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Jaime Mayor Oreja: "La mentira ha reemplazado al crimen: estamos ante una crisis de conciencias personales"

Jaime Mayor Oreja, exministro del Interior, fundador de NEOS y referente del pensamiento conservador, analiza en esta entrevista la profunda crisis que atraviesa España. Con una trayectoria marcada por su firmeza frente al terrorismo en el País Vasco y su paso por el Parlamento Europeo, Mayor Oreja reflexiona sobre el actual tablero político tras la publicación de su reciente libro, 'Una verdad incómoda'.

Entrevista a Jaime Mayor Oreja, exministro del Interior, fundador de NEOS y eurodiputado. Habla sobre su último libro "Una verdad incómoda"
photo_camera Entrevista a Jaime Mayor Oreja, exministro del Interior, fundador de NEOS y eurodiputado. Habla sobre su último libro "Una verdad incómoda"

A través de sus páginas y de esta conversación, el autor desgrana cómo la pérdida de referentes y la sustitución de la fe por "pseudo-religiones" ideológicas han configurado el presente de nuestra nación.

La trayectoria de Jaime Mayor Oreja no se puede entender sin sus tres etapas vitales: su lucha política en el País Vasco, su gestión en el Gobierno de España y su visión global desde Bruselas. En cada una de ellas, el exministro ha extraído una lección que hoy confluye en un diagnóstico preocupante: España no enfrenta solo una crisis institucional, sino un problema de fundamentos morales.

"ETA nació en la falta de fe, tanto de los jóvenes como de bastantes sacerdotes que se secularizaron."

En su último libro, Una verdad incómoda, Mayor Oreja se aleja de la comodidad del relato oficial para confrontar la realidad de un proceso que, según sus palabras, ha permitido que la mentira herede el espacio que antes ocupaba la violencia. A continuación, conversamos con él sobre el odio generacional, la deriva del socialismo y la necesidad de una alternativa sólida para el futuro de España.

El libro que ha sacado recientemente, Una verdad incómoda, habla de una crisis de valores y moral. ¿Es esa la conclusión de su trayectoria?

Yo he tenido tres etapas diferenciables. La primera etapa, más de 25 años en el País Vasco haciendo política, y la conclusión fue que no había una crisis de conciencia nacional nueva, sino que había una crisis de conciencias personales, individuales; de modo y manera que una pseudo-religión, un movimiento de liberación nacional, había sustituido la religión católica. Una religión sustituida por una pseudo-religión. Esa fue mi primera lección.

Segunda lección: en España, cuando goberné, vi que dos miedos -uno, un miedo del PNV al espíritu de Ermua de los jóvenes españoles del año 97- les llevó a abrazarse a ETA. Y los socialistas, cuando vieron la mayoría absoluta del año 2000, se abrazaron en un proceso mal llamado de "paz" a ETA. Conclusión: España tiene una crisis de un gran valor, de un gran fundamento, que es el de nación, que no lo tienen otros países occidentales.

La tercera etapa fue en el Parlamento Europeo. El método europeo de trabajo, el consenso infinito para aprobar todas las resoluciones y la pérdida de referentes permanentes nos estaba llevando a la irrelevancia. Era una crisis de dirección, una crisis de fundamentos. En las tres etapas de mi vida he concluido de la misma manera: la crisis está dentro de nosotros, es una crisis de la persona, de las conciencias de las personas. No es una crisis política o económica, sino de conciencias personales.

¿Quiénes son los responsables de introducir esa "pseudo-religión"?

Fueron las ascuas de una hoguera mal apagada a lo largo de la historia del País Vasco. Tres guerras carlistas en el siglo XIX y la Guerra Civil Española dejaron unas ascuas que no están apagadas. Se produjo una circunstancia que fue el final del régimen de Franco y el movimiento del 68 francés, un movimiento cultural revolucionario, que quisieron que se avivaran. Eso fue la causa entre las causas.

¿Cómo se puede convencer al pueblo vasco de que deje ese proceso sin generar malestar u odio?

Ese problema exigirá tiempo y paciencia en la evolución del mal. En el libro cuento una conversación con un antiguo alcalde de Oñate, Reyes Corcostegui, que me dijo: "Vosotros, los de la UCD, no podréis resolver este problema porque, para que adquiera solución, tienen que transcurrir tres o cuatro generaciones de vascos. Hay demasiado odio por metro cuadrado". Me lo dijo en el año 80; ya ha pasado una y media. Ha de faltar que se abra un ciclo histórico nuevo.

Menciona en su libro que muchos entornos que antes eran tradicionalistas ahora son la base de la izquierda abertzale. ¿Cómo se explica esa transformación?

Se crean ambientes en las comunidades muy locales donde lo mismo prende el tradicionalismo, como fue el carlismo, pero esos pueblos hoy son de ETA o de Batasuna. Se produce un fenómeno en el que se tienen que tener las mismas condiciones en el mismo pueblo para sobrevivir. Como ejemplo, te digo el de un asesino sangriento, Múgica Garmendia, alias 'Artapalo', que su padre era el más religioso y tradicionalista del pueblo, había estado en un tercio de Requetés. La izquierda lo sabe, todos tienen un parecido origen.

