En el tablero de la geopolítica actual, pocos analistas mantienen la sangre fría necesaria para diseccionar la realidad sin caer en el alarmismo o la propaganda. El coronel José Pardo de Santayana, una de las mentes más brillantes de la estrategia militar española, nos atiende para analizar un escenario que define como "impensable hace una década".
Actualmente vicepresidente del Real Instituto Universitario de Estudios Europeos, su labor anterior como coordinador de Investigación y analista principal del Instituto Español de Estudios Estratégicos (IEEE) le ha consolidado como un referente imprescindible para entender los conflictos contemporáneos.
Coronel retirado del Ejército de Tierra de España y diplomado de Estado Mayor, su carrera es un mapa de los puntos calientes de las últimas décadas: desde su destino en el Cuartel General del Eurocuerpo en Estrasburgo hasta su paso por la Brigada de Despliegue Rápido de la ONU en Copenhague. Profesor de Estrategia e Historia Militar, ha participado en seis misiones internacionales, incluyendo Angola, Haití, Bosnia y Herzegovina y Kosovo.
Irán es un país que supone una amenaza al sistema internacional. Pero el afirmar que hay un país problemático o que incluso supone una amenaza no quiere decir que la estrategia que se esté haciendo sea la correcta.
Pardo de Santayana observa con preocupación cómo la lógica del presidente Donald Trump ha roto sus propios esquemas al abrir un frente directo con Irán, un movimiento que, según el coronel, responde más a los intereses de Netanyahu que a los de la seguridad nacional estadounidense. En esta entrevista exclusiva, desgranamos las consecuencias económicas del bloqueo en Ormuz, la sorpresiva "calma" de Rusia y China, y el papel que España juega en un rearme europeo que busca, casi desesperadamente, una autonomía estratégica que hoy parece lejana.
Recientemente, Irán ha ofrecido a España que los buques españoles puedan atravesar el Estrecho de Ormuz. ¿Qué posición debe tomar nuestro país ante esta oferta?
Es un tema muy delicado. España forma parte de una alianza mayor y debe actuar con prudencia; con más prudencia de la que ha actuado hasta ahora con el conflicto con Irán. Aunque España pueda tener razón en el rechazo a la guerra iniciada por Estados Unidos, no podemos olvidar que tenemos una alianza con ellos y que es un país muy poderoso; no sabemos cuáles pueden ser las consecuencias de actuar por libre.
Sobre la situación actual de Irán, ¿en qué punto se encuentra el régimen ante esta escalada?
Irán se ha quedado sin la capacidad de hacer una respuesta moderada y medida para evitar la escalada. El único recurso que le queda para la supervivencia del régimen es, precisamente, hacer una respuesta de escalada; para demostrar que puede hacer mucho daño y con eso forzar a que los aliados de Estados Unidos le pidan a Washington que limite su actuación. Ahora mismo ninguna de las dos partes tiene una salida fácil del conflicto.
¿Cuál podría ser la salida más idónea para todas las partes?
Lo ideal para el mundo, para Estados Unidos y para todas las partes es que Estados Unidos reconozca la victoria de una u otra manera y busque el final del conflicto, lo cual no va a ser fácil, porque Irán no va a acabar el conflicto solo porque Estados Unidos declare la victoria. Pero si Estados Unidos declara la victoria y deja de atacar a Irán, con el tiempo alguna salida se buscará. Esa es una mala solución para el conflicto. Lo que pasa es que las demás son todavía peores. En este momento no hay una buena salida, solo hay malas salidas y lo que hay que buscar es cuál es la menos mala de estas salidas.
¿Cuál es la situación de Cuba y Venezuela en este contexto?
Sobre Cuba, sabemos que hay conversaciones con Estados Unidos, pero no sabemos exactamente qué alcance tienen. Hay ciertas esperanzas de que eso pueda encontrar una solución porque Cuba está en una situación económica muy complicada. Pero yo creo que es mucho más difícil encontrar una solución, incluso para Cuba, mientras Estados Unidos está metido en semejante problema en Oriente Medio.
Sobre Venezuela, lo primero que hay que decir es que Estados Unidos, en su estrategia nacional, dice que su prioridad es el hemisferio occidental, es decir, el continente americano. Eso sí ha quedado reflejado en la estrategia de Venezuela. También hay que tener en cuenta que Venezuela es un régimen muy difícil de evaluar, porque su propia estructura de poder no responde a lo que normalmente es un Estado; tiene una serie de estructuras criminales vinculadas al poder. Entonces, cualquier juicio que se haga tiene su dificultad.
