Desde que se hizo público su retiro de los escenarios musicales, a finales del año 2022, sentí en mi intimidad la necesidad de destacar, de algún modo, el papel central que representó en mi vida, el descubrimiento de la poesía y música de este Orfeo moderno.
Y para hacer público mi homenaje no encontré mejor tribuna que la columna digital que me ofrece con generosidad el diario madrileño con el que colaboro desde hace algunos años.
Nacido que fui en un pequeño “paese ”genovés llamado “Boca del Riachuelo “que vio la luz y se desarrolló contra la voluntad de la metrópoli porteña en los albores del siglo XIX, y crecido luego entre los arrullos ensordecedores de las gargantas enronquecidas de su legendarios seguidores futbolísticos que hacían vibrar el cemento del estadio –pues vivía frente a la Bombonera” elegí simbólicamente dirigirme a las acalladas aguas de su puerto, antaño vientre de mil rayos, para lanzar, al viejo estilo, esta botella al mar que busca encontrar a su destinatario entre las casas pueblerinas a las que baña el mítico Mediterráneo que el mismo homenajeado contribuyera a eternizar con su música y su poesía.
Y fue un disparador inesperado el que condujo mi envío a tomar impulso para que zarpara cargado solo de optimismo..
En efecto, algunos años atrás, mientras ordenaba los papeles e imágenes que darían forma al libro de Memorias que presenté el pasado año en el salón de mi barrio natal donde nació su magnífica escuela artística, reencontré entre estas últimas, una fotografía de los años ochenta que registra uno de los momentos más recordables de mi vida social, a punto tal que, de inmediato, consideré necesario incorporarla, por su incuestionable valor testimonial, a las páginas de la obra que estaba preparando entonces.
Es el momento en que compartí una imagen gráfica con el famoso cantautor catalán, que desde su llegada a nuestra tierra, casi dos décadas atrás de aquel episodio, se convirtió en la más importante referencia de la música popular de habla española en nuestro país y en el resto de Latinoamérica.
Lo curioso del caso es que los factores que contribuyeron a hacer posible este encuentro fueron fruto de la casualidad…
Transcurría el verano del año 1988, cuando una mañana del mes de febrero (según creo recordar) recibí un llamado telefónico de un empresario teatral llamado Luis Madarano, administrador de una gigantesca carpa de espectáculos artísticos y deportivos que operaba comercialmente en Mar del Plata en la intersección de la avenida Juan B Justo y la calle Edison bajo la denominación de SuperDomo
Por medio de dicha comunicación, el mencionado empresario me instaba a viajar a la costa atlántica en fecha a serme indicada, con el objeto de cumplir el pago de una deuda que mantenía con mi estudio.
Agradecido a la vez que sorprendido por la inesperada noticia que transmitía, pregunte quien se presentaría en el estadio para que pudiera, con tanta seguridad, asegurarme que viajara nada menos que 400 kms, respondiéndome escuetamente “puede viajar tranquilo, viene Serra…”(sic)
De más está decir la alegría que se apoderó de mi espíritu cuando escuche ese nombre, imaginando que en el Domo tendría la posibilidad de conocer personalmente al gran artista catalán que me había devuelto el sueño aquella noche del año 1970…!
Por fortuna estábamos transcurriendo el año 1988…si hubiera acontecido la misma situación en nuestros días, el empresario seguramente me hubiera propuesto hacer efectivo el pago por medio de una transferencia bancaria electrónica, y esa fotografía nunca hubiera existido!
Así fue que el día de febrero señalado por el empresario, conocí personalmente a Serrat!
Fue en el momento previo a su actuación, mientras lo aguardaban 3500 asistentes.