Nunca he hecho referencia o escrito alguna vez sobre las mujeres toreras o más bien de las señoritas toreras como a ellas les gusta llamarse. Pero hoy me voy a referir a unas pocas de ellas, en particular a un caso muy curioso, tal vez, este caso, sea uno de los más llamativos, se trata de María Salomé (nacida en Senés, Almería 1878), apodada “La Reverte”, y así se anunciaba en los carteles.
Fue una mujer de fuerte carácter, bajita de talla, pero muy alta de valor. Mató su primer novillo en Madrid, año 1900, manteniéndose durante una década en un puesto más que digno en el escalafón de toreros de aquella época. El 2-6-1908, el Ministerio de la Gobernación, a la sazón de Juan de la Cierva, dicta una Orden Real prohibiendo a las mujeres actuar en festejos taurinos.
“La Reverte”, puso un contencioso contra tal Orden, pero nunca se supo del resultado. Lo que, si ocurrió, con el afán de seguir toreando se descubrió la verdad de su sexo masculino al ser intervenido quirúrgicamente por una cornada, resultando llamarse Agustín Rodríguez Tripiana, sin embargo, después no volvió a conseguir éxitos importantes, desapareciendo del mundillo taurino, colocándose de guarda en una mina de la provincia jaeniense, falleció en Vilchez (Jaén) año 1945.
Volviendo atrás en el tiempo, hay constancia de la primera mujer torera (comienzos del siglo XVIII), la madrileña de Valdemoro, Nicolasa Escamilla, conocida por “La Pajualera”, sobrenombre que se puso en los carteles por haber vendido pajuelas de azufre. La inmortalizó Goya en uno de los grabados de su famosa tauromaquia. Aparte de torear a pie, alternaba como picadora de toros.
En el 1814, nace en Colmenar de Oreja (Madrid), Marta Martina García, apodada “La Lagartijo Mujeril”, debutó como novillera con 23 años en 1837, destacando por su dominio en todas las suertes del toreo, se retiró en 1874. Su fallecimiento fue en Madrid el 27-7-1882. Durante su trayectoria profesional, alternó más que ninguna mujer formando cartel con los toreros de la época.
Igualmente hay conocimiento de otra joven novillera (finales del siglo XVIII), supuestamente nacida en la localidad malagueña de Gaucín, nunca se supo quienes fueron sus verdaderos padres, anunciándose con el nombre de María Gaucín, la cual se salió de un convento de monjas (Carmelitas Descalzas) del que se encontraba interna, para dedicarse al toro, no teniendo demasiada suerte en la aventura torera. Como también la motrileña-granadina Francisca García, una de las pioneras toreras a pie y después a caballo, sin éxito relumbrante en sus dos facetas. Estuvo casada con el banderillero navarro Francisco Gómez.
Allá por el año 1895, se aventuraron en esta difícil profesión varias señoritas novilleras catalanas, llamadas: Ángela Pagés, Justa Simón, María Munubeu, Rosita Salesas, Julia Carrasco, Luisa Comás, y las hermanas Lolita y Angelita Muñoz, conocidas artísticamente por; “Las Noyas Toreras”, también alternaba con ellas a caballo, Lolita Pretel. En España no tuvieron mucha fortuna, pero sí muy aclamadas en países sudamericanos. Fueron apoderadas por el empresario barcelonés Mariano Armengol, conocido por el seudónimo de “El Verduguillo”.
Muchos años después, allá por años treinta del siglo pasado, surgió con magníficas cualidades la madrileña Juanita Cruz, quien además de torear en Madrid con picadores y cortar una oreja en la tarde de su presentación, ante una afición tan exigente como la de sus paisanos, también triunfaría en México, la que hiciera terna con el inolvidable Manuel Rodríguez “Manolete” en más de una ocasión.
Continuará.