En principio, hay muchos venezolanos que están satisfechos y contentos con la intervención porque ofrece alguna esperanza en un país que, en realidad, no tenía esperanza alguna con el actual régimen. Entonces, visto todo en su conjunto y a pesar de los peros que se le puedan poner, yo puedo incluso tener una visión positiva de la intervención norteamericana en Venezuela. Pero, claro, si eso se limita a ese ámbito y no se sigue escalando; porque entonces la inseguridad que produce también en el mundo es vibrante. Dónde están los límites de lo que ahora mismo pretende el presidente Trump no están claros. El hecho de haber intervenido después en Irán por segunda vez introduce un factor de incertidumbre enorme que yo creo que es problemático.
¿Puede ser que todo esto, tanto lo de Cuba como lo de Venezuela, responda a una estrategia de continuidad con lo de Irán?
No, yo creo que no. Creo que la estrategia que estaba haciendo Trump hasta ahora, hasta la segunda intervención en Irán, tenía una cierta lógica y era incluso comprensible y tenía una cierta relación con la estrategia nacional de seguridad de Estados Unidos y la línea que hasta ahora había defendido el Partido Republicano y el liderazgo de Trump.
Pero yo no le veo una lógica a la intervención ahora. A mí me parece que Israel, de alguna u otra manera, ha conseguido convencer a Estados Unidos para que haga una estrategia que es de su interés o por lo menos está alineada con los puntos de vista estratégicos de Netanyahu, pero que no era de interés, desde luego, para Estados Unidos, tanto en el tiempo como en el contenido de la estrategia. Fundamentalmente en el tiempo, porque no es lógico abrir tantos frentes a la vez y un frente con un grado tan alto de incertidumbre como es el frente que Estados Unidos ha abierto ahora mismo en Irán.
Hay varios altos cargos y muchos analistas en Estados Unidos que han criticado esta intervención en Irán
Ahora mismo, si uno abre la revista Foreign Affairs, los artículos en general son todos, la mayoría, críticos con la decisión de Trump en política exterior, incluso desde ópticas realistas que uno pudiera pensar que están alineados. Por ejemplo, Mearsheimer desde el principio fue muy crítico con la intervención norteamericana.
La intervención en Irán está teniendo consecuencias económicas, no solo en España, sino que en Europa está siendo peor, con una inflación bárbara por el encarecimiento...
Las consecuencias económicas, estamos pensando en Europa, pero en Asia están siendo todavía peor, como en el caso de Filipinas. En Asia en su conjunto las consecuencias son todavía peores. En los propios países del Golfo, las monarquías del Golfo, las consecuencias están siendo muy graves.
También en Estados Unidos. Hay sectores que ganan lógicamente con esto, los sectores del gas y del petróleo en Estados Unidos están ganando con los precios tan altos, pero también hay muchos sectores que apoyan a Trump que ahora se ven en un apuro.
Si Estados Unidos interviene en Irán, tendría que hacerlo con la idea de una victoria para poder después abordar el tema económico, pero no lo veo, porque la estrategia de Irán está basada precisamente en hacer un daño económico y alargar la guerra.
Políticos como Iván Espinosa de los Monteros dicen que la guerra de Irán es casi una obligación, recordando cuando Marco Rubio advirtió hace años que se estaban armando y que serían una potencia nuclear. ¿Es realmente un tema de seguridad mundial como dicen Trump y Netanyahu?
Irán es un país que supone una amenaza al sistema internacional. Pero el afirmar que hay un país problemático o que incluso supone una amenaza no quiere decir que la estrategia que se esté haciendo sea la correcta. Reconocer que hay un problema no quiere decir que el que lo quiere resolver lo resuelva bien. Muchas veces es peor el remedio que la enfermedad, y en este caso, en mi opinión, es muy evidente.