Jon Juaristi, intelectual y muy amigo mío que hace el epílogo del libro, sostiene que ETA no solo nació del PNV, sino que una de las dos ramas del carlismo tuvo parte en su gestación. Hubo un tradicionalismo que vivió a gusto con Franco, pero otra parte fue contestataria y visceral.

"En España se busca la legitimidad coincidiendo con quien está a la izquierda; es un complejo psicológico."

¿Es cierto que esa visceralidad de la que habla la tenían los carlistas?

Bueno, mis abuelos, que eran de pueblos del País Vasco, eran tradicionalistas. Ellos tenían otro concepto muy arraigado: su religiosidad. Eran profundamente religiosos y, evidentemente, la fe atempera la violencia. El problema surge cuando la violencia no está atemperada por la religión y, al revés, aparece una pseudo-religión de "liberación nacional" que la sustituye; es ahí cuando esa violencia se activa más.

Pero ETA no nace de esos entornos rurales, es una coctelera donde se mezcla, por un lado, un cierto sentimiento romántico de la belleza de los valles del País Vasco y, por otro, un componente marxista. En algunos lugares ya existía un proceso de industrialización y sindical donde ese marxismo cultural se instaló con mucha facilidad. En tercer lugar, es verdad que hubo sacerdotes que, aprovechando los paseos que daban con los chicos los domingos, sembraron también su semilla. Al final, si tú mezclas esas tres cosas -el marxismo cultural, la belleza de la ensoñación y el papel de esos sacerdotes-, el resultado es ETA. Fue esa combinación la que permitió que el movimiento cuajara con tanta fuerza en determinados ambientes.

¿Tuvieron tanta importancia esos sacerdotes?

Es simplificado decir que ETA nació en las sacristías. Yo digo que ETA nació en la falta de fe. Esos chicos perdieron referencias permanentes, dejaron de creer. Y también hubo sacerdotes que dejaron de creer. Cuando las sacristías están dejadas de la mano de Dios, pues forman parte. ETA es una coctelera de sentimiento romántico, marxismo cultural y unos sacerdotes que sembraron su semilla.

¿Cómo ve el futuro político del País Vasco?

Ahora ETA está gobernando en la sombra de un proceso con los nacionalistas vascos y con los socialistas. Y va a acabar gobernando, en mi opinión, muy pronto. Después de eso se abrirá un ciclo. Yo creo que ETA fracasará al final, pero ahora está ganando. Un proyecto asentado en la mentira y en el crimen no puede gobernar una sociedad mucho tiempo. Volverá al rincón de la historia.

¿Por qué dice que la mentira ha reemplazado al crimen?

El crimen siempre iba acompañado de una mentira respecto a las víctimas. En un momento determinado, una vez que dejan de matar, la mentira reemplaza al crimen. La mentira se asocia al crimen del pasado reciente. Eso es lo que hoy es el Gobierno: la asociación del crimen con la mentira.

¿Tiene el Partido Popular responsabilidad en este proceso?

Todos tuvimos responsabilidad al principio de la Transición; no supimos pedir una contrapartida de lealtad con España. Luego, cuando llegó Mariano Rajoy, no se negoció con ETA, pero se dejó que el proceso fluyera. Fue como el Guadiana, que tiene su recorrido en la profundidad. La responsabilidad fue no haberlo denunciado por el miedo a que el Estado no pudiese "matar" el proceso. Se prevaleció la idea de que la violencia es el mal mayor y la mentira el mal menor. Pero el mal menor siempre consolida al mal.

¿Cómo conseguir que PP y Vox se pongan de acuerdo para ofrecer una alternativa?

La única manera es que los españoles confirmen que esa mayoría natural es la que debe gobernar. Los dos partidos tienen que analizar lo que han dicho los ciudadanos en las urnas. Deben entender que su función social es ofrecer una alternativa que esté por encima de las siglas. Las siglas deben ser superadas. Se pueden suicidar, el suicidio es libre, pero lo lógico es que no lo hagan. Como siempre, habrá que hacer de la necesidad virtud.

Muchos ciudadanos critican las peleas constantes entre ambas formaciones...

Es lógico, son dos derechas. Una más institucional y, por eso, más relativista, donde lo importante es el pragmatismo, y la otra es más reactiva. Eso existe en toda Europa actualmente. Puedes soñar con la destrucción del otro o buscar una fórmula de gobierno. Yo apuesto por la segunda.

¿En qué ha cambiado la política desde su etapa en el Ministerio del Interior?

Ha cambiado muchísimo. El socialismo español tuvo pánico a la mayoría del año 2000 y se abrazó a un proceso que lo cambió todo. Además, hoy se va imponiendo la mediocridad en todas las actividades públicas: no solo en la política y los partidos, sino en instituciones empresariales y de la Iglesia. Hace falta que personas buenas se dediquen a lo público y entiendan que no es corrupción ni algo despreciable, sino una noble actividad. Los partidos son "partes", y las partes buscan su bien particular frente al bien común, por eso hay gente admirable y gente despreciable.

