La Receta

España crece… pero sobre cimientos inestables

El último informe de FEDEA, que es un laboratorio independiente de ideas económicas con influencia real en políticas públicas, hecho por Ángel de la Fuente: uno de sus economistas más destacados, centrado en temas fiscales y territoriales, ofrece una fotografía aparentemente positiva de la economía española. Entre 2022 y 2025, España ha liderado el crecimiento en la Unión Europea, con tasas superiores a la media comunitaria y una evolución favorable de indicadores como el empleo o la inflación. Sin embargo, una lectura más atenta del documento revela una realidad mucho menos tranquilizadora.

El propio De la Fuente advierte que el buen comportamiento reciente debe interpretarse “con cierta precaución”, ya que responde en gran medida a factores coyunturales más que a mejoras estructurales. Entre estos “vientos de cola” destacan el dinamismo del turismo —favorecido por la inestabilidad en países competidores—, la llegada masiva de fondos europeos y el crecimiento demográfico impulsado por la inmigración.

Más preocupante es la persistencia de desequilibrios estructurales. El informe señala que, incluso en un contexto de crecimiento robusto, el déficit público se mantiene por encima del 2% del PIB, lo que evidencia la existencia de un déficit estructural significativo. Su origen principal se encuentra en el sistema de Seguridad Social, cuyo desequilibrio supera incluso al del conjunto de las Administraciones Públicas. Este problema, lejos de corregirse, tiende a consolidarse en el tiempo, comprometiendo la sostenibilidad fiscal a medio plazo.

En paralelo, el peso del gasto público ha aumentado de forma notable en los últimos años, al igual que la presión fiscal. Esta evolución refleja una tendencia de fondo que plantea interrogantes sobre la eficiencia del sector público y su impacto sobre la actividad económica.

El mercado de trabajo, por su parte, también presenta claroscuros. Aunque el paro registrado ha descendido de forma significativa, el informe introduce el concepto de “paro efectivo”, que incluye a colectivos como los trabajadores fijos discontinuos no activos. Bajo esta óptica, la mejora del empleo resulta mucho más limitada, lo que sugiere que parte de la evolución favorable responde a cambios estadísticos más que a una mejora real del mercado laboral.

En el ámbito de los precios, si bien la inflación general se ha moderado tras el pico de 2022, persisten tensiones relevantes, especialmente en los alimentos, cuyos precios muestran una notable resistencia a la baja. Este fenómeno erosiona el poder adquisitivo de los hogares y afecta de manera desproporcionada a los más vulnerables.

A estos problemas internos se suman importantes riesgos externos. La escalada arancelaria impulsada por Estados Unidos ya ha tenido efectos negativos sobre las exportaciones españolas, mientras que el conflicto en el Golfo Pérsico plantea un riesgo mucho más severo al amenazar el suministro energético global. Dado el elevado peso de los combustibles fósiles en el consumo energético, un encarecimiento sostenido de la energía tendría consecuencias significativas sobre la economía española.

En conjunto, el análisis de FEDEA dibuja una economía que crece, pero sobre bases frágiles. La ausencia de reformas estructurales de calado y la dependencia de factores externos favorables plantean dudas razonables sobre la capacidad de mantener este ritmo de crecimiento en el futuro. Como sugiere implícitamente, el informe la verdadera prueba no es crecer cuando todo acompaña, sino resistir cuando cambian las condiciones. Y esa prueba, todavía, está por llegar.