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  <title><![CDATA[El Diario de Madrid :: RSS de «Juan José R. Calaza»]]></title>

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    <description><![CDATA[Noticias de Madrid y la Comunidad de Madrid. Actualidad, economía, política, cultura, sociedad, empresas, tecnología, entrevistas y análisis en el periódico digital de los madrileños.]]></description>
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  <title><![CDATA[El Caso Conde/Banesto reconsiderado]]></title>
      <category><![CDATA[Opinión]]></category>
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  <pubDate>Sun, 19 Apr 2026 08:53:44 +0200</pubDate>
      <dc:creator><![CDATA[Juan José R. Calaza]]></dc:creator>
        <description><![CDATA[ Mi precedente artículo (1) remataba de forma un tanto perentoria que conviene aclarar y precisar. Me proponía “probar” hoy “dos” cosas apoyándome en el trabajo del físico L. Gunn (2016) y su equipo, referenciado en (1). El trabajo apunta a que...]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[<p>Mi precedente artículo (1) remataba de forma un tanto perentoria que conviene aclarar y precisar. Me proponía “probar” hoy “dos” cosas apoyándome en el trabajo del físico L. Gunn (2016) y su equipo, referenciado en (1). El trabajo apunta a que las condenas (o aclamaciones) por unanimidad pudiesen estar afectadas por sesgos o juicios de valor. Esas “dos” cosas son: a) Einstein, a pesar de la unanimidad que lo aureola, no fue el genitor de la Teoría de la Relatividad; b) Mario Conde fue condenado por aplicación de la falacia del consenso/unanimidad lo cual, consideraciones jurídicas aparte, lleva a sospechar científicamente que no hubiese sido juzgado imparcialmente. De la misma forma que la aclamación unánime que gozó en su época dorada fue quizás excesiva –¡<em>Mario, queremos tener un hijo tuyo</em>!, berreaban a las puertas de la Catedral de Santiago- no lo fue menos la unánime condena posterior, al judicializarse el Caso Conde/Banesto.</p>

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	<div class="article-data"><a href="/articulo/opinion/falacia-consenso/20260412104203127129.html">La falacia del consenso</a></div>
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<p>Si bien se mira, “dos” cosas van a ser demasiadas teniendo en cuenta el espacio disponible para un artículo de Opinión, dejemos lo de Einstein para otra entrega. La segunda aclaración concierne a “probar”. En relación a probar que una proposición es verdadera debemos tener en cuenta que Verdad, lo que se dice Verdad demostrable, solo existe en lógica o en matemáticas. Y no siempre. Hay teoremas o proposiciones que siendo verdaderas no puede probarse que lo sean, son indecidibles (primer teorema de incompletitud de Gödel). Lo mismo sucede con teoremas o proposiciones falsas que no puede probarse que lo sean. Evidentemente, no pretendo probar (¿o debería decir “mostrar”?) este tipo de Verdad/ Falsedad fuerte, sino acercarme a certezas más o menos probabilísticas. Es sabido, o debería serlo, nadie está en posesión de la Verdad. Todos sufrimos de racionalidad limitada y de una serie de sesgos o prejuicios cognitivos, razonamientos aparentemente fiables pero afectados de errores de juicio.</p>

<p>Sin duda, el Derecho, como las matemáticas, es un sistema lógico-probatorio. No se trata del mismo tipo de lógica ni del mismo tipo de pruebas aunque la así llamada Lógica jurídica sea perfectamente coherente en su contexto. Que un sistema lógico sea no contradictorio es de la mayor importancia en evitación de probar A y también no-A. Esta coherencia no se observa judicialmente, universalmente en el tiempo y el espacio, pues una persona puede ser declarada culpable (A) de ciertos cargos en instancia inferior y, con las mismas pruebas pero otro tribunal, inocente (no-A) en el Supremo.</p>

<p>El enfoque de L. Gunn (2016) va mucho más allá que el Teorema del Jurado (Condorcet, cf. (1) ). El análisis de Gunn combina la&nbsp;agregación estadística clásica&nbsp;con la&nbsp;teoría físico-matemática de detección de señales. En sistemas que reposan en un zócalo de ruido estadístico (white noise), la probabilidad de observar una secuencia larga de resultados idénticos, sin fallos, tiende a cero, sugiriendo que la evidencia abrumadora es en realidad una prueba de sesgo de selección o fallo en el proceso de recolección de pruebas (o presión sobre jueces/jurados). Según el enfoque de Gunn, un Jurado/Tribunal que recibe una avalancha de pruebas “perfectas” debería, de manera intuitiva o racional, percibir que algo anda mal. Un Jurado/Tribunal objetivo actuando con recto proceder debería valorar más una metodología que reconozca sus propias limitaciones, y ampare las discrepancias, que otra que se presente con solvencia probatoria incuestionable, a fortiori si el supuesto reo no deja a nadie indiferente y el eco se repercute mediáticamente en un juicio paralelo.</p>

<p>El artículo de Gunn y otros (<em>Too good to be true: when overwhelming evidence fails to convince</em>), introduce elementos disruptivos en la lógica del Teorema del Jurado. Clásicamente, consideramos que cuantas más pruebas se presenten contra un acusado y mayor la unanimidad de jueces/jurados/votantes, cuanto más numerosos mejor, más segura es su culpabilidad. Si diez testigos identifican al sospechoso, estamos más seguros que si sólo son dos. Gunn argumenta que, en sistemas complejos plagados de pequeños errores sistemáticos (o sesgos), la unanimidad perfecta o una evidencia abrumadora puede ser un indicador de error, no de verdad. En el mundo real, es estadísticamente probable que existan errores: un testigo que se confunde, una prueba de laboratorio contaminada o un malentendido. Si en un caso complejo –o complejísimo, como el de Conde/ Banesto- se presentan veinte pruebas/votos y las veinte apuntan en la misma dirección sin una sola discrepancia ni voto particular, el observador racional debería sospechar que hay un fallo sistémico o sesgo de confirmación o presión política que está filtrando la realidad. En el contexto de un Jurado/Tribunal, esto significa que si todos los miembros llegan a la misma conclusión, sin votos particulares y sin fisuras, en un caso difícil, podría no deberse a la claridad de la evidencia, sino a un sesgo compartido que ha ahormado y embridado la independencia de criterio. La concordancia perfecta/consenso/unanimidad en un sistema probabilísticamente ruidoso es, en sí misma, señal sospechosa. Gunn y su equipo nos enseñan que la falta de discrepancia y la unanimidad deben reconsiderarse. Por ello, la vieja sabiduría talmúdica absolvía a un reo condenado a muerte unánimemente por los 23 jueces del Sanedrín.</p>

<p>Cuando la unanimidad es abrumadora, no hay disidencia, es probable que no estemos ante la verdad, sino ante un sesgo sistémico que ha secuestrado la deliberación o algo peor: presiones sobre los miembros del Jurado/Tribunal ¿Cómo podemos aplicar todo esto al caso Conde? Mostrando la unanimidad en su condena. Ahí va.</p>

<p>Mario Conde fue siempre condenado por unanimidad, no sólo en materia penal sino también en procedimiento contencioso-administrativo, mercantil y civil. Y en el Constitucional. Demasiada unanimidad aplicando los criterios de Gunn. 3 jueces en la Audiencia. 5 jueces en el Supremo. Ningún voto particular, ni la mínima discrepancia. No sólo eso sino que hay pruebas de persecución y ensañamiento. En el caso Argentia Trust se presentó recurso, ante el TEDH, pero fue inadmitido sin más, sin entrar en el fondo, siguiendo la solicitud del Abogado del Estado español actuando a instancia de parte contra Conde. La única vez que una sentencia fue favorable a Conde/Banesto, en primera instancia, la Fiscalía recurrió de inmediato consiguiendo que se agravaran las penas, asimismo por unanimidad, en el subsiguiente juicio (sentencia del Supremo en Casación). Esto condujo a violación del principio de doble instancia penal según dictamen del Comité de Derechos Humanos (ONU) que reza así:</p>

<p><em>“El Comité toma nota de las alegaciones del recurrente en el sentido de que su condena en Casación por dos cargos de los que fue absuelto en primera instancia, y la consecuente agravación de su pena,</em>&nbsp;<em>no fueron revisadas por un Tribunal superior. La ausencia del derecho a revisión</em>&nbsp;<em>por un Tribunal superior de la condena impuesta por un Tribunal de apelación, después de que la</em>&nbsp;<em>persona hubiera sido declarada inocente por un Tribunal inferior, constituye una violación del párrafo</em>&nbsp;<em>5 del artículo 14 del Pacto.2</em>.”&nbsp; El Supremo, por unanimidad de nuevo, consideró que este dictamen no era vinculante. Y hasta hoy. Para la Historia: uno de los magistrados que conformaban esa unanimidad había sido ponente de la condena en Casación. O sea, prácticamente a todos los efectos, juez y parte. Nunca mejor dicho.</p>

<p><em>Last but not least</em>, voy a aportar una prueba, crucial, de la persecución política y la unanimidad inquisitorial contra Conde. Y tanto es así que en 1995 se publicó, de la autoría de Martín García Vega, el libro “El Congreso frente a Mario Conde: las actas de la comisión parlamentaria sobre la intervención de Banesto”. Lo de “frente” mete miedo, es puramente vomitivo. Jamás se ha visto tal unanimidad, ni en el Politburó, ni en las Cortes franquistas. Ni un solo voto particular, ni la mínima discrepancia.</p>

<p>Resumiendo. La Justicia, debemos entender, es un ejercicio de probabilidad donde la perfección consensual de la unanimidad es, a menudo, señal de error, prejuicio, corrupción, presión política o sesgo oculto. No lo digo yo, lo sugieren la física y las matemáticas. Y El Talmud.</p>
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        <media:text><![CDATA[Juan José R. Calaza]]></media:text>
        <media:description><![CDATA[Juan José R. Calaza]]></media:description>
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                        <item>
  <title><![CDATA[La falacia del consenso]]></title>
      <category><![CDATA[Opinión]]></category>
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  <pubDate>Sun, 12 Apr 2026 10:42:03 +0200</pubDate>
      <dc:creator><![CDATA[Juan José R. Calaza]]></dc:creator>
        <description><![CDATA[ Todo modelo matemático es simplificación de la realidad. Sea esta realidad la que adscribimos a las ciencias sociales, ciencias naturales, ciencias físico-químicas u otras. Sin pretender establecer una relación exhaustiva, también existen modelos...]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[<p>Todo modelo matemático es simplificación de la realidad. Sea esta realidad la que adscribimos a las ciencias sociales, ciencias naturales, ciencias físico-químicas u otras. Sin pretender establecer una relación exhaustiva, también existen modelos matemáticos del lenguaje aplicados en lingüística, informática o inteligencia artificial. La simplificación es necesaria vista la complejidad de la realidad, las múltiples hipótesis, matices y facetas encriptadas en lo que el modelo pretende representar. De hecho, algunos fenómenos –nubes y aerosoles en general- son demasiado complejos para poder modelarlos matemáticamente con precisión absoluta. También es cierto que la capacidad intelectual humana tiene límites, al menos en cuanto al conocimiento en cada época. Ni siquiera existe una teoría general del clima ni sabemos si las ecuaciones de Navier-Stokes (the state of the art&nbsp;de la climatología desde un punto de vista físico-matemático) son las apropiadas. Lo que sí sabemos es que, en cualquier ciencia, cuantas menos hipótesis empleemos más general es el modelo y menos preciso; cuantas más hipótesis, más precisión obtendremos pero menos generalidad.</p>

<p>Ahora bien, el mayor problema en los modelos es la pertinencia de las hipótesis: ¿son verificables, son realistas? En cosmología, por ejemplo, materia y energía oscuras no aparecían como hipótesis en los modelos seminales, fueron introducidas, prácticamente ad hoc, cuando se comprobó que las anticipaciones, estimaciones, previsiones y proyecciones relativas a dichos modelos no se cumplían (rotación de galaxias, expansión del Universo, etc.).</p>

<p>En ciencias sociales, económicas, etc., pertinencia y realismo de las hipótesis es asimismo crucial. Y lo es de tal forma que según las hipótesis se verifiquen o no se obtendrá un resultado predictivo o su contrario. En ciencias económicas la hipótesis de racionalidad del Homo oeconomicus es insostenible en aras de representar el comportamiento estratégico del Homo sapiens (por ello la&nbsp;ciencia&nbsp;económica es una de las más difíciles de modelar). Asimismo, bajo ciertas hipótesis, si el número de jurados/votantes es suficientemente alto, el Teorema del Jurado garantiza con alta probabilidad una decisión colegiada correcta (culpabilidad o inocencia, si fuera el caso).</p>

<p>Nuestra civilización judeocristiana –no hay otra- reposa, en parte, sobre la premisa de que un grupo de individuos toma mejores decisiones que un solo experto/jefe. Esta idea sustenta tanto los sistemas de votación democráticos como el sistema jurídico de Jurados. La confianza en el juicio colectivo no es solo una preferencia política sino que se enraíza en probabilidades y estadística. Sin embargo, la intersección entre modelos matemáticos con hipótesis ideales y la realidad psicológica de los sesgos humanos crea un escenario complejo donde la acumulación de evidencia, paradójicamente, puede llegar a invalidar lógicamente una conclusión si esta parece&nbsp;Too good to be true.</p>

<p>El Teorema del Jurado, propuesto por el Marqués de Condorcet en el siglo XVIII, enfoca una visión optimista de la deliberación colectiva. La premisa básica es razonable: si cada votante o miembro de un jurado tiene una probabilidad individual de elegir la respuesta correcta superior a 1/2 (mejor que el azar, echar a cara o cruz), se sigue matemáticamente que la probabilidad de que el grupo de votantes/jurados, mediante el voto de la mayoría, tome la decisión correcta aumenta a medida que añadimos más miembros al Jurado/Asamblea. En un escenario ideal (entiéndase: no representa la realidad) si el grupo es lo suficientemente grande, la probabilidad de acierto se acerca asintóticamente a la certeza absoluta: probabilidad 1. Este enfoque sugiere que el error individual ocasional se diluye en la masa. Si un jurado comete un error por cansancio o distracción, su voto incorrecto queda neutralizado por la mayoría que, estadísticamente, tiende hacia la decisión correcta. Sin embargo, el Teorema del Jurado encapsula una alternativa socialmente indeseable. Si la acuidad cognitiva individual cae por debajo de ½ (menos de 50%) -es decir, los miembros del Jurado sufren sesgos, están mal informados o manipulados, etc.- añadir más miembros al Jurado/Asamblea solo garantiza que la decisión colectiva será incorrecta. Por tanto, la calidad del Jurado depende críticamente de la independencia del voto y la competencia mínima, por encima del umbral ½ de acertar con su voto/decisión, de sus integrantes.</p>

<p>En la práctica, es casi imposible que todas las situaciones puedan modelarse en consonancia con los requerimientos del Teorema del Jurado. En un juicio penal en el siglo XVI, si el denunciado por robo tenía características aparentes de ladrón (prejuicios de la época) sería o no culpable, pero los jurados se inclinaban a condenarlo, sin otras pruebas, influidos por un sesgo que se robustecía por confirmación prejuiciosa. En pleno siglo XXI, se puede demostrar que, en ciertas circunstancias, si un Jurado/Asamblea toma por unanimidad (consenso total) una decisión, la probabilidad es alta que los jurados estén condicionados por un sesgo o alguna violación de las hipótesis ideales. Dicho de otra forma, si todo el mundo está de acuerdo podría ser demasiada perfección consensual para que el veredicto represente la verdad: probablemente la situación está contaminada de sesgo (sesgo cognitivo, cultural, etc.). En oposición al Teorema del Jurado (basado en hipótesis poco realistas), un modelo social-matemático (Gunn, 2016) prueba que si la situación modelada admite una probabilidad, incluso no muy alta, de contener un sesgo, entonces una decisión tomada a la unanimidad por 100 personas es peor (esto es, más alejada de la verdad) que la decision tomada a la unanimidad por 3 personas. En efecto, en presencia de sesgo, la unanimidad cuantitativamente mayor, en un Jurado/Tribunal/Asamblea, incurre en decisión errónea con una probabilidad superior a un Jurado compuesto por menos miembros.</p>

<p>Un equipo franco-australiano de investigadores llevó a cabo los cálculos pertinentes citados precedentemente (1) constatando que confluían con un principio de derecho penal talmúdico: si los 23 jurados/jueces del Tribunal de Sanedrín pronunciaban a la unanimidad una condena a muerte el acusado era absuelto. La idea subyacente a esta regla no implicaba que el acusado fuera inocente, aunque podía serlo, sino que la sentencia absolutoria se aplicaba por la prevalencia de un sesgo o ausencia de debate o que el reo no pudo defenderse.</p>

<p>Con estas consideraciones en mano, mi próximo artículo intentará probar dos cosas: 1)Sólo un viciado consenso científico puede amparar fraudulentamente que Einstein sea el padre de la Teoría de la Relatividad: no lo es; 2) Mario Conde fue condenado por aplicación canónica de la falacia (jurídica ) del consenso. En última instancia, la Justicia es un ejercicio de probabilidad donde debemos aceptar que la perfección consensual es, a menudo, señal definitiva de error, prejuicio o sesgo oculto.</p>

<p>(1)Gunn L, y otros (2016).&nbsp;<em>Too good to be true: when overwhelming evidence fails to convince</em>. Proceeding of the Royal Society A: Mathematical, Physical and Engineering Sciences.</p>
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  <title><![CDATA[Félix d’O, la dignidad de un español de los de antes]]></title>
      <category><![CDATA[Opinión]]></category>
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  <pubDate>Sun, 29 Mar 2026 09:42:39 +0200</pubDate>
      <dc:creator><![CDATA[Juan José R. Calaza]]></dc:creator>
        <description><![CDATA[ No es autor en agraz, no, quien ha escrito&nbsp;"La invención del agravio" (Alianza Editorial, 2026) pues a Félix Ovejero Lucas (Félix d’O para los amigos) ya le debíamos desde mucho ha –yo, al menos, como español tengo deuda para con él- la...]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[<p>No es autor en agraz, no, quien ha escrito&nbsp;"La invención del agravio" (Alianza Editorial, 2026) pues a Félix Ovejero Lucas (Félix d’O para los amigos) ya le debíamos desde mucho ha –yo, al menos, como español tengo deuda para con él- la acerada disección, en distintos medios, del nacionalismo periférico en España (puro independentismo cainita vilmente oportunista, llamando a las cosas por su nombre) cuya finalidad es la corrosión y desgaste de los materiales de contignación y estructuración democrática. Eso en cuanto a la finalidad. En cuanto al método, la astucia independentista consiste en la fabricación de una identidad herida. En “La invención del agravio” Félix d’O demuestra, y demuestra bien, que el independentismo subvierte la realidad y la razón sacándose de la manga agravios económicos, culturales y económicos –que lastran o anulan la capacidad crítica de una ciudadanía enferma de odio hacia España- densificando la violenta voluntad de ruptura.</p>

<p>Por ejemplo, los austracistas catalanes se crecieron rememorando sin ton ni son 1.714. Puro cuento. Me interesa consignar que Viena es sede de la Escuela Española de Equitación (Spanische Hofreitschule). Aunque fundada en 1571, el edificio que la alberga, considerado por algunos el mejor picadero del mundo, fue mandado construir por el emperador del Sacro Imperio, Carlos VI, rey titular de España entre 1703 y 1714, sin llegar a reinar, y archiduque, por título, de los catalanes. El reinado de Carlos VI estuvo marcado por las querellas sucesorias de las dinastías europeas abriendo la suya un conflicto generalizado.&nbsp;Tomen nota los independentistas: Carlos VI renunció al trono de España en 1714 en el tratado de Rastatt. Esta es la realidad objetivamente histórica que no se escapa a la mirada de águila de Félix d’O</p>

<p>Si bien se mira, quizás convenga recordar ahora que en estas mismas páginas apunté alguna referencia al autor hoy reseñado (1). Todo el mundo –esto es, la masa- se pega al terreno para subsistir, o se sube al carro: hay que ir con los que van ganando (o lo parece). Aparte, muy aparte, están las minorías disidentes. Por conocimientos, por carácter, por tocar las narices o por preventivo entrenamiento anti-totalitario. La disidencia, también es cierto, sólo por serlo no conduce imparablemente a caminos de libertad pero al menos pone las cosas algo más difíciles al embridado de almas (hay disidentes imbéciles profundos que se apartan del&nbsp;mainstream&nbsp;por puro analfabetismo complotista).&nbsp;<em>En tanto disidente ejemplar me viene a las mientes Félix dO, de legendaria inteligencia, cultura científica y criterio propio -que no siempre comparto-&nbsp;gentleman&nbsp;inmune a presiones que ahormen lo que resiente y considere. Félix d’O es de izquierdas, sin duda, pero de una izquierda tan sólidamente bien informada que puede confluir en ciertas circunstancias con personas lúcidas de la así llamada extrema derecha (cuando la Covid, por ejemplo, o ahora en la guerra de Ucrania). Y esto no es intentar la cuadratura del círculo. No lo es, digo yo, sino simple sentido común, a la par que el acuerdo sin excepciones en el arcoíris político de que el agua corriente a domicilio es uno de los grandes logros técnicos y sociales de todos los tiempos. Pero como Félix d’O, en la izquierda, enferma del Absolutismo del Bien, hay uno entre mil</em>.</p>