¿Está mejor "visto" la izquierda que la derecha?

En España ha habido un "vista a la izquierda". Tú te has sentido legitimado en tu posición por la coincidencia con una persona que está a tu izquierda. En cambio, la coincidencia con alguien a tu derecha te produce rechazo o miedo. Es una cuestión psicológica desarrollada por la mala conciencia tras los 40 años de Franco.

¿Cómo define el pensamiento de Franco y su relación con la derecha actual?

Franco era un militar y un conservador con un concepto profundo de España. Un conservador puede hacer reformas sociales profundas, no es incompatible, pero era un conservador en su pensamiento.

Muchas de sus políticas no eran muy "liberales" en lo económico. Eso dicen los liberales libertarios

Hay que alejarse de los extremos; la solución no está en el extremo, sino en la raíz. Yo creo en la economía libre y social de mercado, pero el "liberalismo" extremo es incompatible con la realidad, porque hay situaciones de desigualdad que hay que tener en cuenta.

¿Qué opina de las leyes de Memoria Histórica y Democrática?

Son errores. La historia nos debe unir, no separar. Yo no tengo por qué decir que condeno un régimen del pasado; el régimen de Franco fue una consecuencia de una guerra, igual que tampoco tengo que condenar el régimen que hubo antes, el de la Segunda República. El régimen que vivió Franco fue una consecuencia de una guerra. La pregunta es: ¿qué pasó antes de la guerra? Hay que dejar que fluya la verdad frente al relato, pero eso no nos debe separar a los españoles.

El relato oficial que nos ha llegado es que los vascos estaban muy oprimidos en esa etapa...

Mira, yo veraneaba de niño en un pueblo, Villafranca de Oria, hoy Ordizia, en el Goierri, donde nacieron muchos miembros de ETA. Hoy gana Batasuna allí, pero en aquellos años es evidente que en el pueblo no había una persecución. ¿Qué destino pedían siempre los guardias civiles y policías nacionales? El País Vasco, porque vivían bien y eran aceptados. El alcalde podía ser tradicionalista, el párroco nacionalista y el teniente de la Guardia Civil un señor que cumplía su tarea, pero no se caracterizaba por oprimir al pueblo. Eso de la opresión a los vascos en los pueblos es un relato que no corresponde con la verdad. Que hubo represión tras la guerra o actuaciones ante el marxismo y los sindicatos, seguro; pero todo lo demás es un relato que ha producido lo que ha producido. No es bueno que se haga el relato contrario: hay que dejar que fluya la verdad para sustituir al relato.

¿Cuáles son las acciones concretas para revertir ese relato y cómo puede la gente joven encontrar la verdad?

Interesarse por conocerla. Yo trato de explicar la verdad del País Vasco en este libro, por eso se llama una "verdad incómoda", porque las verdades son incómodas; no son lo que a ti te gustaría que fuesen. La mentira es más fácil de propagar y el relato es más fácil de expandir, pero tienen un problema: son medias verdades. Es decir, la peor de las mentiras porque es verosímil. Hoy, el relato se ha construido con medias verdades.

¿Cree que la educación, en los colegios, y los medios de comunicación ayudan a conocer esa verdad?

La educación reglada no es la más importante; fíjate que en el País Vasco son los ambientes sociales los que educan o maleducan. En cuanto a los medios, las televisiones y periódicos tradicionales tienen cada día menos influencia frente a las redes sociales, sistemas difícilmente dirigibles y controlables. El problema es que hay tanta información que no dedicamos tiempo a interiorizar y pensar para obtener conclusiones propias. Hay que dar tiempo a la reflexión.

¿Qué referentes o autores recomendaría a los jóvenes que quieran profundizar en la verdad sobre España y el País Vasco?

Por ejemplo, Jon Juaristi escribió un libro enormemente interesante titulado El bucle melancólico, que es un retrato de alguien que viene del mundo abertzale. También Fernando Savater, que analiza siempre con rigor el tema vasco. En la literatura, Fernando Aramburu tiene novelas muy importantes: la primera y más destacada fue Patria, y ahora tiene otra titulada Maite, que aunque no la he leído todavía, estoy a punto de hacerlo. Hay personas y materiales, pero lo primero que se debe tener es la inquietud de buscar la verdad.

Para terminar, ¿cómo define la situación geopolítica actual?

Yo siempre tengo una enorme prudencia en tomar posición,  porque hay muchos factores en juego. Pero si tuviera que escoger una palabra sería, sin duda, "desorden", "extremo desorden". Occidente está viviendo el final de una etapa. No significa el final de Occidente, significa el final de una etapa de Occidente.

Tenemos conflictos en Ucrania e Irán que son símbolos de que ese desorden desemboca en violencia. España debe resolver primero su problema nacional; hoy no tenemos un peso en el mundo para determinar una respuesta global, pero debemos interpretar este desorden.

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