Férvido y mucho

Ceuta: lecciones a retener (que serán olvidadas)

Juan José R. Calaza
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La lección inmediatamente aplicable (a nuestra seguridad, dignidad y proyección de futuro) que deja la invasión marroquí de Ceuta -sí, fue una invasión, tendrá segunda y tercera parte, en Melilla y Canarias asimismo- se sintetiza en pocas palabras: no será Rusia quien nos atacará por los Pirineos, Vigo o Alicante. No. No será Rusia por mucho que nos lo quieran hacer creer -mejor, tragar- Macron, la OTAN en bloque y Von der Lerda, esa eminencia. Sumando todo, da la impresión que los españoles (¿las españolas, qué cuentan?) padecemos alguna forma de deficiencia mental o hipogonadismo aunque el Gran Cabrón se luzca marcando paquete de matón para con la buena gente de la buena España. 

Este país ha abdicado, para todos los efectos, de la  soberanía sobre Ceuta, convertida en No man’s land al albur de tácticas intimidatorias de Marruecos (y sus aliados más o menos camuflados, tanto internacionales como en la propia España) al servicio de su estrategia imperial-expansionista: Sahara, plazas norafricanas, Canarias, inmigración marroquí  políticamente organizada y demográficamente muy dinámica, etc. A esto debemos añadir el cainismo obsesivamente  enfermizo que reconcome a no pocos españoles a los que falta tiempo para destruir España ¿Es ello posible? Por supuesto, no sólo es posible sino incluso probable. Cuerpo a tierra que vienen los nuestros. Coadyuvan periodistas y comunicadores (en EP, sin ir más lejos). Y los independentistas gallegos, vascos, catalanes, andaluces, canarios. Y las ONGs de acogida a inmigrantes. Veamos lo de las ONGs, tiene su picante.

El asunto hay que tratarlo, pienso yo, lejos del fragor de la pendencia y la urgencia periodística. Se impone el análisis  con perspectiva, serenidad y, sobre todo, buceando en las verdaderas causas, que nunca suelen ser los tópicos, lugares comunes y leyendas urbanas casi incuestionables que han adquirido rango de ley instalándose en la opinión pública. Los yamales  no dejan ver el bosque ¿Los adolescentes marroquíes y subsaharianos  entran ilegalmente en España buscando trabajo? Algunos habrá, ciertamente -y merecen protección sin paternalismo- pero la mayoría viene a pasarlo bien. La idea que se han forjado de España -y de Occidente en general- los jóvenes  buscavidas ilegales (instruidos por sus propios padres) es que aquí  atan los perros con merguez. Y además hasta pagan por fornifollar. Hombres y mujeres pagan, a rebufo de una prostitución de adolescentes de la que  se sabe pero no se habla. O no se habla abiertamente, ocultada cobardemente con el cansino mantra de los derechos humanos y el antirracismo. Resultado: hacer de Europa una piscifactoría de apetecible sexo fresco, exóticamente subtropical y  bananero. Con el amparo de ONGs de acogida e instituciones estatales.

Sin embargo, se orquestan campañas para centrar los focos sobre indefensos religiosos, al parecer únicos y degenerados pecadores. Ocultando lo insoportable, lo crucial, lo verdaderamente nauseabundo. Por ejemplo, que en estos momentos funcionan en Haití  granjas de esclavas estabuladas, engordadas y preñadas dedicadas a parir niños. Cuyo destino es servir de materia prima para extraer órganos que nutrirán el lucrativo mercado de trasplantes. Los trasplantes no se realizan en Haití, allí sólo la extracción de órganos. Las clínicas de trasplantes  se ubican, principalmente, en Ucrania y Kosovo. La OTAN no invadirá, sino protege, Ucrania y Kosovo, manda narices. Haití tampoco se debe invadir ni civilizar con la fuerza de la razón civilizadora, sería racismo. Gran Bukele, grande. Además, Occidente sufre imperiosa necesidad de órganos humanos (quizás con la excepción de España, el país con más donantes relativamente, a excepción de musulmanes residentes dizque por razones culturales y religiosas).

Razones culturales idiosincráticas, por otra parte,  que generan cierta permisibilidad social para algunas cosas. Mohammed Choukri relata, en su novela El pan desnudo/Le pain nu, como un nieto practicaba felaciones a su abuelo invidente para que no tomara esposa y heredar la casa. Le pain nu está ambientada en los bajos fondos de Tánger. De esas miserias se aprovechan muchos moralistas, de día, oportunistas, de noche. Algunas ONGs de acogida y organizaciones gubernamentales  han sido infiltradas por oportunistas sexuales, hombres y mujeres, que se benefician de las miserias y repercuten en origen el mensaje: venid a España siempre encontraréis un Sugar Daddy generoso.

Espantarse a estas alturas de lo que pasa en países devorados por sus propias élites, formadas en Occidente,  es propio de ignorantes, ingenuos o cínicos ¿Por qué peregrinaba Gide tan asiduamente al Magreb? Recuerden Les Faux-monnayeurs  ¿Por qué Frédéric Mitterrand? ¿Por qué vivían Paul Bowles y sus amigos en Tánger? ¿Y Daniel Cohn-Bendit y el areópago de los ecologistas alemanes? No precisamente para escuchar crecer los geranios ¿Y los hedónicos viajes del comunista Vázquez Montalban a Tailandia? ¿Alguien ha constatado alguna vez que la prensa les sacase la piel a tiras o tan siguiera los colores a esas figuras? Todo lo contrario, siguen siendo personajes de culto mediático que encuentran en ONGs de acogida y otras instituciones buen rollito el aval moral a sus chanchullos sexuales. Y, claro, todos salen ganando. Independientemente de los diferentes y numerosos efectos llamada, independientemente de las mafias, independientemente de lo que se cocina en Le Palais de Rabat,  mejor venir a España a pasarlo bien que hacer felaciones al abuelo para vivir en su casa.