LA MIRADA DE ULISAS anhela hacerles conocer un atisbo calificado sobre el conflicto arabo-judío que tanto inquieta al mundo. Un tema bien candente que, no siempre se conoce bien, pero muchas personas se permiten abordarlo convencidas de que dominan el asunto y que tienen toda la autoridad moral para opinar y condenar. La escritora y académica Einat Wilf, estudiosa del tema durante años, bien emplazada para ser un vocero autorizado, nos relata con claridad y con datos específicos e históricos cuál es el meollo de las numerosas crisis en el Medio Oriente, que mantienen una propuesta que ciertamente imposibilita una solución inmediata.
Einat Wilf, la mujer del campo de la paz, del partido laborista y progresista, como muchos ciudadanos israelíes, estaba convencida de que el problema radicaba en una cuestión meramente territorial y que si se les daba mayor cantidad de tierras el problema sería resuelto. Con dolor reconoció que se equivocó. A los palestinos sólo les atañe que Israel no exista, o sea la exterminación de la única y pequeña nación judía del planeta con todos sus moradores. Los palestinos como tal responden a la creación de un pueblo nuevo sin larga historia y sin gran pasado, pero con un presente, que a veces une voces equivocadas. El pueblo palestino básicamente lo constituyeron grandes familias y tribus árabes que estaban ligadas a la soberanía de Jordania y Egipto. La Historia regional muestra que en el momento de los tratados de paz en diferentes épocas, Egipto ni Jordania quisieron retomar respectivamente lo que se conoce como la franja de Gaza o la parte de Cisjordania, conquistadas por Israel, ya que la mayoría de sus habitantes estaban liados a los Hermanos Musulmanes con posiciones altamente sectarias y extremistas. Palestina es el nombre retomado por los ingleses, inspirados en el nombre dado a la zona por los romanos al referirse a los filisteos, los enemigos acérrimos de los judíos. Palestina era el antiguo reino de Judea, con toda la historia bíblica que les pertenece a los judíos desde hace más de 3000 años; desde el Reino de David y 1600 años antes del surgimiento del islam. Los judíos retornaron a la tierra de sus ancestros, tantas veces prometida en los Libros Sagrados. Inclusive se podría elucubrar como dato curioso que a los palestinos no les corresponde una Tierra llamada Palestina sino Balestina, ya que ni siguiera la “P” como letra con su pronunciación existe en su léxico. ¡Dirían Balestina y no Palestina! Pero en la actualidad ya es realidad y los palestinos en su suelo resultan un nuevo pueblo asumido por la Humanidad.
Como lo analiza Einat Wilf, ya desde el inicio de la historia se crea una falacia, que se vuelve realidad y motivo de tantas beligerancias. Efectivamente, en el territorio habitaban judíos y árabes que convivían con cierta tranquilidad, aunque para el musulmán fanático y seguidor de las leyes del Corán el judío como todo infiel, referido a otras religiones y creencias, representan seres despreciables que hay que convertir o eliminar. Propuesta que sigue vigente en Gaza y un tanto en Cisjordania, donde desde párvulos a los niños se les enseña a odiar al judío. Inclusive, con la enseñanza en Gaza de las matemáticas que divulgan en las aulas, por ejemplo: si tengo 10 judíos y asesino a 8 ¿cuántos quedan? Una barbaridad institucionalizada en las escuelas. En el fondo, implica que el judío no tiene derecho a existir y menos a tener una patria, como la han construido. Si se entiende bien como lo comprendió Einat Wilf, nunca por parte de los dirigentes árabes hubo el más mínimo interés de firmar en la mesa de negociaciones la creación de dos estados ni siquiera en momentos cuando la propuesta fue válida y bien sustanciosa para los palestinos de parte de los judíos. Para los palestinos resulta imposible reconocer un estado judío, por ende: Israel. A Arafat ni a otros hombres de poder de la Liga Árabe les interesó firmar acuerdos para dicho fin. Lo repitieron siempre sin tapujos: "no queremos un estado judío", lo que enlaza la famosa proclamación del eslogan: del río hasta el mar. Planteamiento que bien traduce la aniquilación del Estado de Israel con su gente. A veces hay que saber escuchar, lo expresaron siempre y lo sostienen en permanencia. Hay que saber oír y no hacerse el desentendido. Pero, a la mayoría de los israelíes no les cuajaba la idea. Les resulta tan grotesco e inaceptable pensar que en realidad no toleran una nación judía ni a los judíos, que es difícil de admitir. Ante los ojos de cualquier judío progresista no podía ser cierto, ellos debían tener los mismos pensamientos pacifistas que esgrimían. Los hombres y mujeres de paz de Israel le daban todo el crédito a esta invitación de vivir en concordia. Según ellos, prometía la sana convivencia al unirse en conceptos y enunciados por la supuesta armonía entre ambos pueblos. Pero otra vez, sordos e ingenuos, o tal vez desconocedores de la mentalidad árabe y los principios del Corán, como muchos judíos de Europa, los asquenazíes, querían dar territorios a cambio de paz, como lo creían lógico para lograr la meta de la vida en común. Nunca funcionó a pesar de haber devuelto el 90% de los territorios conquistados en la Guerra de los Seis Días en 1967. Inmediatamente, comenzó la famosa intifada que causó tantos muertos y heridos. La mirada de Ulisas sabe que ningún país devuelve tierras conquistadas y menos que les haya costado sangre, sin embargo, Israel lo hizo otra vez con miras a conseguir la paz.
A partir del 7 de octubre las cosas cambiaron ya que se vio claramente la evidencia del salvajismo y del desenfreno con que actuaron los terroristas palestinos muy consecuentes con sus propuestas de que el judío no merece la vida y que con su cuerpo se puede hacer lo que el marqués de Sade ni siquiera se atrevió a inventar. Ejercer un sadismo a ultranza representa bien el odio inculcado, a pesar de haber sido beneficiados con muchas prebendas internacionales, que sirvieron para crear túneles de la muerte en Gaza, en vez de beneficiar a su gente con una calidad de vida o el proporcionar a su población la prosperidad que Hamás hubiera podido brindar con las grandes sumas de dinero recibidas. Tenía todo para fomentar el buen desarrollo, pero el terror se apoderó de la banda de Gaza y creó el infierno que hoy padecen. El único responsable de este desastre es esa organización terrorista que anhela destruir a Israel y matar a la mayor cantidad de judíos, para ser recompensados en el paraíso con vírgenes que los esperan con los brazos abiertos, según su credo. Absurdo que en nombre de un Dios se deba destripar a los judíos y también a los infieles. Lo que se observa claramente, y la mirada de Ulisas no puede estar ausente de esta realidad, que mientras se "eduque" en el odio jamás habrá la soñada paz que tantas personas persiguen con sus actos y su pensar. Vale la pena ver y escuchar a Einat Wilf en los canales de YouTube para que se deduzca lo que verdaderamente sucede en el Medio Oriente, un Medio Oriente muy desorientado que merece mejor suerte y un cambio de actitud hacia el vecino, que sigue siendo el hermano gracias a Abraham. La historia debería articular y no separar. Y de ella aprender para no repetir errores ni arbitrariedades que son la fuente de tantas guerras y violencias de todo tipo que el siglo XXI nos trae.