<p>En “La invención del agravio”, y a diferencia de otras obras suyas más teóricas, el autor agavilla apabullante lista de argumentos centrados marcadamente en la psicología política al analizar como se fabrica fraudulentamente la sensación de ser víctima del colonialismo español. Lo cual sólo puede calar en una sociedad enferma, sin defensas racionales, por haber sido previamente inoculada con toneladas de odiosos, delirantes virus supremacistas. Virus que generan, sin duda, matonismo antiespañol en parte fomentado por las élites políticas de Madrid proclives a aplicar paños calientes a la rabia enfebrecida. Sucede que con el nacional-independentismo&nbsp;no se puede debatir pues no busca la verdad sino la confirmación de su propio mito.</p>

<p>En definitiva, es este el libro más beligerante y mordaz de Félix d’O al deslastrarse del tono sobrio habitual en sus obras académicas. Aquí Félix d’O se tira al barro armado solamente –en un medio totalmente hostil tal la Universidad y la sociedad catalana en conjunto- con su libro, su dignidad, su cultura, su inteligencia y su arrojado instinto de viejo hidalgo español.</p>

<p>Vayan en honor del viejo amigo y joven maestro estos modestos versos con afecto y admiración:&nbsp;<em>Frente al dogma que impone su frontera,/se alza un hombre de&nbsp;digno&nbsp;pensamiento,/que no cede al ruidoso sentimiento/<br />
ni a la farsa de una patria de quimera/. Su&nbsp;inteligencia única y superior/desmonta el mito, el agravio y la mentira;/mientras el coro identitario aspira/a silenciar la voz del eminente pensador/. Independencia de criterio&nbsp;es su bandera,/razón ilustrada en tiempos de invento,/fiel al ciudadano, no a la madriguera/.Luchador solitario&nbsp;frente a ciento, la pluma es ética, la palabra es fiera: lección de honor en un mundo de lamento/.</em></p>
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  <title><![CDATA[Eligiendo la propia prisión: del burka al Discurso sobre la servidumbre voluntaria]]></title>
      <category><![CDATA[Opinión]]></category>
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  <pubDate>Sun, 15 Mar 2026 08:24:59 +0100</pubDate>
      <dc:creator><![CDATA[Juan José R. Calaza]]></dc:creator>
        <description><![CDATA[ No sé los demás –de todo habrá, supongo- pero mi opinión es que el beligerante debate respecto al uso público del burka no concierne ceñidamente a la libertad individual sino al bien común. Esto es, la teoría del contrato social, que fundamenta...]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[<p>No sé los demás –de todo habrá, supongo- pero mi opinión es que el beligerante debate respecto al uso público del burka no concierne ceñidamente a la libertad individual sino al bien común. Esto es, la teoría del contrato social, que fundamenta al Estado de Derecho, nunca ha buscado aumentar la libertad individual sino la cohesión social. Y el uso público del burka –insisto, es mi opinión- resquebraja la cohesión social”.</p>

<p>El título de esta pieza remite a la obra atribuida a Etienne de la Boétie (Discours de la servitude volontaire) si bien algún estudioso endosa la autoría a Montaigne. El texto es muy sutil y enlaza, por oposición, casi directamente con la filosofía de Rousseau un par de siglos más tarde. La filósofa francesa, militante obrerista (no comunista), Simone Weil (1909-1943) conocía al dedillo el libro extrayendo una interpretación bastante especial. Para Weil, tremendamente sensible y algo excesiva –como había anticipado Alain, que fuera su profesor- la servidumbre de someterse voluntariamente al poder para compartir la condición de oprimidos, débiles o desfavorecidos era la más alta y humana expresión de amor a la especie siguiendo el ejemplo de Jesucristo, siempre al lado de los desvalidos. Simone Weil, según propia confesión, se convirtió al catolicismo (era judía) presenciando una procesión de mujeres portuguesas vestidas de negro.</p>

<p>En ese momento, entendió que el catolicismo era la religión de los esclavos y ella también lo era. La conversión de Weil no transitó clásicamente por el bautismo, no era partidaria de ningún tipo de liturgia ni simbolismo religioso, sino por la convicción de que el amor de Cristo a los desposeídos, los esclavos de corazón, era la única forma posible de acercarse a los que sufren, siendo la incomprensión para con los demás una forma de infligirles sufrimiento. Con estos antecedentes, quién puede negar que quizás Weil, si viviera, se solidarizaría actualmente, en total fusión espiritual, con las mujeres, en cierta medida también esclavas, que adhieren públicamente al uso de burka o niqab en países occidentales.</p>

<p>El uso público de burka o niqab interpela conflictivamente a las sociedades occidentales, hipotéticamente democráticas, movilizando conceptos como libertad (¿cuál de ellas?), libre albedrío, derechos individuales, derechos públicos, tradición, pero, creo yo, fundamentalmente interpela al así llamado bien común...según cánones políticos occidentales.<br />
Rousseau, a la par que Hobbes y contrariamente a De la Boétie, se dota de lo que hoy podríamos llamar una axiomática utilitarista no tanto porque crea en ella sino porque resulta más pertinente, e incluso convincente, para la teoría política que otro modelo alternativo que presuponga al ser humano movido por la preocupación del bien común. Erróneamente, a Rousseau se le adjudica a veces la paternidad (tuvo cinco hijos, sí, pero todos incluseros) de la teoría política del “contrato social”. El “estado natural” o “estado de naturaleza” es una noción de la filosofía política forjada, mucho antes del nacimiento de Rousseau, por filósofos del siglo XVII adscritos a la corriente del “contrato social” en tanto contrato originario entre hombres libres por el cual aceptan una limitación de su libertad a cambio de leyes que garanticen la pervivencia del cuerpo social en el seno del Estado. Hugo Grotius (Huig de Groot, 1583-1645) fue el primero en la historia de la filosofía política en teorizar el contrato social moderno. Le seguirán Hobbes (1588-1679), Locke (1632-1704) y Rousseau (1712-1778).</p>

<p><br />
Si bien el contrato social presupone un estado natural, preexistente a la sociedad organizada, con el cual rompe, no significa que el estado natural sea puramente ideal, especulativo. El estado de naturaleza, a no confundir con la mitológica "época dorada" (The Golden Age), no corresponde a ninguna realidad histórica que hubiera precedido la instauración de leyes. Es falso por tanto que la legitimidad de un idealizado derecho natural preceda a la legalidad de la sociedad política: nadie tiene naturalmente derecho a vestir burka sin el aval de la sociedad política. El estado natural es una parábola para representar una situación teórica e hipotética de la humanidad sustraída a la ley. La teoría del contrato social al romper con el naturalismo político de los filósofos clásicos (platónicos y aristotélicos) permitió la emergencia del concepto de igualdad política, formal y material. Esto es, permitió el nacimiento de la democracia; lo otro es puro empirismo organizativo, esencialismo oportunista, fraudulentamente teorizado por los defensores de las instituciones latentes supuestamente forjadas por la selección operada por los siglos.<br />
Para entender el origen de las normas, Rousseau -en Discours sur l'inégalité parmi les hommes- se pregunta por qué hombres libres aceptan plegarse a las restricciones coercitivas que imponen las leyes en aras de alumbrar la sociedad. La respuesta recurre a la brillante parábola de los cazadores -dos hombres libres y autónomos- que viven en estado natural sin sometimiento a reglas ni normas sociales o morales.</p>

<p>Pero, limitados físicamente, deciden asociarse para cazar al acecho. Las configuraciones posibles dan lugar a varias estrategias (cooperan los dos cazadores; uno coopera y el otro abandona el puesto sin prevenir; ambos abandonan) perfectamente estudiadas en teoría de juegos. Dichas estrategias pueden jerarquizarse desde la situación óptima para los dos cazadores hasta la peor posible pasando por las intermedias.<br />
Se demuestra -y es mérito de Rousseau haber establecido lo que hoy con nuevos métodos es un teorema- que individuos libres pueden tener interés en renunciar a parte de su libertad o autonomía (lo que niega De la Boétie). En efecto, si los cazadores, buscando un óptimo, reconocen a un tercero -digamos, al más viejo o sabio de la tribu- la capacidad de imponer una multa o castigar al cazador que abandone el acecho del ciervo para capturar una presa más fácil, pero cuantitativa y cualitativamente inferior, la matriz de pérdidas y ganancias de las distintas estrategias cambia radicalmente. De ahí la proposición fundamental del Discours: individuos libres pueden tener interés en someterse a una autoridad política si con ello se favorece la consecución de ciertos fines u objetivos. Recíprocamente, para no degenerar en tribalismo la decisión que lleva a los individuos a constituirse en Estado –más concretamente en Estado de Derecho- es prácticamente irreversible. No me voy a extender pero pudiera ser que el uso de burka o niqab en el espacio público atentara contra el Estado de Derecho, forzosamente coercitivo, y afectara al bien común.</p>

<p>Ello no impide que las restricciones que impone la ley en el Estado de Derecho sean desagradables: a nadie le gusta esperar ante un semáforo en rojo o le prohíban vestir burka. Además, el arte de alcanzar el punto intermedio, la combinación perfecta entre libertad individual y coerción social, es exigente. Pero hay que perseverar. Si el uso del burka en el espacio público fuera simplemente un asunto de libre arbitrio/libertad individual –como ponerse una escafandra de buzo- yo me decantaría sin la mínima duda por dar rienda suelta a la propia voluntad. Pero es más que eso, todos lo sabemos: es la lacerante expresión de una simbología política ferozmente opuesta al Estado de Derecho.<br />
Por otra parte, y no es asunto secundario, no está nada claro qué es ni si existe el libre arbitrio. Por ejemplo, el neurólogo Richard Levy (cf. Cortex) describe como el lóbulo prefrontal (si no está afectado) nos permite evitar ciertos automatismos que condicionarían nuestra libertad. Otros enfoques de neurociencias se toman el asunto muy en serio y dudan que los humanos seamos libres incluso sin coerción que nos obligue a hacer algo o su contrario.</p>

<p>Hasta la mecánica cuántica ha incursionado en este terreno (cf. los free-will theorem/ teorema del libre arbitrio de Conway-Kochen) aunque en mi opinión oscurece más que aclara. En efecto, a día de hoy nadie es capaz de establecer una relación entre las decisiones libres de las partículas y las de los humanos.<br />
En fin, el sentimiento subjetivo de libertad se explica probablemente mejor con la literatura que con la filosofía o la ciencia si se acepta pagar un precio en términos de inteligibilidad racional. Y no hay que excluir que quizás la única libertad de la que disfrutamos sea la de elegir la propia prisión.</p>
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        <media:title><![CDATA[Eligiendo la propia prisión: del burka al Discurso sobre la servidumbre voluntaria]]></media:title>
        <media:text><![CDATA[Juan José R. Calaza]]></media:text>
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                        <item>
  <title><![CDATA[Alarmismo climático en retirada]]></title>
      <category><![CDATA[Opinión]]></category>
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  <pubDate>Sun, 7 Dec 2025 08:24:45 +0100</pubDate>
      <dc:creator><![CDATA[Juan José R. Calaza]]></dc:creator>
        <description><![CDATA[ En el número 287 (marzo/abril 2023) de la revista cultural Claves publiqué un ensayo - Razones de la creciente oposición al alarmismo climático - cuyo contenido el tiempo parece confirmar. Por una parte, a pesar de la intoxicación mediática...]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[<p>En el número 287 (marzo/abril 2023) de la revista cultural Claves publiqué un ensayo -<em>Razones de la creciente oposición al alarmismo climático</em>- cuyo contenido el tiempo parece confirmar. Por una parte, a pesar de la intoxicación mediática apabullante, considerable porcentaje de la opinión pública ya es consciente que las energías renovables, necesarias a término, son prioritariamente un enorme negocio de racionalidad socialmente discutible en el medio plazo. Y, por otra, la reconsideración científica de causas naturales que pueden explicar los ciclos de calentamiento global de forma más pertinente que las emisiones antropogénicas de gases con efecto invernadero. Asimismo, aunque menos presente mediáticamente, se observan movimientos pendulares decisivos en el enfoque climático profesional contrarrestando excesos que intentaban justificar el alarmismo. Me refiero, por ejemplo, a no pocos físicos y matemáticos especializados en mecánica de fluidos que dudan de la robustez de las proyecciones climáticas de largo plazo establecidas por los modelos. Me refiero, también, a la concienciación, a la fuerza ahorcan, de que carecemos de una verdadera teoría del clima. Verbigracia, el papel real que juegan en el calentamiento global, en términos netos, bosques o aerosoles. O el acoplamiento océanos-atmósfera.</p>

<p>En Nature –considerada internacionalmente una de las mejores revistas científicas- acaban de retractar un artículo (1), publicado en el 2024, que exageraba los catastróficos efectos económicos que provocaría, según los autores, el “cambio climático” en curso. Lo nunca visto. Hace pocos años, Nature (entregada descaradamente al IPCC, al ecologismo político y al lobby de las renovables) jamás hubiera retractado un artículo climáticamente alarmista. Falso desde el mismo título pues aun aceptando algo de “calentamiento global” –nada especialmente grave y que siempre ha habido- no se observa “cambio climático”. Y más importante, muchísimo más importante e impactante a todos los niveles, ha sido la autocrítica de Bill Gates (28/10/2025) –apóstol tempranero de la visión apocalíptica del calentamiento global- reconociendo públicamente en extenso documento que se han exagerado los efectos perversos (llegó a sostener que la humanidad desaparecería como consecuencia) y va siendo hora de ocuparse a fondo del bienestar de la buena gente que pasa por disponer de energía barata y abundante. Lo mismo que sostiene John Clauser, Nobel (2022), lo cual llevó al FMI a suspender (2023) una conferencia del eminente físico, culpable de dudar de la perversidad intrínseca del calentamiento global y que tuviese origen antropogénico. Resumiendo, el alarmismo climático empieza a plegar velas. Así las cosas, creo de interés dedicar dos o tres artículos de carácter pedagógico a indagar elementalmente en la problemática científica del calentamiento global. Empezaré por los bosques.</p>

<p>En climatología, albedo es la proporción entre la energía luminosa solar que incide en la superficie de un cuerpo y la que refleja. Entre los factores que influyen en el aumento del albedo están la textura y el color. Colores oscuros y superficies rugosas absorben; color blanco y superficies lisas, reflejan. Hielo y nieve tienen elevado albedo; los árboles, bajo. Ello, sobra decir, es importante para establecer el balance global de los bosques en términos de calentamiento global. Habida cuenta que el albedo de los árboles es bajo (la mayor parte de las radiaciones ultravioletas y de luz blanca –o simplemente luz- son absorbidas en el proceso de fotosíntesis y no son reflejas hacia el espacio como sucede cuando las radiaciones inciden en las nubes bajas blancas o la nieve) alguno climatólogos han sugerido que la absorción de calor por los bosques podría descompensar algunos beneficios obtenidos por la captura vegetal del CO2 (o compensar el impacto negativo de la deforestación sobre el clima) Asunto distinto, a no confundir, es el efecto de atenuación de los árboles en las islas de calor urbanas. Yo resido en un Bois de los alrededores de Paris cuya temperatura media anual es bastante inferior a la del casco urbano.</p>

<p>Sucede que el potencial de los bosques en la atenuación del calentamiento no es fácil de medir expresado en grados. La temperatura de la atmosfera no se mide –como cuando tomamos la fiebre a una persona- sino se estima. Tratándose de bosques de hoja perenne de regiones sometidas a nevadas estacionales la deforestación aumenta el albedo y el resultado neto es de enfriamiento. Pero los árboles también impactan en el clima por otros caminos mucho más complicados a partir de la evapotranspiración. El flujo en forma de rocío que sueltan los bosques enfría el suelo pero calienta la atmósfera allí donde condensa -al ser el vapor de agua un potente gas con efecto invernadero- y aumenta el albedo al convertirse en nubes bajas y blancas. Los climatólogos generalmente tratan la evapotranspiración como generadora de enfriamiento neto. Echando cuentas, la deforestación no coadyuva inevitablemente al calentamiento global. La fuerte capacidad que tienen los árboles a absorber la radiación solar –debido a su débil albedo- puede contrarrestar la captura de CO2. Todo depende de la región del planeta considerada. Se ha calculado (V. Brovkin y al.,&nbsp;<em>Global Change Biology</em>, 10, 1253, 2004) que la intervención humana en los bosques europeos y estadounidenses en los últimos mil años ha provocado enfriamiento neto del hemisferio norte a pesar de la emisión de CO2 ocasionada por la deforestación.</p>

<p>El impacto neto de los cambios en el albedo y la evapotranspiración debidos a la desforestación depende del clima local (Bonan GB, 2008, Forests and Climate Change: Forcings, Feedbacks and the Climate Benefits of Forests,&nbsp;<em>Science</em>, 320, 1444-1449). En latitudes norte –Siberia, por ejemplo- el albedo de la superficie terrestre es preponderante. Cuando la tundra reemplaza al bosque el suelo refleja más radiación solar ya que el albedo aumenta de 10% a 50% sobre todo cuando la nieve empieza a caer (la nieve no cubre las copas de los arboles tan fácilmente como la tierra). Por tanto, aunque la región retenga menos dióxido de carbono la deforestación en Canadá o Siberia contribuiría al enfriamiento de la Tierra. En latitudes tropicales o ecuatoriales la deforestación contribuye al calentamiento ya que el suelo conserva más energía por la radiación solar diurna y no puede dispersarla hacia el espacio por evapotranspiración ni tampoco facilita la formación de nubes bajas, blancas, con gran albedo. En estas regiones no nieva, al menos en cotas bajas, y el albedo juega un modesto papel de enfriamiento ( E. Davin y al., GRL, 34, L13702, 2007). La presencia continua de follaje y las altas temperaturas provocan la permanencia del ciclo hidrológico en los bosques. Este reciclado continuo del agua mantiene una convección fuerte por encima de los bosques y atempera la disminución pluviométrica de las fluctuaciones estacionales de la zona de convergencia intertropical. La deforestación de estas regiones debilita la capacidad de reciclado del agua de la lluvia y convertiría la estación seca en árida. Además, la disipación de energía por evapotranspiración disminuiría y el suelo emitiría más radiaciones infrarrojas que calentarían las capas bajas de la atmósfera al ser retenidas por los gases con efecto invernadero aunque la disminución de vapor de agua incidiría en el enfriamiento. A su vez, los incendios amazónicos afectan al albedo (a la baja) de las nieves andinas por depósito de capas de ceniza oscura y al aumentar la temperatura activan la evaporación de la nieve y su transformación en vapor de agua provocando más calentamiento.</p>

<p>En definitiva, cuando se repuebla con árboles una región en aras de contrarrestar el calentamiento global hay que tener en cuenta el cambio en el albedo y el efecto de captura del CO2. Hay cierto consenso en que nuevos bosques en regiones tropicales y latitudes medias tienden a enfriar la atmosfera; nuevos bosques en latitudes altas provocan un efecto neutro o quizás de calentamiento.</p>

<p>(1)&nbsp;<a target="_blank" href="https://www.nature.com/articles/s41586-025-09726-0">https://www.nature.com/articles/s41586-025-09726-0</a></p>
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        <media:title><![CDATA[Alarmismo climático en retirada]]></media:title>
        <media:text><![CDATA[Juan José R. Calaza]]></media:text>
        <media:description><![CDATA[Juan José R. Calaza]]></media:description>
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  <title><![CDATA[A hombros de gigantes y con luces largas]]></title>
      <category><![CDATA[Opinión]]></category>
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  <pubDate>Sun, 23 Nov 2025 01:18:37 +0100</pubDate>
      <dc:creator><![CDATA[Juan José R. Calaza]]></dc:creator>
        <description><![CDATA[ Se atribuye a Bernard de Chartres (siglos XI-XII) la expresión metafórica&nbsp; Nanos gigantum umeris insidentes , utilizada para mostrar la importancia de apoyarse en los trabajos de los gigantescos pensadores del pasado. La empleó Isaac Newton...]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[<p>Se atribuye a Bernard de Chartres (siglos XI-XII) la expresión metafórica&nbsp;<em>Nanos gigantum umeris insidentes</em>, utilizada para mostrar la importancia de apoyarse en los trabajos de los gigantescos pensadores del pasado. La empleó Isaac Newton en carta a su, por entonces, amigo Robert Hooke que con el tiempo sería el más detestado rival: “Si he visto más lejos es por haberme encaramado en hombros de gigantes…” La expresión supone el reconocimiento de la dimensión histórica acumulativa del saber y la fe en la capacidad de perfeccionamiento humano.<em>&nbsp;On the shoulders of giants</em>&nbsp;dijo de sí mismo Newton, con no poca soberbia, gaviero capaz de mirar lejos en la impenetrable ciencia. En realidad, el primer científico fue Galileo; Newton, sin restarle ápice de genialidad, fue el último alquimista. No es lo mismo.</p>

