Algunos políticos españoles de la izquierda, no sé por qué, han solido posicionarse cerca de los dictadores. El expresidente del gobierno Zapatero lo ha venido demostrando en sus abundantes muestras de cercanía con los protagonistas de la dictadura venezolana, y ahora Pedro Sánchez se desmarca de Trump y de EEUU, para dar rienda suelta - durante su reciente viaje a la China comunista - a una relación cordial y muy cómplice con Xi Jinping. Sin embargo, los asuntos que huelen a democracia no suelen ser del agrado de estos dos gobernantes que sueñan o, al menos, que se codean, a menudo, con líderes absolutistas y déspotas que dirigen sus países con mano de hierro, con presos políticos y con todo lo demás… o desde el más rancio de todos los absolutismos. Porque hay algo que no sabemos que, por la razón que sea, sigue uniendo y entrelazando las actuaciones de ambos líderes de la ultraizquierda española, ante esa amarga confraternización que nos sigue alejando de las auténticas democracias. Algo que no termino de entender cuando nuestro país se enfrenta a situaciones absurdas que nos ponen en entredicho ante otros líderes que realmente practican la libertad, ejerciendo sus liderazgos como verdaderos demócratas.
El reciente viaje de Sánchez a China no es comprensible desde determinados parámetros políticos, y menos desde los que interfieren tensionando las relaciones de España con las de algunos países que fundamentan sus principios básicos en la defensa de la libertad, o cuando algunos ministros del gobierno de España atacan a los jueces que previsiblemente no tengan más remedio que juzgar a determinados españolas y españoles muy cercanos al poder. O cuando Sánchez apuesta por el dictador Xi Jinping, con la pretensión de que China sea potencia estabilizadora frente a Trump…¿ A dónde hemos llegado?
Puede no gustarnos Trump o algunas de las decisiones de Trump. Pero el presidende de Estados Unidos - le guste o no le guste a Sánchez - representa en el mundo un sistema democrático de infinita solvencia y de sobrada garantía. Eso quiere decir que los españoles vivimos en un estado latente de incongruencias sanchistas que, afortunadamente, no son determinantes; porque España es ,y seguirá siendo, un estado libre en el que se puede opinar y en el que se puede decir todo lo que cada uno de nosotros tiene que decir.
Porque la libertad no es el derecho que otorgan los sanchistas que nos gobiernan en este justo momento. No. La libertad late en España y en los españoles desde que - muerto Franco en la cama – elegimos para nosotros mismos un sistema democrático que desde hace décadas ha sido el sendero por que el que venimos caminando, a pesar de que algunos de nuestros gobernantes, sigan queriendo modificar la primera y única Constitución que nos ha ofrecido calidad democrática.