Siempre se ha dicho que de Madrid al cielo, pero poco sabemos de él. Nuestros cielos son limpios, nítidos, profundos, lo que les hace excelentes para contemplar sus misterios. Hasta tal punto que cuando los Estados Unidos buscaron por todo el planeta lugares con unas condiciones privilegiadas en radioastronomía para el control de su carrera espacial, encontraron tres puntos perfectos: Camberra, California ... y Madrid, centrándose sobre todo en Fresnedillas. Esta última era imprescindible por tener unas condiciones inmejorables tanto para las señales de voz, como telemetría y televisión. Esto fue la causa de que fuera clave para el programa Apolo ya que era la única que podía tener contacto directo, total e instantáneo con los astronautas.
Y por ello, a las 9.17 de la tarde del día 20 de julio de 1966, fue Madrid el primero en verles alunizar y oír aquellas históricas palabras dichas por Neil Armstrong Trankylity Base here. The Eagle has landed Huston. De manera que cuando Nixon recibió la noticia, en Fresnedillas ya lo estaban celebrando con cava y jamón. Luego ya llegaría la otra famosa frase de un pequeño paso para el hombre y un gran salto para la humanidad. Lo cierto es que Nixon tenía ya preparado un comunicado para el caso de que la aventura no saliera bien. Por cierto, que los centros de Robledo de Chabela y Fresnedillas siguen siendo una pieza clave para los centros astronómicos europeos que investigan el espacio profundo.
Pero ahora no quiero referirme sólo a los héroes actuales, sino a esos otros que lo habitan desde hace miles o millones de años. Me refiero a los protagonistas de la mitología griega. Uno de mis preferidos es Orión, al que tan perfectamente puede distinguirse durante toda la noche a causa de las tres estrellas brillantes, inclinadas, que forman su cinturón.
Su origen fue extraordinario, pues su padre Hirieo deseaba tener un hijo sin conseguirlo. Pero gracias a su devoción por Zeus, Hermes y Posidon, estos le dijeron que orinase (de ahí su nombre), sobre la piel del toro que acababa de sacrificarlos y que la enterrase durante nueve meses lunares. Al cumplirse el plazo nació este gigante cazador bastante mujeriego, como casi todos los personajes mitológicos. Ellos y ellas.
Su historia es larga y complicada pero solo me ceñiré a su implicación celeste. Parece que acosaba a Artemis y a alguna de sus ninfas con la evidente intención de haber coyunda placentera. El problema estaba en que ella y sus ninfas practicaban una estricta castidad cuyo incumplimiento implicaba la muerte. Avisado Zeus por su hija, envió a un escorpión que le picó en un talón provocándole la muerte. Esta es la causa de que en el cielo la constelación de Escorpio esté tras la de Orión cerca de uno de los pies de este.
Pero aún sigue la historia, ya que nuestro héroe, que siempre pensaba en lo de siempre, había perseguido también a las Pléyades (a todas), que eran las siete hijas del Titán Atlas. Para impedirlo, Zeus las salvó convirtiéndolas en estrellas, siendo uno de los grupos más fácilmente localizables por su intenso brillo. Y, para que no olvidase la lección, las colocó delante de Orión que en su caminar por el cielo, nunca puede llegar a alcanzarlas. Pero aún la historia sigue. Eos, la aurora, estaba muy enamorada de él sin ser correspondida, por lo que decide raptarlo, costumbre muy arraigada entonces, siendo esta la causa de que, al llegar el amanecer Orión desaparezca del cielo al ser raptado cada día por Eos.