<p><a target="_blank" href="https://theobjective.com/elsubjetivo/opinion/2025-10-18/lo-irracional-articulo-azua/">Félix de Azúa von Rae, sobre los hombros de Edgar Morin nos obsequió con fascinante artículo</a> que inspiró <a target="_blank" href="https://www.eldiariodemadrid.es/articulo/opinion/ha-habido-progreso-historia/20251026083047112718.html">mi pieza de varios domingos atrás</a>. Ni el libro de Morin (2025) -<em>Y a-t-il des leçons de l’histoire&nbsp;?</em>- ni el magnífico artículo de Félix d’A -<em>Lo irracional</em>- ni mi modesta contribución dominical -¿<em>Ha habido progreso en la Historia</em>?- agotan el tema. Morin y Félix de Azúa insisten en el carácter imprevisible, contradictorio de la Historia. Esto es, el decurso histórico no es lineal ni predecible, por caótico, ni va siempre a mejor empujado por el progreso técnico. Y los mitos siguen poderosamente anclados en las sociedades modernas. Además, un solo individuo, providencial o no, puede cambiar el curso de la Historia. Sin negarle sustancia a este enfoque, surgen inevitablemente preguntas. En el muy largo plazo, lo que cuenta decisivamente para la Humanidad es el proceso de cambio técnico-tecnológico secuenciado en fases de invención/descubrimiento, innovación y difusión. Dejo para otra ocasión explicar con despacio las diferencias entre descubrimiento, invención, técnica, tecnología, innovación, cambio tecnológico y progreso técnico. En el muy largo plazo, vivimos conforme a revoluciones técnico-tecnológicas independientemente de revoluciones políticas o ideológicas (la religión es también política e ideología). El papel de las ideologías sin ser nulo es secundario en tanto motor histórico de las olas de fondo en el largo plazo. La Historia de la Humanidad es la historia del progreso técnico. El resto son batallitas, acontecimientos, narraciones, fechas. El resto son superficiales apariencias que cabalgan la ola milenaria de los cambios técnico-tecnológicos, los cuales, en el largo plazo, se llevan todas las ideologías por delante. Es cierto que judaísmo, cristianismo, islamismo, budismo, etc., subsisten milenariamente, pero adaptándose a las nuevas formas de cambio tecnológico. También los creyentes, excepto las sectas, viven a fondo sus vidas pautadas por la tecnología del momento. Quizás las jerarquías sigan inamovibles en sus dogmas pero los comportamientos de los fieles se uniformizan por doquier bajo la presión social de las tecnologías. Mamdani, nuevo alcalde de NY, es musulmán y ha sido votado por cientos de miles de cristianos y judíos neoyorkinos, todos con iPhone.</p>

<p>Desde los silogismos a los números primos pasando por la electricidad y los horarios precisos reloj mediante, no hay más Historia, con H, que lo que el progreso técnico va sembrando en su decurso. La escritura es el hito técnico que separa la Historia de la Prehistoria. Para llegar a la escritura se necesitaron transformaciones técnicas, no tanto ideológicas aunque pueden ayudar (recordemos el papel del protestantismo, según Weber, y el de la burguesía, según Marx). Eso respecto al pasado ¿Y el futuro? En este sentido el planteamiento de Morin es incompleto al no proyectarse, datos en mano, con visión prospectiva. Urge auscultar con luces largas, encaramados a hombros de los nuevos gigantes, lo que apunta en el horizonte.</p>

<p>Aunque nadie puede predecir el futuro, no es imposible que antes de cincuenta años se produzca la primera discontinuidad radical en la Historia. Nadie puede predecir si será perversa o virtuosa. La discontinuidad a la que me refiero es radical, absoluta, nada que ver con precedentes intentos de filiar discontinuidades históricas. Así, Michel Foucault (<em>Les mots et les choses</em>, 1966) no alcanza a explicar el núcleo duro de la discontinuidad total en enfoque prospectivo, hasta el punto de afectar a la propia naturaleza del ser humano, que está eclosionando asentada sólidamente en la ciencia y alta tecnología. Todo lo que hemos conocido hasta ahora -por muy disruptivas que hayan sido las tecnologías y virtuoso el progreso técnico- no tiene nada que ver, comparativamente, con lo que aflora en el horizonte de la temporalidad deslizante. A pesar del caos apuntado con brío y solvencia por Morin, la Humanidad -con sobresaltos, progresos, retrocesos, caídas y ascensos- ha vivido hasta la fecha un decurso relativamente ascendente y cumulativo -el fuego, la agricultura, el cuchillo, el carro, el cuero, la sartén, los tejidos, el horno, las escaleras, la escritura se utilizan desde hace miles de años y siguen entre nosotros- adaptándose parsimoniosamente en el largo plazo aunque los eventos históricos puedan dar la impresión, contemplados en su inmediatez, de cambios súbitos, repentinos, violentos. Que lo fueron pero sin provocar una discontinuidad.</p>

<p>Siendo optimistas, es cierto que hasta la fecha la Humanidad siempre se ha adaptado a los cambios tecnológicos y, aunque en su fase de adopción expulsaran mano de obra de sus puestos de trabajo o los destruyeran, en el medio-largo plazo generaban nuevas oportunidades, entreveradas de crisis, que llevaban al pleno empleo con salarios reales más elevados que en la fase destructora. En realidad, más que fase destructora hay que hablar de fase desestructurante que da paso a una nueva estructura productiva sin borrar completamente la estructura residual del pasado. Con todo, lo que quiero hacer ver no se entiende auscultando el futuro con instrumentos del pasado ni utilizando criterios de medida comparando lo que no es comparable. No. Eso sería pura inercia mental, influida por lo que ha sido la Historia hasta ahora. Que bien pudiera no volver a adoptar la secuencialidad conocida. Creo que nos encontramos en un umbral cualitativamente distinto a lo que históricamente hemos conocido. Debido a la radicalidad cualitativa de los cambios tecnológicos. Ya se ha realizado la confluencia de IA con robótica dando lugar a una revolución nunca vista en la productividad laboral humana. No es que desaparezcan los puestos de trabajo sino que son ocupados por robots. Si llega a realizarse la confluencia de IA (que, en versiones avanzadas, empieza a manifestar propiedades emergentes) con computación cuántica el cerebro humano será superado más allá de su capacidad innovadoramente original. Ciertamente, hay mucho de ciencia ficción, de momento, en la computación cuántica pero la idea básica…y las burbujeantes inversiones están ahí.</p>

<p>El exponencial desarrollo futuro de biotecnología e ingeniería genética, nanotecnologías, neurociencias y cableado cerebral (modelos transferibles a la IA), nuevos materiales (algunos imitarán perfectamente la piel humana), IA, robótica, capacidad de cálculo y tratamiento Big Data (Data Science), computación cuántica (si se consigue), etc., harán que la relación del ser humano con su entorno físico y social sea radical y cualitativamente distinta que en el pasado. Estos son los gigantes sobre los que tenemos que encaramarnos actualmente para escrutar el futuro. Lo que está en marcha no tiene nada que ver con los cambios tecnológicos progresivos, incluso revolucionarios, que hemos conocido. Lo de ahora es otra cosa. Y ni la regulación –dicho sea por lo fino- puede frenarlo. Y por tanto puede producirse una discontinuidad histórica radical, absoluta.</p>
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  <title><![CDATA[Progreso técnico y contrato social]]></title>
      <category><![CDATA[Opinión]]></category>
    <link>https://www.eldiariodemadrid.es/articulo/opinion/progreso-tecnico-contrato-social/20251116100836114255.html</link>
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  <pubDate>Sun, 16 Nov 2025 10:08:36 +0100</pubDate>
      <dc:creator><![CDATA[Juan José R. Calaza]]></dc:creator>
        <description><![CDATA[ Progreso técnico y cambio tecnológico, con la racionalización social que conllevan, generalmente provocan, en un primer tiempo, efectos económicos desestructuradores social y políticamente desestabilizantes. El desarrollo de una parte del mundo,...]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[<p>Progreso técnico y cambio tecnológico, con la racionalización social que conllevan, generalmente provocan, en un primer tiempo, efectos económicos desestructuradores social y políticamente desestabilizantes. El desarrollo de una parte del mundo, no sin revoluciones y tensiones sociales y culturales, ha acarreado el subdesarrollo del resto al menos durante la etapa colonial o neocolonial. Hemos olvidado sus terribles hambrunas y miseria, pero el caso de la India (bien analizado en su primera fase colonial por Marx), reputada por su riqueza antes de la colonización inglesa, es paradigmático.</p>

<p>La independencia, después de la Segunda Guerra Mundial, condujo a numerosos países a sufrir tiranías y dictaduras terriblemente sanguinarias con miseria y caos que no existían con las potencias coloniales extranjeras. Desde entonces, algunos estados parece que no van a salir nunca de la anarquía caótica si no son tutelados desde el exterior con mano de hierro, sin paternalismo, en nueva forma de protectorado no esclavista, altruista, que someta a las élites locales corruptas, sin imponer forzosamente los valores occidentales antes de que pase mucho tiempo. A los fastos de la independencia de Senegal, Sédar Senghor invitó a su amigo Louis Armstrong. Preguntado qué opinaba,&nbsp;Not yet ready&nbsp;(Aún no estáis preparados) respondió Armstrong. Pues bien, hoy Senegal tiene peor administración pública que cuando era colonia francesa. Qué decir de Haití.</p>

<p>Con todo, más problemático es que la simple manifestación del progreso técnico y la modernidad ha desestructurado sociedades tradicionales sin suministrar los medios de reconstruirse sobre otras bases. Una obra civilizadora fracasada, en suma. La falta de medios no se resiente de la misma forma en el chabolismo de aluvión de una gran ciudad sudamericana que en una aldea rural donde la pobreza es una forma de austeridad, la norma desde siempre. Hasta la medicina que buscaba ayudar a la población ha empeorado su condición, a veces, por la explosión demográfica.</p>

<p>Impactante y paradójico es el resultado del progreso técnico y económico con efectos perversos. En 2015, la Real Academia Sueca de Ciencias galardonó al economista británico-estadounidense Angus Deaton con el&nbsp;Premio del Banco de Suecia en ciencias económicas en memoria de Alfred Nobel. La obra que sintetiza el pensamiento de Angus Deaton es&nbsp;The Great Escape. Health, Wealth and the Origins of Inequality&nbsp;(2013) En ella analiza el progreso como una sucesión de transiciones tecnológicas que mejoran en el largo plazo productividad y salud individuales liberando paulatinamente a los seres humanos de pobreza y enfermedad. No obstante, esta dinámica no es uniforme lo cual contribuye -también en un contexto de progreso generalizado- a que el foso que separa los niveles de vida se ahonde hasta que una nueva ola tecnológica genere otro salto.</p>

<p>El punto más controvertido del pensamiento de Deaton -que lo convierte en un heterodoxo casi inclasificable- es el concerniente a las inversiones en los países menos avanzados. Las ayudas de este tipo, en su opinión, son inútiles y hasta desaconsejables. Es decir, hay que ayudar, sí, pero indirectamente. Al lado de exitosos programas de ayudas al desarrollo en el pasado -en Corea o Singapur- se observan casos abundantes de aumento de desigualdades. Por supuesto, el enfoque de Deaton cuenta con numerosos adversarios. El principal es Bill Gates que por medio de su Fundación realiza importantes inversiones directas con ánimo altruista, sin duda, pero cuyos efectos globales son difíciles de apreciar. Deaton afirma, con otras palabras, que las ayudas que intentan aumentar el PIB per cápita en esos países pecan de neocolonialismo cultural irracional al querer imponerles la forma de vivir del consumismo occidental, obligándolos a entrar en un proceso que no favorecerá el aumento del bienestar subjetivo de la población. Lo cual generó a Deaton un odio feroz por parte de los indignaditos que viven a cuerpo de rey colaborando, es un decir, en conspicuas ONGs. Entre desorbitantes gastos de funcionamiento, tarjetas platino del staff y los jets privados para desplazamientos y alojamiento en hoteles 5 estrellas, las mordidas al correspondiente ministro africano o latinoamericano, el impuesto revolucionario que aplica el policía que vigila la distribución del arroz en la aldea, etc., de cada cien quilos en valor captados por las ONGs a ingenuas viejecitas donantes o a gobiernos con gastos comprometidos para el lavado de cara frente a la opinión pública manipulada por el Absolutismo del Bien, le llegan al africano o sudamericano de turno dos quilos. Así, claro, todos quieren venir a Europa.</p>

<p>Sucede que en Europa el contrato social que justificaba la economía de mercado se cuartea. El liberalismo, tomado en bloque, tampoco es la ideología que corresponde óptimamente a la tecnología del siglo XXI aunque mantenga aspectos adaptativos. La razón es simple y, como siempre, procede del cambio tecnológico: la economía numérica y nuevas tecnologías han roto el contrato social que justificaba el liberalismo. El progreso técnico de los dos últimos siglos posibilitó un contrato social que las innovaciones en curso están desbaratando, sin que nadie vislumbre nítidamente hacia dónde nos dirigimos, habida cuenta que ni siquiera un puesto de trabajo garantiza condiciones de vida dignas.&nbsp;Hace cincuenta años, un perito mercantil recién titulado encontraba trabajo fácilmente en una entidad financiera que le proponía un salario digno durante toda la vida laboral. Hoy, raro es el licenciado en económicas que lo consigue. En nuestro tiempo, muchas formaciones que garantizan un puesto de trabajo bien remunerado no son gratuitas. En EE.UU, el endeudamiento de estudiantes es estratosférico, deberán trabajar durante años para pagar los préstamos.</p>

<p>Paralelamente, el empobrecimiento de amplios segmentos de población laboral es tan notorio que en la UE, EEUU, Reino Unido, etc., se han llevado a cabo substanciales revalorizaciones del salario mínimo. No obstante, el salario mínimo es un freno a la demanda de trabajo menos cualificado lo cual empuja a reducir las cargas sociales de las empresas y deteriora las cuentas del Estado.&nbsp; La revolución tecnológica en curso se caracteriza, en los países occidentales, por aumento del PIB per cápita y descenso de la tasa de empleo y del salario mediano en términos reales. Durante doscientos años esos indicadores crecían con la producción global pero se han estancado desde hace veinte años si creemos las estadísticas estadounidenses. En consecuencia, es bien posible que en el futuro muchas personas vean progresivamente deteriorarse sus condiciones de vida al tiempo que el PIB per cápita aumenta. El significado de todo ello es que no se cumple el contrato social implícito del capitalismo que, durante un par de siglos, permitió que el progreso técnico favoreciera a todas las clases sociales. En España, con disminución de productividad, el PIB crece en términos absolutos y nominales (no per cápita) por aumento de la población (extranjera, sobra decir) Necesitamos 200.000 ingenieros para los próximos diez años ¿De dónde van a salir?</p>

<p>Un enfoque optimista (probablemente irrealista) es que los graves desafíos que encara la humanidad se resolverán precisamente con más progreso técnico. Ahora bien, las mutaciones tecnológicas en curso no tienen precedente y pueden llevar a una discontinuidad histórica. Las soluciones circunstanciales serían falsas esperanzas y pueriles ilusiones: por un problema resuelto siempre aparecerán dos (incluso consecuencia de la solución encontrada). Bien lo vemos con la inmigración: soluciona un problema y crea tres. No empece, seamos claros, el problema de fondo no es la inmigración: es la demografía. Y la ruptura del contrato social que agavillaba a los trabajadores en una clase común.</p>
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        <media:title><![CDATA[Progreso técnico y contrato social]]></media:title>
        <media:text><![CDATA[Juan José R. Calaza]]></media:text>
        <media:description><![CDATA[Juan José R. Calaza]]></media:description>
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                        <item>
  <title><![CDATA[IA y financistas nos aniquilarán]]></title>
      <category><![CDATA[Opinión]]></category>
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  <pubDate>Sun, 9 Nov 2025 08:58:16 +0100</pubDate>
      <dc:creator><![CDATA[Juan José R. Calaza]]></dc:creator>
        <description><![CDATA[ En el momento de escribir este artículo hay semanalmente 800 millones de usuarios de ChatGPT. Concebida en 1956 por el matemático John McCarthy, Inteligencia Artificial (IA) designa la más vertiginosa de las revoluciones tecnológicas....]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[<p>En el momento de escribir este artículo hay semanalmente 800 millones de usuarios de ChatGPT. Concebida en 1956 por el matemático John McCarthy, Inteligencia Artificial (IA) designa la más vertiginosa de las revoluciones tecnológicas. Curiosamente, no fue ningún científico el primero en explicarme con despacio las potencialidades de la IA sino, hace infinidad de años, Mario Conde, mente privilegiada que añade constantemente cuerdas a su Stradivarius. No exageraba Mario, no. En Paris, l’École Centrale de l’Électronique (ECE) ha inscrito al primer estudiante&nbsp;<em>artificial</em>&nbsp;de la historia, Milo, robot vitaminado con IA. FinalSpark, start-up suiza, lanza Neuroplatform, ordenador organoide donde se asocian microprocesadores y neuronas humanas cultivadas en laboratorio. El&nbsp;<em>biocomputing</em>&nbsp;busca el camino hacia una IA más rápida, menos energetívora y aún más&nbsp;<em>inteligente</em>. Esa es la cara risueña, la que interesa presentar a las GAFAM (gigantescas empresas estadounidenses que dominan la Big Tech…y a los pobres peatones de la vida que somos los demás) ¿Qué sucederá cuando el uso de la IA sea la norma en todos los campos: educación, investigación, comercio, medicina, arte…? ¿Y amor? También. Sin regulaciones apropiadas, la IA al servicio del capitalismo financista provocará efectos desestructuradores. Será la muerte del contrato social cuya agonía había empezado con la economía numérica y la globalización. Propongo un ejemplo.</p>

<p>Amazon cuenta con 28.000 empleados en España, después de haber destruido en la fase de implantación y auge más de 200.000 puestos de trabajo. Acaba de anunciar un ERE que afectará a 1.200 trabajadores de la plantilla corporativa en Madrid y Barcelona (mandos intermedios principalmente,&nbsp;<em>cuellos blancos</em>). En el contexto internacional, incluyendo EE.UU, el ajuste afectará a 14.000 trabajadores corporativos (apuntando inicialmente a 30.000 para que a la hora de la verdad doliese menos). La plantilla global de Amazon son 1,5 millones de trabajadores (350.000 en labores corporativas: recursos humanos, logística, servicios en la nube/<em>cloud</em>, juegos video, etc.). Dos tercios de los efectivos globales se encuentran en EE. UU. Amazon es el segundo empleador estadounidense, Walmart el primero. Ni los trabajadores de almacenes, distribución y entregas ni las externalizaciones (seguridad, comedores, limpieza, transporte, etc.) se verán directamente afectados por los despidos…de momento.</p>

<p>Desde el 2022 (27.000 despidos) la multinacional no había reducido los efectivos tan masivamente. Amazon ya no sólo destruye trabajo fuera de la propia empresa (estimativamente, entre 7.000 y 10.000 puestos por cada 1.000 creados) sino que empieza a destruirlo también en la propia plantilla al tiempo que empopa los beneficios. Si bien los despidos del 2022 se entienden como un ajuste de efectivos, los despidos de ahora obedecen a causas estrictamente financistas atendiendo a la cotización en Bolsa, sin la mínima conexión con la situación económica real de la empresa. En efecto, la finalidad de toda empresa capitalista ante sus accionistas no es crear empleo sino obtener beneficios. Nada que objetar, en ese sentido, si los financistas no diseñaran las reglas del juego…en aras de ganar siempre y sin riesgo. Además de enormes salarios, remuneración fija y el resto según resultados, se retribuyen con stock-options que alcanzan cifras mareantes. De telón de fondo, la rentabilidad y valor en Bolsa exigidos por los Fondos que participan en las GAFAM.</p>

<p>Del 2018 al 2022 las entregas a domicilio se dispararon, en parte por efecto de la pandemia, lo cual llevó a Amazon a multiplicar por 3 los efectivos, de ahí el ajuste de finales del 2022. Con ese ajuste y el actual, Amazon se ha catapultado en Bolsa alcanzando el quinto puesto mundial por capitalización, casi 3 billones de dólares (2,5 billones de euros, aproximadamente, 25 veces BBVA o Banco Santander, los más valiosos de la UE). El valor en Bolsa del mayor banco del mundo, JP Morgan, es casi cuatro veces menos que el de Amazon. Quiere decirse, Amazon sacrifica a quienes han llevado la empresa técnicamente al lugar que ocupa hoy –los cuellos blancos- para satisfacer la rentabilidad exigida en Bolsa por los accionistas externos (Fondos, tiburones tipo BlackRock) completamente indiferentes al futuro empresarial, obsesivamente atentos a la rentabilidad presente. Quien manda, manda y no es el CEO. La pegada de BlackRock es tal que en 2025 gestiona 13,5 billones (europeos) de dólares en activos, aproximadamente ocho veces el PIB español.</p>

<p>La economía financista sólo atiende a la rentabilidad por especialización en el&nbsp;<em>core business</em>; la diversificación, propia de los conglomerados de otrora, ha cedido el paso a la concentración en la actividad principal de la empresa, aquella en la que se le supone ser verdaderamente competitiva maximizando la rentabilidad comparativa. La presión sobre la masa salarial y los costes es brutal. Anticipando los financistas que los trabajadores occidentales no iban aceptar sin reaccionar las salvajes condiciones laborales y salariales de la nueva esclavitud programada, organizaron el reemplazo de la población autóctona por otra menos exigente a la que de paso –todo es bueno para el convento- le lavan el dinero de la droga. No es&nbsp;<em>conspiranoia</em>. Y si bien es cierto que los problemas demográficos son graves, objetivos y reales han sido astutamente instrumentalizados ideológicamente, en aras de la maximización del objetivo financista, encontrando amparo en la izquierda woke y la derecha religiosa y limosnera. En los últimos treinta años, ni Europa ni EE.UU –hasta la llegada de Trump- encararon la planificación de una política inmigratoria a largo plazo, capaz de acoger, integrar y emplear a la fuerza de trabajo necesaria. Lo cual implicaría –en lugar de un laisse-faire caótico- algún tipo de&nbsp;<em>selectividad</em>&nbsp;aunque el término moleste.</p>

