Hoy nadie quiere recordar la peste del Covid que llevó a millones a la tumba, pero la literatura hace que esas circunstancias estén presentes, casi eternas.
La ficción acerca de pestes devastadoras, ha estado siempre en la imaginación de los artistas. En 2020 se habló mucho de La Peste, de Albert Camus, la historia que transcurre en Orán, Argelia, y que describía un mundo parecido al de hace seis años.
De todo lo que se ha escrito, no obstante, lo más revelador -conmovedor también- tiene que ver con la historia escrita por Mary Shelley, “El último hombre”, en 1826, en la cual predijo que el fin de la humanidad llegaría en el siglo XXI, por culpa de “una enfermedad mortal y desconocida”. Esa revelación, aseguró ella, la tuvo durante un viaje a Italia, donde, en una cueva cerca de Nápoles, la arúspice Sibila de Cumas le reveló dicho acontecimiento basada en su conocimiento de la mitología griega.
El viaje de Shelley ocurrió en 1818 y su novela fue juzgada en su tiempo como “repugnante”, por escenas donde se describe una explícita crueldad. Ella sostuvo siempre que dentro de la cueva encontró esas escrituras proféticas en distintas lenguas, y todas apuntaban hacia el siglo XXI, lo que le dio base para escribir “El último hombre”. Los tres volúmenes de la obra desaparecieron por mucho tiempo, hasta que fueron reeditados en 1965.
Pero en este mundo literario de “acertadas predicciones”, compiten también “Némesis” de Philip Roth, el “Diario del año de la peste”, de Daniel Defoe, “La danza de la muerte”, de Stephen King y hasta “Ensayo sobre la ceguera”, de José Saramago.
Se habla poco hoy de “La peste escarlata” de Jack London y muchos parecen haber olvidado las revelaciones de Giovanni Bocaccio en “Decamerón”, donde la protagonista es también la Peste Bubónica, también conocida como Peste Negra, la misma que devastó un tercio de la población de Europa en el siglo XIV.
Por los días del Covid se viralizaron fragmentos de García Márquez donde describía La Peste del Insomnio que asoló Macondo, o apartes iluminados de “El amor en los tiempos del cólera”, con aquel barco que no podía arrimar a ningún puerto porque llevaba izada en su popa la bandera amarilla de la peste. Los grandes cruceros varados en el mar, sin brújula y si puerto, nos daban hoy una dimensión real, lejos de la fantasía, de lo que puede pasar con embarcaciones en cuyos camarotes se solaza la muerte.
Pero, con esta retrospectiva literaria, otro autor poco frecuentado es Thomas Mann, el autor de “La montaña mágica” y “Los Buddenbrook”, quien describió en su fantástica novela “Muerte en Venecia”, una historia de amor entre una ciudad desolada por el miedo. La peste recorre las calles de Venecia como un monje de carnaval, con pico de cuervo. Nadie ve su cara pero asesta guadañazos bajo los canales, en los muelles, en los pasillos desolados de un hotel donde Aschenbach y el joven Tadzio ven pasar góndolas funerales.