Entrevistas

Marta Nogueras (Lanzadera): "Fuera acaba cerrando el 80% de las startups; con nosotros el 70% siguen vivas a los cinco años"

¿Cuál es el secreto para evitar el fracaso en el ecosistema tan hostil de las startups? Marta Nogueras, directora general de Lanzadera, explica en esta entrevista la aceleradora impulsada por Juan Roig. Una radiografía sin filtros sobre el nuevo perfil del emprendedor maduro, la gestión de la caja y el valor real de "hacer piña".

Marta Nogueras, directora general de Lanzadera
photo_camera Marta Nogueras, directora general de Lanzadera

En un mercado global donde el emprendimiento se vende a menudo como un camino idílico de ideas felices y rondas de inversión millonarias, la realidad de los datos suele actuar como un jarro de agua fría. Levantar una persiana digital o tecnológica hoy en día implica enfrentarse a un ecosistema de alto riesgo donde la mayoría de los proyectos no logran superar la barrera de los primeros años. Frente a este escenario, Lanzadera se ha convertido en una plataforma sólida para escalar proyectos e impulsar su crecimiento sostenido en el tiempo.

Al frente de esta maquinaria está Marta Nogueras, que habla de "dolores", "tratamientos médicos" y "hambre" en los equipos cuando se refiere a los proyectos y a los emprendedores que hay detrás. En esta conversación, explica los motivos reales detrás de las crisis de los fundadores, analiza el peso estratégico que tienen los ecosistemas de Madrid y Valencia en España, y defiende la necesidad de reivindicar el orgullo de generar riqueza y empleo en tiempos de incertidumbre.

¿Cuántos proyectos tenéis ahora mismo de emprendimiento en Lanzadera?

Actualmente tenemos 400 empresas en nuestros edificios y, en total, llevamos más de 1.800 startups aceleradas desde que comenzamos en el año 2013.

¿De qué sectores son estas empresas?

Nosotros siempre hemos sido multisectoriales y tenemos una representación de todos los sectores. Al final, Lanzadera es una aceleradora que focaliza mucho más el programa de aceleración en el liderazgo y la gestión empresarial, y no tanto en el sector o en el modelo de negocio concreto.

¿Por qué surge esta iniciativa?

Esto es una iniciativa personal que impulsa Juan Roig. Él inicia Lanzadera en 2013 como una forma de apoyar la generación de nuevos empresarios tras la crisis económica. Tuvimos otro punto de inflexión en 2020 con la crisis del Covid, porque cuando hay momentos de dificultad es cuando de la angustia tiene que nacer la creatividad y tienen que desarrollarse nuevos proyectos emprendedores; tienen que surgir nuevos empresarios que solucionen los problemas y las necesidades detectadas en el mercado. Al final, para Juan Roig esta es una iniciativa personal para devolver a la sociedad lo que la sociedad le ha dado a él tras estar al frente de Mercadona durante más de 45 años.

¿Cuál es el proceso que debe seguir una empresa que está empezando y quiere participar con vosotros?

Nosotros desarrollamos un programa de aceleración que tiene una duración media de seis meses y hacemos un proceso de selección dos veces al año. Lo que buscamos son emprendedores que estén dedicados al proyecto a tiempo completo, que tengan ambición, capacidad de crecer y que posean conocimiento del sector o del modelo de negocio en el que emprenden.

A partir de ahí, valoramos la empresa. Preferiblemente buscamos que esté en una etapa ya de facturación, puesto que la mayor aportación de valor de nuestra aceleradora está muy orientada a la parte de negocio. Desarrollamos un programa totalmente personalizado para el emprendedor porque nos adaptamos a sus necesidades y a su estado de madurez. Ya llevamos 13 años acelerando muchas startups, contamos con un equipo propio y, además, es importante destacar que el programa de aceleración no toma ninguna participación de la empresa ni tiene ningún coste para el emprendedor.

Si luego vemos cómo evoluciona la empresa, nos gusta su trayectoria y resulta que está buscando inversión, contamos con una sociedad de inversión llamada Angels Capital, que es 100% de Juan Roig, que invierte exclusivamente en startups que pasan por Lanzadera.

¿En qué porcentaje de empresas soléis invertir a través de Angels Capital?

Actualmente tenemos una cartera de unas 70 participadas, más o menos. Podemos invertir aproximadamente en un 5% de las startups que pasan por aquí, pero es una cifra que va a seguir creciendo. Las cantidades varían porque cada caso es diferente, pero para que te hagas una idea del volumen, ahora mismo en Lanzadera tenemos la capacidad, a través de los dos programas que desarrollamos al año, de que entren entre 250 y 300 startups nuevas.

Eso para nosotros es un reto importante porque requiere un equipo propio, un programa que se adapte y un soporte informático potente con nuestra propia plataforma de aceleración. Además de la posibilidad de inversión, tiene muchísimo peso nuestra red de 40 corporaciones que buscan soluciones de innovación abierta. De las 400 empresas que tenemos actualmente en el edificio, el 80% ofrece soluciones para empresas, casi todas de base tecnológica, por lo que surgen muchísimas oportunidades de negocio entre ellas.