<p>En el último ejercicio, Amazon generó ingresos anuales de 670 millardos de dólares con 70 espléndidos millardos de beneficios. El 17% de ingresos se obtienen en la nube pero en competencia con Microsoft y Google. En IA, Amazon va rezagada. La estrategia a venir afectará masivamente los efectivos laborales a medida que progrese en IA y reorganice el trabajo. El mensaje lanzado a la Bolsa por Amazon ampara una estrategia laboral violentamente maltusiana: automatizar el 75% de operaciones mediante IA y robotización. Aunque esta estrategia no cristalice forzosamente en despidos sí afectará a nuevos contratos: sólo a cuentagotas. Amazon prevé doblar ventas en el 2033. Con la productividad media actual del trabajo necesitaría contratar 600 mil trabajadores. Con IA y robotización, 50 mil serán suficientes. Ese aumento vertiginoso de la productividad provocará una hecatombe en el mercado laboral. La multinacional proyecta desplegar tres prototipos que inevitablemente reemplazarán a los trabajadores en la creación de nuevos empleos. 1Un robot encargado de clasificar paquetes en el almacén; 2 un agente IA que ayudará a los responsables a desplegar y asignar los empleados; 3 gafas conectadas para los repartidores. Entramos en una era repleta de promesas de IA y robotización, brutalmente condiciona, sin embargo, en los ritmos de implementación (como la precipitada transición energética) por los financistas cortoplacistas. Otrosí, Walmart no prevé contratación de más personal a pesar de las optimistas expectativas de ventas. La IA revoluciona todos los empleos y puestos de trabajo (hasta en minería y construcción). Algunos estudios anticipan que la IA creará 75 millones de empleos en el horizonte 2030, pero afectando en el proceso a 95 millones de puestos de trabajo.</p>

<p>No nos dejemos intoxicar por la propaganda adormecedora de las GAFAM y los financistas. Powell, desde la FED, informa que el mercado laboral estadounidense crea en este momento prácticamente cero empleos netos, consecuencia del impacto de IA y robotización. Si nadie regula esto –y nadie lo va a regular ocupados como están los de Bruselas en hacerse ricos con su industria de pompas fúnebres, digo, armamento-&nbsp;&nbsp; la economía de mercado morirá de éxito. Y la población europea será substituida imparablemente.</p>
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        <media:title><![CDATA[IA y financistas nos aniquilarán]]></media:title>
        <media:text><![CDATA[Juan José R. Calaza]]></media:text>
        <media:description><![CDATA[Juan José R. Calaza]]></media:description>
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                        <item>
  <title><![CDATA[¿Ha habido progreso en la Historia?]]></title>
      <category><![CDATA[Opinión]]></category>
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  <pubDate>Sun, 26 Oct 2025 08:30:47 +0100</pubDate>
      <dc:creator><![CDATA[Juan José R. Calaza]]></dc:creator>
        <description><![CDATA[ Voy a intentar esbozar somero marco en el que resituar –a pesar de su vastedad- los hechos estilizados que han acompañado la dinámica social de la Humanidad desde que principió la Historia. Otros criterios y enfoques aparte, no hay dinámica...]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[<p>Voy a intentar esbozar somero marco en el que resituar –a pesar de su vastedad- los hechos estilizados que han acompañado la dinámica social de la Humanidad desde que principió la Historia. Otros criterios y enfoques aparte, no hay dinámica social, no hay Historia, sin escritura y sin ciudades. Precediendo a esos hitos sólo hay inmovilismo y una apariencia de orden incuestionable propio de la horda. Y, precisamente, cuanto más&nbsp;<em>avanza</em>&nbsp;la humanidad (acepto se discuta el término&nbsp;<em>avanzar</em>/<em>progresar</em>), más febril deviene y mayores retos encara. Incluso contra su propio interés último. Pero ¿cuál sería es el interés último de la humanidad? Ni idea. No sé si por moda impuesta por algunos perturbados, en el ambiente andan caracoleando propuestas tipo colonizar otros planetas y alcanzar la inmortalidad, quizás por robots interpuestos o fabricando humanoides a trocitos.</p>

<p>Es difícil negar la realidad de cierto&nbsp;<em>progreso</em>&nbsp;histórico. En el contexto, felicidad, bienestar y progreso no son sinónimos. El progreso lo niegan&nbsp;<em>espiritualistas</em>&nbsp;críticos que profesan horror absoluto al mundo moderno menospreciando cualquier tipo de avance pues la modernidad sería una forma de retroceso espiritual respecto a la idealizada Edad de Oro. Esa tesis es difícil de sostener. Por una parte, nadie ha probado la existencia, el referente, de la Edad de Oro primigenia. Puede probarse, no obstante, la acumulación de saber, de conciencia histórica, de racionalidad deslastrada de supersticiones en la elaboración de leyes, de la humanización progresiva de dichas leyes que, en sí mismas, percibimos como valores morales positivos independientemente de que nos procuren o no bienestar material. Por otra, entrando de lleno en el terreno del bienestar material -si bien no está uniformemente distribuido entre países ni entre individuos en un mismo país- es absurdo negar los beneficios del progreso económico y técnico frente a las formas más graves de miseria o enfermedades dolorosamente corrientes y frecuentes en el pasado. Son numerosos los países en los que la vida media de la población, en buen estado de salud, ha doblado en dos siglos. Todo ello, paralelamente a la eclosión de estructuras sociales que favorecen el florecimiento de las cualidades intelectuales en las personas, liberadas de restricciones inmediatas y violentas de sobrevivencia, aumentando las posibilidades de elegir lo que se desea. Se podrán poner todos los contraejemplos individuales, colectivos e históricos que se quiera y, aun así, es difícil negar –salvo por esnobismo o ganas de singularizarse- que el progreso histórico nos ha liberado en buena medida de preocupaciones inmediatas de seguridad y subsistencia.</p>

<p>Sin embargo, hay que reconocer que el progreso material, por incontestable que sea, acarrea asimismo efectos ampliamente negativos. El principal o más visible es la frustración. Sin duda, la esperanza de una mayor felicidad crece al retroceder algunas formas de dolor y malestar y, no obstante, esa esperanza se ha frustrado en la práctica pues al creer esperanzados que ya tocábamos con la punta de los dedos el ideal de la utopía social –el ser humano absolutamente libre o liberado- chocamos con la decepcionante realidad: la utopía no existe ni existirá jamás. De la misma forma que las matemáticas y la lógica han mostrado sus propios límites en la revolución desencadena por Gödel, también la ciencia intenta explicar la opacidad del comportamiento social habida cuenta que no se cambia una sociedad por decreto ni se la puede encapsular en ecuaciones omniscientes. Frente a los espectaculares logros intelectuales y materiales del último siglo tomamos consciencia, en el intervalo, de los límites de la razón.</p>

<p>Paradójicamente, asistimos impotentes a la apabullante arrogancia de la losa científica impuesta a la sociedad en áreas cruciales: epidemiología, economía, climatología, cosmología, etc. Y quien no adhiera al dogma del&nbsp;<em>mainstream</em>&nbsp;es barrido profesionalmente, perseguido, marginado, humillado y represaliado al tiempo que se encumbra a personajes como Greta Thunberg, Al Gore o aquel cantamañanas, padre del modelo matemático-epidemiológico del Imperial College que propuso el confinamiento de la población durante la pandemia…y agarraron&nbsp;<em>fornifollando</em>&nbsp;con su secretaria en el coche. Esta es, evidentemente, la contradicción bipolar de nuestra época. A la par que el conocimiento científico alcanza un nivel nunca visto, se sume a la sociedad en un oscurantismo aberrante persiguiendo a la disidencia por&nbsp;<em>terraplanista</em>.</p>

<p>Obviamente, en la misma línea crítica, la civilización de la abundancia no suministra ineludiblemente a sus miembros la felicidad. El hombre sensible no es feliz con el placer, decía Swinburne. Por varias razones. La felicidad es asunto individual que depende de la aptitud de cada cual a considerar optimista o pesimistamente la propia vida. Sea cual fuera el contexto en que vive uno, sobran razones para sentirse insatisfecho: unas personas las exacerban y otras las neutralizan. Ocurre que las ventajas y beneficios de una sociedad consumista son de doble filo al crear malestar psicológico, generando nuevas necesidades, al mismo tiempo que suprimen sufrimiento o satisfacen instintos. La sobreabundancia de bienes materiales, por ejemplo, subsana o compensa ciertas necesidades pero propulsa igualmente ansias y deseos activando frustraciones y rivalidades. La sobreabundancia hace aflorar (sí: en quienes la disfrutan más intensamente) el sentimiento de vivir en una sociedad materialista que impide dar un sentido a la vida. También la preocupación política y social de ayudar al ser humano a prosperar y combatir lo que le hace sufrir, en la medida de lo posible, genera en nosotros el sentimiento de tener “derecho natural” a la felicidad, lo cual merma la capacidad sicológica para encajar la dimensión inevitable del fracaso ínsita en cualquier decurso vital, del palafrenero al emperador, y debilita el sentido del deber para con los demás endosándolo al paternalismo institucional.</p>

<p>La multiplicación de conocimientos desestabiliza las certidumbres tradicionales sin reemplazarlas por otras nuevas. En este sentido, el conocimiento nos puede conducir inesperadamente a consternación instalada en la inseguridad. Es bien conocido el&nbsp;<em>síndrome del impostor/a</em>. De forma más general, la racionalización de la existencia propicia una forma insidiosa de despojar a la vida de su poesía propia. Y, peor, el exceso de racionalización proyecta sobre el mundo un velo de envilecimiento que suscita la nostalgia supersticiosa de formas de vida arcaicas y opiniones arrumbas tiempo ha. La voluntad de convivir pacíficamente –el más alto logro del progreso civilizador digan Nietzsche y su peluquero lo que quieran- lleva al sentimiento que, inmersos en cotidianidad espesa y municipal, hemos acabado con el heroísmo que ardía con alta llama cuando salimos triunfadores de la horda.</p>

<p>En definitiva, las evidentes ventajas de la modernidad, si bien se mira no nos eximen de observarla con lucidez desprejuiciada. Deberíamos comprender que la modernidad no puede darnos todo. Sus ventajas tienen un coste y hay que pagarlo. A mayores, el pesimismo que comparten muchos de nuestros contemporáneos se apoya en el descubrimiento que algunas formas de modernidad, intrínsecamente positivas, provocan indirectamente (efectos colaterales no deseados) consecuencias terriblemente destructoras (energía atómica, manipulación genética, nanopartículas, consumo de recursos naturales no renovables, medicamentos, alimentación, etc.).</p>

<p>La propia lógica de las sociedades avanzadas las lleva a emprender tareas cada vez más ambiciosas sin saber si seremos capaces de asumir los efectos perversos o angustiosos. Esta carrera hacia el infinito expresa en cierta medida una maldición que ha caído sobre el hombre prometeico por querer controlar su propio destino anticipándolo. Vana ilusión: toda acción humana conlleva consecuencias inesperadas.</p>
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        <media:text><![CDATA[Juan José R. Calaza]]></media:text>
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  <title><![CDATA[El tipo que se escuchaba a sí mismo]]></title>
      <category><![CDATA[Opinión]]></category>
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  <pubDate>Sun, 12 Oct 2025 10:05:41 +0200</pubDate>
      <dc:creator><![CDATA[Juan José R. Calaza]]></dc:creator>
        <description><![CDATA[ En Occidente, especialmente en España, sufrimos una epidemia –qué digo, una plaga- de criticismo protestón y autodestructivo de nuestros valores y tradiciones al tiempo que se absorbe sin sonrojo lo foráneo por poco que tenga de exótico o...]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[<p>En Occidente, especialmente en España, sufrimos una epidemia –qué digo, una plaga- de criticismo protestón y autodestructivo de nuestros valores y tradiciones al tiempo que se absorbe sin sonrojo lo foráneo por poco que tenga de exótico o afromusulmán. A esta mentalidad –quizás, más apropiadamente, enfermedad mental- algunos, para abreviar, llamamos despectivamente&nbsp;wokismo. Donde esté el tam-tam y el té con menta que se quiten la gaita y el cariñena en bota. Donde esté una sauna o baño turco que se quiten el río y la playa de toda la vida.&nbsp;&nbsp; Ello en nombre de la benevolencia cultural, claro está. Y si no está claro, aguantar toca. Manda güevos, Cisneros. Aun así, en todo hay clases. A Stalin se le saltaban las lágrimas leyendo a Mayakovski; a Franco, escuchando a Juanita Reina; a mí, comiendo cocochas a la gallega; al Gran Cabrón se le saltan las lágrimas de&nbsp;emosssión&nbsp;cuando se escucha hablar a sí mismo en el Parlamento. No, no es el Falcon, que también, es escucharse a sí mismo. Y que después eructe algún fan a sueldo:&nbsp;es el puto amo. No empece que el arcoíris emocional de los discursos del susodicho denota absoluta pobreza espiritual pues sólo es capaz de reflejar un color: el de la mala leche para con los adversarios políticos que ha travestido en enemigos personales (¡Ánimo, Alberto!). Gran Cabrón lo escribo muy conscientemente. No soy partidario de matizar en hablando de un loco que ha acabado tomándose por el&nbsp;puto amo. Pero tomándose verdaderamente en serio.</p>

<p>En su fuero interno, toda persona, yo mismo, está invadida por la duda, el remordimiento, la contradicción. Y en su desamparo debe ser respetada aunque sea Presidente del Gobierno. Pero el desdoblamiento público, mediático, políticamente sectario, prepotente e intimidatorio no merece el mínimo respeto ni consideración. En este sentido, estimo hay que renunciar al respeto debido y otros ornamentos y perifollos dialécticos e ir a la esencia argumental que no puede ser otra que humillar, zaherir y ridiculizar al Gran Cabrón y su areópago hasta desmayarlos de vergüenza. Aunque poca, sí la tienen. El Gran Cabrón, firmen lo que firmen a su mayor gloria, en El País o en manifiestos, los abajofirmantes encocados, es un enfermo mental que está acabando con lo mejor de España. Y puto, digo, y punto.</p>

<p>Hasta la mínima idea o impulso de mérito, esfuerzo, superación personal ha sido desterrada de España. Qué vamos a esperar de ímpetu ejemplar de un tipo que plagió una tesis de quinta regional y perjuró de cuanto prometió. El escultor Lorenzo Ghiberti trabajó durante cincuenta años para crear las puertas de entrada norte y este del Baptisterio de San Juan (Battistero di San Giovanni, Florencia).&nbsp;Las puertas del paraíso&nbsp;para Miguel-Angel, que de esas cosas algo sabia. Lo dijo Séneca:&nbsp;Per aspera ad astra&nbsp;(Sólo con dificultad se llega a las estrellas) Sin embargo, tal es el nivel del relajo y pasotismo que ha invadido España bajo la gubernatura del Gran Cabrón que, en lugar de fomentar la gran tradición perfeccionista occidental, de los más de 340.000 estudiantes que acceden anualmente al sistema universitario español, 115.000 abandonan antes de finalizar sus estudios (Fundación Conocimiento y Desarrollo, 2024). Y entre los que no abandonan sólo cuatro de cada diez estudiantes terminan la carrera sin perder curso. En conjunto estamos a la cola de la UE en STEM (acrónimo en inglés de ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas). Poco le importa todo esto al Gran Cabrón enrollado en su insuperable postureo gestual. Tanto es el fervor que despierta entre los suyos, no digamos las suyas, que una diputada socialista en la Diputación de Granada, una tal Paqui, ha propuesto lo hagan «santo». Ni que estuviéramos en Haití.</p>

<p>Qué mal huelen los desagües y alcantarillas que transitan las zorras de babeantes colmillos carniceros al servicio del Gran Cabrón en aras de intimidar y proscribir todo pensamiento divergente, cualquier opinión sólidamente crítica y, por tanto, peligrosa ¿Existe alguna universidad en España en la que se cuestione serenamente el cambio climático, el nazifeminismo, la epidemiología al servicio de las multinacionales farmacéuticas, la perversidad de ciertos postulados sociales considerados democráticos BOE mediante, las diferencias raciales, las religiones invasoras, las guerras árabe-israelíes? No, no existe. Pero sí existen leyes represivas amparando todo ese desmadre.</p>

<p>Donde otrora se erigían las llameantes hogueras de la disidencia se alzan ahora las instituciones que amparan y oficializan lugares comunes volátiles pero de obligatorio cumplimiento. Son numerosos, en efecto, y desde ángulos muy distintos (islamoizquierdistas, comunistas encocados, tecnócratas globalistas, feministas depresivas, perroflautas armados, racialistas antijudíos, etc.) quienes compiten por fabricar y distribuir los supositorios, ay, de la corrección política ¿Sólo política? Bueno, que se lo pregunten a bebedores de vino y aguardientes varios, fumadores y viudos de sábado sabadete, camisa limpia y polvete (estigmatizados de puteros, los pobres) y otros peligrosos seres humanos tratados como delincuentes y perseguidos a conciencia&nbsp;fatwa&nbsp;progresista en mano. Como si estuviéramos en Irán. Todas las instituciones agavilladas en las manos pringosas de “expertos”, avales de moralistas, que actúan de nurses dando el biberón doctrinal a la chusma indocta que además debe agradecerlo y comportarse en policía de los balcones delatando al insumiso. Que soy yo. O usted. Fuck you Gran Cabrón!</p>

<p>Vivimos en España bajo una perversión democrática cuya ortodoxia polisémica, polimorfa y podrida resulta intranscendente, secundaria y marginal para sus urdidores coaligados. Lo crucial es que sirva a la toma de poder compartiéndolo, de aquella manera, entre amigos, paniaguados, aliados o asociados que con violento maniqueísmo ideológico pretextan defender a los oprimidos (sean mujeres de quita y pon, gatos abandonados, hombres de pon y quita, vascos, lengüecillas subvencionadas, transgéneros, bosques, osos, menas musulmanes, cormoranes, catalanes, etc…) mediante innovaciones institucionales y legales que al romper con la tradición –horresco referens- pretendidamente nos abren las puertas de la modernidad ¿Pero, la verdad, quién quiere experimentar con el comunismo del Gran Cabrón y aliados separatistas a estas alturas del curso? Sólo los suyos, los paniaguados, las feministas chutadas a prozac, los islamoizquierdistas y los separatistas. Si bien la mejor tradición, la nuestra, aconseja: los experimentos, con gaseosa. Únicamente Dalí, español de buena raza, tuvo arrestos para ridiculizar a Lenin representándolo bajo los rasgos de un arquero sodomita (El Enigma de Guillermo Tell/&nbsp;L’Énigme de Guillaume&nbsp;Tell ) que puso de los nervios a Breton, Pontífice del surrealismo, sectario comunista como tantos otros represores de la época, a pesar de la modernidad que representó el surrealismo y su ruptura con la tradición.</p>

<p>En España, alicortados de altura de miras, sin voluntad de esfuerzo, sin gusto por la obra bien hecha, todo acaba convergiendo hacia un sistema endógeno de entreayuda sectaria y partidista mediante alianza de circunstancias (marxismo y surrealismo o feminismo y ciencia) e intercambio de favores que reducen la vida intelectual a carnaval insustancial y nauseabundo cual desfile del orgullo gay. Que no es, sobra decir, cuestión de liberación sexual –bienvenida sea si no es forzada y socialmente forzosa- sino pura y simplemente mal gusto y brutal atentado contra la belleza. Todo tipo de belleza, desde la indumentaria al&nbsp;beau geste.</p>

<p>Y así es, sin entrar en más detalles, la era del Gran Cabrón, iniciada hace tiempo pero ahora mismo en el cénit.</p>
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        <media:title><![CDATA[El tipo que se escuchaba a sí mismo]]></media:title>
        <media:text><![CDATA[Juan José R. Calaza]]></media:text>
        <media:description><![CDATA[Juan José R. Calaza]]></media:description>
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  <title><![CDATA[¿Por qué Andrés Trapiello no es académico de la RAE?]]></title>
      <category><![CDATA[Opinión]]></category>
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  <pubDate>Sun, 5 Oct 2025 08:42:48 +0200</pubDate>
      <dc:creator><![CDATA[Juan José R. Calaza]]></dc:creator>
        <description><![CDATA[ Lean ustedes, es buen consejo, este artículo de Andrés Trapiello (1) - San Pascual Bailón y la eterna primavera - que el autor resume de la guisa:&nbsp; En su ensayo, Félix de Azúa alude a una constatación a un tiempo resignada y nietzscheana:...]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[<p>Lean ustedes, es buen consejo, este artículo de Andrés Trapiello (1) -<em>San Pascual Bailón y la eterna primavera</em>- que el autor resume de la guisa:&nbsp;<em>En su ensayo, Félix de Azúa alude a una constatación a un tiempo resignada y nietzscheana: esta edad nuestra ha tocado a su fin y sin embargo la vida nos brinda cada día ocasiones suficientes para celebrarla</em>. Esta pieza –que Fernando Savater y Antonio Jiménez-Blanco calificaron de&nbsp;<em>mágica</em>- es cuño e impronta, por sí misma y aunque sólo fuere por esas palabras, de lo inmenso que puede ser, que es, Trapiello como escritor (y De Azúa de consuno).</p>

