Entrevista

Óscar Carballo, candidato a la reelección como decano de CITOP Madrid: “El colegio no es de la Junta de Gobierno; el colegio es de los colegiados”

El que ha sido decano de CITOP Madrid durante los últimos cuatro años defiende una institución más cercana a los profesionales, con especial atención a jóvenes, autónomos, formación e inteligencia artificial, y apuesta por reforzar el papel técnico de la ingeniería civil en la sociedad y las administraciones.

El próximo 10 de junio, los miembros del Colegio de Ingenieros Técnicos de Obras Públicas e Ingenieros Civiles de Madrid (CITOP Madrid) están llamados a elegir a la que será su próxima Junta de Gobierno. Al frente de una de las candidaturas se encuentra Óscar Carballo Ares, que aspira a renovar la confianza de los colegiados tras una legislatura marcada por la búsqueda de una mayor cercanía con los profesionales y por la adaptación del colegio a los nuevos retos de la ingeniería civil.

En un momento en el que la profesión afronta desafíos tan diversos como la incorporación de la inteligencia artificial, la necesidad de atraer talento joven, la defensa de los profesionales autónomos o el fortalecimiento de la colaboración con las administraciones públicas, Carballo defiende un modelo de colegio más abierto, participativo y útil para quienes ejercen la profesión. «Hay que escuchar más y decidir menos desde los despachos», resume durante esta conversación con El Diario de Madrid.
Óscar Carballo Ares, Decano del Colegio de Ingenieros Técnicos de Obras Públicas y Graduados en Ingeniería Civil de Madrid (CITOP Madrid)
photo_camera Óscar Carballo Ares, Decano del Colegio de Ingenieros Técnicos de Obras Públicas y Graduados en Ingeniería Civil de Madrid (CITOP Madrid)

Lleva muchos años vinculado al colegio. ¿Cómo ha sido su trayectoria profesional y qué papel ha desempeñado CITOP en ella?

Mi relación con el colegio viene prácticamente desde mis años universitarios. En aquella época el colegio tenía una presencia muy importante dentro de la escuela y siempre estuve muy cerca de él. He estado colegiado durante muchos años y he desarrollado mi actividad profesional manteniendo siempre ese vínculo.

Además, la ingeniería civil forma parte de mi vida también desde el ámbito familiar. Tengo un hermano, dos hijos, dos sobrinos y dos cuñados que son ingenieros civiles. Es una profesión que siempre ha estado muy presente en mi entorno y eso también ha contribuido a mantener una relación constante con el colegio y con la evolución de la profesión.

Después de tantos años como colegiado, ¿qué le llevó a dar el paso y presentarse a decano hace cuatro años?

Fundamentalmente la convicción de que el colegio debía estar más centrado en los colegiados.

Muchas veces las instituciones profesionales terminan ocupándose de cuestiones internas o de debates que interesan mucho a quienes están dentro de los órganos de gobierno, pero no necesariamente a quienes ejercen la profesión cada día. Yo percibía que muchos compañeros querían un colegio más útil, más cercano y más orientado a resolver problemas concretos.

También veía una cierta necesidad de recuperar el trato personal. Vivimos en una época en la que llamas por teléfono a cualquier organización y te responde una grabación. Todo son formularios, procesos automatizados y trámites impersonales. Yo siempre he creído que un colegio profesional debe funcionar de otra manera.

Cuando un colegiado me llama o me plantea una cuestión, intento devolver personalmente la llamada y hablar con él. Parece algo sencillo, pero muchas veces es precisamente eso lo que más valoran los compañeros.

¿Ese sigue siendo el eje principal de esta nueva candidatura?

Sin ninguna duda.

Si algo he aprendido durante estos años es que los colegiados agradecen enormemente que se les escuche. Muchas veces más que una medida concreta o una iniciativa determinada.

Por eso creo que debemos seguir avanzando hacia un modelo de colegio más cercano, más accesible y más participativo. Un colegio en el que los profesionales sientan que forman parte de la institución y que pueden trasladar sus inquietudes directamente.

El colegio no es de la Junta de Gobierno. El colegio no es del decano. El colegio es de los colegiados y todo lo que se haga debe estar pensado para ellos.

En varias ocasiones destaca la importancia del equipo que le acompaña. ¿Por qué considera que es un aspecto tan relevante?

Porque gestionar un colegio profesional nunca es una tarea individual.

Tengo la enorme suerte de contar con un grupo de compañeros que, además de excelentes profesionales, son amigos desde hace muchos años. Muchos de nosotros nos conocimos estudiando en la escuela y hemos mantenido esa relación durante décadas.

