ayudarla a enfocar mejor su solicitud, a entender cómo encaja nuestro instrumento en su estrategia financiera.
Es un proceso muy didáctico, porque hablamos de un instrumento complejo y no siempre conocido. Y ese acompañamiento continúa incluso después de la firma del préstamo.
Siempre hemos trabajado con un enfoque muy personalizado, casi de servicio “boutique”. Es parte de nuestro valor añadido.
¿Existe realmente un ecosistema propio en torno a Enisa?
Sí, y además es algo que ha surgido de forma natural. Hace años empezamos a hablar de “cliente Enisa” y vimos que tenía un significado más allá de lo financiero.
Las empresas utilizan nuestra casa como un elemento de validación ante las y los inversores, pero también se genera un sentimiento de pertenencia. Están orgullosas de formar parte de este ecosistema.
Eso facilita conexiones entre ellas, colaboraciones, intercambio de experiencias… Es un valor intangible, pero muy potente.
¿Qué papel juega Madrid en la actividad de Enisa?
Madrid es uno de los ecosistemas más importantes y más completos de España. Y eso hace que el impacto de nuestra actividad aquí se multiplique.
Hemos acompañado más de 3.000 operaciones en la región, con una inversión acumulada de 465 millones de euros. Solo en 2026 ya estamos cerca de los 10 millones, lo que demuestra que el ritmo se mantiene.
Madrid funciona porque reúne todos los elementos necesarios: viveros, aceleradoras, redes de mentoría, universidades, talento, programas públicos eficaces y la implicación del sector privado a través de la innovación abierta.
Cuando la financiación pública se coordina con un ecosistema así, el resultado es exponencial. Y eso es exactamente lo que estamos viendo.
¿Qué retos afronta Enisa en los próximos años?
Estamos en un proceso de reflexión estratégica de cara al nuevo plan que comenzará en 2027. Queremos seguir evolucionando como herramienta útil para startups y pymes.
Pero hay una idea clara: la financiación pública es una condición necesaria para que el ecosistema funcione. No es la única pieza, pero sí una fundamental.
Nuestro objetivo es seguir siendo una herramienta accesible, eficaz y cada vez más alineada con las necesidades reales de las empresas.