<p>Hoy no me tocaba hablar genéricamente de la producción literaria, ensayística y periodística de Andrés Trapiello sino aprontar a esta columna breve reseña de&nbsp;<em>Próspero viento: Una vida política</em>, libro recién salido de su obrador, buen pan horneado con experiencia. Pero, ay, al no recibirlo a tiempo asignaré el espacio a otras andaduras del susodicho, en esta hora y siglo uno de los mejores prosistas de las letras hispánicas. No es poco decir. De Buenos Aires al Bronx y de Los Ángeles a Barcelona. Y siendo esto así, así me parece, sí, no es gratuito preguntarse el porqué de la ausencia del escritor leonés&nbsp;de la&nbsp;<em>docta casa</em>&nbsp;(RAE). Los padrinos cuentan, las presiones políticas también, y, actualmente, el sexo (los seis) allende la valía intrínseca del seso. Pero en el caso de Trapiello cuentan sobre todo los odios incubados para con él. Sabemos por Javier Marías que la RAE no siempre estuvo sometida al poder político. En efecto, cuando un pelotas de guardia fue a Franco con el chivatazo de que la RAE se disponía a elegir a Don Julián miembro de número (fiel a Besteiro hasta el último minuto), el Generalísimo se limitó a comentar que no había que perder el tiempo y pasar a otra cosa: “No hay nada que podamos hacer para impedirlo, la RAE no la controlamos” O sea, como el Constitucional de Conde-Pumpido. Aún hay clases.</p>

<p>Remitiendo una vez más a la autoridad de Félix d’A (2) –que sí leyó y reseñó&nbsp;<em>Próspero viento</em>&nbsp;en magnifica columna (<em>Hablando de Trapiello</em>)- leemos que “Como es su costumbre,&nbsp;<strong>aprovecha para repartir leña contra los pobres insensatos que se le han encarado y ofendido, casi todos mercenarios de Sánchez”</strong>.&nbsp;En realidad, no es exactamente así. Trapiello, ya antes de Sánchez, padece la buenísima costumbre moral y malísimo hábito profesional de ser incapaz de&nbsp;<em>nadar y guardar la ropa</em>&nbsp;al mismo tiempo, o como dicen en otras lenguas “Servir deux maîtres à la fois/Run with the hare and hunt with the hounds”. Bien recuerdo y aún me parto de la risa (<em>Las armas y las letras. Literatura y Guerra Civil</em>,1936-1939, páginas 175-180) las leches que Trapiello distribuye a diestro y siniestro a los íconos de la pomada cultural y política española de por entonces –de Marañón, irrecuperable antisemita, a Pérez de Ayala, ameritándose en el más rastrero franquista y eso que había cola- lo cual no debe estar bien considerado en la RAE a pesar de lo llovido. Eso para mí es tener independencia de criterio y arrojo intelectual. Hay más.</p>

<p>Mucho más. Los Machado, por ejemplo. En España, los del monopolio cultural han decretado que el bueno, en todos los sentidos, el infinitamente mejor, es Antonio (Ya habrá cigüeñas al sol/ mirando la tarde roja/ entre Moncayo y Urbión); Manuel, un segundo espada en poesía además de franquista.&nbsp;<em>Roma locuta, causa finita</em>. Pues no. Jean d’Ormesson fue fulminado por la belleza de la lengua española cuando leyó estos versos de Manuel: “Yo soy como las gentes que a mi tierra vinieron/ soy de la raza mora, vieja amiga del Sol,/ que todo lo ganaron y todo lo perdieron./Tengo el alma de nardo del árabe español”. Y Andrés Trapiello con inaudita independencia escribió estas justas palabras (3) en&nbsp;<em>Los Machado, almas gemelas</em>: “Las tontas comparaciones habían dejado incompleto a Antonio, privándole de su hermano”. Con un par. Así no se ingresa en la RAE ni con calzador.</p>

<p>Sucede que siempre hay alguno que se pasa de listo y queriendo sentar cátedra mea fuera de tiesto. Un tal –en fin olvidé su nombre- Pelagatos pudiera ser, pretextando reseñar&nbsp;<em>Próspero viento</em>, en TO (4), aprovecha para soltar una homilía a la memoria de Gil de Biedma –que no sabía inglés y menos español- y abroncar&nbsp;<em>in fine</em>&nbsp;a Trapiello porque, sin duda desinformado, no ha sido suficientemente explícito en lo tocante a Gaza reprochándole el tono que, sin compasión, ha utilizado en sus últimos escritos respecto a la “indignante masacre de palestinos”.</p>

<p>Well. Mire usted, estimado Pelagatos, de la indignación acepto la irreverencia saludable, fresca, renovadora. También en esto de escribir -actividad, como el andamio y el toreo, de quien no vale para otra cosa, decía el maestro (y no es Mainer)- cada cual emplea su propio tono -desenvuelto y sentencioso, provocador y truculento, docto y despreciativo, esquinero e insolente-, pero es inadmisible poner por delante sentimientos de indignación que pretenden justificar procedimientos de descalificación.&nbsp;El éxito político e intelectual de los conservadores, la izquierda –verbigracia, usted mismo, estimado Pelagatos- lo achaca a la desinformación. No obstante, no es descabellado sospechar que las personas lúcidas &nbsp; están cansadas del moralismo&nbsp;racialista propalestino, del teatrillo identitario, de la majadería woke, de la mala leche feminista, del engreído supremacismo inverso de árabes y negros, del desprecio de las élites al pueblo sin diplomas, de quienes teniendo todo también quieren tener buena conciencia, de los revolucionarios en velero y baño de las islas griegas, &nbsp;etc. Y eso no es desinformación. Yo con Trapiello también mantengo árida lejanía respecto a cuestiones cruciales, pero no respecto a Gaza. Ni respecto a su valía singular, única.</p>

<p>A mí tampoco me gusta lo que ha escrito Trapiello respecto a Trump –a quien no sólo admiro sino asimismo adoro- o respecto a la guerra en Ucrania. La guerra más justa de este siglo como anticipó en su día Kissinger advirtiendo a los gánsteres de la OTAN si se pasaban de matones. No sólo se pasaron, siguen con sus belicosas provocaciones, sino que Zelenski –ese payaso sanguinario que, en edificante espectáculo, tocaba el piano con el pene en binomio con un comparsa en ese maravilloso país cuya principal industria son las putas y el tráfico de órganos humanos- ha conseguido que diez millones de ucranianos/as se hayan exiliado para no ir a&nbsp;<em>su</em>&nbsp;guerra. La guerra de Zelenski y los traficantes de armas y mercenarios financiados por Bruselas y la OTAN. No comparto ni de lejos lo que ha escrito Trapiello al respecto pero en intelectual independiente escribe para un lector ideal que encarne el sentido de lo que pudiera aproximarse a su Verdad. En fin, como todo dios, digo yo. Y respecto a lo de Gaza, estimado Pelagatos, ahí van dos cosillas que me transfirieron en bilateral sendos amigos de amplios, selectos y bien colocados saberes:</p>

<p>1De una cuenta en Twiter: “Vas a todas las manifestaciones por Palestina pero nunca te acercas a visitar a tu abuela al asilo”.</p>

<p>2La militante italiana propalestina y proislamista Pippa Bacca, falleció&nbsp;<em>en acto de servicio&nbsp;</em>a la fusión de culturas. Pippa, nacida Giuseppina Pasqualino di Marineo falleció porque la asesinaron en Gebze, a las afueras de Estambul. Pippa, artista multidisciplinar (como aquella otra de la banda de Colau que meaba en público y contaba para su CV artístico y de concejala, o lo que fuese), se vistió de novia y se fue andando a Palestina con intención de acabar en Jerusalem. Simbolizaba el matrimonio entre Oriente y Occidente (que tanto gustaba a Zapatero y a su ministra Leire Pajin, la de la pulserita sanadora). Al poner el pie en Turquía, vestida de novia cristiana italiana, la violaron, la mataron y el asesino, además, usó su móvil para hacer llamadas.</p>

<p>Ahora, los expertos “independientes” de la ONU, encabezados por Francesca Albanese (prima del Cojo Manteca o algo por el estilo), se oponen firmemente al plan de paz aceptado por Israel y Hamas. La parte difícil del plan de Trump va a ser convencer a Ione Belarra, a Francesca Albanese y el resto de pringados occidentales, incluidos etarras y tripulantas de la Flotilla Sumud, dicen mis irónicos amigos.</p>

<p>Al grano. Serenamente avecindado en Extremadura, nos trajo Trapiello de sus zamoranas tierras cazadoras, la escarchada prosa del alba, mordiente y dura como el colmillo acerado, la garra carnicera o el plomo incandescente que frecuentó. Prosa justa y precisa, equilibrada y enjuta, sin excesos ni aspavientos. Por elegante y clara está ahí toda limpia y sana la dicción inconfundible de un escritor como la copa de un pino. Escritor de buen gusto cuyo fraseo suena como el viento a ras de campos sembrados de adjetivos. Que no otra cosa son la prosa y la caza para quien las practica en mano, pluma escribidora y granadilla de codorniz, tradición de labradores y cervantinos hidalgos pobres pues sólo los que han sido desposeídos de casi todo pueden viajar ligeros de equipaje con la sobriedad massaï del desamparo elegante. Por escribir así de bien nunca lo llamaron de la RAE, pero un día, lo deseo de corazón por el bien de la buena España, lo llamarán de Estocolmo.</p>

<p>(1)<a target="_blank" href="https://www.elmundo.es/la-lectura/2025/01/24/678e8fbbfc6c8346678b45c2.html">https://www.elmundo.es/la-lectura/2025/01/24/678e8fbbfc6c8346678b45c2.html</a></p>

<p>(2)&nbsp;<a target="_blank" href="https://theobjective.com/elsubjetivo/opinion/2025-09-27/hablando-de-trapiello-articulo-azua/">https://theobjective.com/elsubjetivo/opinion/2025-09-27/hablando-de-trapiello-articulo-azua/</a></p>

<p>(3)&nbsp;<a target="_blank" href="https://www.elmundo.es/la-lectura/2024/11/08/672cb85dfdddff44798b4597.html">https://www.elmundo.es/la-lectura/2024/11/08/672cb85dfdddff44798b4597.html</a></p>

<p>(4)&nbsp;<a target="_blank" href="https://theobjective.com/cultura/literatura/2025-09-29/viento-andres-trapiello-estado-cuestion/">https://theobjective.com/cultura/literatura/2025-09-29/viento-andres-trapiello-estado-cuestion/</a>&nbsp;</p>
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                        <item>
  <title><![CDATA[Occidente o Islam, no hay otra.]]></title>
      <category><![CDATA[Opinión]]></category>
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  <pubDate>Sun, 28 Sep 2025 00:19:15 +0200</pubDate>
      <dc:creator><![CDATA[Juan José R. Calaza]]></dc:creator>
        <description><![CDATA[ Tengo para mí que la&nbsp; Invencible &nbsp;que boga hacia Gaza bajo los auspicios del Gran Cabrón se nutre abundosamente de porreros, cocainómanas, niños bien ecolo-armani, unas cuantas locas en celo y muchos bastardos antisemitas.&nbsp;&nbsp;...]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[<p>Tengo para mí que la&nbsp;<em>Invencible</em>&nbsp;que boga hacia Gaza bajo los auspicios del Gran Cabrón se nutre abundosamente de porreros, cocainómanas, niños bien ecolo-armani, unas cuantas locas en celo y muchos bastardos antisemitas.&nbsp;&nbsp; Con esos mimbres sólo pueden tejerse cestas para llenarlas con la crispación y odio preexistentes al conflicto que cada dos por tres reactualizan los terroristas –llevan ochenta años así, viviendo a cuerpo de rey, financiación les sobra- siempre imaginativos a la hora de sembrar la muerte con cualquier pretexto. No es de extrañar, Occidente ha sucumbido a campañas de polarización, perfecta y minuciosamente calculadas, cuya finalidad es enjaular síquica e intelectualmente a la población generando un estado de crispación que imposibilite el debate limpio y objetivo. Ese retroceso histórico –el languidecimiento de la deliberación democrática- no es en sí mismo lo más relevante en las guerras civiles ideológicas que arden por doquier entre nosotros. Lo grave es cohonestar como normalidad democrática las trincheras profundamente excavadas que dividen al mundo entre&nbsp;<em>buenos</em>&nbsp;y&nbsp;<em>malos</em>.</p>

<p>Pero los&nbsp;<em>malos</em>&nbsp;partimos con cierta ventaja: queremos una revolución de verdad. Nada de paños calientes: queremos vencer o morir. Para ver directamente a la cara al mundo en toda su fealdad hay que tener redaños y, en cierta medida, ser bastante sucios, como la vida misma, como el propio mundo. Pero rebuscar en el poso del Paraíso Perdido en procura de alguna perla rara con sus correspondientes huríes, o viceversa, es de gilipollas. Hay que reconocer a los malvados cierta superioridad sobre los profesionales del Bien: cuando mienten, mienten sinceramente. No se engañan a sí mismos, son conscientes de la propia maldad (según criterios buenistas) y si la disimulan para más fácilmente alcanzar objetivos, a veces revestidos de piel de oveja, lo hacen con resplandeciente lucidez y obstinada claridad. Con cierta grandeza nietzscheana, diría León Felipe. Van a lo suyo. Vamos a lo nuestro. Y punto. Por el contrario, los profesionales del Bien, los&nbsp;<em>buenos</em>, incluso cuando mienten se reclaman de una casta superior con derecho a ejercer la violencia moral de la mentira: se engañan a sí mismos para no sentir que impostan una virtud&nbsp;<em>prêt-à-porter</em>. Los peores, o entre los peores, son los islamo-izquierdistas tipo los perroflautas de la&nbsp;<em>Invencible</em>. Esos genios truculentos empeñados en hacer creer a los imbéciles que cuando un sincero y desinteresado simpatizante de los colectivos LGBTQ+ critica la homofobia musulmana –en Irán, sin ir más lejos- está justificando implícitamente políticas xenófobas contra musulmanes. Ya saben, también, que la mejor forma, la más astuta, de socavar las instituciones democráticas desde dentro (el islamo-izquierdismo&nbsp;<em>dixit</em>) &nbsp;es instrumentalizar el feminismo para, en nombre de la liberación de la mujer musulmana, prohibir el velo en público. Más o menos como Mustafa Kemal Atatük, nunca suficientemente ponderado, que desembarazó a Turquía de turbantes y otras prendas del siglo X en conflicto con la modernidad.</p>

<p>Lo inclusivo y buenista ha invadido todo, de ello es bien consciente el Islam. A favor de la decadencia se acometen las perores tergiversaciones. Incluso óperas y representaciones teatrales de Shakespeare (Coriolano, por ejemplo). Nadie se atrevería a representar un Otelo rubio ¿Por qué se permite, entonces, un Coriolano negro y/o maricón, digo, gay? En la restauración de la catedral de Notre Dame se permitió que los arquitectos ejercieran la libertad artística hasta cierto punto. No se hubiera permitido transformarla en parque temático o una versión&nbsp;<em>soft</em>&nbsp;de Disneyland. Las piezas clásicas de ópera o teatro deberían estar sometidas a las mismas restricciones y limitaciones. Sucede que en este sector el islamo-izquierdismo, en binomio con el&nbsp;<em>lobby rosa</em>, dispone de gran poder.</p>

<p>¿Qué nos ha sucedido, cómo hemos caído tan bajo cuando casi habíamos tocado el cielo gracias al progreso técnico y el perfeccionamiento democrático? Lo único que puedo decir, no sin pesimismo, es que mientras se festejan&nbsp;<em>orgullos</em>&nbsp;de todo tipo -y venga a volar lentejuelas, papeluchos, serpentinas…- observo que se cierra el ciclo del pensamiento crítico inaugurado en el Mediterráneo –profeta judío, filósofo griego, legislador romano- y madurado a partir del siglo XVIII en Occidente. Lo bestialmente imparable y angustiosamente sorprendente es que la dinámica se ha acelerado en los últimos veinte años con la enfática colaboración de los políticos. De todos. Anda que los del PP… Eso es lo verdaderamente terrorífico ¿Por qué el sentido común y la inteligencia colectiva han prácticamente desaparecido en las dos últimas décadas sin oponer resistencia? Este es el enigma que me gustaría elucidar ¿Por qué se ha suicidado Occidente? Y no cabe la esperanza que la respuesta la suministrarán las generaciones futuras occidentales. O frenamos en seco la caída o no habrá generaciones futuras occidentales.</p>

<p>Yo lo tengo bien clarito. De la misma forma que la novela después de la invención del cine no puede ser la misma que la del siglo XIX, tampoco la democracia de la sociedad de la información, globalización, inmigración masiva y comunicación puede ser la misma que la surgida de la IIGM. Juntos sí pero no revueltos. No mareen ni nos hagan perder el tiempo hablando de cosas que ya no existen. La democracia de la crisis demográfica y el reto islamista en Europa no puede ser la misma que cuando la mayor preocupación era si casar a la hija o meterla a monja.</p>

<p>En los mundanos salones de la izquierda&nbsp;<em>papier glacé</em>&nbsp;que quiere hacernos buenos, tanto se descorcha champagne como se estiran blancas rayitas o se firman manifiestos. O se mete mano a la actriz parada con sobrepeso que al salir de la fiesta presentará denuncia porque de algo hay que vivir. Y me parece bien. Quiero decir, me importa un carajo. Lo que sí me importa es que los firmantes se pongan pesados hasta el atragantamiento de indignación cada vez que alguien se aleja de la ortodoxa vulgata parida por el simplismo moral del más abyecto oportunismo ¿No es acaso abyecto oportunismo excluir al País Vasco y Cataluña en el reparto de&nbsp;<em>menas&nbsp;</em>musulmanes ? Un oportunismo de manos suaves, pajilleras y perfumadas que no sólo apestan a hipocresía sino, sobre todo, a la dulce suciedad del dinero ganado en los enmoquetados pasillos donde se negocia el dolor de los perdedores. Que somos todos los occidentales de bien. Y ya me está brotando el gen corsario revolucionario -que no tienen en la&nbsp;<em>Invencible</em>&nbsp;a Gaza- pidiendo guerra con la voz bronca de la revolución macho, occidental, semita, obrera y caliente de pendencias metálicas y auroras rojas en los andamios.</p>
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        <media:text><![CDATA[Juan José R. Calaza]]></media:text>
        <media:description><![CDATA[Juan José R. Calaza]]></media:description>
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                        <item>
  <title><![CDATA[¿Qué pasa con el calentamiento global?]]></title>
      <category><![CDATA[Opinión]]></category>
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  <pubDate>Sun, 21 Sep 2025 08:40:49 +0200</pubDate>
      <dc:creator><![CDATA[Juan José R. Calaza]]></dc:creator>
        <description><![CDATA[ Fallecido Pradera, fundador de Claves, una de las proezas culturales –sí, proeza- endosable a Fernando Savater fue haber convertido la revista en vivificante enjambrazón de la libertad de opinión bien documentada y argumentada, en el mundo de...]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[<p>Fallecido Pradera, fundador de Claves, una de las proezas culturales –sí, proeza- endosable a Fernando Savater fue haber convertido la revista en vivificante enjambrazón de la libertad de opinión bien documentada y argumentada, en el mundo de habla hispánica. López Obrador, haciendo gala de densa formación, se jactaba de leer Claves (sin gran provecho, al parecer). Excepcionalmente, podía toparse el lector artículos algo rudimentarios repitiendo –más que el chorizo- tópicos, pero, con desacuerdos fácilmente asumibles, las piezas mantenían el rigor exigible en ese tipo de publicaciones. De buena hora fue CLAVES de Razón Práctica, esto es, estimulando de preferencia el análisis de lo urgente, lo práctico, lo que nos afecta intelectualmente en el día a día. No se esperaban, en aras de ser publicados, sesudos, eruditos, ininteligibles análisis de alta ciencia o&nbsp;abstrusa filosofía propios de revistas especializadas sólo aptas para minorías que hablan siete idiomas. Y no se les entiende en ninguno. Cientos de artículos editados en Claves mientras Savater la dirigió fueron, abrumadoramente, ensayos cortos elegantemente claros y sintéticos, en cierta medida siguiendo la ejemplar trayectoria ensayística del propio Savater. Conviene no olvidarlo, forma parte de una Historia, la de Occidente, que, tocado del ala, decae a ojos vista.</p>

<p>Con ser lo anterior importante, valoro especialmente que Fer Savater se hubiese erguido (no digamos contra el terrorismo, palabras mayores), que se hubiese implicado &nbsp;personal y editorialmente contra la religión del cambio climático (CC). En breve acotación, se acepta en primera aproximación que calentamiento global (CG) es la forma especifica que adopta el CC en el hemisferio norte. Primero, Savater sacó en El País pieza, de su puño y letra, dudando del monopolio de la verdad y fraudulento consenso en torno al CC. Creo que nunca leí en esas páginas comentarios más hostiles, bajunos, abyectos, deleznables, sectarios y odiosos que los sustanciados por la mayoría de abajo firmantes, pobres diablos, contra Savater, reo de lesa opinión. Segundo, (sin cabida en ninguna otra publicación de ese nivel, tan tremenda era la represión intelectual) editando en Claves algunos ensayos –hasta ahora no rebatidos solventemente- que analizaban los dudosos fundamentos científicos del CG/CC.</p>

