Cuando varios candidatos intentan apoyos de distintos países, para asumir la Secretaría General de la ONU, se conocen detalles de la profunda crisis que afecta al elefante mundial de la burocracia. En distintos medios y en distintos países he venido denunciando durante al menos 10 años, la deplorable gestión de Naciones Unidas. En efecto, miles de empleados bien pagados han disfrutado de un trabajo sin exigencias, en lindas ciudades y con nulo control de gestión o auditorías independientes. La izquierda mundial y el llamado “progresismo”, han enquistado a miles de amigos “defensores” de la igualdad, la inclusión y el estatismo. En concreto, la ONU y sus decenas de organismos relacionados no han sido capaces de detener conflictos, de promover el mercado o de disminuir la pobreza. Sus “casas matrices” están en Nueva York o Ginebra. En el caso de la CEPAL su casa matriz está en el elegante barrio de Vitacura, donde viven los “ricos”. La mafia interna se organiza de tal manera, que produce centenares de estudios y “papers” en donde se habla en complicado, se explica lo que pasó y se compara peras con manzanas con una liviandad insoportable. La candidata de México, Brasil y de la izquierda chilena - no del recién electo gobierno o de la mayoría de los chilenos- es Michelle Bechelet, una marxista expresidenta de Chile, amiga de Honecker, el asesino de Berlín. Bachelet, campeona de la inmigración ilegal en Chile, admiradora de los Castro y de Chávez, ahora se presenta como demócrata y amante del multirateralismo. La ONU está quebrada, no tiene un plan y ha perdido el apoyo de los Estados Unidos. Por todo lo anterior la ONU agoniza. Preocupa, eso sí, que en este dramático escenario, la CEPAL - vinculada a la ONU - lleva adelante un megaproyecto de ampliación de su sede en Santiago de Chile. La Comisión Económica para América Latina CEPAL, es un receptáculo de funcionarios de izquierda. Fue dirigida 13 años por la marxista Alicia Bárcena, amiga de Fidel Castro y hoy parte del gobierno mexicano. Bárcena fue embajadora en Chile y después ministra del inefable AMLO, ex presidente de México. Es difícil pensar en una reforma de la ONU. Lo racional es su cierre definitivo, incluyendo el despido sin indemnizaciones a sus más de 130 mil funcionarios. Deberá refundarse una nueva entidad, con nuevas normas y objetivos y con la debida evaluación de desempeño para sus empleados. Continuar con el show actual no merece la pena. Que se vendan sus edificios y activos y se liquide la ONU. Todo lo demás es una farsa. Ojo es si, con la reaparición de nuevas “mini-ONUS”, como el Banco CAF que compite y se traslapa con el BID. Uno con Estados Unidos y el otro sin. Nuevas entidades capitalizadas por gobiernos para colocar funcionarios con el loable fin de promover el “desarrollo”. No matemos a un elefante para revivir elefantitos. Al final del día, los contribuyentes financiamos la inoperancia. No más abuso multilateral, en el nombre de los más desposeídos.
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