Los ojos de las pescadillas son redondos, grandes y hundidos.
Colocadas ellas sobre el mármol de la pescadería, esos ojos se parecen muchísimo a los de algunos ministros y diputados de un Partido político que puebla el Congreso nadando siempre y guardando la ropa en el “y tú más” y en él “lo hacemos genial y no tenemos ni idea de cuantas cosas súcubas ocurran a nuestro alrededor, ni de quien o quienes son sus depredadores autores”.
Los ojos de las pescadillas del Congreso no tienen brillo y son mortecinos por culpa de la mala calidad del agua en la que viven, tan falseada y corrupta…
Su iris no deja paso a la luz, pero a pesar de tal aspecto deleznable ¡resulta que pueden ver!, son capaces de percibir innumerables espectros de colores y luces ultravioleta y un largo etc. que a los humanos nos vienen grandes, pero que don Dios Sánchez maneja, nunca mejor dicho, divinamente y a propia conveniencia.
Por eso escapan de cualquier entendimiento de decencia cuando son capaces de negar lo evidente con una desfachatez y un cinismo alucinantes, cuando se desmarcan, todos a una, de lo que sucede en este país que han devastado, cuando desechan lo que no pueden tragar (la dimisión por ejemplo) y se convierten en un “banco” de pescados agrupados si les amenazan con destapar sus líos, sus mentiras, sus latrocinios etc., los temibles tiburones de la derecha y la ultraderecha, y la prensa libre, y los jueces honestos, que al parecer no tienen tarea más importante que la de “pescar pescadillas”.
Los ojos de las pescadillas no tienen párpados, tampoco les hacen falta porque reconocen a su dueño, a quien les alimenta, y comen de su mano evidentemente sin pestañear.
Es lo que ocurre con don Dios Sánchez respecto a sus acólitos, que demuestran memoria siguiendo a rajatabla sus consignas para hacer méritos y esperar con la boca abierta el gusanito de un carguito, y cobrar un sueldo a fin de mes, aún sin saber hacer la o con un canuto. Lo único que se valora es dar palmas con las aletas al amado líder.
Los ojos de las pescadillas son el termómetro de su estrés.
Si, las pescadillas se estresan en el mismo momento en el que se las lleva la contraria, que se las coloca en una posición que deja al descubierto sus empresas fantasmas, su evasión de impuestos, sus viajecitos dominicanos, venezolanos y panameños, y en definitiva su falta de escrúpulos y de vergüenza.
Pero el estrés en las pescadillas no siempre se percibe a primera vista, aunque los entendidos lo detectan en el aumento de sus insultos a los demás, en sus cambios de color, y fundamentalmente en su comportamiento errático, como por ejemplo y presuntamente el de don Puente defendiendo, inflado y resoplando como un gorila empachado de bananas al ministro Marlaska, frente a las acciones reprobables de su recomendado el DAO de la policía nacional (agresión sexual).
Muy de OSCAR su defensa Marlaskera y muy generosa teniendo en cuenta que la suya propia frente a las vías y los baches y la presas y las víctimas, sobre todo las víctimas, deberían tenerle sumido en la oscuridad más absoluta. Pero ya eso de los trenes que transcurrió hace un mes, es historia y de nuevo el posterior escándalo deja eclipsado al anterior volviéndose protagonista y así sucesivamente.
Y son los ojos de las pescadillas quienes delatan su putrefacción. No tienen la pupila negra brillante sino cada vez más hundida y turbia.
¡Qué preocupación!... Quizás a don Dios Sánchez cada vez se le da peor el milagro de los panes y los peces.