<p>Así las cosas, ¿es el cambio climático una religión? También. Pero sobre todo es la ideología que justifica un gran negocio (económico y político) que empobrece a buena parte de la población mundial y estigmatiza a otra buena parte, casi la misma, tildándola de fascista anti-medioambientalista. Ahora bien, a la fuerza ahorcan y era de esperar, recientemente se ha constado inflexión de tono y actitud de gobiernos que hasta ayer mismo fueron furiosamente represores para con críticos o escépticos respecto al CG/CC. Más precisamente, críticos no tanto contra la realidad del CG/CC en sí mismo sino contra la causalidad no probada de CO2 y metano, principalmente, de origen antropogénico/antrópico. Es decir, ustedes y yo cuando encendemos la luz o comemos ternera.</p>

<p>Dicha inflexión se evidencia a tenor de lo siguiente. Desde la Comisión Europea –Von der Lerda en cabeza- se fraguó en junio la propuesta de fijar para 2040 una meta de reducción de las emisiones del 90% respecto a los niveles de 1990. Propuesta que equidista entre el suicidio económico y el retraso mental woke-ecologista con barco y moto de agua. El justificado rechazo de cuatro de los grandes países de la UE a la propuesta —Francia, Alemania, Italia y Polonia—choca con el postureo de España siempre en cabeza del empoderamiento climático, feminista, inmigratorio, animalista, federalista o, de propina, antisemita. La ministra Aagesen, correveidile del Gran Cabrón capaz de vender a España no por tres pesetas pero sí por siete votos, insiste en que la UE, en cumplimiento (no vinculante pues cualquier país puede retirarse cuando le dé la gana) de los Acuerdos de Paris (2015), llegue a la cumbre del clima de Brasil, en noviembre, “con una propuesta ambiciosa y basada en la ciencia” que permita a Europa “reafirmar su liderazgo” en la lucha contra el CG/CC. Postureo total. Y ello porque la UE –mira que somos&nbsp;<em>wokegilipollas</em>-&nbsp;<em>hasta ahora ha sido el espejo de referencia para otras potencias</em>&nbsp;¿De referencia para quién? ¿Para China, para EE.UU, para India? ¿Propuesta basada en la ciencia? Pues toma ciencia, ministra. En previsión de dedicar un par de piezas a asunto científicamente tan complicado (GC/CC) y políticamente manipulado, avanzo el siguiente dato científico que a buen seguro Aagesen y el Gran Cabrón ignoran. O si no lo ignoran igual da: lo que cuenta son los siete votos de los&nbsp;<em>calentólogos</em>&nbsp;o del diablo.</p>

<p>Ahí va. La última gran glaciación se extendió entre 110.000 y 12.000 años atrás. El hemisferio norte sufrió temperaturas medias anuales 6° (Celsius) menos que las actuales. Sucede que la glaciación no se mantuvo uniformemente –a la misma temperatura durante 100.000 años- sino que experimentó bruscos cambios en pocas décadas. Esos eventos (25 en total) con aumentos de 8° a 14° en cincuenta o sesenta años, en el Atlántico norte, seguidos de enfriamiento gradual (ciclos Dansgaard-Oeschger; eventos de Bond en el Holoceno), han sido detectados por los isótopos conservados en los testigos/catas de hielo en Groenlandia. La misma observación se constata en la Antártida , pero en oposición de fase respecto al Atlántico norte, la así llamada balanza climática bipolar o sincronización opuesta: cuando un polo se enfría el otro se caliente. O sea, nada nuevo bajo el Sol.</p>
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        <media:text><![CDATA[Juan José R. Calaza]]></media:text>
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                        <item>
  <title><![CDATA[¿Tractoria? No: Fangoria (pasando por Harvard)]]></title>
      <category><![CDATA[Opinión]]></category>
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  <pubDate>Sun, 7 Sep 2025 08:45:56 +0200</pubDate>
      <dc:creator><![CDATA[Juan José R. Calaza]]></dc:creator>
        <description><![CDATA[ No hace mucho (28/08/2025) nuestros amigos de  El Debate informaban  (1) que un tal Jordi Graupera García-Milà,&nbsp;independentista catalán, imparte doctrina desde Princeton en el tiempo libre que le dejan las colaboraciones en Catalunya Ràdio,...]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[<p>No hace mucho (28/08/2025) nuestros amigos de<a target="_blank" href="https://www.eldebate.com/espana/cataluna/20250828/investigador-nacionalista-considera-espanol-lengua-genocida_328962.html"> El Debate informaban </a>(1) que un tal Jordi Graupera García-Milà,&nbsp;independentista catalán, imparte doctrina desde Princeton en el tiempo libre que le dejan las colaboraciones en Catalunya Ràdio, El Mundo, La Vanguardia, Público, RAC 1, SER, ARA, El Nacional y El Periódico ¿Qué doctrina imparte el menda? Pues que “El español es una lengua genocida. Posiblemente la que más lenguas ha destruido a su paso: con muertos y represión”. Y patatín patatán. El susodicho fundó con la independentista fugada Clara Ponsatí el partido Alhora, se presentaron a las elecciones autonómicas (2024) cosechando el 0,44% de votos (ningún parlamentario). Asimismo, el articulista de El Debate enlaza el caso de Graupera con el de Xavier Sala i Martin que entre sus grandes logros&nbsp;&nbsp; está haber afirmado que “la independencia (de Cataluña) se consigue a hostias” aunque él las evita (recibirlas, porque darlas ni en sueños) acogiéndose a sagrado bajo las faldas de la nacionalidad estadounidense y su residencia en Columbia.</p>

<p>Dejo para próxima pieza comentar con despacio la doctrina del menda Graupera, ciñéndome aquí a resaltar otra faceta del independentismo catalán que ya en su momento señaló Félix Ovejero: la importancia de las facultades catalanas de economía en tanto bastiones independentistas y fábricas de&nbsp;<em>haters</em>&nbsp;antiespañoles. Esto lo consiguieron, en parte, becando en universidades estadounidenses, en aras de prestigiarse y diferenciarse de los subdesarrollados españoles, a los estudiantes más maleables políticamente, ansiosos de empoderamiento y débiles psíquica y moralmente hasta la compensarlo con ego supremacista. O sea, hornadas de&nbsp;<em>poligoneros middle class</em>&nbsp;criados en el culto atávico al&nbsp;<em>caganer</em>, apestando a malas digestiones de fuet de Vic y purines de cerdos cebados en las granjas holandesas de Tractoria. Puro revolcón en el fango. Fangoria. Con menos cerebro que los grillos, por otra parte, incapaces de suministrar resultados propios de la&nbsp;<em>buena ciencia</em>, sólo aptos a parir “suntuosas burradas” –que decía Ortega- como la Teoría de Juegos. Grupos de presión político-intelectuales, independentistas, que se apoyan recibiendo y otorgando favores, citándose recíprocamente en sus publicaciones, votándose descaradamente entre ellos para la obtención de premios y, en general, practicando entrismo y cooptación en todas las instituciones españolas que sirvan a sus fines. Tan ingenuos somos los españoles, esa es la verdad ¿Si pueden explotar y vampirizar las plataformas españolas en privativo beneficio por qué no habrían de hacerlo? A esa táctica Artur Mas le llamaba&nbsp;<em>astucia</em>. Así, una manada de mediocres absolutos se consideran muy astutos, muy por encima de los españoles, tan lerdos. Y no es de extrañar, ahí tienen a Illa –correveidile del Gran Cabrón- dándoles la razón. Y el dinero. Y el poder. Y la traición. Y la venganza. A los independentistas. Astucia.</p>

<p>Todo empezó, más o menos, con Joan Hortalà, próximo al Opus Dei durante el franquismo lo que le permitió conseguir la cátedra de economía (1965) con el enchufe de Laureano Lopez Rodó y Fabián Estapé. Astucia. Cuando llegó la democracia el dinero se pastoreaba en otros prados y allí se fue Hortalà (ya Consejero de Industria) hasta llegar a secretario de ERC, cambiando de chaqueta, y presidente de la Bolsa de Barcelona. Un carrerón. Otro carrerón de otro chaquetero fue el de Andreu Mas-Colell que con el marchamo de izquierdista perseguido en Barcelona, se licenció en Valladolid (1966), fue becario en Minnesota antes de escalar a Harvard gracias a los demócratas que vieron en el&nbsp;<em>hispanic</em>&nbsp;rebelde, reconvertido a la economía de mercado, el arquetipo idealizado del sueño americano progresista, avalado de consuno por su feliz matrimonio con Esther Silberstein y su amistad con Hugo Sonnenschein de quien heredó la edición de Econometrica. Un&nbsp;<em>caganer</em>&nbsp;de manual que ha sabido hacer amigos. Retornado a Cataluña (1995), Mas-Colell, independentista encumbrado por El País, jugó un papel relevante durante el Procès. Jordi Galí, Sala i Martin, Clara Ponsatí, etc., son algunos de los protegidos de Mas-Colell favorecidos, como él mismo, por cargos y premios bien remunerados, verbigracia, Premio Rey Juan Carlos I de Economía, Premio Rei Jaume I, Premio Fundación BBVA Fronteras del Conocimiento, etc. ¿Creen ustedes que han tenido la dignidad de renunciar a los premios, y al dinero, una vez implicados en el Procès? Ni de broma, la pela es la pela.</p>

<p>Sabedores los independentistas que España se mantiene unida, a duras penas, gracias al fútbol y a la lotería no cejan en exigir una selección nacional propia que pueda, llegado el caso, jugar contra España. Y a su pupila Elsa Artadi, otra eminencia de Harvard, ordenó Mas-Colell (que a día de hoy sigue siendo miembro de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas) crear La Grossa para competir con el premio Gordo de Navidad tan profundamente anclado, como el turrón, en la compartida tradición española. Fracaso total.</p>

<p>El caso de Clara Ponsatí es más descarado si cabe. Especialista en Teoría de Juegos –insustancial culto a la trivialidad matemática- fue parachutada por Mas-Colell a la Prince of Asturias Chair, en Georgetown University, desde donde hacía, pisándose el morro, propaganda independentista cobrando de España. Finalmente, García-Margallo decidió no renovarle el contrato por actividades anticonstitucionales, lo que permitió a la del morro arrastrar su rencor por las aceras a grito pelado en tanto víctima del fascismo españolista. Poco antes, Ponsatí había publicado en La Vanguardia una pieza -"Beneficios, costes y teoría de juegos" (23/11/2012)- en la que desarrollaba una argumentación que muestra a las claras el cacao mental del que hacen gala quienes aplican la TdeJ sin discernimiento. Según Ponsatí, la mayoría de los catalanes preferían la independencia para no sufrir el expolio fiscal que les imponía el Estado español. Ahora bien, les preocupaba quedar fuera de la UE por un veto de España; llegado el caso, la independencia unilateral, no negociada, no les interesaba. Ponsatí proponía analizar la situación con la lógica de las interacciones estratégicas que proporciona la Teoría de Juegos. La conclusión a la que llegaba era que como para España también sería costoso que Cataluña permaneciera fuera de la UE, la decisión lógicamente coherente de Madrid -ante el hecho consumado de la independencia- utilizando la racionalidad de la Teoría de Juegos sería no oponerse al ingreso de Cataluña en la UE. En resumidas cuentas, los catalanes debían votar por la independencia toda vez que la amenaza de España no era creíble. Ya ven ustedes las suntuosas burradas que ampara la TdeJ. Sin embargo, el dislate de Ponsatí tuvo mucho éxito entre los independentistas -siempre agarrándose a clavos ardiendo- y poco después Jordi Galí se descolgó con un artículo en El País en el que daba por hecho que Cataluña independizada seguiría en el euro bajo el paraguas protector del BCE. Galí, otro protegido de Mas-Colell, hizo su tesis con Olivier Blanchard, profesor en el MIT y director del servicio de estudios del FMI. Ambas lumbreras –en las quinielas del Nobel- fueron incapaces de anticipar la crisis de las subprimes a pesar de los miles de ecuaciones estocásticas en derivadas parciales de los modelos del FMI. Pura chatarra.</p>

<p>Y así transitó Cataluña –quién lo hubiera dicho- de Tractoria a Fangoria pasando por Harvard.</p>
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        <media:text><![CDATA[Juan José R. Calaza]]></media:text>
        <media:description><![CDATA[Juan José R. Calaza]]></media:description>
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                        <item>
  <title><![CDATA[En breve y por derecho]]></title>
      <category><![CDATA[Crónica Cultural]]></category>
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  <pubDate>Thu, 28 Aug 2025 09:22:31 +0200</pubDate>
      <dc:creator><![CDATA[Juan José R. Calaza]]></dc:creator>
        <description><![CDATA[ El Dr. Fernando García Alonso (FGA) arrancó su andadura en&nbsp;  El Diario de Madrid  &nbsp;(4-08-2024) con una pieza cuyo título no deja lugar a dudas:&nbsp;La desinformación sobre las drogas&nbsp;(1). Asunto que conoce bien por ser eminente...]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[<p>El Dr. Fernando García Alonso (FGA) arrancó su andadura en&nbsp;<em><strong>El Diario de Madrid</strong></em>&nbsp;(4-08-2024) con una pieza cuyo título no deja lugar a dudas:&nbsp;La desinformación sobre las drogas&nbsp;(1). Asunto que conoce bien por ser eminente farmacólogo con experiencia internacional. La primera línea de ese brillante y militante artículo es un compendio declarativo de indisimuladas intenciones en subsiguiente publicaciones en este diario: “La ciencia sufre el sesgo político que imponen sus financiadores públicos”.&nbsp;Desde entonces, el Dr. García Alonso ha publicado, aquí mismo, casi ciento treinta artículos en la columna “En corto y por derecho”. Y es que, en efecto, sus columnas son cortas y van directamente al grano, esto es, a lo nuclear. Ahora bien, nuestro hombre tiene tantas cuerdas en el violín que la producción periodística abarca mucho más que la farmacología. Y abarca apretando fuerte, exprimiendo hasta la penúltima significación cada palabra que escribe.</p>

<div class="image-inbody-center">
<figure class="image"><img width="233" height="322" alt="Portada libro En breve y por derecho de Fernando García Alonso" src="/media/eldiariodemadrid/images/2025/08/28/2025082810014980828.png" />
<figcaption>En breve y por derecho de Fernando García Alonso</figcaption>
</figure>
</div>

<p>Toda vez que FGA es también editor ha dado a la imprenta sus primeros sesenta y tres artículos, que componen el libro&nbsp;<em><strong>En breve y por derecho</strong></em>&nbsp;(Ediciones Marqués de Cubaslibres) en cuidadosísimo formato, con prologuista de lujo, el magnífico novelista José María Martínez Ferreira. Es este, no pierdan cuidado, el primer tomo de los que seguirán. Me place hablar aquí de mi viejo amigo FGA y me gusta asimismo que&nbsp;<em><strong>El Diario de Madrid</strong></em>&nbsp;prestigie esta publicación (y se prestigie).</p>

<p>Fernando García Alonso ilumina con poderoso trazos temas candentes de nuestra época, que será crucial en la historia europea quizás por corresponder al final de una civilización que comenzó, sobra decir, en Europa. De ese derrumbe ya estamos resintiendo, me parece a mí, las vibraciones tectónicas&nbsp;aunque el bullicio de la calle nos envíe falsas informaciones. Un mundo, el nuestro, en el que no todos los sujetos&nbsp; son&nbsp; plenamente conscientes de la barbarie que acecha buscando poner fin a una de las etapas más brillantes de la cultura de todos los tiempos.</p>

<p>El Dr. García Alonso es maestro por el realismo, carnalidad&nbsp;y peso literario que confiere a sus columnas artillando un libro a caballo entre la relación culta y el ensayo corto, en una trama narrativa que engancha desde la primera página. No siendo un triunfito sino&nbsp;señor de pies a cabeza (los amigos le llamamos El Marqués) FGA, siempre erguido y digno intelectualmente, con acendrada compostura, con pudor e ironía, nos ilustra con elegancia discreta, no hay otra, altamente representativo&nbsp; de la mejor cultura española. Por ello deseo rendirle aquí&nbsp; el máximo de justicia posible.&nbsp;<em><strong>En breve y por derecho</strong></em>, agavilla no pocos logros. Por la precisión y exhaustividad&nbsp; de su estructura narrativa; por la&nbsp;fluidez del ritmo; por la capacidad de síntesis; por la pegada impactante&nbsp; que colorea la difícil realidad de esta época; por la potencia analítica del peculiar universo que ausculta el autor.</p>

<p>No es escritor en agraz quien ha hecho crecer&nbsp;En breve y por derecho.&nbsp;Los abundosos recursos estilísticos, culturales (hasta la erudición) de FGA sustentan de popa a proa una obra que es zarpa e impronta de escritor entero, con una muy precisa concepción del discurso narrativo, tanto en visión como en expresión. Inteligente, preparado, entrenado en la dificultad de desbrozar, extraer y mostrar lo esencial, lo nuclear, quedó dicho. El sistema expresivo de FGA tiende a la transparencia, si no al decir coloquial sí a la producción de un relato exento de obstáculos y opacidades, que se aloja generalmente en el modelo, más o menos estricto, de cómo se escribía en la prensa española cuando se escribía bien. Bajo la aparente facilidad de lo periodístico, la prosa de FGA confiere enorme peso, vida, densidad, realismo a&nbsp; sus columnas al nutrirse de rica complejidad, avecindada&nbsp; en su visión del mundo, residente en su percepción de la Historia, Arte y&nbsp;Ciencia entendidos como enigmas que el observador lúcido y objetivo&nbsp; debe descifrar.</p>

<p>En este libro, de prosa intensa y bien acordada, con gran oficio –quedó dicho- FGA no se limita a reproducir temas, anécdotas, lo factual, sino que desliza personalísimamente -y llena de sus propias inflexiones y matices- su voz toledana, potente&nbsp;de&nbsp;españolidad erguida y convincente, farallón recorrido por mil pueblos.&nbsp; Así se entiende&nbsp; que en parte alguna del libro aflore el maniqueísmo, la Historia es lo que es, mejor limitarse a contar con erudición analítica que interpretar con cansino seguidismo de modas woke y otras insufribles necedades. En efecto, el lector atento ha de encontrar en esta obra no la mera arqueología erudita –aunque erudita obra es si bien acogedora y alegre-&nbsp; sino, y sobre todo, el análisis agudo, acerado, brillante. Y, por momentos, hasta felizmente despiadado. Evidentemente, ese logro no se alcanza escribiendo por escribir sino por una violenta vocación de saber y, de consuno, transmitir lo agavillado en largos años de investigación paciente.</p>

<p>Si bien se mira,&nbsp;FGA no husmea el rastro, tan trillado,&nbsp;del lector medio, más bien lectora –como suele ser el caso en el mundo editorial a la caza de clientela- sino el lector ideal: su lector, su alter ego. Porque el libro surgido de alguien de la talla intelectual del maestro Fernando García Alonso no acecha&nbsp; la venta de miles de ejemplares, qué también y mejor, sino, muy especialmente, dar en el núcleo duro, en el centro feraz, rubio oro, de la buena cosecha de trigo castellano, toda sinceridad y belleza, tan goda y judaica, que no transige en superficiales anécdotas y menos, mucho menos, en quejumbrosas amarguras narrativas donde yace&nbsp; yerto y frio el&nbsp;alegre saber.</p>

<p>(1) <a target="_blank" href="https://www.eldiariodemadrid.es/articulo/opinion/desinformacion-drogas/20240804123040078078.html">https://www.eldiariodemadrid.es/articulo/opinion/desinformacion-drogas/20240804123040078078.html</a></p>
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        <media:title><![CDATA[En breve y por derecho]]></media:title>
        <media:text><![CDATA[Juan José R. Calaza]]></media:text>
        <media:description><![CDATA[Juan José R. Calaza]]></media:description>
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                        <item>
  <title><![CDATA[Mi amigo Eliseo vive en el campo de Higgs]]></title>
      <category><![CDATA[Opinión]]></category>
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  <pubDate>Tue, 26 Aug 2025 08:22:03 +0200</pubDate>
      <dc:creator><![CDATA[Juan José R. Calaza]]></dc:creator>
        <description><![CDATA[ Fernando García Alonso -de cuyas brillantes colaboraciones ( columna En corto y por derecho ) disfrutamos en  El Diario de Madrid , sí, nos ha informado (1) recientemente (  En la muerte de un amigo 24-05-2025 ) del fallecimiento de Eliseo...]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[<p>Fernando García Alonso -de cuyas brillantes colaboraciones (<em>columna En corto y por derecho</em>) disfrutamos en <strong>El Diario de Madrid</strong>, sí, nos ha informado (1) recientemente ( <em>En la muerte de un amigo 24-05-2025</em>) del fallecimiento de Eliseo Francés Albero, arquitecto de la Escuela de Madrid. No tuve la suerte, el honor, el privilegio –como se diga en estos casos- de estrechar nunca la mano de Eliseo, ni abrazarlo efusivamente, ni emborracharme con él, ni me pidió dinero, ni intentó ligarse a mi mujer, lo normal entre amigos. Eliseo y este que aquí tenéis no llegamos a conocernos personalmente, no interactuamos por células interpuestas aunque sí por electrones. Sin embargo, me conduelo de su muerte, no por esperada la encajo sin tristeza. Fernando –común amigo, eminente doctor en medicina y científico de muchos y bien colocados saberes- había anticipado el desenlace de la dolencia, incurable, que afectaba a Eliseo Francés.</p>

