Del sur xeneixe

Serrat, memoria colectiva y legado cultural en la música en español

Pero no todas eran rosas…! también podía suceder que perdido en la musicalidad de las melodías que sonaban  en torno de los temas, descuidara su atención y me encontrara después  con una sorpresa desagradable.

Así ocurrió una tarde en que me disponía a escuchar el disco en el que Serrat homenajeaba a Miguel Hernández; cuando me dirigí a la discoteca para buscarlo, descubrí que el vinilo no se encontraba en su lugar, que por un descuido accidental  no estaba enfundado y había caído bajo “las garras” de su infantil dentadura,  razón por la cual  debí reponerlo de inmediato, aunque conservando aún el viejo vinilo con el sello de su inocente intervención como un impensado souvenir de aquellos días. 

Con Florencia sucedió una cosa fenomenal…un tema escrito por el poeta a comienzos de los años 70 se transformó veinte años más tarde en el itinerario que marcaría los días de su adolescencia.

En la nostálgica canción “Que va a ser de ti”,  traza como un augur el retrato de sus días por venir…!  

De ahí que aún hoy, si suena en algún equipo ese tema tan familiar para nosotros, al llegar a  la estrofa que dice “que va a ser de ti lejos de casa, nena qué va a ser de ti…” se pregunte…  cómo pudo Serrat adivinar los pasos que  seguiría en mi adolescencia con tal precisión?

En lo que  a mí se refiere, Mariel, sobrina mayor de la familia, me comentaba cada tanto que cuando escuchaba “Tío Alberto”, creía encontrar en su contenido algún episodio relacionado con mi vida, aunque siempre le aclaré que nunca recibí condecoración alguna… como el personaje que menta la canción.

 Hasta me ha pasado una vez  estar caminando por las calles del barrio y detenerme súbitamente al  descubrir en alguna radio de la vecindad  una canción que me era por entonces desconocida, como fue el caso, a comienzo de los 80 del hermoso tema   “No hago otra cosa que pensar en ti”.

Años más tarde, en otra etapa, ya entrada la década de los años 80, habiendo tomado a mi cargo la responsabilidad de trasladar en la época escolar a una pequeña estudiantina compuesta por mis tres hijas adolescentes y dos amigas, impuse la costumbre de canturrear alguno de sus clásicos al dirigirnos a la institución escolar.

Así, en el viaje matinal, que duraba poco más de 10 minutos, desde las cintas de un pesado aparato  llamado cassetera, cada jornada surgían invariablemente sus clásicos que en modo coral cantábamos hasta llegar a destino.

De tal intensidad era la presencia del artista en nuestras vidas.

Creo innecesario mencionar los múltiples títulos relevantes  que desde los lejanos finales de los 60 hasta la segunda década de este siglo conforman su amplísima  discografía; bastaría decir que Penélope, Mediterráneo, Lucia, Aquellas pequeñas cosas, Romance del Curro el Palmo, Como un gorrión, Decir amigo, No hago otra cosa que pensar en ti, Palabras de amor, Esos locos bajitos, Hoy puede ser un gran día, Algo personal ..,,etc. constituyen obras de culto. 

Entre otros tantos más, a modo de proa, nos indican que en la música popular de habla española (y a decir verdad, fuera de ella tampoco!) no ha existido hasta la fecha un cantautor que produjera una obra tan abundante y de tal  riqueza poética y musical.

Incluso en el año 1981, en un texto que podemos calificar de profético titulado “A quien corresponda”, de un modo que podríamos definir como “discepoliano” llega a poner nombre a las bandas de escorpiones que ya por entonces se habían  apoderado de nuestro porvenir  diciendo que “..la Tierra cayó en manos de unos locos con carnet”

Finalizando este homenaje  me animo a agregar una sugerencia que considero indispensable en los días que corren.

Vista la decadencia cultural que abruma a la época y mella particularmente la educación de las jóvenes generaciones, constituiría  un gran servicio social, que  la autoridad educativa española  incorporara a sus programas pedagógicos  de formación intermedia, una selección de sus grandes poemas musicales, porque una decisión de esa naturaleza estimularía la reconexión de la estudiantina con los grandes poetas que dio el país durante los siglos 19 y 20, al tiempo que mejoraría sin dudas la vida de la colectividad toda. 

Si a esos valores nacidos en el seno de su arte musical y poético, le agregamos sus cualidades morales y personales, la ética insobornable que revelan  sus acciones públicas y el constante obrar que hace visible su militancia en el lado correcto de la vida, no cabe otra cosa que celebrar que el destino nos haya convertido en sus contemporáneos.