Existe una confianza muy sólida y una forma compartida de entender la profesión y el papel que debe desempeñar el colegio.

Además, hay que decir una cosa con claridad: formar parte de una Junta de Gobierno supone una enorme dedicación personal. Esto exige tiempo, esfuerzo y muchas horas de trabajo. No es algo que se haga por comodidad ni por interés personal. Por eso es tan importante contar con personas comprometidas.

Su candidatura reúne perfiles muy diversos.

Y eso es precisamente una de sus fortalezas.

Tenemos compañeros procedentes de la Administración pública, del ámbito privado, empresarios y profesionales con trayectorias muy diferentes dentro de la ingeniería civil.

La profesión es muy amplia y no todos los ingenieros viven las mismas realidades. Hay quien trabaja en una administración local, quien desarrolla proyectos para grandes empresas, quien dirige obras, quien ejerce por cuenta propia o quien desarrolla labores de consultoría.

Cuantas más perspectivas estén representadas, mejor podremos entender y atender las necesidades de todos los colegiados.

Ha insistido especialmente en la situación de los profesionales autónomos.

Porque creo que es uno de los colectivos que más atención necesita.

Yo mismo soy autónomo y conozco perfectamente las dificultades que afrontan quienes ejercen la profesión por cuenta propia. Muchas veces tienen problemas muy específicos que no siempre reciben la atención que merecen.

Sin embargo, representan una parte muy importante de nuestra profesión.

Creo que ha llegado el momento de escucharles más y de incorporar sus preocupaciones de forma más decidida a la actividad del colegio.

También reivindica el papel de los profesionales con más experiencia.

Sí, porque poseen un conocimiento extraordinario.

En ocasiones hablamos de ellos como si simplemente fueran compañeros veteranos o próximos a la jubilación, cuando en realidad constituyen una fuente inmensa de experiencia profesional.

Personalmente disfruto mucho conversando con ellos. Además de mi actividad profesional, soy presidente de la Cofradía de Santo Domingo de la Calzada, una entidad vinculada a ingenieros de obras públicas, ingenieros civiles e ingenieros de caminos. Allí compartimos muchas tertulias y encuentros con profesionales veteranos.

Escucharles es asistir a auténticas clases magistrales.

Y lo más curioso es que muchos no piden grandes programas ni iniciativas complejas. Lo que quieren es algo muy sencillo: espacios para reunirse, hacer tertulias, conversar y compartir experiencias con otras generaciones de ingenieros.

¿Cómo se puede aprovechar ese conocimiento para las nuevas generaciones?

Precisamente creando puentes entre unos y otros.

Los jóvenes aportan energía, nuevas ideas y una forma distinta de entender la profesión. Los profesionales veteranos aportan experiencia, criterio y una visión construida durante décadas.

La combinación de ambas cosas es enormemente valiosa.

Por eso queremos fomentar encuentros, grupos de trabajo y espacios donde ese intercambio pueda producirse de manera natural.

Uno de los retos de muchos colegios profesionales es atraer a los recién graduados. ¿Qué estrategia plantea para ello?

Lo primero es escucharles igualmente.

Muchas veces intentamos explicarles lo que creemos que necesitan sin haberles preguntado antes cuáles son realmente sus inquietudes.

Queremos acercarnos más a las universidades y crear espacios específicos para estudiantes y recién titulados. No solamente para quienes ya están colegiados, sino también para quienes todavía están terminando su formación.

Yo conocí el colegio cuando estudiaba en la universidad y creo que debemos recuperar esa presencia.

Además, hay que entender que los jóvenes de hoy son muy diferentes a quienes terminábamos la carrera hace veinte o treinta años. Sus expectativas, sus preocupaciones y su forma de relacionarse con las organizaciones son distintas.

Por eso debemos adaptarnos nosotros a ellos y no al revés.

¿Existe un problema de falta de colegiación entre los jóvenes profesionales?

Es una realidad que afecta a muchas profesiones.

En muchos casos los jóvenes no terminan de percibir qué les puede aportar un colegio profesional. Por eso es tan importante explicar bien cuál es nuestra función y qué servicios ponemos a su disposición.

Tenemos que estar donde ellos están, utilizar sus canales de comunicación y hablar su lenguaje.

Al final, un colegio profesional puede convertirse en una gran red de apoyo, de contactos y de conocimiento compartido. Debemos ser capaces de transmitir ese valor.

