Ha sido ayer jueves cuando el circuito ha quedado al descubierto. Mientras los platós de televisión, con Pablo Motos a la cabeza, comentan entre risas y con cierta ironía que una ministra culpe a Trump de los males judiciales de Zapatero, la Moncloa ejecuta en la sombra, paso por paso, el manual de "El brazo biónico de Sánchez".
La oposición y sus analistas de cabecera se lo toman a broma. Despachan la interacción de EE. UU. en el relato como una simple patochada de consumo rápido, creyendo de forma ingenua que la ridiculez del argumento les dará la victoria electoral por puro desgaste del rival. Qué tremendo error de cálculo. No tienen ni idea de lo que se les viene encima. Tres veces les hemos avisado ya desde estas líneas del colapso de su estrategia: primero desnudando sus errores en Waterloo con "El cortejo del ingenuo", después advirtiendo de la parálisis territorial con "El karaoke de Moreno", y ahora con este despliegue geopolítico que ni huelen. Confunden el meme con la eficacia y la burla con la estrategia.
No ven que, detrás de la cortina de humo y del chiste televisivo, se está levantando el andamiaje narrativo de una "Delcy 2" para blindar al núcleo del Gobierno. La verdadera clave de bóveda de este tablero —y aquí planteamos la hipótesis estratégica definitiva— no se juega en las salas de prensa, sino en la diplomacia corporativa. Quienes observen el mapa con luces largas entenderán que el pragmatismo de Washington opera a otro nivel.
Como bien ha revelado El Confidencial el pasado lunes 1 de junio y refrendó este martes 16 de junio al desvelar las negociaciones directas sobre el terreno, el nuevo embajador de EE. UU. en Madrid, Benjamín León Jr., ha elegido precisamente a Josu Jon Imaz como su gran interlocutor y hombre de confianza en el establishment económico español. Su perfil es el nexo perfecto: es el CEO de Repsol, expresidente del PNV y presidente de la Fundación Consejo España-EE. UU. Imaz tiene hilo directo con las altas esferas de la Casa Blanca, pero al mismo tiempo pilota los multimillonarios intereses de la petrolera en la Caracas de Nicolás Maduro, pactando y expandiendo operaciones con la propia Delcy Rodríguez en Venezuela bajo el paraguas de las licencias específicas que emite el propio Washington.
La hipótesis es tan nítida como perturbadora para el PP: el Departamento de Estado norteamericano no necesita que la oposición española le salve de nada. Washington prefiere la fría estabilidad de un Sánchez que, utilizando el "brazo biónico" de Zapatero del flanco americano, garantiza la continuidad de los negocios energéticos globales y el control del Estado. Todo ello ante la mirada de una dirección popular instalada en la complacencia.
Sigan riéndose de la patochada. Cuando se abran las urnas y el muro de la Moncloa resista, a los que hoy hacen chistes se les congelará la sonrisa. Correrán entonces a adoptar a toda prisa el concepto de la "Delcy 2" que aquí ya dejamos firmado. Pero, como siempre, llegarán tarde.