El crecimiento del comercio electrónico en España no solo está incrementando el volumen de paquetes; está forzando una revisión profunda del modelo logístico. La última milla —el tramo final hasta el consumidor— concentra hoy el mayor desafío operativo, económico y urbano del sector.
España y Portugal lideran el crecimiento del e-commerce en la Unión Europea, pero parten de una penetración digital aún inferior a la media comunitaria. Ese diferencial anticipa un cambio estructural en la distribución de paquetería durante la próxima década. Y en ese rediseño, la eficiencia de la última milla determinará quién es capaz de sostener el nuevo ritmo del consumo digital.
Conversamos con Marc Vicente, CEO de InPost Iberia, sobre el auge de los envíos a no domicilio, el despliegue de redes de Lockers y el nuevo equilibrio entre capilaridad, eficiencia y sostenibilidad económica.
“España todavía está por debajo de la media europea en comercio electrónico”
Existe la percepción de que el comercio electrónico ya está plenamente consolidado. ¿Comparte esa idea?
No. España está todavía por debajo de la media europea en penetración digital. En torno al 11% de las transacciones se realizan online, mientras que la media europea ronda el 15%. Eso significa que hay recorrido estructural. No estamos ante un techo, sino ante una fase de crecimiento sostenido.
¿Qué implica eso para la logística?
Implica que el volumen seguirá creciendo. Y cuando el volumen crece, el modelo operativo tiene que evolucionar. La última milla es la parte más compleja y costosa de la cadena logística, y ahí es donde se están produciendo los mayores cambios.
¿Cuál es ese cambio principal?
Hasta hace poco, más del 90% de los envíos se realizaban a domicilio. Eso está cambiando. Este año estimamos que más del 15% de las entregas ya se realizan fuera de casa —en Lockers o puntos de conveniencia— y creemos que en 2030 ese porcentaje puede situarse en torno al 40%.
¿Por qué el consumidor está cambiando de comportamiento?
Por conveniencia y por control. El cliente no siempre quiere estar pendiente de un horario de entrega, ni que el paquete lo recoja un vecino. El Locker permite recoger el pedido cuando se quiera, sin fricción y con mayor privacidad. Pero no es solo una cuestión de usuario; es también una cuestión estructural del modelo logístico.
¿Qué cambia desde el punto de vista operativo?
Cambia la eficiencia de forma radical. Un conductor que tenga que entregar 150 paquetes a domicilio puede realizar unas 130 paradas. Si esos mismos paquetes se distribuyen en Lockers, puede hacerlo en tres o cuatro paradas. Eso significa menos kilómetros, menos consumo energético y rutas mucho más optimizadas.
En un contexto de restricciones de movilidad, zonas de bajas emisiones y congestión urbana, ese diferencial es determinante.
¿Es sostenible a largo plazo el modelo tradicional de reparto masivo a domicilio?
El reparto a domicilio no va a desaparecer, pero tal y como lo hemos conocido es cada vez menos eficiente cuando el volumen crece. La última milla tradicional soporta mucha fricción: reintentos de entrega, ausencia del destinatario, devoluciones… El modelo híbrido reduce esa presión.
España rural: donde el Locker aporta más valor
¿Dónde se aprecia más esa eficiencia?
En municipios menos densos. En un pueblo de 3.000 o 5.000 habitantes, un repartidor puede estar todo el día realizando entregas fragmentadas, con reintentos si la persona no está en casa. Si instalas un Locker en una ubicación estratégica —una gasolinera, un supermercado con zona de aparcamiento—, un solo viaje puede abastecer prácticamente a toda la localidad.
Además, facilita actividades como la compraventa entre particulares en plataformas de venta de productos de segunda mano, donde el envío sencillo es clave. En zonas con despoblación, la infraestructura logística cercana aporta más valor relativo que en una gran ciudad.
El despliegue de miles de Lockers requiere una inversión significativa. ¿Dónde está el riesgo?
El primer riesgo es la ubicación. Poner Lockers es sencillo; ponerlos donde realmente hay demanda y dimensionarlos correctamente es complejo. Si no analizas bien los flujos de personas y la densidad real, puedes realizar una inversión millonaria y no obtener la utilización adecuada.
El segundo es la calidad técnica y la durabilidad. Cuando gestionas miles de unidades, la vida útil del equipamiento es crítica. No es lo mismo un Locker que deba reemplazarse cada cinco años que uno diseñado para durar quince. A escala, eso cambia completamente la sostenibilidad financiera del modelo.
¿Hay diferencias relevantes en seguridad?
Sí. No todos los Lockers del mercado ofrecen el mismo nivel de conectividad, monitorización y resistencia estructural. Cuando hablamos de paquetes de valor, la trazabilidad y la supervisión permanente son esenciales. Desde el punto de vista estadístico, un entorno monitorizado puede ofrecer incluso más control que una entrega domiciliaria tradicional que pasa por múltiples manos.
El sector vive una fuerte competencia: operadores tradicionales, redes propias de grandes plataformas, nuevos actores especializados. ¿Cómo se compite?
Con escala. Solo cuando alcanzas volumen suficiente puedes ofrecer un servicio de calidad a precio competitivo. Nuestro enfoque se basa en tres pilares: capilaridad —una red amplia y cercana al consumidor—, calidad —entregas rápidas y trazabilidad en tiempo real— y eficiencia operativa.
¿Existe riesgo de sobreinversión si el crecimiento del e-commerce se modera?
Nuestra planificación es a largo plazo. No invertimos pensando en los próximos meses, sino en los próximos años. El comercio electrónico en España aún está por debajo de la media europea y la tendencia de digitalización es estructural. La infraestructura se diseña con esa perspectiva.
¿Cómo será el reparto en España en 2030?
Será híbrido. El domicilio seguirá existiendo, pero no será el modelo dominante. La entrega a no domicilio —Lockers y puntos de conveniencia— tendrá un peso mucho mayor que hoy. Y eso no responde solo a una preferencia del consumidor, sino a una necesidad operativa del sistema.
¿Estamos ante una transformación profunda?
Sin duda. La última milla va a cambiar más en los próximos cinco años que en las dos últimas décadas. No es sólo tecnología; es modelo operativo, eficiencia, sostenibilidad y capilaridad territorial. La logística se está convirtiendo en una infraestructura estratégica del país.