Del sur xeneixe

Entre vinilos y recuerdos: cuando la música de Serrat se convierte en memoria

Esa noche terminé de descubrir  a Serrat definitivamente, intuí que a través de los  temas antológicos que había dado ya a luz, lo convertirían en una compañía inseparable en los días por venir y así sucedió!

Las décadas siguientes confirmaron aquella intuición inicial; no dejé de sorprenderme por la calidad poética de la mayoría de sus nuevas producciones.

A la par, fue creciendo la colección particular de sus temas; versiones de sus mejores canciones en todos los  formatos, conocidos; cassettes, placas de  vinilo y CDS incluye mi discoteca.

Nació al mismo tiempo que una perdurable admiración por su talento musical, el interés  por conocer las fuentes literarias y musicales que habían nutrido  su formación cultural.

El documento más preciso que encontré a ese respecto, fue el reportaje que con fecha 5 de agosto de 1970, en calidad de periodista radial, le realizó el cantante y compositor uruguayo Alfredo Zitarrosa, ya en esa época convertido en una de las más grandes voces del  folk rural y urbano rioplatense (en mi criterio la mayor!) movido seguramente por las cualidades poéticas- musicales que descubriera en su cancionero.

Después de escuchar el  diálogo mantenido con el gran intérprete uruguayo,  surgieron en mi espíritu más motivos de asombro…!   

Serrat respondiendo a una pregunta de su colega, le expresó que  entonces tenía poco más de 20 años cuando descubrió a los grandes poetas españoles de la generación del 27, pues la infausta dictadura franquista que se extendió por casi tres décadas y media, había acallado (cuando no…asesinado) a alguno de sus miembros más relevantes; tempranamente la divina palabra del poeta se había transformada en arma temible para el dictador!

Agregó luego que fue en el año 1969 cuando  musicalizó la notable obra de Antonio Machado (excepción hecha de Retrato, cuya adaptación musical fue obra de mi connacional Alberto Cortez), placa canónica a la que vuelvo continuamente para redescubrirle nuevas sonoridades a sus giros poéticos.

Es de notar que siendo admirable la musicalización que realizó de la poesía del  sevillano, no es de menos estatura  ese homenaje  de su autoría que en forma de poema incluyó en el mismo disco a través del tema  “En Colliure” en el que dice con elocuencia y verdad ..”Profeta/ni mártir/quiso Antonio ser/y un poco de todo/lo fue sin querer”.

Las mismas consideraciones  caben formular frente a  la musicalización de la obra de Miguel Hernández realizada casi tres años más tarde,  en las que reúne las tensiones de su raíz temperamental  a la desafiante cualidad dramática que domina la poesía militante del pastor de Orihuela.

La  relación de empatía espiritual que mantuve con el arte poético y musical de Serrat desde el comienzo de su carrera, ha sido tan visceral, que puedo recordar, en  algunos de sus clásicos temas,  resonancias que llegaron a los intersticios más íntimos de mi joven familia de entonces..

Las protagonistas han sido mis dos hijas mayores, Paula Constanza y María Florencia y  en algún caso…yo mismo!

Está  excluida de estos episodios solo mi hija menor,  María Laura, que  por entonces giraba musicalmente sobre otros ejes, en particular el rock nacional

El primero de ellos sucedió en 1975, en medio de las pausas laborales que me imponía buscando evitar que se esfumaran más velozmente las  horas de  su infancia.

Solía entonces dedicarme a escuchar  con particular interés, los vinilos que contenían los homenajes a Antonio Machado y  Miguel Hernández, o en otros momentos, a memorizar las letras de temas particularmente bellos como “Cuando me vaya”, “Como un gorrión”, “En nuestra casa”  “Lucia”o “Mediterráneo”.

Para ello, me sentaba en los sillones del living o a veces, decidía hacerlo caminando y  canturreando las letras dentro del mismo ambiente.

Era el momento preciso en  que Paula,   algo mayor a 3 años, buscaba  mi compañía, y  cuando en el tocadiscos comenzaban a sonar las notas de “Como un gorrión”,  al llegar al estribillo que dice “pajarillo pardo que en las carreras de San Bernardo quedó tu nido seco y vacío quizás algún niño ya lo robó”  comenzaba a mover con gracia su cuerpecito tratando de acompañar el ritmo, movimiento que despertaba mi sonrisa de padre.