Reflexiones Australes

Europa se cuece en su propio jugo

En América decimos, “cocerse en su propio caldo”, en España es más habitual: “en su propio jugo”. Lo que vemos desde lejos, en mi caso desde Chile, es una situación europea crítica, que nos lleva a constatar que Europa de manera evidente se está cociendo en su propio jugo. Lo sucedido en Ceuta y Melilla, es una muestra más de la ingenuidad y de la improvisación que han demostrado las autoridades españolas, que terminan afectando a toda Europa. Los iniciales reproches de algunos líderes de la Unión Europea al gobierno español, terminan suavizándose con declaraciones tibias y apoyos contradictorios. La multitud de burócratas apostados en Bruselas, parecen no percibir cómo Europa se derrumba. En un importante seminario económico en Santiago de Chile, un prestigiado profesor y economista mencionaba que Europa aceleradamente se está transformando en un museo. Interesante para visitar, bonitas catedrales, mucha historia y buena gastronomía. La invasión musulmana en la mayoría de las capitales europeas es una realidad irrefutable: París, Londres, Bruselas, Berlín y muchas otras ciudades importantes, oscilan entre un 10 y un 25% de población musulmana. La identidad de cada país se pierde aceleradamente y basta analizar lo sucedido en las selecciones de fútbol, para constatar que Europa dejó de ser lo que era. En lo militar, los rusos se han dado un festín en Ucrania, avanzando en su arremetida por tomar el control de ese país, con una defensa heroica de los ucranianos, pero débil de la OTAN y sus aliados. En lo económico, la Unión Europea en una década ha perdido el 5% de participación en el PIB global. Pasó del 22% al 17%. China invade Europa con sus automóviles y va de a poco avanzando en su estrategia basada en nuevas tecnologías y tomando palco en el conflicto USA-Irán y Ucrania- Rusia. Europa está cosechando lo que sembró. Malas políticas laborales que buscaron reducir jornadas de trabajo, muchos derechos y pocos deberes. En lo ambiental, exceso de controles, mientras USA, China, Rusia e India, principales contaminadores del planeta, van en esta materia por cuerdas separadas. Los gobernantes europeos conversan entre ellos, muchas reuniones, muchos viajes y pocas decisiones relevantes. Los incendios azotan su territorio cada vez más, los inmigrantes ilegales arriban por mar y tierra. España los recibe, los alimenta y los distribuye en sus autonomías, afectando gravemente a sus ciudadanos-contribuyentes. Acciones concretas en África de parte de Europa para contener el flujo migratorio en el origen: poco o nada. Los países, como Chile, con profundas raíces étnicas y de lenguaje europeas, ven con preocupación los efectos de este caos en sus propios países. Una España dividida en que se hablan varias lenguas en el Congreso, en que en el País Vasco se apoya a Pedro Sánchez a cambio de más autonomía, o que en Cataluña se persiga a quien hable español, son hechos difíciles de entender para quienes hemos visto convivir en nuestro país a vascos, castellanos, riojanos, gallegos y catalanes bajo un mismo amor por el Reino de España. Si Europa no reduce el número de burócratas afincados en Bruselas y no se toma en serio los riesgos de la inmigración ilegal, seguridad interna y musulmanizacion creciente, el viejo continente seguirá perdiendo influencia en el mundo y la civilización cristiano-occidental pasará a adornar los libros de historia. Cuando hablo de estas cosas con mis amigos europeos, consideran exagerados mis planteamientos, pero el tiempo y los hechos me han ido dando la razón. Europa está adormecida y un Putin inexpugnable sigue avanzando en sus propósitos. A lo mejor cuando llegue al Báltico y Marruecos invada Ceuta y Melilla, Europa despertará. Lo de hace unos días fue un “ejercicio de enlace”. Los sentimientos son de pena y de rabia. De pena por ver a una Europa -que he visitado varias decenas de veces- desdibujada, sin alma, atormentada y menos elegante. Y de rabia por la poca eficacia de sus líderes, por la pelea chica de los políticos, más propia de países bananeros o tribales africanos. Europa está perdiendo estatura universal y se le ve arrinconada por ilegales y por sus propios políticos y también por una prensa sesgada y progre.