De esas 40 corporaciones con las que colaboráis, ¿cuáles podrías destacarnos?

Podemos destacar a Acciona, FCC, Mastercard o Banco Sabadell. Mercadona también participa, por supuesto, pero creo que esa parte se puede dar por hecha. Además, tenemos muchas empresas adheridas.

¿Cómo se estructura metodológicamente esa aceleración? ¿Tenéis una etapa de formación previa?

Funciona exactamente como un proceso médico: primero entendemos en qué punto está la empresa, fijamos su "punto A", le hacemos un diagnóstico y, a partir de ahí, le prescribimos un tratamiento a medida. Si el diagnóstico es que tienes un problema de capital, trabajamos para conseguir una ronda de inversión; si el problema es de control de caja, te activamos formaciones de finanzas, mentorías de inversión, etc.

Cada startup tiene un programa personalizado. Hay dolores que son comunes a todas las empresas, pero durante esos seis meses hay que trabajar con un foco muy claro. El valor de venir a un ecosistema como Lanzadera es que el emprendedor consiga en los seis meses que dura el programa lo que tardaría dos años en conseguir fuera por su cuenta. Nuestro compromiso es reducirles la incertidumbre y acortar drásticamente el tiempo de ejecución.

¿Qué os diferencia a vosotros de otras aceleradoras de startups?

Las aceleradoras podemos ser muy compatibles unas con otras, pero nosotros nos sentimos mucho más cómodos definiéndonos como un centro de alto rendimiento que como una aceleradora tradicional. Si tú tienes a emprendedores de élite que quieren crecer, lo que haces es trabajar con ellos para que tengan más ambición, más autocrítica y una mentalidad de mejora continua; que se dediquen a esto como el proyecto de su vida.

Además, lo que nos diferencia por completo es que nos dedicamos a trasladarles el modelo de gestión de Mercadona, el que desarrolló Juan Roig. De hecho, el propio Juan Roig le dedica un día completo cada seis meses a los emprendedores de Lanzadera para compartirles directamente su visión y su forma de gestionar una empresa. Eso aporta una estructura tremenda.

En ese concepto de Centro de Alto Rendimiento, ¿se generan sinergias reales entre los propios proyectos?

Muchísimas. Fomentar el networking interno entre las startups es fundamental para nosotros. Los emprendedores tienen problemas comunes como empresarios: necesitan vender más, atraer y retener talento, y gestionar el día a día de su organización. Por eso siempre les decimos que, probablemente, dentro de este edificio van a encontrar a otra persona que o bien ya ha superado ese mismo bache o lo está pasando justo en ese momento. El aprendizaje por la experiencia de otro es lo que hace que todo vaya mucho más rápido y nos permite reducir notablemente los costes de ejecución.

¿Cuál es la parte más complicada para un proyecto de emprendimiento que está arrancando?

Al final, nuestro aprendizaje es que estamos en un sector de alto riesgo. El dato de mercado dice que entre el tercer y el quinto año desde que se funda una startup, el 80% de las empresas acaba cerrando. Ahora bien, si me preguntas por el dato específico de Lanzadera, el 70% de las empresas que pasan por nuestros programas siguen vivas a los cinco años. Es un ratio de supervivencia muy alto para lo que es este mercado.

¿Por qué se logra esto? Porque para nosotros es vital que el emprendedor entienda que tiene una startup, sí, pero que una startup es, en esencia, una empresa; y una empresa tiene clientes, tiene trabajadores, tiene proveedores y probablemente tenga inversores. Nosotros hemos detectado que la mayoría de los fracasos en el ecosistema vienen por tres motivos principales: no tener un encaje real en el mercado (es decir, no tener clientes), no controlar la caja (la gestión de la tesorería es un gran problema de crecimiento porque muchas veces no se sabe gestionar) o por líos entre los socios. Normalmente las startups las ponen en marcha una media de dos o tres personas fundadoras, y si no se sientan las reglas del juego desde el principio, se acaban generando conflictos que destruyen el proyecto. Por eso nosotros trabajamos muchísimo la parte financiera, las expectativas y las reglas del juego entre los socios.

Han pasado muchísimas empresas por vuestros programas. ¿Nos puedes mencionar algunos casos de éxito, de los muchos que seguro que hay?

Para que te hagas una idea de nuestro mapa, actualmente el 90% de las startups son españolas y el 10% restante proviene de Portugal, Hispanoamérica y otros países europeos. Dentro de España, el 30% procede de la Comunidad Valenciana y otro 30% viene de Madrid, que son los focos más emprendedores que tenemos. Hay un 10% de Cataluña y el 20% restante pertenece principalmente al norte de España.

