Ante la proximidad de la conmemoración del centenario de la Generación del 27, cabe recordar como la tauromaquia, fuente histórica de inspiración en pintores, escritores y literatos, tuvo una relevancia determinante en la sensibilidad de este grupo de vanguardia, siendo tema recurrente, interpretado con el sentido de libertad y creatividad propio de sus componentes.
Algunos de los poetas, literatos y artistas, que formaron parte de esta generación irrepetible, encontraron en la lidia taurina, una forma de arte capaz de expresar, desde la tradición y la modernidad, las emociones más profundas donde se aliaban el valor, la belleza, la pasión y la tragedia. Federico García Lorca, Rafael Alberti, Pedro Salinas, José Bergamín o Gerardo Diego, y el grupo en su mayor parte, compartían similares propósitos y creencias y unían a la vocación por lo nuevo, la cultura popular española, especialmente la andaluza y como gran referente en el pasado, miraban a la literatura del Siglo de Oro plasmada esencialmente en la poesía de Luis de Góngora.
Sin duda, la figura indiscutible que enlaza el mundo de la tauromaquia con la vanguardia que simbolizaba la naciente generación de creadores, está representada, en toda su dimensión humana y artística en Ignacio Sánchez Mejías (1891-1934). El torero sevillano de elegante técnica y profunda formación cultural, casado con Dolores Gómez Ortega, hermana de Joselito “El Gallo”, encarna el nexo entre el arte de la lidia y el núcleo vanguardista que conforma la generación. Aficionado a las letras, conferenciante y dramaturgo, de personalidad tan magnética como generosa, fue el verdadero artífice que aglutinó con sus buenas artes y carisma a los jóvenes literatos en un espacio común: literatura y tauromaquia, que él facilitaba poniendo sus convicciones, recursos económicos o de infraestructura al servicio de las necesidades en los comienzos de andadura del grupo.
Su finca de Pino Montano era lugar de encuentros y jornadas, pero sin duda, uno de los puntos clave de su labor de mecenazgo fue su impulso en la celebración del tercer centenario de la muerte de Góngora, en el Ateneo de Sevilla en diciembre de 1927, donde se afirmó la conciencia de la Generación del 27. Sánchez Mejías costeó los viajes en tren de los asistentes y demás gastos derivados de la celebración.
La amistad con García Lorca estaba construida sobre pilares de afecto, complicidad, admiración y respeto mutuo y por esta razón el poeta granadino dejará para la historia, una de las obras cumbre de la poesía del siglo XX: “ Llanto por Ignacio Sánchez Mejias” (1935), nacida del dolor y la impotencia a raíz de la trágica muerte del torero en la plaza de Manzanares en la tarde del 13 de agosto de 1934. Ilustrado por José Caballero, también en el año 1961 el artista gallego argentino Luis Seoane (1910-1969), exiliado en Buenos Aires, abordó una versión en forma de libro con imágenes xilográficas de su autoría, publicado por la Editorial Losada.
Rafael Alberti tradujo en versos el sentimiento que el espectáculo de la tauromaquia le inspiraba, y la constancia de esta atracción se incorporó a sus poemas donde volaban los ecos de ese universo, expresados con su genial ironía y amor por lo popular. Una de las últimas colaboraciones llevadas a cabo por el autor de “Marinero en Tierra” y la pintora Maruja Mallo, igualmente digna representante de esa generación, fue la publicación en el diario ABC ( 9 de noviembre de 1930), de los poemas “Chuflillas al niño de la Palma”, “Joselito en la Gloria” y “Seguidillas a una extranjera”, acompañados de una única ilustración de la artista donde hace mención simbólica al ambiente mágico y a los ritos de la fiesta.