En 2015 se firmó un acuerdo nuclear en el que participaron China, Rusia y la Unión Europea. Aquel acuerdo era muy imperfecto, pero había sido una vía de esperanza para moderar a Irán y buscar fórmulas de diálogo estratégico con un esfuerzo muy grande de muchos países. En su primer mandato, Trump no tardó ni 10 días en cancelar el compromiso norteamericano con ese acuerdo. Yo creo que fue un error en aquel momento. Había un cierto diálogo abierto entre Estados Unidos e Irán que, aunque no estaba dando muy buen resultado, era mejor mantenerlo hasta donde fuera posible que esta respuesta, que supone un riesgo todavía mayor que el que había antes.
Sobre la reacción de China y Rusia, se ha criticado que no hayan apoyado más a un régimen aliado. ¿Se están desmarcando de Irán?
China y Rusia están siendo prudentes y creo que es la estrategia correcta para ellos. Meterse en semejante problema y empezar a pelearse con Estados Unidos por este asunto no es lo mejor para nadie. Pero en cuanto acabe la guerra, a ambas potencias les interesa que Irán no sucumba. Irán, si no tiene el apoyo de Rusia y de China, tampoco podrá resistir mucho más después de esta guerra por todo el daño que ha sufrido. Rusia sale reforzada tanto por razones económicas como porque se convierte en un activo geopolítico con capacidad para sostener a Irán tras el conflicto.
China, por su parte, sigue demostrando que es un país muy prudente que mide muy bien sus pasos. Evalúa que Estados Unidos pueda salir debilitada de esta guerra como algo positivo, porque China se presenta al mundo como un país fiable y no belicista.
¿Cómo queda la guerra de Ucrania en este momento?
La situación de Rusia, en principio, por esta guerra le favorece. Le favorece por razones económicas; la economía rusa, aunque sigue resistiendo, estaba creciendo mucho menos que en años anteriores, ya tiene problemas de inflación y problemas macroeconómicos, pero con la subida del precio del petróleo y el gas, está en mejores condiciones para resistir unos cuantos años.
Además, al tener que dedicar Estados Unidos y el mundo mucha más atención a Oriente Medio, toda la atención que no se dedique a Ucrania es positiva para Rusia. Rusia tiene confianza en que, con el paso del tiempo, al final termine ganando la guerra. Estados Unidos, al estar metido en semejante lío, tendrá todavía más interés en que la guerra en Ucrania acabe, y eso puede hacer que se distancie de la seguridad europea. Y, de momento, Europa no está en condiciones de gestionar la guerra de Ucrania en solitario.
Todo esto ha puesto bajo alerta la soberanía energética y militar. ¿Es positivo que los países busquen no depender de terceros como Estados Unidos?
Lo que está ocurriendo es que hay un gran deterioro del sistema internacional y el mundo avanza hacia perfiles más belicistas y a menos seguridad general. En este contexto, cuanta más autonomía estratégica, energética y económica, mejor. Europa ahora mismo no la tiene; depende de sus vínculos con Estados Unidos y con China.
¿Es positivo el crecimiento de empresas como Indra para el futuro acuerdo europeo?
Las empresas de armamento juegan un papel muy importante. Si no se tiene una industria militar propia, los recursos necesarios se comprarán fuera y eso genera un problema socioeconómico y, sobre todo, que no tienes autonomía estratégica. Para construirla hay que empezar por tener una industria propia que no puede ser solo española, tendrá que ser europea. España no tiene dimensión propia para desarrollar su industria de defensa en solitario.
Para terminar, ante tanta incertidumbre, ¿cuál es la lectura realista de una solución ante estos conflictos?
La incertidumbre está muy abierta y depende de lo que ocurra en la guerra de Ucrania y en Oriente Medio. Está en el interés de España y de Europa que estas guerras encuentren su fin. Una vez acabadas, habrá que repensar la seguridad europea. Europa debería entenderse con Estados Unidos, aunque no esté de acuerdo con muchas cosas, para buscar una fórmula de paz a largo plazo.
En ese sistema futuro tiene que haber un diálogo estratégico con Rusia, porque contra Rusia no se va a poder construir. Hay que ser capaz de disuadir a Rusia, pero también de hablar de un futuro de paz al mismo tiempo. Se necesita imaginación y creatividad; hay que creer en la posibilidad de construir un sistema de paz. Si la idea es que hay que derrotar a Rusia, y Rusia tiene armas nucleares para destruir Europa, es algo irracional. Habrá que buscar una fórmula distinta, parecida a la Guerra Fría, con diálogo y acuerdos de control de armas.