Te cuento esto porque en el caso de Madrid estamos muy orgullosos de albergar empresas muy exitosas. Por ejemplo, Shakers, que ganó el premio a la empresa más innovadora en el South Summit; o Sepiia, que hace ropa inteligente que no se mancha ni se arruga, que es un proyecto de moda muy interesante. También en moda destaca Singularu, que es una marca de joyas espectacular, o en el ámbito de la sostenibilidad tenemos a Dcycle, que es una plataforma de medición de huella medioambiental. Como ves, tocamos desde desarrollo de equipos tecnológicos hasta producto físico.

Para mí, lo más destacable de estas empresas son sus líderes, los CEOs. Al final es gente que ha tenido la visión de cubrir una necesidad real que han detectado en el mercado. Es el caso de Federico Sainz de Robles, el CEO de Sepiia. Él es de Madrid, estudió Diseño Industrial y se especializó en innovación textil. Detectó que no había un tejido elástico y tecnológico en el mercado para ser usado en el día a día que repeliera las manchas o el sudor, lo desarrolló y de ahí ha montado una empresa que ya tiene puntos de venta físicos y vende en El Corte Inglés. Para nosotros esa es la clave: el sector puede ser muy variado, pero el éxito radica en la capacidad de ejecución del equipo.

Comentabas antes que la edad media del emprendedor está subiendo. Si tuviéramos que dibujar el perfil concreto del emprendedor actual, ¿cómo sería?

La media actual se sitúa en los 35 años. Hablamos de una persona formada, que probablemente cuenta con un máster y que tiene experiencia profesional previa. La cualidad más clara que detectamos es que el proyecto que montan está directamente relacionado con su experiencia laboral anterior. Si has trabajado en investigación de mercados y detectas que hay una carencia tecnológica ahí, emprendes para solucionar ese problema concreto. Por eso vemos que hay una parte muy importante de emprendedores que vienen del mundo de la consultoría o de la empresa privada, y otra parte que viene del ámbito de la tesis doctoral o la investigación universitaria.

Cada vez vemos más a un perfil que nos encanta: personas que ya han montado empresas antes, que bien las han vendido o las han tenido que cerrar, y se lanzan a fundar la siguiente. También vemos a profesionales que han trabajado en startups y deciden dar el salto para crear la suya propia. Estos dos perfiles están creando una "bola de nieve" de madurez en el ecosistema español. En esto es en lo que nos lleva ventaja Estados Unidos porque allí llevan muchísimo más tiempo creando startups; aquí apenas llevamos 15 años, pero ya estamos alcanzando ese nivel de veteranía.

¿Podrías ponernos un ejemplo concreto de empresa que inspire al resto de proyectos del edificio?

Hay una empresa que está haciendo un trabajo espectacular que se llama Imperia. La montaron tres fundadores que trabajaban juntos en la consultora Deloitte y desarrollaron un software para la planificación de la demanda, enfocado principalmente a proveedores de producto físico en el sector alimentario. Entraron en Lanzadera en 2019 siendo solo tres personas. Hoy ya son más de 100 empleados, prevén alcanzar los 10 millones de euros de ARR al cierre de 2026 y cuentan con el respaldo de inversores internacionales de referencia como Samaipata o Burda.

Para nosotros es un caso de éxito tremendo porque es gente que ha perseguido su sueño haciendo las cosas muy bien y que ha seguido creciendo desde Valencia. Eso es vital para nosotros: que el empleo, el bienestar y la riqueza que se generan se queden en España. Ese es el impacto social que buscaba Juan Roig cuando fundó Marina de Empresas y Lanzadera.

Existe un discurso social que dibuja al empresario casi como un ente maligno. ¿Cuál es vuestra visión al respecto?

Nosotros creemos firmemente que tenemos que estar muy orgullosos de ser empresarios, y Juan Roig es el primero que abandera ese orgullo. Hay que movilizar al sector para que el empresario pueda decir en voz alta que está generando empleo, que está creando riqueza y que está teniendo un impacto positivo en su entorno. Si gestionas bien tu empresa y pagas tus impuestos, estás haciendo que la sociedad prospere y que cada vez más gente quiera que existan empresas.

Los empresarios son el motor que dinamiza un país; el número de empresas de una nación marca directamente su capacidad de innovación. Por eso, desde Marina de Empresas queremos ser el hogar de los empresarios; un lugar donde se respire empresa, donde esté bien visto y donde la gente se sienta orgullosa de lo que se construye aquí dentro.

Por último, ¿cómo veis el futuro de Lanzadera de aquí a 10 años?

Queremos seguir creciendo y apoyando cada vez a más emprendedores. Necesitamos que surjan más scaleups, más empresas del tamaño de Imperia que sigan escalando y se conviertan en referentes destacados, porque esos casos de éxito son los que inspiran a que más gente esté orgullosa y quiera dar el paso de emprender. Y todo esto con una vocación muy internacional. Estamos basados en Valencia, pero cada vez recibimos a más startups que vienen de fuera del país y se quieren establecer aquí en España. Atraer ese talento internacional es algo sumamente positivo para nuestra economía.