La Plaza de Bolívar de Bogotá, en Colombia, volvió a ser escenario de poder. A las seis de la tarde de ayer miércoles, tras una espera de más de dos horas que alimentó críticas y expectativas, el presidente Gustavo Petro llegó a la tarima cuando el Himno Nacional ya envolvía a una multitud estimada en más de 40 000 personas. Concentraciones simultáneas en ciudades como Medellín, Cali, Santa Marta, Bucaramanga, Manizales, Armenia y Tunja, confirmaron que la convocatoria tenía alcance nacional.
Petro habló sin intermediarios y sin preámbulos al “pueblo raso” que lo esperaba: vendedores ambulantes, madres cabeza de hogar, adultos mayores, habitantes de calle, sindicatos, desempleados, trabajadores de base, profesionales, amas de casa y ciudadanos que lo recibieron con la consigna “Petro, el pueblo está contigo”. La movilización respondía a las amenazas de Donald Trump y reafirmaba que la defensa de Colombia no se delega, la asume “su” gente.
El presidente explicó que había preparado un discurso, pero debió dar otro. La razón: una conversación telefónica con Trump que se prolongó alrededor de una hora retrasó la salida de la Casa de Nariño. Este giro marcó el tono: firme en la calle, pero consciente del tablero internacional.
En uno de los pasajes más sensibles de su intervención, Petro afirmó que, si alguien osara hacerle daño a él o a Colombia, “el pueblo entraría al conflicto”, enmarcando la historia de dos siglos de violencia que, desde 1948, ha dejado más de 700 000 muertos como consecuencia de la exclusión social y económica. El argumento buscó legitimar la movilización como expresión de memoria y resistencia.
El presidente defendió su trayectoria en la lucha contra el narcotráfico y rechazó acusaciones de sectores de la derecha que lo vinculaban con estructuras criminales inexistentes. Aludió a los expresidentes Iván Duque y Álvaro Uribe Vélez, así como al exfiscal Néstor Humberto Martínez, responsabilizándolos, junto con otros políticos de derecha, de haber distorsionado la información que llegó a Trump. Recordó que fue él como congresista quien denunció vínculos del 35 % de los legisladores con paramilitares.
“Trump no es bobo”, dijo Petro, explicando que el mandatario estadounidense fue mal informado por opositores colombianos. Anunció además que, invitado por Trump, viajará a Estados Unidos para profundizar el diálogo, y la jornada cerró con la imagen simbólica de un abrazo telefónico entre ambos mandatarios.
El balance es doble. En la plaza, Petro demostró capacidad de convocatoria y control del relato popular. En la diplomacia, optó por el canal directo con Washington. Lo que comenzó como una movilización de protesta se convierte en el primer gran acto político de un año electoral decisivo, donde la calle y la comunicación directa con líderes internacionales se entrelazan como escenarios de poder y campaña. Como en el ajedrez, el presidente movió el alfil, pero la partida aún no termina. Comentarios al correo jorsanvar@yahoo.com