<p>Ocurre que esta época está mágicamente transitada por los así llamados <em>bits</em>, los viejos electrones de toda la vida, mensajeros que nos informan (y desinforman) instantáneamente además de ponernos en contacto con nuestros semejantes digitalizados (absolutamente: nuestros semejantes) en todo el ancho mundo. Y por este medio mantuve con Eliseo Francés intercambios tan enriquecedores e intensos intelectualmente que su pérdida (disculpas a la familia si me apropio de afectos probablemente inmerecidos) me provoca cierto desamparo. Pues Eliseo era, como el Dr. García Alonso y yo mismo, escéptico analítico frente al avasallamiento del cientifismo doctrinario. Es decir, se esforzaba por entender. Especialmente en epidemiología y climatología, temas nada fáciles. Y buscando entender, Fernando García me preguntaba, se preguntaba, al informarme del fallecimiento de Eliseo: <em>¿Y ahora qué?</em> La verdad, no tengo la menor idea ni puedo aportar opinión mínimamente original, solamente mis propios prejuicios y supersticiones ancladas en lo más profundo de la irracionalidad humana. Marx decía –razonablemente, pero ya sabemos hasta dónde llegan las personas razonables- que<em> la conciencia es un epifenómeno, simple manifestación de las células cerebrales.</em> No obstante, Gödel –que estaba como unas maracas pero no dejaba de ser el inigualablemente genial Gödel (2)- creía férvidamente que entre la tercera y cuarta dimensión hay una discontinuidad por la que se cuelan los espíritus o, si se prefiere, la conciencia de los muertos.</p>

<p>Vayan estas modestas líneas en homenaje al amigo que nunca me estrechó la mano, que nunca se emborrachó conmigo, que nunca me pidió dinero, que nunca se ligó a mi mujer. Pero cuya inteligencia, bonhomía, apertura de espíritu y decencia de ley ya echo de menos, aquí tirado en este secarral.</p>

<p>El método científico puede servirse, según casos, de un simple sondeo o del gran colisionador de hadrones del CERN de Ginebra con el que se ha confirmado la existencia del bosón de Higgs. Todo un hito celebrado por la comunidad científica. Poco después, un biólogo chino logró modificar, al parecer, el genoma de gemelas con el fin de evitarles el eventual contagio de VIH. Ahora bien, teniendo en cuenta que las modificaciones genéticas pueden significar una mejora de la especie (pues las gemelas podrían transmitir la protección contra el VIH a la descendencia) la comunidad científica condenó la irresponsabilidad del experimento habida cuenta que todo lo que afecte a la modificación de la especie humana podría traer gravísimas consecuencias como la fabricación de monstruos mediante la ingeniería genética (doblemente monstruosos por perfectos e invulnerables). La ciencia, por tanto, a pesar su prestigio y cierto terrorismo intelectual que impone a los indoctos debe someterse a los principios generales de la ética y a los más concretos de la moral. Este fue uno de los caballos de batalla que brillante y ardorosamente cabalgó Eliseo Francés, mi amigo, de noble estirpe alcoyana.</p>

<p>Insistía Eliseo en que por muchas precauciones que se tomen, la ciencia no está libre de influencia ideológica y, casi peor, de ambiciosos intereses económicos y de poder como se vio durante la pandemia de la Covid-19 y constatamos con el así llamado Cambio climático ¿Cabe esa posibilidad? Por supuesto, los razonamientos científicos y sus procedimientos de validación son sutilmente difíciles, un ligero deslizamiento puede llevar a personas sumamente inteligentes y competentes – a fortiori si se dejan influir inconscientemente por consideraciones políticas, religiosas, económicas o ideológicas- a presentar, verbigracia, una condición necesaria como condición suficiente. Por ello, desde hace siglos, la filosofía en su vertiente epistemológica aborda problemas difíciles respecto a la naturaleza del conocimiento y de la objetividad. Los problemas se complican cuando los autores caen en un <em>totum revolutum</em> de ideas mal formuladas que podrían denominarse genéricamente “relativismo”. Por relativismo entiendo la pretensión de que cualquier afirmación es relativa al individuo o grupo social que la formula. Se distinguen tres tipos de relativismo según la naturaleza del enunciado: relativismo cognitivo, moral y ético. El relativismo cognitivo o epistémico concierne a una afirmación de hecho (es decir, de lo que es o pretender ser).</p>

<p>El enfoque relativista entra en contradicción con la idea que los científicos tienen respecto a sus prácticas y métodos. Los científicos intentan, bien o mal, un conocimiento objetivo del mundo al tiempo que los relativistas más extremosos pretenden que tal intento se basa en una ilusión. Ciertamente, respecto al significado de “objetivo” caben matices que se reflejan, por ejemplo, en la oposición doctrinal entre realismo, convencionalismo o positivismo. Pero ningún científico solvente (sic) admite que la ciencia sea pura construcción social, una más entre otras.</p>

<p>Sin duda, la primera pregunta que se impone es saber cómo podemos tener la certeza de que se puede alcanzar un conocimiento objetivo del mundo o de lo que llamamos la realidad exterior a nosotros mismos. Cómo podemos alcanzarla si jamás tenemos acceso directamente al mundo puesto que lo único que conocemos directamente son nuestras propias sensaciones. Cómo podemos estar seguros que las cosas existen independientemente de nuestras sensaciones. Qué prueba hay, verdaderamente, de que la Luna sigue estando ahí cuando no la miramos. La respuesta es que prueba, lo que se dice prueba que sirva a la demostración de <em>Verdad</em>, en el sentido de Gödel, hay que admitir que no tenemos ninguna. Ahora bien, para no incurrir en la contradicción de negar toda posible teoría del conocimiento objetivo lo que equivaldría a negar también la negación, lo cual es una afirmación, sustituimos<em> prueba</em> por <em>hipótesis razonable</em>. La prueba definitiva de la existencia de la realidad exterior, fuera del propio “yo” no está a nuestro alcance (sí está pero tendríamos que pegarnos un tiro para comprobarlo, como en el caso de los Universos paralelos, pues si la bala no destruyera nuestro “yo” es que la realidad exterior a nuestras sensaciones no existiría, seriamos eternos en un vacío existencial, pero ese es otro asunto). Lo que está a nuestro alcance es formular hipótesis lo cual es una hipótesis al menos tan buena como la hipótesis de no poder formular hipótesis. Por tanto, rompiendo con el solipsismo –la forma más radical del subjetivismo, según la cual sólo puede conocerse el propio yo- partimos de la hipótesis de la existencia de una realidad objetiva externa e independiente de nuestro yo subjetivo. Y en esas seguimos hasta deslocalizarnos en otra dimensión ¿Entenderemos entonces la realidad de nuestra (in)existencia?</p>

<p><em>¡Qué grande eres Eliseo!</em>, incluso desde ahí, desde el universal campo de Higgs donde ahora te avecindas, me envías partículas filosóficas encapsuladas en burbujitas de champagne para emborracharme con tus reflexiones.</p>

<p>(1)&nbsp;<a target="_blank" href="https://www.eldiariodemadrid.es/articulo/opinion/muerte-amigo/20250825081543108103.html">https://www.eldiariodemadrid.es/articulo/opinion/muerte-amigo/20250825081543108103.html</a></p>

<p>(2)&nbsp;<a target="_blank" href="https://www.eldiariodemadrid.es/articulo/opinion/que-quizas-nunca-podremos-saber/20250824083011108051.html">https://www.eldiariodemadrid.es/articulo/opinion/que-quizas-nunca-podremos-saber/20250824083011108051.html</a></p>
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        <media:title><![CDATA[Mi amigo Eliseo vive en el campo de Higgs]]></media:title>
        <media:text><![CDATA[Juan José R. Calaza]]></media:text>
        <media:description><![CDATA[Juan José R. Calaza]]></media:description>
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                        <item>
  <title><![CDATA[Lo que (quizás) nunca podremos saber]]></title>
      <category><![CDATA[Opinión]]></category>
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  <pubDate>Sun, 24 Aug 2025 08:30:11 +0200</pubDate>
      <dc:creator><![CDATA[Juan José R. Calaza]]></dc:creator>
        <description><![CDATA[ En parte por soberbia y arrogancia intelectual, a quienes participan en los programas de investigación científica las consideraciones epistemológicas les importan poco. Con raras excepciones, tiran para adelante adaptándose a una serie de...]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[<p>En parte por soberbia y arrogancia intelectual, a quienes participan en los programas de investigación científica las consideraciones epistemológicas les importan poco. Con raras excepciones, tiran para adelante adaptándose a una serie de protocolos más o menos rígidos, indiferentes a saber hasta qué punto seleccionan “valorativamente”, consciente o inconscientemente, hipótesis o datos y más indiferentes aun a la “objetividad” de los trabajos en curso. Casi sin excepción, lo que cuenta para los investigadores es el juicio de sus pares. Desgraciadamente es así: todo funciona en circuito cerrado. Por tanto, ni lo valorativo (excluido lo arbitrario) ni lo objetivo (excluida la circularidad o las correlaciones cigüeña que incurren en la falacia d&nbsp;<em>Post hoc ergo propter hoc</em>&nbsp; -antecedente/simultaneidad/correlación- no es causalidad) forman parte estrictamente de las preocupaciones de los investigadores. No obstante, desde el segundo tercio del siglo XX los científicos son conscientes (o deberían serlo) que siendo la ciencia parte del saber no todo el saber es alcanzable (ni lo será aunque dispongamos de la IA más potente que pueda uno imaginar). Curiosamente, todo ello siendo metodológicamente grave es asunto de menor calado: los límites al conocimiento científico no los imponen la falta de objetividad o el eventual carácter valorativo sino razones lógicas inevitables. La revolución partió de los dos campos científicos donde la esperanza de alcanzar un conocimiento perfecto estaba, aparentemente, más justificada: la física y la matemática (que sin ser propiamente ciencia la considerado aquí ciencia instrumental por formar parte de todas las otras). En efecto, en 1931, Kurt Gödel, lógico y matemático, publicó dos teoremas que rompieron el sueño del gran matemático alemán David Hilbert de construir una matemática en la que todo enunciado o proposición o teorema pudiese ser demostrado sin ambigüedad, esto es, demostrar que una proposición es verdadera o es falsa. Gödel probó que existen –dentro de un sistema lógico suficientemente amplio como la aritmética de Peano- enunciados, proposiciones o teoremas respecto a los que no se puede decir si son verdaderos o si son falsos: son indecidibles Los trabajos de Gödel desencadenaron, allende el campo de la lógica y las matemáticas, debates filosóficos respecto a los límites del conocimiento humano sin excluir la ciencia.</p>

<p>Sin embargo, el exuberante diluvio de datos, de todo orden, que diariamente llueven sobre las sociedades modernas, así como la capacidad para almacenarlos, seleccionarlos y tratarlos (Big Data) gracias a los progresos de la computación en confluencia con las distintas versiones de IA, podrían hacernos creer que entramos, prácticamente, en la era de la Omnisciencia (a escala humana, dioses excluidos) rozando con la punta de los dedos, casi, casi, la&nbsp;<em>Verdad</em>. Ay, el moderno concepto &nbsp;<em>Verdad</em>&nbsp;es muy deslizante y, por así decir, inexistente. El susodicho Gödel, para poner fin o al menos evitar el callejón sin salida al que conducen ciertas paradojas lógicas como la de Epiménides y en general las “paradojas del mentiroso” planteó que sólo es verdadero aquello que puede probarse en un sistema lógico coherente (esto es, que impide probar A y no-A). Los trabajos de Gödel son técnicamente muy difíciles, también para lógicos y matemáticos profesionales. Dichosamente, parte del mensaje contenido en esos resultados pertenecen al acervo común –o son&nbsp;<em>Common Knwoledge</em>- de los universitarios de ciencias humanas o sociales y,&nbsp;<em>a fortiori</em>, filósofos.</p>

<p>Se sigue que la gran diferencia entre la&nbsp;<em>Verdad</em>&nbsp;científica y la&nbsp;<em>Verdad</em>&nbsp;lógico-matemática es que sólo es “verdadero” lo que es demostrable (deductivamente) a partir de un sistema lógico o matemático con axiomas bien definidos. Es decir, la verdad, aunque sea científica, fuera del campo lógico-matemático siempre es provisional puesto que al no poder probarse deductivamente estará sometida constantemente a la prueba de fuego de la confirmación empírica. Ocurre que las confirmaciones empíricas aumentan la probabilidad de que una teoría científica sea verdadera pero nunca la prueban definitivamente puesto que un contraejemplo puede ser suficiente para refutarlas/falsarlas: todos los días amanece pero no es imposible que un día deje de amanecer. Por ejemplo, los modelos cósmicos aplicados a nuestro sistema solar garantizan su estabilidad hasta un horizonte de doscientos millones de años. Garantía precaria puesto que probabilística: la probabilidad de que no amanezca dentro de un mes es muy pequeña pero no nula.</p>

<p>No existe de momento (veremos qué sorpresas deparan en el futuro, a la epistemología y al conocimiento científico, la inteligencia artificial y el ordenador cuántico) codificación completa de la racionalidad científica. En una investigación científica, como en una investigación policial, se trata de inferir lo inobservable (el cuerpo del delito) a partir de lo observable (las supuestas pruebas). Y en cada caso existen inferencias más racionales que otras. Así, como las circunstancias son independientes, la ausencia de respuesta “absolutista” lleva a que no hay y no puede haber respuestas que satisfagan una justificación&nbsp;<em>general</em>&nbsp;del principio de inducción (problema heredado por Hume) En definitiva, según los casos, hay inducciones justificadas y otras que no lo son tanto (o nada de nada si las pruebas en la investigación policial han sido manipuladas o si el aparato de medir en un experimento funciona mal) Todo depende de cada caso considerado. Algún día el Sol dejará de salir (lo cual es previsible y cuantificable según las teorías astrofísicas actuales) Volvemos al problema de Hume: ningún argumento respecto al mundo real puede probarse absoluta y literalmente. ¿Ni siquiera el argumento “Todos los humanos son mortales; Messi es humano; por tanto Messi es mortal”? No, ni siquiera.</p>

<p>La idea que el método científico puede llegar a explicar y prever todo lo que concierne a nuestro mundo ya no se sostiene al evidenciarse, por la propia ciencia, los límites infranqueables de su propio discurso. Esos límites suelen clasificarse en cuatro categorías. 1)&nbsp;<em>Límites constructivos</em>, relativos a la imposibilidad de construir un discurso científico que escape a la duda y que repose en bases seguras. 2)&nbsp;<em>Límites predictivos</em>, muestran la imposibilidad de prever ciertos fenómenos con toda generalidad, es decir con una precisión dada y en cualquier escala temporal. Este tipo de límites se encuentran frecuentemente en los sistemas físico-matemáticos caóticos. 3)&nbsp;<em>Límites cognitivos</em>, aparecen en matemáticas en el estudio de números perfectamente definidos pero que no son calculables (como mucho sólo se pueden conocer cierto número finito de sus decimales). 4)&nbsp;<em>Limites ontológicos</em>, eliminan algunas entidades conceptuales mostrando su inconsistencia o situándolas fuera del campo de inteligibilidad del discurso matemático-científico. Por ejemplo, respecto a la existencia, o no, de ciertos objetos matemáticos.</p>

<p>Los anteriores límites al conocimiento se distinguen de los que provienen de obstáculos prácticos adheridos a datos demasiado numerosos para poder ser tratados correcta y significativamente o, por el contrario, a su insuficiencia; también los problemas de orden práctico que surgen de tiempos de cálculo demasiado largos. Estos límites pueden relajarse, pero quizás no puedan ser completamente abolidos, gracias a la colecta de datos, el perfeccionamiento de los algoritmos, IA mediante, o al aumento de la potencia de cálculo como la que se espera del ordenador cuántico. Más fundamentalmente, los límites a los que nos hemos referido son de otro tipo al estar íntimamente ligados a la naturaleza y construcción de teorías matemáticas y físicas y no podrán ser relajados por el progreso técnico.</p>
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        <media:title><![CDATA[Lo que (quizás) nunca podremos saber]]></media:title>
        <media:text><![CDATA[Juan José R. Calaza]]></media:text>
        <media:description><![CDATA[Juan José R. Calaza]]></media:description>
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                        <item>
  <title><![CDATA[Las superestrellas más allá del caso Lamine Yamal]]></title>
      <category><![CDATA[Opinión]]></category>
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  <pubDate>Sun, 17 Aug 2025 09:38:07 +0200</pubDate>
      <dc:creator><![CDATA[Juan José R. Calaza]]></dc:creator>
        <description><![CDATA[ En promedio, las personas profesionalmente mejor cualificadas obtienen mayores remuneraciones en el mercado del trabajo que las que poseen cualificaciones más bajas. Sin embargo, a veces las diferencias de ganancias son tales que sólo pueden...]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[<p>En promedio, las personas profesionalmente mejor cualificadas obtienen mayores remuneraciones en el mercado del trabajo que las que poseen cualificaciones más bajas. Sin embargo, a veces las diferencias de ganancias son tales que sólo pueden explicarse por la especificidad de los mercados.</p>

<p>El mercado en el que se negocian los salarios de las&nbsp;<em>superestrellas</em>&nbsp;–dentro del&nbsp;<em>star-system</em>- concentra especificidades que no se encuentran en el mercado del trabajo de camareros, catedráticos, taxistas o ingenieros. Tanto es así que la teoría económica y los mecanismos que subyacen en las remuneraciones de los directivos de grandes empresas –con altísimos ingresos- no enlaza con el mercado de vedetes o superestrellas (actores de cine, cantantes, deportistas, etc.) cuya reputación la determina el público que consiguen atraer. Intentaré enfocar esta líneas al mundo del deporte y, específicamente, al fútbol.</p>

<p>La explotación comercial de la notoriedad, en el marco de la producción y consumo de masas y del impacto mediático, se encuadra en la “Economía de la celebridad” (<em>Celebrity Economy</em>) que reviste cuatro características: 1 Las diferencias de remuneración son más elevadas que las diferencias de talento profesional. 2 La valoración del prestigio se extiende allende el campo de competencia profesional. 3 Las ventajas obtenidas están sujetas a fenómenos de retroalimentación positiva. 4 El progreso técnico y la globalización de la economía amplían la dimensión del mercado de sus profesionales más mediáticos.</p>

<p>En ese contexto, por impopulares excesos, una fiesta de cumpleaños organizada por el exitoso futbolista adolescente Lamine Yamal (avecindado en problemático entorno familiar) dejó amargo poso de decepción en buena parte de la opinión pública. Pero los excesos, en cualquier persona y asimismo en los deportistas de élite expuestos a la celebridad (o deseosos de) pueden ser de varios tipos. Sin salir de la industria futbolística, desde el alcohol y otras dependencias, Paul Gascoigne, hasta la autodestrucción llevada a cabo por el bello tenebroso George Best pasando por las horteradas de nuevo rico de Cristiano Ronaldo (pagó quinientos mil dólares, de aquella, para conocer a Paris Hilton…y más si afinidad, ni a Ramfis Trujillo le salían tan caros los polvos) o la bajada a los infiernos de Maradona, genio frágil. También, como en todo, buena o mala suerte cuentan. El disciplinado y trabajador Ladislao Kubala -bebedor macho- murió prácticamente en la indigencia (al realizar varias inversiones económicamente fallidas) ligeramente mitigada por un partido de fútbol que organizó el Barça en su honor donándole el taquillaje, años antes de fallecer.</p>

<p>Echando bien las cuentas es no obstante un error creer que a los deportistas de élite se les sube el estrellato a la cabeza. Allende los casos impactantes de estética&nbsp;loser, no excesivamente numerosos, la realidad muestra que los deportistas de élite, superestrellas, principalmente en deportes de equipo, poseen cualidades intelectuales y psíquicas por encima de la media, en parte genéticas pero también duramente adquiridas con perfeccionismo.</p>

<p>El fútbol, además de deporte es un espectáculo bien instalado en la industria del entretenimiento con todo lo que conlleva en términos económicos: televisión, taquillaje, patrocinios y márquetin. El estatus de superestrella se caracteriza por dos dimensiones: talento técnico y carisma. El talento de los jugadores cuenta pero los clubes obtienen asimismo beneficios de su reputación/carisma. Esas externalidades son susceptibles de capitalizarse obteniendo rendimiento incluso político (recuérdese el Barça del Procès). Independientemente de las externalidades explotadas por el club, las superestrellas generalmente gestionan atinadamente la propia reputación. Al estudiar rigurosamente las capacidades intelectuales de las superestrellas deportivas se observan altos niveles de función ejecutiva, memoria, resolución de problemas, planificación y capacidad decisoria. Asimismo, impresiona su flexibilidad cognitiva, adaptándose y cambiando de estrategia en función del cambio de situación. Es raro encontrar superestrellas deportivas aquejadas de personalidad&nbsp;<em>borderline</em>. Por el contrario, suelen ser personajes extravertidos, cuidadosos y diligentes, amables y con deseo de hacer bien las cosas, teniendo en cuenta sus obligaciones con los demás jugadores, buenos compañeros, abiertos a la experiencia y con reducida inestabilidad emocional, inseguridad y ansiedad. Hay excepciones, no obstante, y algunas superestrellas fracasan impredeciblemente al ser contratadas por un club cuyo ambiente no les conviene.</p>

<p>Más técnicamente, la valoración económica de un futbolista es poliédrica, comporta varias facetas. Los que tiran de los equipos y realzan los encuentros, están ínsitos en el&nbsp;<em>star-system</em>&nbsp;y sujetos a su dinámica. Las ventajas simbólicas que experimenta el espectador se transforman en ventajas materiales para la superestrella al ampliar su mercado natural con las nuevas tecnologías de la comunicación y la globalización.</p>

