No es autor en agraz, no, quien ha escrito "La invención del agravio" (Alianza Editorial, 2026) pues a Félix Ovejero Lucas (Félix d’O para los amigos) ya le debíamos desde mucho ha –yo, al menos, como español tengo deuda para con él- la acerada disección, en distintos medios, del nacionalismo periférico en España (puro independentismo cainita vilmente oportunista, llamando a las cosas por su nombre) cuya finalidad es la corrosión y desgaste de los materiales de contignación y estructuración democrática. Eso en cuanto a la finalidad. En cuanto al método, la astucia independentista consiste en la fabricación de una identidad herida. En “La invención del agravio” Félix d’O demuestra, y demuestra bien, que el independentismo subvierte la realidad y la razón sacándose de la manga agravios económicos, culturales y económicos –que lastran o anulan la capacidad crítica de una ciudadanía enferma de odio hacia España- densificando la violenta voluntad de ruptura.
Por ejemplo, los austracistas catalanes se crecieron rememorando sin ton ni son 1.714. Puro cuento. Me interesa consignar que Viena es sede de la Escuela Española de Equitación (Spanische Hofreitschule). Aunque fundada en 1571, el edificio que la alberga, considerado por algunos el mejor picadero del mundo, fue mandado construir por el emperador del Sacro Imperio, Carlos VI, rey titular de España entre 1703 y 1714, sin llegar a reinar, y archiduque, por título, de los catalanes. El reinado de Carlos VI estuvo marcado por las querellas sucesorias de las dinastías europeas abriendo la suya un conflicto generalizado. Tomen nota los independentistas: Carlos VI renunció al trono de España en 1714 en el tratado de Rastatt. Esta es la realidad objetivamente histórica que no se escapa a la mirada de águila de Félix d’O
Si bien se mira, quizás convenga recordar ahora que en estas mismas páginas apunté alguna referencia al autor hoy reseñado (1). Todo el mundo –esto es, la masa- se pega al terreno para subsistir, o se sube al carro: hay que ir con los que van ganando (o lo parece). Aparte, muy aparte, están las minorías disidentes. Por conocimientos, por carácter, por tocar las narices o por preventivo entrenamiento anti-totalitario. La disidencia, también es cierto, sólo por serlo no conduce imparablemente a caminos de libertad pero al menos pone las cosas algo más difíciles al embridado de almas (hay disidentes imbéciles profundos que se apartan del mainstream por puro analfabetismo complotista). En tanto disidente ejemplar me viene a las mientes Félix dO, de legendaria inteligencia, cultura científica y criterio propio -que no siempre comparto- gentleman inmune a presiones que ahormen lo que resiente y considere. Félix d’O es de izquierdas, sin duda, pero de una izquierda tan sólidamente bien informada que puede confluir en ciertas circunstancias con personas lúcidas de la así llamada extrema derecha (cuando la Covid, por ejemplo, o ahora en la guerra de Ucrania). Y esto no es intentar la cuadratura del círculo. No lo es, digo yo, sino simple sentido común, a la par que el acuerdo sin excepciones en el arcoíris político de que el agua corriente a domicilio es uno de los grandes logros técnicos y sociales de todos los tiempos. Pero como Félix d’O, en la izquierda, enferma del Absolutismo del Bien, hay uno entre mil.
En “La invención del agravio”, y a diferencia de otras obras suyas más teóricas, el autor agavilla apabullante lista de argumentos centrados marcadamente en la psicología política al analizar como se fabrica fraudulentamente la sensación de ser víctima del colonialismo español. Lo cual sólo puede calar en una sociedad enferma, sin defensas racionales, por haber sido previamente inoculada con toneladas de odiosos, delirantes virus supremacistas. Virus que generan, sin duda, matonismo antiespañol en parte fomentado por las élites políticas de Madrid proclives a aplicar paños calientes a la rabia enfebrecida. Sucede que con el nacional-independentismo no se puede debatir pues no busca la verdad sino la confirmación de su propio mito.
En definitiva, es este el libro más beligerante y mordaz de Félix d’O al deslastrarse del tono sobrio habitual en sus obras académicas. Aquí Félix d’O se tira al barro armado solamente –en un medio totalmente hostil tal la Universidad y la sociedad catalana en conjunto- con su libro, su dignidad, su cultura, su inteligencia y su arrojado instinto de viejo hidalgo español.
Vayan en honor del viejo amigo y joven maestro estos modestos versos con afecto y admiración: Frente al dogma que impone su frontera,/se alza un hombre de digno pensamiento,/que no cede al ruidoso sentimiento/
ni a la farsa de una patria de quimera/. Su inteligencia única y superior/desmonta el mito, el agravio y la mentira;/mientras el coro identitario aspira/a silenciar la voz del eminente pensador/. Independencia de criterio es su bandera,/razón ilustrada en tiempos de invento,/fiel al ciudadano, no a la madriguera/.Luchador solitario frente a ciento, la pluma es ética, la palabra es fiera: lección de honor en un mundo de lamento/.