De paso por Lima, junto a parte de mi familia, cenamos en el Restaurant “La Bonbonniere” en el barrio de San Isidro. Bien atendidos y con pastas de gran categoría. A nuestro lado se instalaron 3 mujeres de unos 55, 40 y 30 años. Los acompañaba un perro blanco, sospecho de raza poodle. La escena se inicia con una solicitud de las mujeres para que el camarero les traiga un mantel de papel para que, a quien llamaron Vinicius, se sentara en la silla. Lo siguiente fue una permanente adulación por el perro. Todo giró en torno a él. Luego pidieron un plato con agua para la mascota. Le conversaron como si una cuarta persona estuviera en su mesa. En un par de ocasiones el perro ladró, expresando alguna inquietud o protestando por algo que no sería de su agrado. Cada vez que el camarero volvía a la mesa, le sonreía al can. Ciertamente eso aseguraría una mayor propina. El problema de la degradación de los afectos -leer el Diario de Madrid 31-1-24- nos indica que la enfermedad que sufre la sociedad es universal. Chile, también Europa y compruebo que Perú, enfrentan un trastorno progresivo y de difícil rehabilitación. En las grandes y ahora también en las ciudades pequeñas, surgen peluquerías, tiendas de comida, ropa, coches de paseo, cementerios y lugares de esparcimiento para mascotas. Ya hay canales de televisión para perros y en muchas empresas guarderías de mascotas para que el dueño trabaje tranquilo y visite a su perro durante la jornada laboral. Las aerolíneas los aceptan en la cabina y poco a poco algunos ya se atreven a ir a recibir la santa comunión con el perro en los brazos. Para muchos esto de la masificación de las mascotas, ha resultado ser un gran negocio. En efecto, los abogados generan una nueva especialidad en los bufetes, cuál es los juicios por tuición compartida a la hora de la separación de las parejas de “amos”. Ya muchas empresas incorporan en los convenios colectivos, el día libre por fallecimiento de la mascota. Mientras tanto Europa se “musulmaniza” y Chile se “Venezuenaliza”. Las tasas de natalidad caen y muchas parejas jóvenes prefieren un perro antes que a un hijo. Algunos más audaces y más mentalmente dañados, llaman a sus perros como hijos. ¡Qué ofensa más grande significa comparar a un hijo con un perro!. La sola mención pública de tamaña barbaridad, debería ser penada legalmente. Los políticos, en busca de votos, se sacan fotos en las campañas con sus perros y prometen recursos para plazas y lugares para ellos. En los edificios, se debe subir en ascensor con el perro del vecino y en los centros comerciales los canes son más bienvenidos que los niños. Quienes dicen amar a los animales, en realidad son grandes responsables de hacer sufrir a sus mascotas, las cuales pasan gran parte del día encerradas en apartamentos pequeños, en donde la mascota espera ansiosa al dueño para salir de paseo. En medio de esta barbarie, miles y miles de adultos mayores, pasan sus últimos días abandonados y sus hijos o nietos no los visitan. En muchos casos, la razón es que están muy ocupados y después del trabajo deben atender a su mascota. La enfermedad es global, es progresiva y además es silenciada por amos agresivos que impiden que alguien pueda protestar por tener a un perro en el asiento del lado en un avión, o en la mesa del lado en un restaurante. En barrios residenciales de Santiago de Chile, muchos tienen perros en sus casas para protegerse de los asaltos. Los perros ladran toda la noche y es muy difícil pelearse con el vecino por esta razón. Esto lleva muchas veces a no dormir bien por los ladridos del perro del vecino. Si nos vamos a los sectores rurales, al menos unos 3 millones de perros circulan por los campos y bosques chilenos matando animales domésticos y fauna en peligro de extinción. Especies como el Pudú -ciervo pequeño- el Huemul y otras especies son atacadas por jaurías. Adicionalmente, las aves no se pueden reproducir pues los perros se comen los huevos. Los ovejeros de la patagonia chilena, sufren los embates de perros “asilvestrados” que diezman sus rebaños y legalmente no tienen defensa alguna y tampoco puede eliminar a los perros, ni siquiera en casos de flagrancia. Los economistas que son grandes productores de “papers”, la mayoría de los cuales los leen solo ellos y son teóricos al extremo, deberían ocuparse de estudiar los daños actuales y de mediano y largo plazo, producidos por la “mascotizacion” de la sociedad. Los efectos en la natalidad y en el tejido social, en el empleo y en la correcta asignación de los recursos. Mientras tanto Vinicius, seguirá bien atendido por su dueña, probablemente pensando que tener mascotas es mejor que tener hijos.
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