<p>Actualmente, existe relación directa entre la remuneración del talento profesional y la talla y características del mercado en el que opera. Los costes de producción de un partido de fútbol retransmitido en el mundo entero no dependen del número de espectadores, es fijo tanto si lo recibe un espectador o mil millones y por tanto la función de coste medio es decreciente manifestando rendimientos crecientes a escala. En este sentido las superestrellas captan un alto porcentaje de la renta generada. Esta lógica de funcionamiento interno al deporte y su activación por los medios, especialmente la televisión, provocan un efecto de retroactivación del estrellato con desbordamientos económicos favorables a las superestrellas.</p>

<p>Uno de los enfoques que goza de mayor popularidad entre los economistas para explicar las diferencias de ingresos es la “Teoría de torneos” (<em>Tournament theory</em>) Lo que se jugaban los rivales en los torneos –unas veces simplemente adversarios, otras enemigos- era mucho, tanto si ganaban como si perdían (en casos extremos, la princesa o la muerte) A la victoria contribuía sin duda la destreza con las armas de cada rival –su cualificación profesional o técnica, por así decir- pero también la suerte que podía ser inclinada a favor gracias al esfuerzo o el pundonor.</p>

<p>En los deportes, generalmente el mejor gana mucho más que los que lo siguen al tiempo que la diferencia de talento es ínfima, lo cual explicaría que los siguientes estén dispuestos a hacer enormes esfuerzos, como en los torneos de antaño, para alcanzar el podio supremo. La teoría económica de los torneos suministra una explicación a las grandes diferencias de ganancias de los profesionales del deporte aun siendo las diferencias de productividad deportiva -entre el primero y el segundo, entre el segundo y el tercero, etc.- mínimas. En algunas situaciones extremas, el mercado se caracteriza por un cuasi-monopolio de la superestrella (por ejemplo, Tiger Woods en su momento álgido) La concentración de remuneraciones proviene de que la demanda de los más talentosos aumenta más que proporcionalmente respecto a sus talentos respectivos.</p>

<p>Asimismo, la conciencia profesional de las superestrellas, en general, puede explicarse por objetivos distintos, aunque no excluyentes, de la maximización de ingresos. El espíritu de competición, la voluntad de superación, el culto de sí mismos, el pundonor deportivo, el ansia de gloria, el deseo de entrar en la leyenda son motivaciones perfectamente coherentes con la lógica deportiva. Como la vida misma.</p>

<p>Otro día les comentaré por qué Lamine Yamal se tiñe de rubio.</p>
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        <media:title><![CDATA[Las superestrellas más allá del caso Lamine Yamal]]></media:title>
        <media:text><![CDATA[Juan José R. Calaza]]></media:text>
        <media:description><![CDATA[Juan José R. Calaza]]></media:description>
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                        <item>
  <title><![CDATA[Velázquez eterno, su influencia continúa: Laxeiro y Las novias de Romain]]></title>
      <category><![CDATA[Crónica Cultural]]></category>
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  <pubDate>Tue, 12 Aug 2025 10:57:55 +0200</pubDate>
      <dc:creator><![CDATA[Juan José R. Calaza]]></dc:creator>
        <description><![CDATA[ Si bien hoy día sorprende, Velázquez (Velásquez, en su época) fue limitadamente conocido y valorado fuera de España hasta el pasado siglo. Una de las razones es que produjo poco -120 telas catalogadas- y casi exclusivamente para Felipe IV en...]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[<p>Si bien hoy día sorprende, Velázquez (Velásquez, en su época) fue limitadamente conocido y valorado fuera de España hasta el pasado siglo. Una de las razones es que produjo poco -120 telas catalogadas- y casi exclusivamente para Felipe IV en tanto pintor cortesano.</p>

<p>Por entonces, solo las colecciones reales europeas atesoraban algún que otro retrato del rey español y su familia, enviados como regalos desde Madrid. Fuera de esas muestras no había nada más en el extranjero. Posteriormente, varias piezas acabaron en manos del duque de Wellington que se las requisó al Musée Napoleon, expoliadas en España, al derrotar a los franceses. Más tarde, varias joyas del genio sevillano atravesaron el Atlántico adquiridas por magnates estadounidenses. Antes de ello, un viaje a España era imprescindible (y sigue siéndolo) para quien quisiese estudiar la obra principal de Velásquez. Manet lo hizo y quedó mágicamente fulminado por la gracia del arte.</p>

<p>Otras circunstancias coadyuvaron también a que la crítica pictórica internacional se hubiese demorado tanto en situar a Diego Rodríguez de Silva y Velásquez en la cima del Olimpo pictórico. Tardíamente, mediados del XIX, pintores y críticos se desembarazaron del encorsetamiento academicista basado en el&nbsp;árbol de Porfirio&nbsp;que colocaba al hombre en lo más alto de la Creación. La "jerarquía de géneros" en pintura la impuso&nbsp;<em>L'Académie française</em>&nbsp;(AF) -fundada por el cardenal Richelieu en 1634 reinando Louis XIII- cuya primera misión era dictar normas que perfeccionasen la lengua francesa. Los académicos extendieron el intervencionismo estético justificándose con el dicho horaciano&nbsp;<em>ut pictura poesis</em>&nbsp;("como la pintura, así es la poesía")</p>

<p>El&nbsp;<em>Déjeneur sur l'herbe</em> (Almuerzo en la yerba)&nbsp;de Manet decisivamente contribuyó al desmantelamiento del sectarismo canónico de los académicos al mostrarse por vez primera en el Salon des Refusés, 1863, después de ser rechazado por el Salón oficial. Pasado cierto tiempo, Zola dijo de&nbsp;<em>Déjeneur sur l'herbe</em>&nbsp;que era el mejor cuadro de Manet. Y seria precisamente el iconoclasta Manet quien elevaría a Velásquez por encima de cualquier otro pintor al conocer su obra en España: "Velásquez es el mayor pintor que ha habido" ("Velásquez est le plus grande peintre qu'il y ait jamais eu").</p>

<p>Fue en Paris, precisamente, donde tomé conciencia de la importancia de las velazqueñas &nbsp;<em>meninas</em>&nbsp;en la iconografía del arte universal. Cuando visité la exposición dedicada a Diego de Silva Velásquez en el Grand Palais (Paris, 2015) me extrañó la ausencia de&nbsp;<em>Las meninas</em>. Informándome, supe que&nbsp;<em>Las meninas</em>&nbsp;no puede salir de El Prado, no es un cuadro más, es una institución, con la&nbsp;<em>Dama de Elche</em>&nbsp;constituye el tesoro artístico más valioso de España si dejamos de lado el patrimonio arquitectónico (La Alhambra, El Escorial, Catedral de Compostela, Acueducto de Segovia, Murallas de Ávila, etc.)&nbsp;<em>Las meninas</em>&nbsp;es el cuadro más reputado de la historia universal de la pintura.&nbsp;<em>Las meninas</em>&nbsp;eclipsa al resto de la obra de Velázquez y de cualquier pintor.&nbsp;<em>Las meninas</em>&nbsp;aplasta a otro cuadro, sea el que sea, que se coloque a su lado. Y tal ha sido su impacto en la historia del arte que desborda a la propia obra de pintores del siglo XX, como en&nbsp;<em>Las novias de Romain</em>&nbsp;de la autoría de Laxeiro, grandísimo pintor con obra en el Museo Nacional Reina Sofía.</p>

<p>José Otero Abeledo (Lalín, 1908; Vigo, 1996) –conocido artísticamente por Laxeiro- ocupa el alto panteón de los cinco mejores pintores gallegos del siglo XX, abundoso de grandes pinceles, en la ilustre compañía de Alvarez de Sotomayor, Maruja Mallo, Carlos Maside (en competición con Colmeiro) y Antonio Fernández. A los que habría que añadir, quizás, Germán Taibo que falleció joven y realizó casi toda su obra en el extranjero.</p>

<p>En la pintura de Laxeiro es notoria la influencia de Goya, de Solana, de Rembrandt, de Georges Rouault, etc. Y a partir de cierto momento se observa una ruptura radical apoyándose en Picasso. Es menos sabido que Laxeiro también se inspiró en Ensor. Y aunque el pintor gallego por antonomasia, incluso en el seudónimo artístico (Laxeiro, el que hace&nbsp;<em>laxes</em>, losas), era más vitalista que espiritual, en vida y obra, no olvidó rendir homenaje a Velázquez en una serie de cuadros de&nbsp;meninas&nbsp;perfumadas de espiritualidad poética, misteriosa. Susan Solomont, experta en arte, esposa de embajador de EE.UU en Madrid, coleccionaba&nbsp;<em>meninas</em>&nbsp;del siglo XX de la autoría de pintores españoles, como el Equipo Crónica y Laxeiro. Pero&nbsp;<em>Las novias de Romain</em>&nbsp;(óleo s/lienzo, 140x178 centímetros, datado 76, página 542 monografía Fundación Barrié) es la obra maestra por los siglos de los siglos de la plástica gallega del siglo XX, cuyo destino final es indudablemente el Museo Nacional de Arte Reina Sofía o alguna institución cultural o pictórica gallega de gran envergadura como el CEGAC o la propia Fundación Laxeiro en Vigo. El problema es la escasez de recursos financieros que sufren hoy día museos y otras instituciones. No obstante, entre el Ministerio de Cultura y Hacienda han habilitado, desde hace años, una fórmula que facilita mucho las transacciones entre coleccionistas e instituciones: pagar a Hacienda mediante donación acordada bilateralmente de obras de arte (<em>Dación en pago</em>) valorándolas por encima del precio de adquisición de la obra.</p>

<p>Así las cosas, la estructura constructiva de&nbsp;<em>Las novias de Romain</em>&nbsp;sintetiza en un solo lienzo seis obras de arte (en alarde técnico absoluto, con maestría hoy día olvidada entre tanto oportunista que se dice artista): las tres&nbsp;meninas&nbsp;del primer plano y los tres cuadros del fondo. Ese virtuosismo, esa imaginación deslumbrante convierten a&nbsp;<em>Las novias de Romain</em>&nbsp;en una obra maestra con la que los franceses –que saben defender muy bien lo suyo- iluminarían el mejor de sus museos. A la par de&nbsp;Las meninas&nbsp;de Velázquez, algo parecido sucede con&nbsp;<em>Las novias de Romain</em>: coloquen ustedes un cuadro al lado (de otro pintor gallego o del propio Laxeiro) y se esfuma.</p>

<p>En definitiva, quien quiera admirar&nbsp;<em>Las meninas</em>&nbsp;de Velázquez tiene que ir a Madrid, el viaje está sobradamente justificado. No es de extrañar que Laxeiro le haya rendido encendido homenaje pintando varias versiones. Pero la verdaderamente excepcional, única, inigualable en calidad y dimensiones es, insisto, la monumental pieza&nbsp;<em>Las novias de Romain</em>&nbsp;–en referencia al coleccionista francés, Romain, para quien fue pintado el cuadro- que representa tres&nbsp;meninas&nbsp;fabulosas de gracia, color y ternura, como se constata en la fotografía que ilustra este artículo.</p>

<p>A mayores,&nbsp;<em>Las meninas</em>&nbsp;es un cuadro intemporal cuya valoración gana con el paso del tiempo, por ello no existe ninguna otra obra maestra en pintura que haya suscitado tanto entusiasmo y admiración. En aras de entenderla mejor recordemos que fue Leonardo da Vinci quien perfeccionó la perspectiva jugando con los colores, difuminándolos según va aumentando la distancia presentida (técnica del&nbsp;<em>Esfumado</em>&nbsp;en lejanía o&nbsp;<em>Sfumato</em>). En la perspectiva menguante los objetos o figuras pierden nitidez con la distancia. Este sería el procedimiento seguido por Velázquez en&nbsp;<em>Las meninas</em>&nbsp;para obtener&nbsp;la <em>perspectiva en altura</em>.&nbsp;La perspectiva aérea utilizada por Velázquez (con tres puntos de fuga) busca representar la atmósfera, el aire que envuelve los objetos, degradando el color a medida que se van alejando del espectador, aportando de esa guisa no sólo una sensación de profundidad geométrica sino también de misterio. En su estrategia pictórica, Velázquez toma de los pintores flamencos y holandeses un procedimiento especular sobre el que reposa buena parte de la magia del cuadro ¿Qué vemos en un espejo? Por reflexión lo que vemos puede a su vez vernos. En&nbsp;<em>Las meninas</em>&nbsp;sentirnos el misterio de ser observados por lo que observamos. Y este fue asimismo el camino seguido por Laxeiro –camino que solo puede transitar un genio- para hacer crecer&nbsp;<em>Las novias de Romain</em>.</p>

<p>Ocurre que hay valores permanentes, intrínsecos a las obras maestras, que resisten al tiempo. El principal, sí, es el misterio. Laxeiro rompe el mito de la ficción que encierra a los gallegos en sus irresolubles dudas, eternamente ancestrales, que impiden subir o bajar (como el gallego en la escalera). Esto es, Laxeiro nos hechiza con el halo de su modernidad luminosa –fiel a la técnica difícil de los maestros antiguos- en el puro misterio sublime y paradójicamente esclarecedor de tres niñas, tres mágicas carabelas, que nos permiten descubrir un nuevo mundo en la galaica&nbsp;<em>maruxía</em>&nbsp;matinal del amanecer a la vida.</p>
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        <media:title><![CDATA[Velázquez eterno, su influencia continúa: Laxeiro y Las novias de Romain]]></media:title>
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  <title><![CDATA[Absolutismo del Bien]]></title>
      <category><![CDATA[Opinión]]></category>
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  <pubDate>Sun, 10 Aug 2025 10:13:02 +0200</pubDate>
      <dc:creator><![CDATA[Juan José R. Calaza]]></dc:creator>
        <description><![CDATA[ Auscultado de cerca, el Absolutismo del Bien ha capturado, hasta la claudicación, inteligencia y reflejos morales de un tipo humano alumbrado históricamente en Occidente pero con acelerado protagonismo casi universal los últimos treinta años. Ya...]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[<p>Auscultado de cerca, el Absolutismo del Bien ha capturado, hasta la claudicación, inteligencia y reflejos morales de un tipo humano alumbrado históricamente en Occidente pero con acelerado protagonismo casi universal los últimos treinta años. Ya ni las mujeres, el futuro del hombre, se salvan.</p>

<p>Rasgo fundamental del Absolutismo del Bien es la superioridad moral de la que hace gala hoy día el simple peatón espeso y municipal, otrora pecador del montón con su cruz a cuestas como todo dios. No digamos, en cuestiones de superioridad moral, la militancia dura. La militancia dura, esto es, las élites políticas de la izquierda adscrita al Absolutismo del Bien reclaman con total desparpajo el derecho a mentir en nombre de un valor superior. Mentira piadosa, se decía. Volvemos a la religión. Sin adarme de sonrojo, Gerd Leipold, director ejecutivo de Greenpeace, defendió en una entrevista (2009) el derecho a mentir y provocar emocionalmente en aras de manipular la forma de pensar de la opinión pública. Por su propio bien. Esa forma de alto cinismo también es compartida por la derecha. Porque otro rasgo crucial del Absolutismo del Bien es su carácter transversal permeando todas las clases socio-profesionales y preferencias políticas: derecha, izquierda, centro. Todos los partidos políticos e instituciones –y hasta religiones de distinta confesión y las fuerzas armadas– albergan secretariados, negociados o secciones políticamente correctas imbuidas del Absolutismo del Bien.</p>

<p>Por tanto, evitemos caer en fantasías complotistas. Aunque a veces lo parezca, nadie ha levantado una contignación conspirativa. Nadie –ni gigantescas multinacionales farmacéuticas ni políticos enanos-&nbsp;&nbsp; ha ideado en la sombra un complot para vacunar cinco veces a la población, niños incluidos. Nadie ha decidido esterilizar el combate de ideas. Nadie le dice al articulista épsilon de El País o al tonto de servicio en El Mundo (ay, Lucas, si bebes no conduzcas) cómo debe escribir sus piezas: lo saben perfectamente. La conspiración es implícita, no hace falta explicitarla. Lo políticamente correcto en cada época es hacer lo que la ideología dominante desea que se haga sin que nadie lo ordene. Lo políticamente correcto es dejarse mecer dulcemente a favor de la corriente sin chocar con la verdad establecida (política, filosófica, científica, etc.).</p>

<p>Stefan Zweig, en su biografía de Fouché no presenta a Robespierre como un canalla intrínsecamente sanguinario. Era estricto, austero, moralmente psicorrígido, imbuido de su alta misión de misionero revolucionario y adornado de tantas virtudes republicanas que lo políticamente correcto fue para él desencadenar La Terreur. ¡Y qué Terreur! Malesherbes, consejero de Luis XVI, asumió su defensa ante la Convention. Fue guillotinado junto con su yerno, hija y nieta. Por haber tratado al rey de&nbsp;Majesté&nbsp;en lugar de ciudadano Louis Capet. Robespierre adhería, qué duda cabe, al Absolutismo del Bien. Un capullo más que, no teniendo ápice de ingenuo, en la práctica era un inútil bien intencionado como la niña del cuento de Roa Bastos –La flecha y la manzana- la cual en plena canícula metió al canario en la nevera para que no pasara calor. Robespierre, la susodicha niña, los periodistas de servicio,&nbsp;Greta la poseída&nbsp;(¿se casará con un oso, en vías de extinción, para recuperar la especie?), y se me cansa la mano, son arquetípicos productos del Absolutismo del Bien.</p>

<p>Todo el mundo –esto es, la masa- se pega al terreno para subsistir, o se sube al carro: hay que ir con los que van ganando (o lo parece). Aparte, muy aparte, están las minorías disidentes. Por conocimientos, por carácter, por tocar las narices o por preventivo entrenamiento anti-totalitario. La disidencia, también es cierto, sólo por serlo no conduce imparablemente a caminos de libertad pero al menos pone las cosas algo más difíciles al embridado de almas (hay disidentes imbéciles profundos que se apartan del&nbsp;mainstream&nbsp;por puro analfabetismo complotista). En tanto disidente ejemplar me viene a las mientes Félix Ovejero, de legendaria inteligencia, cultura científica y criterio propio -que no siempre comparto-&nbsp;gentleman&nbsp;inmune a presiones que ahormen lo que resiente y considere. Félix d’O es de izquierdas, sin duda, pero de una izquierda tan sólidamente bien informada que puede confluir en ciertas circunstancias con personas lúcidas de la así llamada extrema derecha (cuando la Covid, por ejemplo, o ahora en la guerra de Ucrania). Y esto no es intentar la cuadratura del círculo. No lo es, digo yo, sino simple sentido común, a la par que el acuerdo sin excepciones en el arcoíris político de que el agua corriente a domicilio es uno de los grandes logros técnicos y sociales de todos los tiempos. Pero como Félix d’O, en la izquierda, enferma del Absolutismo del Bien, hay uno entre mil. En la derecha, uno entre un millón.</p>

<p>El Absolutismo del Bien suele llevar las alforjas cargadas de indignación, cuyo consumo sin tasa aureola a los profesionales del postureo. No hace falta hacer un dibujito para ilustrar cómo se ponen los indignaditos consuetudinarios en cuanto no se satisfacen sus caprichos.&nbsp;Nadie miente más que una persona indignada, escribió Nietzsche. La indignación de la aristocracia del Absolutismo del Bien, los indignaditos, proviene de abdicaciones sin vuelta atrás: la emoción de preferencia a la comprensión y moralismo antes que análisis. O sea, la vibración intima del confort moral que procura el Absolutismo del Bien por encima de la razón explicativa. Razonar fatiga, razonar atinadamente frente a la oscuridad del mundo fatiga mucho más. A veces hasta hay que agarrar papel y lápiz, supremo esfuerzo. Y los indignaditos que se toman la molestia de explicar, alguno hay, transitan caminos lógicos que conducen fatalmente a la aporía. No se puede estar en misa y repicando ni erigirse en defensores de la libertad de expresión y querer cerrar X o poner en la calle a las mejores mentes de la casa que van a su aire ( Pepa Bueno, indignadita que editorializaba, mercenaria cuotera que convirtió en cenizas lo poco que quedaba de las carcomidas columnas de El País).</p>

<p>El Absolutismo del Bien se ha infiltrado en todos los partidos políticos e instituciones privadas y públicas –de la cultura a la enseñanza, del fútbol a Marivent, de la judicatura a la defensa nacional, etc.- si bien es más visible en la izquierda y su indignación más violenta. La actitud pacífica y conciliadora –clásico irenismo- es propia de la derecha y sus curillas de Génova apestando a lavanda, a hipoteca del adosado y el barquito y a teñido de rubia. Partidos e instituciones privadas y públicas en obsesiva teatralización de políticas inclusivas en la diversidad woke, prontas a&nbsp;cancelar, ecológicas, feministas, anticapitalistas chutadas al rock, antirracistas&nbsp;and so on. Todos los portaestandartes del Bien, de izquierdas o derechas, quieren jugar a ser, con tórrido ardor revolucionario, el conductor de ambulancia de las víctimas en alarde de política espectáculo con la sirena a toda pastilla y luces rojas encendidas. Ocurre que la víctima merecedora de tanto despliegue suele ser un patito manchado de chapapote que inspira más pena, en consonancia con el Absolutismo del Bien, que doce niños funcionalmente analfabetos, enfermos digitales frente a la pantalla porno.</p>

<p>Disculpen las molestias</p>
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