¿Qué papel debe desempeñar CITOP Madrid en la sociedad actual?

Creo que debemos tener una presencia activa en todos aquellos foros donde se debate el futuro de las infraestructuras, de la construcción y de la ingeniería civil.

Pero debemos hacerlo desde una perspectiva estrictamente técnica.

Los ingenieros estamos para aportar conocimiento, experiencia y criterio profesional. Nuestro papel es analizar los proyectos desde el punto de vista técnico y contribuir a que las decisiones sean mejores.

Tenemos que actuar como ingenieros, no como políticos.

¿Cómo valora la relación actual con las administraciones públicas?

En Madrid creo que es buena, pero todavía puede mejorar.

He mantenido reuniones con distintos ayuntamientos y administraciones y existe una buena disposición para colaborar. Sin embargo, debemos reforzar aún más esa relación.

No solamente con el Ayuntamiento de Madrid, sino también con muchos municipios del entorno y con otras instituciones públicas.

El colegio puede aportar mucho valor como interlocutor técnico y como punto de encuentro entre la Administración y los profesionales.

¿Qué papel juega la defensa profesional dentro de su proyecto?

Es una prioridad. Por ejemplo, queremos reforzar la atención a los profesionales que realizan labores de visado, porque existen cuestiones normativas y administrativas que afectan directamente a su trabajo.

También queremos potenciar mucho más el servicio jurídico del colegio. Hay colegiados que todavía desconocen que cuentan con este recurso.

Nuestro objetivo es que ese servicio pueda ayudarles en cuestiones relacionadas con atribuciones profesionales, interpretación de pliegos administrativos o cualquier situación que afecte al ejercicio de la profesión.

La formación es otro de los ejes de su candidatura. ¿Qué cambios plantea?

Principalmente un cambio de enfoque.

Muchas veces desde las juntas de gobierno decidimos qué cursos creemos que necesitan los colegiados y después nos sorprendemos cuando la participación no alcanza las cifras esperadas.

Quizá la pregunta debería formularse al revés. Antes de diseñar la formación, debemos preguntar a los colegiados qué conocimientos necesitan, qué herramientas quieren incorporar a su trabajo y qué áreas consideran prioritarias.

Queremos construir una oferta formativa basada en las demandas reales de los profesionales.

En ese ámbito aparece inevitablemente la inteligencia artificial. ¿Cómo cree que afectará a la ingeniería civil?

Va a transformar profundamente muchos aspectos de la profesión.

Todavía estamos en una fase de adaptación y aprendizaje, pero es evidente que la inteligencia artificial tendrá un impacto importante en ámbitos relacionados con la planificación, el diseño, el análisis de datos y la gestión de proyectos.

Muchos colegiados ya nos están planteando preguntas sobre este asunto.

Por eso queremos impulsar formación específica en inteligencia artificial aplicada a la ingeniería civil y ayudar a los profesionales a comprender cómo pueden aprovechar estas herramientas en su actividad diaria.

No se trata únicamente de seguir una tendencia tecnológica, sino de prepararnos adecuadamente para una transformación que ya está en marcha.

También apuesta por reforzar la colaboración con otras instituciones profesionales.

Sí. Participamos activamente en la Unión Interprofesional y consideramos fundamental trabajar junto a otros colegios.

Cuando las organizaciones profesionales colaboran, la capacidad de interlocución es mucho mayor. Podemos llegar más lejos, acceder a más ámbitos de decisión y defender mejor los intereses comunes.

Además, Madrid se está consolidando como uno de los grandes centros de actividad económica, empresarial y constructiva de Europa, y los profesionales de la ingeniería civil debemos estar presentes en ese proceso.

Si tuviera que resumir en una idea central el proyecto que presenta a los colegiados, ¿cuál sería?

Escuchar. Parece una palabra sencilla, pero encierra gran parte de lo que queremos hacer.

Escuchar a los jóvenes para entender qué esperan de la profesión. Escuchar a los autónomos para conocer sus dificultades. Escuchar a los profesionales veteranos para aprovechar su experiencia. Escuchar a quienes trabajan en la Administración y a quienes desarrollan su actividad en la empresa privada.

Durante estos años he comprobado que muchas veces lo que más agradece un colegiado es que te sientes con él, hables tranquilamente y dediques tiempo a comprender su situación.

Ahí es donde realmente se aprende.

Y creo que esa cercanía, ese contacto directo y esa voluntad permanente de escuchar son la esencia de cualquier colegio profesional que quiera ser útil a sus miembros y afrontar con éxito los desafíos del futuro.