Tiempo de pensar

El Día de la Madre: La creación más exigente según Erma Bombeck.

Cada primer domingo de mayo en España celebramos el Día de la Madre, un momento para reconocer el enorme trabajo, amor y dedicación que implica ser madre. Hace unos días, encontré en un cuaderno que escribía mi madre, un texto muy especial de la escritora y humorista estadounidense Erma Bombeck, publicado en su columna del 12 de mayo de 1974. Aunque utiliza una imagen poética de creación, en realidad es una metáfora conmovedora y llena de humor sobre todo lo que una madre debe ser capaz de hacer.
Bombeck imaginó la escena de esta forma:
Cuando el Buen Dios estaba creando a las madres, ya iba por su sexto día de horas extras. Un ángel se le acercó y le dijo:
—Estás dedicando mucho tiempo a esta, ¿no?
Y Dios respondió:
—¿Has leído las especificaciones de este pedido?
Tiene que ser completamente lavable, pero no de plástico.
Debe tener 180 piezas móviles, todas reemplazables.
Funcionar con café negro y sobras de comida.
Tener un regazo que desaparezca cuando se ponga de pie.
Un beso que pueda curar cualquier cosa, desde una pierna rota hasta un desengaño amoroso.
Y seis pares de manos.
El ángel sacudió la cabeza lentamente y dijo:
—Seis pares de manos… ¡eso es imposible!
—No son las manos lo que me está dando problemas —respondió Dios—. Son los tres pares de ojos que una madre necesita tener.
—¿Tres pares de ojos? —preguntó el ángel, sorprendido.
—Sí —continuó Dios—. Un par para ver a través de las puertas cerradas cuando sabe que su hijo está haciendo algo que no debe, pero decide confiar. Otro par para mirar con paciencia y amor cuando su hijo comete errores. Y un tercer par para mirar hacia el futuro y anticipar lo que su hijo necesitará incluso antes de que él mismo lo sepa.
Además, tiene que ser blanda al tacto, para que sus abrazos consuelen cualquier herida del alma, pero al mismo tiempo fuerte y resistente, capaz de sostener a su familia en las tormentas de la vida. Tendrá que correr todo el día sin cansarse, trabajar sin quejarse y amar sin condiciones.
Al final del proceso, el ángel se inclinó y pasó un dedo por la mejilla de la madre.
—Hay una fuga —dijo.
—No es una fuga —respondió Dios—. Es una lágrima.
—¿Y para qué sirve esa lágrima? —preguntó el ángel.
—Es para expresar alegría, tristeza, decepción, dolor, soledad y orgullo.
El ángel, admirado, exclamó:
—Eres un genio.
Y Dios, con semblante serio, respondió:
—Yo no la puse ahí.
Erma Bombeck, que fue madre y conocía profundamente las alegrías y fatigas de la maternidad, escribió este relato con una mezcla perfecta de humor, ternura y admiración. Su columna se volvió tan popular que millones de personas la recortaron del periódico y la guardaron durante años.
Este Día de la Madre, más allá de los regalos, el mejor homenaje es valorar todo ese esfuerzo invisible: las múltiples manos que hacen mil cosas a la vez, los ojos que ven lo que otros no notan, la suavidad que consuela y la fortaleza que protege. Y esa lágrima silenciosa que contiene toda la gama de emociones que una madre vive por sus hijos.
Feliz Día de la Madre a todas las madres: biológicas, adoptivas, que crían solas o que acompañan con amor incondicional. Gracias por ser esa obra tan compleja, tan humana y tan extraordinaria.¡Te amo, mamá!